sábado, 25 de febrero de 2017

INFORMACIÓN.

Amigas y amigos: por problemas técnicos no hemos subido nuevas entradas en los últimos días.
Esperamos volver dentro de unas semanas.


QUE TENGAMOS TODOS UNA PROVECHOSA CUARESMA.


martes, 7 de febrero de 2017

LA RELIGIÓN COMO AMENAZA.

"El miedo a los atentados terroristas de origen religioso (o reivindicados en nombre de la religión) va en aumento. Porque raro es el día que no tenemos noticias de nuevas y atroces matanzas de seres inocentes, ejecutados de forma criminal en nombre de la religión.

Obviamente, cuando se piensa en estas brutalidades, lo primero que a cualquiera le viene a la cabeza es el peligro que entraña el “hecho religioso”. Y la explicación de semejante peligro radica, según el criterio más generalizado, en que la “condición humana” nos empuja al odio, a la venganza, al egoísmo, la ambición y a todas las perversiones morales que convierten al “hombre en lobo para el hombre”.

Esto es verdad. Pero, con reconocer que la condición humana es así, no resolvemos nada. Ni aclaramos lo que realmente nos está pasando. Por otra parte, no quiero meterme aquí a analizar lo que ocurre en otras religiones, por ejemplo, en el islam. Entre otras razones, porque no lo conozco a fondo. Y es peligroso ponerse a dictaminar lo que el vecino debe hacer en su casa, para tenerla limpia, cuando tú tienes la tuya que da pena verla. Por eso, vamos a centrarnos en nuestra propia confesión religiosa, el cristianismo. ¿No será verdad que también la “religión cristiana” ha sido, y sigue siendo, una amenaza, un asunto peligroso, incluso (a veces) muy peligroso?...

El cristianismo es una religión que pone el centro de sus creencias, no solo en “lo divino”, sino igualmente en “lo humano”. Porque el Dios de nuestra fe se nos dio a conocer en Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Y esto - precisamente esto - es el gran problema, que tuvo que afrontar la Iglesia desde los primeros años de su existencia. Pero – es claro – cuando se afronta este problema entre gentes, que tienen creencias “religiosas”, inevitablemente, la religión “como tal” pesa tanto, que, en la persona religiosa, “lo divino” termina siendo más determinante que “lo humano”. Y esto, ni más ni menos, es lo que le ha ocurrido, y le sigue ocurriendo, a la Iglesia.

Efectivamente, en su Teología, en su Liturgia, en su Derecho, en las convicciones más profundas de los gobernantes eclesiásticos, en la mentalidad de la mayoría de los fieles, verdaderamente fieles a la Iglesia, no sólo es que “lo divino” pesa más que “lo humano”. El problema principal está en que “lo humano” se tiene que someter a “lo divino”. Por eso, los primeros cuatro concilios ecuménicos, que celebró y aprobó la Iglesia, Nicea (325), Constantinopla (381), Éfeso (430) y Calcedonia (451), se centraron en una preocupación fundamental: afirmar como dogma de fe la “divinidad” de Jesucristo. Es verdad que el concilio de Calcedonia defendió “la naturaleza humana” de Jesús: “perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad” (DH 301). Pero precisando, a continuación, que, en Jesucristo, las dos “naturalezas”, la divina y la humana, “confluyen en una sola persona”, que es la divina (DH 302). En última instancia, por tanto, en Jesús, “lo divino” quedó superpuesto a “lo humano”.

Es evidente que los textos de aquellos primeros concilios, distantes de nosotros en casi 1.500 años (o más), para ser entendidos correctamente, necesitan ser “interpretados” como necesita ser “interpretado” cualquier texto de la Biblia. Porque el lenguaje, y el contenido del lenguaje - el de entonces y el de ahora - ya no son lo mismo. Pero lo más importante, en todo este asunto, es que, en la historia de los siglos posteriores, la cultura ha ido evolucionando de manera que, en la mentalidad de la gran mayoría de la población de los países más desarrollados, “lo humano” ha cobrado más fuerza y tiene más presencia que “lo divino”. Mientras que, por el contrario, la Iglesia ha gestionado todo esto de manera que ha defendido y ponderado con más pasión y celo “lo divino” que “lo humano”. Y por supuesto, más “lo sagrado” que “lo profano”.

Ahora bien, si aplicamos esta manera de pensar a la Liturgia, a la Espiritualidad, al Derecho, a la Moral, a la “forma de vivir” y a las “costumbres”, ya tenemos clara y patente la explicación de por qué esta Iglesia nuestra sigue atascada en la mentalidad, no digo ya de la Edad Media, sino incluso en la manera de plantear y resolver tantos y tantos problemas que afectan muy seriamente a lo que hacen y dicen no pocos curas, bastantes obispos, algunos cardenales…. Y hasta la crispación que produce, en ambientes de sacristía, el comportamiento y las enseñanzas del papa Francisco. Por la sencilla razón de que, para esta Iglesia, es más importante evitar el pecado que aliviar el sufrimiento.

Termino asegurando que el día que nos preocupe más el problema del sufrimiento humano que la creencia en el pecado (¿contra lo divino?), ese día daremos el paso decisivo para que la Iglesia se haga más amable, más creíble y, por supuesto, más acogedora. Leyendo los evangelios, lo más claro que se encuentra en ellos es que a Jesús le interesó más el sufrimiento de la gente que la vida poco ejemplar que veía aquella gente en los amigos de Jesús, los pecadores (Mc 2, 14-17; Mt 9, 9-13; Lc 5, 27-32; 15, 1-2). ¿Por qué será que Jesús andaba con malas compañías y tenía constantes conflictos con los hombres de la religión? "

JOSÉ MARÍA CASTILLO. De su blog Teología sin censura. (RD)


(foto de Pedro Goncalves)

sábado, 28 de enero de 2017

CON TODOS, PARA TODOS.


" Todo el mundo, lacio o lanudo, tiene derecho a su plena conciencia: tirano es el católico que se pone sobre el hindú, y el metodista que silba a un católico. Hállenos de escudo suyo el criollo a quien se le impida negar,  y el católico a quien se impida afirmar. " 

JOSÉ MARTÍ
(Cuba, 1853-1895)

(cartel de Roberto Ramos Mori)

lunes, 23 de enero de 2017

LO QUE LEE DIOS.

"La palabra de Dios esta inscripta,
 manifiesta,
en el rostro del necesitado,
en los surcos del desierto de su vida;
está inscripta en las heridas de la necesidad,
inscriptas y esperando que nosotros 
las leamos,
que las reconozcamos como las sagradas escrituras
de la humanidad,
las escrituras que lee Dios."

Hugo Mujica

viviragradecidos.org

martes, 17 de enero de 2017

CAMINOS PARA LA TRANSFORMACIÓN.

Continuación de la entrada anterior, Transformación, del libro Atrévete a ser nuevo de Anselm Grün.

"Hay diferentes caminos de transformación.
El primer camino de transformación consiste en presentarle a Dios todo lo que emerge en mí. En no reprimir nada, sino dirigir la mirada hacia aquello que aparece en mí. Y en exponérselo a Dios introduciéndolo en su amor. Me imagino que el amor de Dios se derrama como un torrente en mi miedo, en mi impotencia, en mi desesperación, en mi vacío, en mi inquietud, en mi tristeza, en mi rabia, en mis celos. Y al entrar allí como un torrente el amor de Dios, el Espíritu de Dios, mis sentimientos se transforman. 

El segundo camino pasa por el diálogo con lo que emerge en mí. Hablo con mi miedo y le pregunto qué es lo que quiere decirme y qué es eso de lo que tengo miedo. Hablo con mi depresión y le pregunto por su sentido. Y hablo con mi rabia, con mi envidia, con mis celos, con mi ira, con mi sexualidad y con mi adicción. Al hablar con mis emociones y pasiones reconozco su sentido. Y, de este modo, las pasiones se transforman. Ya no me dominan, sino que se convierten en amigas que me develan mi verdadero ser y me señalan los pasos hacia la vitalidad y la libertad

El tercer camino de la transformación consiste en detenerme y oponer resistencia a la vida que he llevado hasta ahora. Esto puede ilustrarse mediante el proceso con el que el agua se transforma en torrente. Construimos un dique y embalsamos el agua a fin de que pueda fluir a través de una turbina y genere así electricidad. Del mismo modo, necesitamos a veces la ascesis, que construye un obstáculo frente a los hábitos que he tenido hasta ahora. La ascesis es un entrenamiento que asumimos a fin de que algo experimente en nosotros una transformación. Por ejemplo, al renunciar a alguna cosa en la cuaresma crece en mí el sentimiento de libertad y de independencia. Hago, pues, algo, me impongo un programa para que algo en mí  se transforme.

El cuarto camino consiste en probar. Al probar un nuevo comportamiento se transforma mi alma, se transforman mis costumbres, se transforma mi interior. Esto aparece para mí con claridad en la frase que Jesús le dice al paralítico junto a la piscina de Betesda: «Levántate, coge tu camilla y vete» (Jn 5,9). El paralítico espera un milagro de Jesús, pero el Maestro le da una indicación verbal. Cuando el paralítico simplemente pruebe lo que le ha dicho Jesús, experimentará que su vida se transforma. Yo he sentido esto a menudo. Cuando algo se traba en mí y no avanza, me digo esas palabras de Jesús: «Levántate, coge tu camilla y vete». Entonces, el agarrotamiento que hay en mí se transforma, me atrevo a levantarme. Y, de pronto, me siento transformado. Adquiero coraje. Puedo andar. La transformación la produce Dios, pero nosotros tenemos que poner también nuestra parte.

Tenemos que presentar nuestra realidad a Dios y probar actitudes a fin de que estas nos den un asidero. Al actuar y probar actitudes y virtudes se produce en nosotros la transformación. Pero esta lleva también siempre la impronta de la gracia de Dios, que acompaña toda nuestra acción. "


ANSELM GRÜN. Atrévete a ser nuevo.
 Edit. Verbo Divino.


domingo, 8 de enero de 2017

TRANSFORMACIÓN.


"Conozco  personas que desde hace diez años quieren cambiar, que trabajan constantemente en sí mismas para cambiar. Pero nada cambia. La razón está en que el cambio tiene en sí algo de agresivo. Estoy luchando contra algo, y aquello contra lo que lucho desarrollará inicialmente fuerzas contrarias. Además, en el cambio se esconde una condena de mí mismo: no está bien ser tal como soy, tengo que cambiar del todo, tengo que convertirme en otro.

 Si observamos con más detalle el lenguaje, veremos que «otro» viene del latín alter, que es también una designación ordinal: el segundo. Por tanto, cambiar significa pasar a ser una segunda persona o, dicho negativamente, que debo pasar a ser de «segunda categoría», «calidad de segunda».

Por el contrario, la transformación es más suave. Transformación quiere decir que todo aquello que hay en mí tiene derecho a existir. Me reconozco positivamente tal como me he desarrollado. Al mismo tiempo, sin embargo, percibo que no soy ese que me está dado llegar a ser partiendo de mi propia condición esencial. La meta de la transformación es que salga a relucir en mí esa imagen originaria e irrepetible que Dios se ha hecho de mí. 
Esa imagen tiene que irradiar a través de todo lo que hay en mí. El cambio total tiene como meta que yo me convierta en otra persona. La transformación, por el contrario, apunta a que llegue
a ser plenamente yo mismo, a que llegue a ser cada vez más esa persona única e irrepetible que soy.

Transformarse vendría a significar que todo lo que es, en principio, es bueno, pero que muchas cosas desfiguran nuestro ser y nuestra verdad. Transformarse consistiría en formar la imagen originaria, extrayéndola de entre la maleza de imágenes, y hacer así que de lo inauténtico crezca lo auténtico. La transformación presupone un asentimiento absoluto al ser. Todo tiene derecho a ser, todo tiene su sentido. Solo tendría que examinar qué sentido tienen, por ejemplo, mis pasiones, mis enfermedades, mis conflictos, mis problemas.

 La transformación es para mí la forma típicamente cristiana del cambio. En la transformación está el aspecto de la gracia. Dios mismo transforma al ser humano. Esto se hizo patente en la encarnación de su Hijo, en la que él transformó y divinizó nuestra naturaleza humana. La transformación es también el concepto clave de una espiritualidad que no intenta imponer su dominio sobre todas las faltas y debilidades y evita en lo posible todo pecado. La transformación confía en que todo en nosotros tiene un sentido, incluso nuestro pecado, y en que Dios quiere transformarnos  para que su luz y su gloria resplandezcan cada vez más en nosotros.

La cuestión es cómo se produce la transformación. 
Hay diferentes caminos.

(continua)

ANSELM GRÜN. Atrévete a ser nuevo. 
Edit. Verbo Divino. 2016

domingo, 1 de enero de 2017

ESTE AÑO ME PERDONO.

"Me he sentado a tomar un café conmigo frente al espejo y me descubrí alzándome la ceja, como siempre; Pero esta vez me dije:  ¡Ya estuvo bueno de tanta dureza conmigo!
 Lo mejor es, simplemente, PERDONARME.
Me perdono por dejarme en último lugar infinidad de veces...
Me perdono por hacerme pedazos para completar a otros...
Me perdono por no tener tiempo para mí...
Me perdono por no hacerme caso, y tropezar con el mismo obstáculo una y mil veces.
Me perdono por poner mi salud como un pendiente y no como una prioridad...
Me perdono por haber hablado de más...
Me perdono por haberme callado...
Me perdono por confundir resignación con tolerancia...
Me perdono por mentirme...
Me perdono por no verme al espejo más seguido...
Me perdono por no ser más amable conmigo...
Me perdono por no tenerme paciencia ni tener constancia...
Me perdono por mi rudeza cuando se trata de mí...
Me perdono no encajar en un molde...
Me perdono por no permitirme muchas cosas...
Me perdono por no disfrutar de otras tantas...
Me perdono por no valorar los momentos que valen la pena y darme cuenta muy tarde...
Me dije:  debemos aprender a soltar, a dejar ir y sobre todo; ¡A perdonar!
 Debemos hacer frente común contra el mundo que está en nuestra contra... simplemente es el mundo y la gente es gente con lo bueno y con lo malo. A veces sólo estamos parados en el camino equivocado con alguien que viene a todo pulmón y nos arrasa sin miramientos.
No hay explicaciones ni justificaciones, es así y así sucede.
¿Sabes?, le dije a mi niño interior:  necesito tu apapacho, tu abrazo, tu complicidad,
 he aquí el trato... Menos reproches y más amor, menos revivir el momento y más perdón.
¿Y si me perdono? Ampliamente y de verdad, sin echarme en cara después mi errores, sin pensar en un problema toda la noche, sin sentir una punzada con un recuerdo corrupto cruzándome la mente.
¿Y si perdono mis errores y mi pasado? Sí, me perdono, me acepto, me acomodo las piezas y me reseteo la memoria y el corazón para poder perdonarme... 
¡Si, me perdono para empezar a vivir! "

(Tomado de servilletasyalgomás.eu, con unos pequeños retoques para que nos sirva a todo el mundo).