sábado, 2 de junio de 2018

DE LA LEY AL AMOR (Domingo IX, Ciclo B, Tiempo Ordinario).


Hoy habla la Palabra acerca de la LEY, como expresión de la voluntad de Dios para Israel, cuanto este quiso imitar a otros pueblos vecinos. La Ley que entregó Moisés al pueblo, de parte de Dios, busca establecer relaciones justas entre Dios y su pueblo, entre  los israelitas entre sí, y de estos con otros pueblos. Dios  es y se manifiesta como un dios de justicia, y por eso, dentro del conjunto de una LEY, establece el sábado como día en que se hace memoria de la justicia de Dios, y se reflexiona en cómo hacerla presente.  Me gusta especialmente esta frase que leemos hoy en la primera lectura: “Recuerda que fuiste esclavo en Egipto…”. La Ley es garantía de la libertad que recibe el pueblo de Dios, y por ello debe cuidarla y no quitarla a los demás. Dios es garantía de esa libertad, y por ello es necesario el descanso del sábado, para HACER MEMORIA, memoria “sagrada”, que es lo mismo que decir liberadora.

Jesús viene a decir, sin embargo, que hacer el bien está más allá de la ley, cuando esta se absolutiza, se vuelve rígida, como una camisa de fuerza, y acaba en contradicción con tender la mano, servir, a quien lo necesita. Algunas personas, decimos que son LEGALISTAS, cuando se aferran a un cumplimiento estricto de la Ley, como absoluta, y por encima de las necesidades concretas, en un tiempo y un espacio determinados. Cuando Jesús sale a os caminos “para hacer el bien”, parece que la ley, mal entendida, mal aplicada, se lo prohíbe.

Jesús no niega la ley, y suponemos que fue un hombre cumplidor de los preceptos religiosos de su tiempo, pero rechazó lo absoluto de esa ley: Dios ha dado una ley para que sirva al bienestar de su pueblo, no puede convertirse en una valla, en un muro, que impida hacer el bien en momentos y situaciones concretas. Tampoco el proyecto de Jesús, el Reino de Dios,  la Nueva Humanidad, puede estar basado en el mero cumplimiento de una ley religiosa, de una religión; exige ir más lejos, atreverse, aventurarse. Con palabras del Evangelio: Ponerse en camino, Remar mar adentro, ser pescador de hombres, dar la vida, disponer del sábado

La segunda lectura nos invita pues a no tener miedo de vivir real y plenamente el Evangelio, el proyecto de justicia, fraternidad y amor de Jesús. Nos invita a no quedarnos en el mero cumplimiento de una ley religiosa, a no quedarnos en los “Diez Mandamientos”, y poner delante las “Bienaventuranzas”, que es la invitación de ir siempre más lejos, y preguntarnos, como hizo Jesús: ¿Qué permite la Ley, hacer lo bueno o hacer lo malo, dejar morir a un semejante o darle una nueva vida?

Nosotros, es importante recordarlo, hemos recibido un tesoro, una  bendición, y somos llamados a llevar bendición a los otros; ese tesoro está depositado en una vida frágil, “en vasijas de barro”, por ello no olvidemos nunca nuestra propia historia de amor y desamor con Dios (no olvidemos que fuimos esclavos en Egipto), para desafiar los límites de la Ley, e irse siempre más allá, mar adentro, cuando nos toque hacer el bien. En Cristo, el camino no es limitar la vida con la ley, entendida como absoluto y por encima de las personas concretas, sino ir de la ley a la vida, a la plenitud del amor, en quien toda ley queda superada.

P.Manuel Valls, ocd.

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