Para nosotros, católicos, el rito fundamental es la Eucaristía. Así nos lo enseña la Iglesia: es fuente y cumbre de toda la vida cristiana. A la Misa no le falta nada. En ella está Cristo, su Palabra que nos ilumina, su Sacrificio que nos salva, su Mesa que nos alimenta y su Pueblo reunido en acción de gracias.
Sin embargo, a veces nosotros mismos la hemos empobrecido. Hemos convertido la Misa en algo rutinario, en una lista de peticiones. Vamos a pedir cosas — que es legítimo — pero casi nunca vamos simplemente a estar con Cristo, a darle gracias — que eso significa Eucaristía —, a escuchar su Palabra y a participar de su Banquete.
Somos un pueblo muy devoto, y las devociones son un tesoro. Amamos a la Virgen y a los santos. Pero corremos el riesgo de poner las devociones por delante de la Eucaristía, o dentro de la Eucaristía como si a ella le faltara algo.
Quiero aclararlo con cariño:
*1. Una novena es una devoción privada, no es la Liturgia.* Una novena a un santo o a la Virgen es hermosa, pero no se hace _dentro_ de la Misa. Se hace antes o después, como acto propio de un grupo. Cuando la metemos en medio de la Misa, alargamos innecesariamente la celebración, rompemos su ritmo y damos la impresión de que la Misa por sí sola no basta.
*2. En la Misa ya lo hemos rezado todo.* Rezamos juntos el Padre Nuestro, con la fuerza que el mismo Jesús le dio, en el momento culminante de la plegaria eucarística. ¿Qué sentido tiene entonces terminar la Misa y empezar de nuevo a rezar otros Padrenuestros como si a la Eucaristía le faltara oración? A la Eucaristía no le falta nada.
No se trata de quitar devociones. Se trata de poner cada cosa en su lugar. Las devociones nos llevan a la Eucaristía, no la sustituyen.
Les invito a que vengamos a Misa a lo esencial: a encontrarnos con Cristo vivo. No por costumbre. No solo a pedir. A dar gracias, a escuchar, a comulgar.
Cuando entendamos esto, la Misa dejará de ser larga o rutinaria. Será lo que siempre ha sido: el cielo en la tierra.
Fr. Manuel, ocd
