jueves, 7 de junio de 2018

MIRADAS...



Está lloviendo fuerte, tan fuerte que parece que unas manos rabiosas golpean las ventanas y la puerta de la pequeña casita junto al mar, y este también hace parte del concierto natural cuando las olas rompen contra los riscos. Aunque todavía no se pone el sol, la tarde está oscura, pues el cielo está cubierto de nubes negras, que forman figuras amenazantes, y que parecen cobrar fuerza con los relámpagos que cada cierto tiempo lo iluminan todo.
 Dentro de la casita, sin embargo, todo está tranquilo; no hay ninguna luz encendida, no hay otro sonido que el de la respiración de alguien que duerme sobre una colchoneta algo desvencijada. La única habitación no tiene otros muebles, sino que está ocupada por algunas cajas, bultos y otros objetos cuyo uso particular conocerá bien la persona que ocupa el lugar. Alguien que llegara de repente y entrara, percibiría un olor extraño, poco agradable, pero él no lo nota, acostumbrado como está a este sitio que le ofrece cobijo y le permite pensar que tiene algo parecido a un hogar propio, a un espacio suyo, aunque ni es propio ni impide que a menudo otros le quiten lo poco que posee.

Prácticamente todas las noches este hombre se emborracha, con un grupo de amigos ocasionales, pues siempre aparecen compañeros cuando se trata de beber; en este mismo lugar o en cualquier otro, tal vez en una cervecería cercana, tal vez sentados en alguna acera. Beber y cantar, hablar de cualquier tema, vivir tan plenamente ese momento, tal vez porque no puede ver otro, ni hacia atrás, ni hacia adelante.

Y sin embargo, cuando llueve, todo le parece diferente, y puede quedarse ensimismado en el ruido de la lluvia golpeando el zinc del techo, remontándose tal vez a una época en la que no se vislumbraba aun una vida tan perra como la suya. Y al final se duerme, y sueña con un mundo en el que no es un marginal, un borracho, un pobretón, un nadie, junto al que la gente pasa volviendo el rostro con desagrado. La fuerza de la lluvia no le produce inquietud, y tirado sobre la colchoneta sucia ha terminado por quedarse dormido, respirando pausadamente, y de cuando en cuando, en medio de su inconsciencia, exhala un gemido o sus manos rascan alguna parte de su cuerpo, que no está muy limpio.

 Hace mucho tiempo que le observo, y converso con él siempre que le veo y le doy algo de dinero si me lo pide, siempre muy poco, aunque tengo la certeza de que lo pide para beber. Y él me dice que soy amigo, y a mí me duele su condición y me pregunto qué puedo hacer para ayudarle más, pero no encuentro la respuesta...

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