sábado, 13 de octubre de 2018

EL JOVEN RICO Y LA LOCURA DE CREER

Sale al encuentro de Jesús un joven rico, nos cuenta este fin de semana el pasaje de los Evangelios que compartimos al celebrar la Eucaristía, y tras su conversación con el Maestro, se marcha triste. La causa: la respuesta de Jesús a su pregunta: Qué hace falta para tener vida eterna? Escuchamos nosotros también el diálogo, y nos quedamos pensando seguramente en que la propuesta de Jesús es demasiado radical, que pide mucho, más de lo que este joven es capaz de dar, y hasta nosotros mismos si el Maestro nos preguntara.

La ley nos hace justos; el amor nos hace libres. Jesús responde al joven rico, primero desde la Ley: tú conoces los mandamientos... y el joven parece que los ha cumplido todos. Es bueno. Pero eso no es suficiente para alcanzar esa VIDA que todos anhelamos. Esa vida no se alcanza "cumpliendo", ni se puede comprar con dinero, ni se consigue con estudios. Es UNA VIDA REALMENTE NUEVA la que propone Jesús, y para conseguirla hace falta un valor que solo se consigue en lo más hondo del corazón: el valor de abandonarse y entregarse a una aventura, a un riesgo, a un camino que no se parece a ningún otro, que es el camino del AMOR. Porque para el amor nunca es bastante. 

Jesús le dice a este joven lo mismo que dijo a otros: SÍGUEME...  Lo mismo que Dios le dijo a otro hombre en Ur de Caldea: deja tu tierra, ponte en camino, persigue una promesa... y tantos se han dejado ganar por esa voz, por ese impulso inexplicable, dejando atrás todas sus riquezas, las de cualquier índole, aunque luego se arrepientan una y otra vez mientras padecen la aventura de la fe. Claro que  hay dudas, temores y arrepentimientos... pero luego vuelve a resonar la voz en el corazón, con la misma fuerza de la primera vez, y uno cae de nuevo en la locura de creer.

 Por eso entendemos al joven rico, no queremos juzgarlo, pero sabemos que cuando aceptamos la llamada, y aun en medio de la noche más oscura, recibimos mucho más de lo que abandonamos, y la certeza de que el amor, al que estamos conectados de un modo inexplicable, no termina nunca, es pleno y es eterno.

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