sábado, 20 de diciembre de 2014

CANTAR CON DIOS

"Cantar una oración es abandonarse al Dios del viento y de la lluvia, donde la gracia mana bravía y libremente. La música es un recordatorio del misterio de Dios. Un esperanzado recordatorio de que el misterio es gracia.

Hemos tenido tanto miedo a los sentimientos a lo largo de la historia humana, que incluso la música empezó a verse arrinconada por normas, restricciones y controles. Pero siempre y en todas partes, un villancico o un himno litúrgico de viernes santo, irrumpe, gracias a Dios, para hacernos de nuevo humanos.    

Las palabras se hacen viejas y predecibles, incluso en la oración..La música es el único lenguaje que trasciende los límites entre la ultimidad de Dios y la incapacidad de los humanos. 'Nunca en mi vida he comprendido un compás de música, decía Igor Stravinsky, pero sí lo he sentido.'

La música apaga la sed de belleza. Viene a nosotros de no se sabe dónde y toca en nosotros algo que ignorábamos que poseíamos.  La música es la poesía del pobre, del viajero, del que tiene las manos vacías.

Las piezas musicales que amamos son los recuerdos que atesoramos. Son la familia, la vida espiritual, los sueños de nuestra vida. Si sabes qué música no puedes soportar. sabrás con qué recuerdos no has podido reconciliarte.

Cuando Dios puso la música en el corazón humano, puso también la oración. La oración verdadera, no la recitación de fórmulas.

Una Iglesia que no canta es una iglesia en que la oración y la liturgia han quedado 
reducidas a una parte de representación y tres partes de magia, donde una sola persona actúa por todos en la esperanza de que el efecto repercuta en lo más profundo de nuestra alma y realice en ella los cambios que tanto necesitamos."

JOAN CHITTISTER. Escuchar con el corazón. Momentos sagrados en la vida diaria. 

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