viernes, 14 de diciembre de 2018

LLAMA DE AMOR VIVA


¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!,
matando muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores,
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores,
calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso,
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!

San Juan de la Cruz

jueves, 13 de diciembre de 2018

LAS CONDICIONES DEL PÁJARO SOLITARIO, según Manuel.

Cada quien tiene sus pasajes favoritos cuando se adentra en los escritos de uno u otro maestro espiritual, y en el caso de San Juan de la Cruz ,también yo tengo los míos; entre ellos está lo que conocemos como: "Las condiciones del pájaro solitario", que aparece como parte de los DICHOS DE LUZ Y AMOR, el número 120. El santo presenta primero las cinco condiciones, y luego las interpreta, las explica, como condiciones del alma contemplativa. Las cito a continuación, con la explicación que le da San Juan de la Cruz:

1. Que se va a lo más alto: Que se ha de subir sobre las cosas transitorias, no haciendo más caso de ellas que si no fuesen.
2. Que no sufre compañía: Ha de ser tan amiga de la soledad y silencio, que no sufra compañía de otra criatura.
3. Que pone el pico en el aire: Ha de poner el pico al aire del Espíritu Santo, correspondiendo a sus inspiraciones, para que, haciéndolo así, se haga más digna de su compañía.
4. Que no tiene un determinado color: No teniendo determinación en ninguna cosa, sino en lo que es voluntad de Dios.
5. Que canta suavemente: En la contemplación y el amor de su Esposo.  

 Este es un texto que, como me pasa con otros, incluso bíblicos, me motivan porque no consigo captar (o compartir) del todo su verdad; me hacen pensar, me inquietan o hasta me irritan. Y los rumio una y otra vez a lo largo del tiempo. En el caso de este, me lo quiero apropiar, pero me parece que puede acabar resultando un poco, sino muy,  desencarnado, como otros pasajes del santo con los que no puedo reconciliarme del todo. 

Esta vez consigo encontrarle un sentido más abierto, más cercano a la mayoría de los cristianos, y sin desautorizar a Juan de la Cruz, les propongo mi interpretación personal a esas cinco condiciones:

1. Que se va a lo más alto: que busca a Dios, y lo pone en el centro de su vida.
2. Que no sufre compañía: que se aparta de todo lo que la aleja de Dios, pero no de quienes como ella ponen a Dios en el centro o buscan sinceramente la verdad.
3. Que pone el pico en el aire: que está abierta a la escucha de la Palabra, que le sirve de alimento, y a la voz de Dios en el Mundo. 
4. Que no tiene determinado color: que es muy libre, con la libertad que da Cristo, y el ser hijo de Dios.
5. Que canta suavemente: que ama, que es compasivo, que trabaja por la justicia; que su vida es un canto nuevo de alegría y alabanza. 

 Pienso que a los maestros espirituales se les escucha atentamente, pero también se les discute, y si aprendemos de ellos no creo que les preocupe el hecho de que acabemos sacando también nuestras propias ideas y conclusiones. San Juan de la Cruz es hijo de su tiempo, de una visión teológica y espiritual concretas, y eso, a pesar de su genialidad, le condiciona. Por eso, aprovechando su fiesta en este 2018 he querido también contradecirle en algo, si es que se entiende así, como parte de mi homenaje y celebración de su memoria. Tal vez el pájaro contemplativo, no por ser solitario, ha de dejar de ser solidario, y creo que nuestro santo lo fue, sensible siempre a las necesidades de sus hermanos/as.
Qué Él ruegue siempre por nosotros. 

lunes, 10 de diciembre de 2018

CRISTO ENTRE NOSOTROS

"No vale decir que han pasado ya dos mil años para acoger a Cristo. Tampoco para aquellos que vivan el fin del mundo será demasiado tarde. Cristo siempre está con nosotros, pidiendo alojamiento en nuestros corazones…Si todos fueran santos y guapos, sería fácil ver a Cristo en ellos…Pero eso no fue el plan de Dios para María, ni tampoco el de Cristo para sí mismo. Ahora él se oculta bajo todo tipo de humanidad que pisa la tierra…A un verdadero cristiano, estimularlo para su deber no es necesario—siempre tendrá el impulso con alguien para desempeñar tal o cual buena obra. No es un deber ayudar a Cristo; es un privilegio…Si así fue como acogieron a Cristo, ciertamente todavía hay que hacerlo así. No por el bien de la humanidad. No porque Cristo pudiese quedarse con nosotros, visitarnos u ocupar nuestro tiempo. No porque esas personas nos recuerdan a Cristo; sino porque son Cristo, pidiéndonos un lugar como él hizo la primera navidad". 

Dorothy Day


"¿Cuántos de nosotros, en nuestra manera jovial, hemos pasado delante del pesebre montados en el gran caballo de opiniones y convicciones propias, dejando atrás al Niño, sin darnos cuenta de su presencia? ¿Cuántos hemos defendido nuestras creencias, hasta desafiantemente, sin estar conscientes de que estábamos pasando un milagro – el milagro de vida y amor?... Se deciden muchas cosas delante del pesebre; mucho más de lo que nos podríamos imaginar... Para nosotros como individuos, es sumamente importante sentir que en este pesebre hay un amor y una salvación para nosotros mismos, para todos los humanos, y para el mundo entero".

Alfred Delp

jueves, 6 de diciembre de 2018

RETIRO ADVIENTO 2018 #5

Cada Adviento nos recuerda que siempre es Adviento. Que Dios sale siempre a nuestro encuentro en Cristo, y que nuestra tarea, usando las palabras del Bautista, es PREPARARLE UN CAMINO. ¿Cómo? 

1. Alimentando la conciencia de nuestra identidad: hijos amados de Dios. 

2. Manteniendo viva la certeza de una Presencia, sanadora y liberadora, en nosotros. ¿De qué modo? 

3. Lectura cotidiana de los Evangelios, diálogo con Jesús Maestro; aprovechamiento de los sacramentos, en especial la participación dominical en la Eucaristía, porque… 

4. El vínculo mayor con Dios lo tenemos cuando nos reunimos en su nombre, como pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo. 

5. Es todo lo anterior lo que nos permite vivir testimoniando a Dios con una vida buena, justa, rechazando todo lo que Dios rechaza (lo que no es amor). Lo primero es SER y como consecuencia, como fruto, está el HACER. Si descuidamos lo primero, entonces se hace más difícil e inalcanzable lo segundo. 

¿Cómo debe vivir un cristiano? HACIENDO EL BIEN.

CONCLUSIÓN

Cada tiempo fuerte de nuestro año litúrgico es siempre una nueva oportunidad para penetrar cada vez con mayor profundidad en el misterio de Cristo, para asumir como propio su proyecto de amor, de libertad y de justicia y para reforzar nuestro compromiso cristiano” (Diario Bíblico, introducción al Adviento). 


Jesús no vino a colgar pequeñas velas en nuestras encrucijadas, sino a encender toda la existencia humana para que todos brillemos desde dentro con luz propia. Cada uno lleva dentro el combustible inextinguible de la luz que llega hasta nosotros desde el misterio mismo que sustenta constantemente nuestra existencia.” 

“La luz venida de Dios es pequeña, vulnerable, y brilla sin deslumbrar a nadie… No se impone; simplemente es una propuesta dirigida al corazón del hombre, a la libertad de todos, claramente comprensible para los más sencillos." 

(Benjamín González Buelta) 


Y así ya quedamos dispuestos para salir andando hacia la NAVIDAD, hacia “la fiesta esperanzadora de nuestra redención”, y pedimos en las oraciones de cada día, a partir de ahora, alegrarnos, aceptar a Cristo como juez de nuestra vida, gozar del esplendor de su gloria, y todo eso desde la experiencia concreta de la “encarnación” en nuestra propia vida, la de nuestra comunidad, familia y nación. No es una celebración alienante, que nos saca de lo real, sino que nos sumerge más profundamente en ello, con una sabiduría, una libertad y un gozo, que nos permiten experimentar y comunicarla salvación.\

P.Manuel Valls, ocd

lunes, 3 de diciembre de 2018

RETIRO ADVIENTO 2018 # 4

Ahora prestemos atención a las oraciones con las que comenzamos la Eucaristía dominical los cuatro domingos de Adviento, la llamada ORACIÓN COLECTA, que recoge el sentir de la comunidad cristiana en la celebración que comienza. Vamos a ver lo que pedimos como Iglesia cada semana, en la misma medida en que vamos encendiendo los cuatro cirios de la CORONA DE ADVIENTO, y anhelando vivir una vez más espiritualmente el nacimiento de Cristo en nuestra vida.

Primer domingo: “Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno”. Avivar la llama, que puede haberse medio apagado (encendemos el primer cirio, y con él, los carbones medio apagados de nuestra vida de fe, que a menudo pierde vigor, ánimo, fuerza); levantarnos del acomodamiento y la rutina, para volver al camino y salir al encuentro del que viene. Todo lo que se ha ido muriendo en nosotros necesita renacer de nuevo. Estaría bien preguntarnos por las obras de la fe, de nuestro compromiso, como bautizados, en la comunidad, en la familia, en la sociedad. La promesa de Dios siempre está actuando en nuestra vida, aunque nosotros no lo percibamos muchas veces, y aunque podemos ganarnos el cielo con obras (es un regalo de Dios, eso debe quedar claro),las obras de la fe apresuran la llegada al mundo del salvador. Y al final habla de “sentados a su derecha”: una imagen de la salvación, de pertenecer a Cristo, de estar a su lado, con Dios. EN RESUMEN: Avivar la llama de la fe, preparar los caminos del que viene, obrar con justicia y santidad, y certeza interior de ser salvos por amor.

Segundo domingo: “Señor todopoderoso. Rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida”. Empieza la oración, empatando con lo anterior: Dios, rico en misericordia, por eso caminamos con una certeza interior, nos sabemos amados por el amor. Ya nos hemos puesto en camino, animados por la comunidad eclesial, por la liturgia de este tiempo, pero debemos estar alertas para no perder ese espíritu, en medio de los afanes del mundo (que siempre ofrece más y más, y nunca sacia; en medio de esa navidad de lentejuelas que nos impone el consumismo, y por la que somos arrastrados sin darnos cuenta). Necesitamos de la sabiduría de Dios, que está contenida en su Palabra, a la que podemos acudir cotidianamente, para encontrar a Cristo vivo, naciendo y renaciendo siempre en nuestra vida. Anhelo de plenitud que solo se encuentra en Dios, frente a esa oferta siempre incompleta de nuestro mundo. EN RESUMEN: Dios rico en misericordia; caminar sin descanso para encontrar a Cristo, y ver contrapuestos la oferta del mundo y la plenitud que viene de Dios (no se excluyen totalmente, pero invitan a discernir y tomar elecciones).

Tercer domingo: “Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”. Aquí ya se entra en la segunda parte del Adviento, porque hay una espera viva, activa, espera en FE (confianza); ahora pedimos a Dios llegar y alcanzar lo que esperamos: la vida plena en Dios, mirando a lo definitivo, y el gozo de poder celebrar una vez más el nacimiento en la carne del hijo de Dios. Pedimos recibir el gozo, la ALEGRÍA que viene de Dios y nadie puede arrebatarnos. Cuando Dios nace en nuestra vida, nace con Él la alegría interior, que se desborda luego en obras alegres, que contagian al prójimo. Con el llega la prometida SALVACIÓN (la vida nueva).

Cuarto domingo: “Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección”. Y a las puertas de la fiesta del nacimiento de Cristo, pedimos la gracia para que el ángel también anuncie para nosotros el alumbramiento de Cristo en el mundo en el que vivimos. Sabemos que el niño que va a nacer ha de hacer luego un camino largo, signado por la cruz, la entrega, el sacrificio, antes de resucitar y sentarse a la derecha del Padre. Ese es también el camino el nuestra fe, nuestro camino vital: nacer, crecer, sufrir, padecer (amar, según Teresa), morir, resucitar. La alegría de este nacimiento no es una alegría vana, superficial, vacía (en la liturgia aparece ligada al sacrificio de los inocentes, al martirio de Esteban), sino una alegría profunda, que abraza la vida en Cristo, que se ofrece para hacer el camino del seguimiento, de la progresiva identidad con Él. EN RESUMEN: Vamos a renacer con Cristo, para vivir en Cristo, morir para Cristo, y resucitar con Cristo.

Cuatro palabras que resumen este itinerario espiritual, estos cuatro domingos: FE/ESPERANZA/ALEGRÍA/AMOR (Estos pueden ser los propósitos para los cuatro cirios de tu Corona de Adviento).

Con las ANTÍFONA DEL SALMO con que rezamos estos cuatro domingos de Adviento, hemos compuesto esta o

A ti levanto mi alma, porque Tú, Señor, has estado grande con nosotros; estamos alegres, porque vives en medio de su pueblo.Restáuranos, una vez más en este Adviento: que brille tu rostro y nos nazca Jesús, que es nuestra salvación. Amén.
(Continúa...)

sábado, 1 de diciembre de 2018

RETIRO ADVIENTO # 3

Como pueden darse cuenta, no hablamos simplemente de preparar “esta navidad”, eso es sólo el motivo exterior, cultual, sino de estar siempre preparados al nacimiento de lo nuevo en nuestra vida, de celebrar siempre lo nuevo que acontece si estamos despiertos.

Se me ocurren unas claves generales para asumir y vivir este camino hacia el nuevo nacimiento de Jesús:

La primera clave será pues, esta: solemos andar por la vida a medio gas, dormidos, aletargados, conformados, temerosos de perder lo que tenemos, las seguridades a las que nos aferramos. Tenemos que despertar, estar alertas, vigilantes, para poder descubrir la Verdad de la Vida que nos ofrece Dios. Nadie sabe por quién ni de dónde vendrá el despertar, pero sabemos que “se acerca la liberación, y tenemos que estar despiertos, de pie ante Jesús”.

La segunda clave es una invitación al encuentro con el otro o la otra, nuestros semejantes, pues es a través de ellos que Dios suele hablar, ellos son los mensajeros, ellos son los ángeles. A menudo es un encuentro o una palabra dicha la que disipa la bruma y nos abre a lo nuevo, a la vida. Estar atentos a esas voces que claman en el desierto, para poder ver en nuestra historia cotidiana como Dios obra y salva.

La tercera clave es el desafío de encontrar lo nuevo en medio de lo cotidiano, incluso de la rutina; siempre está ahí, pero no podemos verlo porque estamos dormidos. De ahí que en sucesión de acontecimientos, despertar suponga encuentro y revelación, y además compromiso. Preguntarnos: ¿Qué hacer para preparar los caminos de Dios en nuestro entorno?

Y la cuarta clave es la confianza, la certeza, de que todo es posible. Y tenemos que abrazar no sólo cada año, cada mes, sino cada día, cada minuto, como un verdadero regalo de Dios, preñado de posibilidades. Si crees, no serás defraudado, sino que serás dichoso, bienaventurado.

Vamos entonces a prestar atención a la PALABRA, a lo que nos sugieren los textos bíblicos y las oraciones de estos cuatro domingos de adviento (ciclo C); estas ideas valen como un itinerario espiritual para estas cuatro últimas semanas del año 2018, y como pórtico también, para el tiempo que con ellas inauguramos (2019). Es una mirada rápida, con la sugerencia de que luego cada uno la haga de un modo más detenido, desde su propia mirada, experiencia y necesidad espiritual.

En las PRIMERAS LECTURAS de los cuatro domingos se habla de PROMESA. Ante el desengaño que sufre el pueblo con los gobernantes, este pone su esperanza en uno que Dios va a suscitar (Dios cumple siempre sus promesas, a pesar del mal actuar de los que dicen obrar en su nombre). “Llegan días… suscitaré un vástago… traerá justicia y derecho”. La aflicción del pueblo de Dios se convertirá en alegría: “vestirse de gala”, “recibir un nombre nuevo”, “ponerse de pie”. Se cancela toda la deuda del pueblo con Dios, Él mismo será Rey, te traerá salvación, te ama y se alegra por ti. Finalmente, de lo pequeño saldrá lo grande de Dios, por ahí vendrá el cumplimiento de la promesa, de lo inesperado, de lo que parece no contar (Belén). Dios viene, Dios cumple, Dios sorprende.
(Jeremías 33, 14/16; Baruc 5, 1/9; Sofonías 3, 14/18ª; Miqueas 5, 1/4ª).

En las SEGUNDAS LECTURAS de los cuatro domingos se nos invita a VIVIR DE UN MODO NUEVO, acorde con la fe que profesamos, porque con esa conducta apresuramos el Reino y la venida de Cristo. Se nos invita a vivir con la certeza de que Cristo, que es el iniciador de esta obra, Él mismo va a llevarla a término, y por eso debemos vivir en el AMOR, en el servicio y apoyo mutuos. Testimoniando la ALEGRÍA del Evangelio, pues así mostramos que vivimos en Dios. Hemos sido santificados por Cristo, vivamos por tanto de un modo nuevo.
(1 Tesalonicenses 3,12/4,2; Filipenses 1, 4/6.8/11; Filipenses 4, 4/7; Hebreos 10, 5/10).


En cuanto al EVANGELIO, los cuatro domingos seguimos a LUCAS. En el primero, Jesús habla de la esperanza cristiana que está por encima de todas las tragedias humanas (Estén siempre alertas, despiertos, pidiendo fuerza para mantenerse fieles, hasta que Él venga). En el segundo y el tercer domingos, es Juan Bautista el que habla: desde el desierto anuncia la venida del Mesías y un tiempo nuevo, tiempo de Dios (Preparen el camino del Señor, todos verán la salvación de Dios), invitación a una vida que prepare espacio para Dios. Y el cuarto domingo, por supuesto es de MARÍA: relato de la visitación a Isabel; reconocimiento de la novedad de Dios presente en ella, en su embarazo. Proclama dichosos a los que creen, y por tanto podrán acoger en sus vidas la novedad de Dios. La fe da frutos, permite que aparezca lo nuevo; lo verán los que esperan. 
(Lucas 21, 25/28.34/36; Lucas 3, 1/6; Lucas 3, 10/18; Lucas 1, 39/45).

(Continúa)...

viernes, 30 de noviembre de 2018

RETIRO ADVIENTO 2018 #2

El Jesús que va a nacer es la ESPERANZA cumplida, es la VIDA que renace, es el CAMINO para adentrarse en el futuro, y es el AMOR de Dios manifestado una y otra vez, como memoria de lo que somos y lo que es Él. El ser humano ha de vivir siempre en actitud de ADVIENTO: de apertura confiada en la historia, en la que Dios ha nacido en Jesús, y por lo que entonces ya nada malo tiene la última palabra, ni nada bueno se pierde totalmente. La imágenes que encontramos al final del Adviento, en la Navidad: la del nuevo nacimiento (Belén), la luz que se enciende (la estrella), la acogida y la entrega (Los magos), la realidad del mal presente (Herodes), todas son imágenes prototípicas, simbólicas, de la propia realidad humana que estamos viviendo, de su misterio y de su valor, de un sentido y razón que nos vienen de Dios. 

Nosotros participamos activamente de este Adviento, y de la ESPERANZA, de nuestro tiempo y nuestro mundo, cuando: 

-Soñamos, como Isaías y los demás profetas. 

-Preparamos los caminos, como el Bautista. 

- Acogemos con alegría y disponibilidad la voluntad de Dios, como María. 

Y así, entre todos construimos el Reino. 

PERO, y esta es la otra cara de esta moneda, este tiempo es también un aviso de ALERTA, porque dice Juan: "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron", y todavía seguimos sin recibirle. No solo los que no creen aun en Jesús, sino muchos que decimos creer, pero no al modo de Dios. De ahí que el Adviento tenga también una dimensión penitencial; no como la Cuaresma, pero exige cierto recogimiento, cierto silencio interior, cierta austeridad, que luego culminaría con el desborde de la alegría navideña (que también es Pascua, paso del Señor por nuestra vida). 


"Nuestra tarea es buscar y encontrar a Cristo en nuestro mundo tal y como es y no como podría ser. El hecho de que el mundo sea diferente de lo que podría ser no altera la verdad de que Cristo está presente en él, y que Su plan no ha fracasado ni cambiado: en efecto, todo se hará conforme a Su voluntad. Nuestro adviento es la celebración de esa esperanza. Lo que es incierto no es la "venida" de Cristo sino nuestra acogida a Él, nuestra docilidad y capacidad de salir a Su encuentro"

Thomas Merton, en "Tiempos de celebración", 95. 


DIOS ESTÁ SIEMPRE AHÍ, pero no le vemos; estamos ciegos, sordos, mudos; “derramados”, diría Teresa.Estamos dispersos, dormidos. 

Jesús, que sigue viniendo, nos llama a la vida, que brota de nuestra “carne” bendecida por Él. Por eso: NECESITAMOS LA FE, que mueve montañas.NECESITAMOS LA ESPERANZA, que abre caminos.NECESITAMOS EL AMOR, que, dice el poeta, "convierte en milagro el barro". 

CADA ADVIENTO, lo mismo que cada momento del ciclo litúrgico, es una nueva oportunidad que no debemos dejar pasar. Vivamos este Adviento, alegres y disponibles para Dios.

Este poema también marca alguna de las claves de la espera.

Esperaré a que crezca el árbol
y me dé sombra.
Pero abonaré la espera
con mis hojas secas.
Esperaré a que brote
el manantial
y me dé agua.
Pero despejaré mi cauce
de memorias enlodadas.
Esperaré a que apunte
la aurora
y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche
de postraciones y sudarios.
Esperaré que llegue
lo que no sé
y me sorprenda.
Pero vaciaré mi casa
de todo lo conquistado.
Y al abonar el árbol,
despejar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
mi tierra y mi lamento
se abrirán a la esperanza

(Continua...)