sábado, 11 de enero de 2020

BAUTISMO DE JESÚS (2)


Con el bautismo de Jesús, parece comenzar su ministerio público; ahí es confirmada su misión, a través de esos signos o señales que en la Sagrada Escritura nos hablan de una "Epifanía" o manifestación divina (se abre el cielo, se escucha una voz, baja el Espíritu). Epifanía es la manifestación de Dios a los magos llegados de Oriente; epifanía es el momento del bautismo de Jesús en el jordán; epifanía es también la manifestación de Jesús en las bodas de Caná. Los tres momentos son epifánicos, y marcan de alguna manera también la misión de Jesús, su condición de Hijo de Dios.

  Aunque parece ser que Jesús no bautizó (aunque el Evangelio de Juan 3, 22-24, dice que sí lo hacía), sus discípulos bautizaron, y así el bautismo se convirtió en el rito de entrada a la comunidad cristiana. Nos hacemos miembros del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, al recibir ese primer sacramento, ya sea porque así lo deciden nuestros padres cuando nacemos, o sea que lo pidamos nosotros siendo adultos.  Al celebrar la Fiesta del Bautismo del Señor, es inevitable que nos remitamos a nuestro propio bautismo, momento de gracia en el que recibimos el don de Dios, y podemos llamarnos de verdad sus hijos. A través de este y los demás sacramentos, Dios toca nuestra vida de una manera particular y nos transforma en Cristos vivientes; junto con la eucaristía, el bautismo conforma la dupla sacramental fundamental en el camino cristiana. Así, cosas cercanas, comunes y corrientes, como el agua, el pan y el vino, se convierten en materia sagrada usada por Dios para venir a nosotros y darnos una vida nueva.

 Mencionemos algunas ideas respecto a lo que acontece en el bautismo cristiano:

1. El bautismo refiere a nacimiento, a comienzo nuevo; recibimos una vida en Dios que ya no tiene fin; también es un rito de transición, de cambio, en el caso de recibirlo un adulto. Nacer de nuevo, es salir de la tierra de la esclavitud y entrar en el camino de la libertad que nos conduce a la realización de la Promesa. Es definitivamente, la Vida plena venciendo a la muerte.

2. Con el Bautismo entramos en el Reino de la Luz, en la comunión íntima del Misterio Trinitario; renunciamos al poder de las tinieblas, del mal, para declararnos definitivamente hijos de la luz. Ello no supone huir del mundo, sino llevar a él la luz recibida.

3. El Bautismo es un camino hacia la libertad, porque ya la oscuridad, el mal, la muerte, no tendrán en nosotros la última palabra; y tampoco el miedo, porque experimentando el amor de Dios caminamos confiadamente el camino de la vida, con libertad y responsabilidad

4. El bautismo nos hace parte de una comunidad, y ese es un gran regalo: entrar a formar parte de una familia espiritual: fraterna, compasiva y solidaria. Es el espacio donde podremos aprender y crecer, madurar o recuperar las fuerzas para regresar al camino cuando nos sentimos cansados o vencidos.

5. El bautismo implica un serio compromiso con el proyecto de Jesús: el Reino de Dios. No hay magia ni automatismo en este sacramento; nos exige opciones concretas en relación con Dios, la comunidad, el prójimo y el mundo en que vivimos. 

 A nivel pastoral, la Iglesia necesita presentar el rito bautismal en todo su significado y plenitud; es lamentable que se dé el sacramento sin la necesaria preparación, catequética y espiritual,sobre todo en el caso de adultos, que piden el sacramento para sus hijos sin estar ellos mismos conscientes de lo que un día recibieron. Ha de ser más que un rito social o de protección; es un momento especial y único en la vida de la persona, que inicia su camino hacia Dios.

 Para cada persona que recibe el sacramento del bautismo el cielo se abre, y Dios pronuncia para ella las palabras que dijo a Jesús: Tu eres mi hijo o mi hija, recibe mi espíritu. Tú eres un regalo que hago al mundo, y lo recibes amorosa y gratuitamente, conjuntamente con la libertad. Tendrás la gracia y los dones para vivir como hijo, pero serás libre para elegir otro camino y marcharte de casa. De cualquier modo mi bendición te acompañará siempre...

Evoquemos nuestro bautismo, con ocasión de esta festividad litúrgica, y pensemos en todo lo que significa a nivel espiritual, y en cuánto repercute en nosotros para saber: quiénes somos, qué hacemos y a dónde vamos

Fray Manuel de Jesús, ocd.

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