miércoles, 7 de octubre de 2026

LA EUCARISTÍA NO NECESITA AÑADIDOS. LA EUCARISTÍA LO ES TODO.


Quiero compartirles una inquietud que llevo en el corazón como sacerdote.

Para nosotros, católicos, el rito fundamental es la Eucaristía. Así nos lo enseña la Iglesia: es fuente y cumbre de toda la vida cristiana. A la Misa no le falta nada. En ella está Cristo, su Palabra que nos ilumina, su Sacrificio que nos salva, su Mesa que nos alimenta y su Pueblo reunido en acción de gracias.

Sin embargo, a veces nosotros mismos la hemos empobrecido. Hemos convertido la Misa en algo rutinario, en una lista de peticiones. Vamos a pedir cosas — que es legítimo — pero casi nunca vamos simplemente a estar con Cristo, a darle gracias — que eso significa Eucaristía —, a escuchar su Palabra y a participar de su Banquete.

Somos un pueblo muy devoto, y las devociones son un tesoro. Amamos a la Virgen y a los santos. Pero corremos el riesgo de poner las devociones por delante de la Eucaristía, o dentro de la Eucaristía como si a ella le faltara algo.

Quiero aclararlo con cariño:
*1. Una novena es una devoción privada, no es la Liturgia.* Una novena a un santo o a la Virgen es hermosa, pero no se hace _dentro_ de la Misa. Se hace antes o después, como acto propio de un grupo. Cuando la metemos en medio de la Misa, alargamos innecesariamente la celebración, rompemos su ritmo y damos la impresión de que la Misa por sí sola no basta.

*2. En la Misa ya lo hemos rezado todo.* Rezamos juntos el Padre Nuestro, con la fuerza que el mismo Jesús le dio, en el momento culminante de la plegaria eucarística. ¿Qué sentido tiene entonces terminar la Misa y empezar de nuevo a rezar otros Padrenuestros como si a la Eucaristía le faltara oración? A la Eucaristía no le falta nada.

No se trata de quitar devociones. Se trata de poner cada cosa en su lugar. Las devociones nos llevan a la Eucaristía, no la sustituyen.
Les invito a que vengamos a Misa a lo esencial: a encontrarnos con Cristo vivo. No por costumbre. No solo a pedir. A dar gracias, a escuchar, a comulgar.

Cuando entendamos esto, la Misa dejará de ser larga o rutinaria. Será lo que siempre ha sido: el cielo en la tierra.

Fr. Manuel, ocd