viernes, 10 de enero de 2020

EL CAMINO CRISTIANO: SER DISCÍPULOS, SER HIJOS, SER SANTOS

El comienzo del nuevo año civil, y el tiempo litúrgico que vamos terminando (Adviento-Navidad-Epifanía), con sus lecturas bíblicas correspondientes, me han sugerido algunas ideas que pueden serme (y serles) útiles para actualizar nuestra vida de fe. 

Parto de tres ideas o propuestas

Ser discípulos-Ser hijos-Ser santos.  

Es un esquema trinitario, porque se trata de ser discípulos de Cristo, para descubrirnos hijos del Padre, y así vivir la llamada a la santidad impulsados por el Espíritu. La propuesta es muy básica, sencilla, fácil de memorizar, para tenerla presente en el día a día, mientras tratamos de vivir nuestra condición de cristianos, bautizados, del modo más coherente posible. Cada uno ha de apropiársela de modo personal, enriqueciéndola con la singularidad de su propia historia de salvación. 

DISCÍPULOS: Lo primero, preguntarnos lo que esto significa. Discípulo es aquella persona que encuentra a un maestro y decide seguirlo, vivir con él, para aprender, tanto de lo que hace como de lo que dice, un nuevo saber

De todo esto se habla en los Evangelios, y ser cristiano es seguir al único Maestro, que es Jesús, el Cristo. Seguir, implica caminar, moverse, crecer, ir con él; implica escucharle, para aprender de sus actos y de sus palabras. Implica dejarse transformar por la cercanía y la enseñanza del Maestro, para adquirir una nueva sabiduríaPero además, seguir al Maestro, hace que empecemos a formar parte de una comunidad, porque no soy el único discípulo. 

El discipulado, además de seguimiento y escucha, implica pertenencia. 

HIJOS: Es Jesús, el Maestro, el Hijo por excelencia, quien nos enseña y lleva a reconocer a Dios como Padre. Descubrirnos como hijos nos confiere una identidad y una dignidad inalienables. Estamos en el mundo de una manera nueva, porque nuestro vínculo con Dios no es el de servidumbre, sino filial: somos hijos, y por tanto herederos de los bienes del Padre. El mundo en que vivimos, lo creado, es parte de esa herencia, que debemos cuidar y hacer fructificar para el bien de todos (presentes y futuros). 

Tres palabras que relaciono con esta realidad: confianza, gratuidad y libertad, con la consiguiente responsabilidad con los dones recibidos. Confianza, porque definitivamente eso es la fe: confiar; gratuidad, porque mi relación con Dios no es un negocio, no es un intercambio de bienes de manera interesada; y libertad, porque ello forma parte de mi dignidad de hijo y de discípulo.Y si todos somos hijos, entonces también hermanos unos de otros; formamos una familia, la familia de Dios

SANTOS: Por Cristo, entramos en relación filial con Dios, para participar de su santidad. Ahora nosotros también somos santos, porque somos de Dios, y esto implica que nuestra vida, lo que somos, decimos y hacemos, ha de transparentar nuestra condición de discípulos y de hijos, siendo santos. La santidad tiene que ver con la justicia, con hacer lo justo, lo bueno, lo mejor, en cada dimensión de la existencia, siendo compasivos y solidarios, pero antes de expresar lo que hacemos, manifiesta lo que somos. 
Todo esto se resume en una palabra: Amor.

El AMOR es la clave de todo el camino cristiano, y la comunidad de fe ha de ser para nosotros una escuela para aprender a amar, y convertirnos de verdad en lo que ya somos por gracia. La Sagrada Escritura dice que DIOS ES AMOR, que fue el amor el que nos creó, el que movió a Cristo todo el tiempo, hasta dar la vida, y la fraternidad es la expresión del deseo de Dios y de su Hijo de que viviésemos como hermanos, en un mundo dividido, egoísta y violento. El camino cristiano ha de propiciar la maduración espiritual del creyente, que está vinculada con su plenitud humana.

La comunidad de fe, la Iglesia, es la obra del Espíritu  en el mundo.

En RESUMEN, se trata de:
1. SER DISCÍPULOS de Cristo: seguirlo, escucharle y ser parte de su comunidad.
2. SER HIJOS del Padre: vivir como hijos, en confianza, gratuidad, con libertad y responsabilidad, formando parte de la familia de Dios.
3. SER SANTOS en el Espíritu: con el compromiso de trabajar porque Dios reine, es decir, haya valores, justicia, compasión, solidaridad, hasta que el mundo sea transformado en Amor. 

 Lo anterior es una reflexión muy personal, que busca dotar de sentido y unidad el trabajo cotidiano de la fe, y necesita precisiones que tal vez siga haciendo en los próximos días, por lo que la entrada no está cerrada todavía, Faltan algunos aspectos que también acompañan el camino espiritual y que han de ser integrados en esta triada: sacramentos, devociones, la Virgen (La primera discípula, hija y santa)) y los santos, el compromiso social que tenemos los creyentes, etc. Se aceptan sugerencias y opiniones.

Fray Manuel de Jesús, ocd.

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