viernes, 22 de marzo de 2019

EL CULTO VERDADERO ESTÁ EN LA VIDA (Tercer domingo de Cuaresma)

El ser humano, mujer u hombre, tiene muchos recursos para escapar de los verdaderos problemas de la vida. Los mecanismos de defensa nos hacen detenernos en cuestiones periféricas, entablamos cuestiones bizantinas, nos enzarzamos  en cosas que no tienen importancia; y sin embargo, las cuestiones fundamentales no las afrontamos. 

La religión y el culto, aun reconociendo su valor mediador y significación espiritual, han sido siempre, en su conjunto, una de las grandes ocasiones encontradas por el ser humano para encubrir su falta de seriedad y compromiso ante la vida. El culto  ha amparado a veces el egoísmo, la opresión, el abuso de las personas, la explotación del trabajador, la irresponsabilidad social. No le importa a la mujer de Samaría que se encuentra con Jesús el hecho de haber tenido una vida irregular, inestable afectivamente; desvía la conversación con el Maestro hacia la cuestión de la legitimidad del culto que ella celebra. Es un modo de engañarse, y esta manera de entender el culto que celebramos es alienante. 

Para muchas personas, los verdaderos problemas quedan relegados, y se pone todo el interés en discutir contra el progresismo o el integrismo, sobre si es más legítimo este modo de celebrar o el otro. Olvidamos que el culto verdadero no está en las formas, sino en la vida. El culto que no refleje las actitudes ante la vida y las situaciones humanas es falso. 

 Jesús de Nazaret aboga por la destrucción de toda liturgia farisaica y establece un culto en espíritu y verdad. La religión verdadera consiste en establecer condiciones justas para poder realizar la fraternidad, en conquistar la libertad para todos, en optar por los más débiles, en tomar en serio la comunión con los demás, en desarrollar todas las posibilidades de la persona humana. Así lo expresaron siempre los profetas de Israel, recordando a la clase dirigente y al pueblo cuál era el sacrificio y la ofrenda preferidos por Dios (textos que solemos leer siempre en este tiempo de Cuaresma).

En la LITURGIA DOMINICAL, en el Ciclo A, leemos el Evangelio de la mujer samaritana que encuentra a Jesús junto al pozo (Juan 4, 5-42); en el Ciclo B, Jesús expulsa a los mercaderes del templo (Juan 2, 13-25) y en el Ciclo C, es decir este año, el relato de la higuera estéril (Lucas 13, 1-9).  Si repasamos estos textos vemos que en el primero se habla del culto verdadero, en el segundo sobre el verdadero templo, y en el tercero sobre la verdadera religión, que implica dar frutos, cambiar, convertirse. 

TRES IDEAS:
1. El culto verdadero está en confiar en Dios a pesar de las pruebas por las que pasemos en el desierto de la vida.  Jesús tiene un alimento que le hace entrar en comunión con Dios: la voluntad del Padre. Cada vez que en la vida diaria obedece a la Palabra de su Padre, es como si celebrara la liturgia de sentarse a la mesa con Él y celebrar juntos una comunión verdadera.
2. El templo, en el que se ofrece el sacrificio y la alabanza a nuestro Dios, no es un edificio de piedra. El verdadero templo es la vida humana en el mundo. Viviendo en la sociedad, realizando la voluntad de Dios hasta la propia muerte, hacemos que se eleve ante Dios el incienso de un culto agradable. La Eucaristía nos muestra la vida santa que Jesús llevó y nos empuja a construir un templo para Dios en nuestra vida.
3. La liturgia que Dios espera de su pueblo es que se convierta y dé frutos dignos de conversión. Convertirse ante la salvación pascual que Dios nos ofrece. Nuestra Eucaristía tiene sentido si seguimos los pasos de la liberación pascual realizada por el pueblo en el Éxodo y si, unidos a la muerte de Jesús, fecundados por su Espíritu, somos capaces de dar frutos en abundancia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.