viernes, 31 de julio de 2020

DOS SANTOS: SAN IGNACIO DE LOYOLA Y SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

Cierra el mes de Julio con la memoria litúrgica de San Ignacio de Loyola, y comienza agosto con la de San Alfonso María de Ligorio; dos santos grandes, que aunque vivieron en momentos diferentes de la historia tienen algunas cosas en común. Ignacio vivió en el siglo XVI y Alfonso en el XVII, pero ambos tuvieron una experiencia de conversión en la edad adulta; el primero fue soldado, paje del rey, militar, y vivió la experiencia de la derrota en la guerra, terminando muy mal herido, mientras que el segundo estudió leyes, y al perder un juicio muy importante, se sintió herido en su orgullo y abandonó la profesión. Dos experiencias de derrota que abrieron la puerta de algo nuevo: para Ignacio, la lectura reposada de la vida de Cristo y de muchos santos; para Alfonso, descubrir el camino del sacerdocio. En ambos casos enfrentando obstáculos y dificultades, en ambos casos impulsados por una fuerza interior que les convirtió finalmente en fundadores: la Compañía de Jesús (Jesuítas) y la Congregación del Santo Redentor (Redentoristas). Del segundo quiero escribir un poco más: 


 
San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), es un santo al que tengo mucha simpatía desde mis años en el seminario; él escribió muchos libros, pero uno de los más importantes fue su Teología Moral. En esta obra enseña que todos están llamados a la salvación y que los medios están disponibles para todos también. Que la vida moral no es cuestión de torturas ni de un cumplimiento legalista de la ley, sino cuestión de confianza, cuestión de amor. El valor de la libertad humana y la importancia que tiene la formación de la conciencia individual son otros temas que él desarrolló en su libro, resaltando la importancia de tomar en cuenta las circunstancias concretas de una situación al evaluar la conducta moral. Sus ideas encontraron oposición, sobre todo en quienes defendían posturas extremas (rigoristas y laxistas), pero también encontró seguidores.


San Alfonso fue un predicador de estilo simple y directo, porque buscaba ser comprendido, sobre todo por la gente sencilla del campo; la congregación por él fundada estaba dedicada justamente a eso, a predicar a los campesinos. Con sus libros procuró ayudar a la formación moral y espiritual, así como promover la devoción a la Eucaristía y a la Virgen; es muy conocido su libro Las glorias de María, que todavía hoy leen muchos. 

 En el año 1762 fue consagrado obispo de una pequeña diócesis, y en ella trabajó por reformar la administración y procurar la formación del clero. Con la salud debilitada renunció en 1775, para dedicarse a su congregación, que no terminaba de ser reconocida y aceptada por la Iglesia, a causa sobre todo de cuestiones políticas de fondo, lo cual le causó múltiples sufrimientos, físicos y espirituales, sumadas a contiendas dentro de la propia congregación.  El golpe definitivo llegó cuando fue expulsado de la familia que había fundado, a causa de una firma equivocada; su salud y ceguera avanzada no sirvieron como excusa.


San Alfonso murió el 1 de agosto de 1787, a los 90 años de edad, y tiempo después su congregación fue reconocida y los conflictos resueltos; los redentoristas fueron aceptados y se extendieron por toda Europa. Ligorio fue canonizado en 1839, y en 1871, en reconocimiento a sus aportes a la teología moral, fue declarado Doctor de la Iglesia

"Las persecuciones son, a las obras de Dios, lo que la helada de invierno a las plantas; lejos de destruirlas, las ayudan a hundir las raíces en la profundidad del suelo y las llenan de más vida".

Fray Manuel de Jesús, ocd





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