domingo, 9 de mayo de 2021

SI ME FALTA EL AMOR...

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande todas es el amor”.

(Carta de San Pablo a los Corintios 13, 1-13)

sábado, 8 de mayo de 2021

EL MAYOR PELIGRO ES NO AMAR (Sexto de Pascua-B)

Nuestro llamado, nuestra vocación es el amor
. Esa es la conversión a la que se nos llama. No se trata de llenarnos de mandamientos, de órdenes, de instrucciones. La vida en Dios no es un listado de reglas que cumplir: ir a misa, acudir a reuniones, pagar un diezmo, ayunar o rezar. La vida en Dios se trata de una sola cosa: amar, amar mucho, ver y tratar a todos como hermanos. 

Lo que nos convierte (transforma) es el amor. El único mandamiento que podemos seguir sin que sea una carga es el que nos invita a amar. Ese es el reinado de Dios: el reinado del amor. El Evangelio es una buena noticia, un sabernos amados: cuando somos buenos y cuando no, cuando estamos sanos y cuando estamos en medio de una pandemia que no termina. Nadie se convierte por miedo. Hay quien deja de hacer cosas por miedo, pero su corazón sigue atado al mal. Lo que nos hace cambiar es el amor, que nos acepta tal y como somos; que nos hace poner a un lado el dolor de un insulto y seguir ofreciendo al otro amistad y servicio. 

Por amor creemos que Dios está presente
, trabajando en este mundo, sanándolo y cuidándolo. Por amor sabemos que Dios no envía ninguna enfermedad para que nos arrepintamos y cambiemos, sino que está esforzándose en que estemos bien, a través de cada persona que trabaja cuidando a los enfermos o buscando una cura. Dios está, dándonos su amor y amando, a través de los voluntarios que ofrecen su tiempo para acompañar en cada cosa que se necesita. Dios está, amando a través de las personas que llaman a aquellos que están solos para conversar. Dios está, en todo amándonos y animándonos a amar. 

El mandamiento del amor no es una orden, es una invitación. Así lo ha dicho el papa Francisco: "La altura de una vida humana está marcada por el amor… todos los creyentes necesitamos reconocer esto: lo primero es el amor, lo que nunca debe estar en riesgo es el amor, el mayor peligro es no amar” (Fratelli Tutti, 92).

Lo anterior, con algunos cambios, lo tomé de la publicación mensual RAYO DE LUZ, y lo leí en una homilía reciente; vale lo mismo para este próximo domino, Sexto de Pascua. Le añado algunos puntos que sugiere FRAY MARCOS:


El mandamiento del amor es el mandamiento nuevo, por oposición al mandamiento antiguo, la Ley. Queda establecida la diferencia entre las dos alianzas. Jesús no manda amar a Dios ni amarle a él, sino amar como él ama. No se trata de una ley sino de una consecuencia de la Vida en Dios.

Dios no es un ser que ama. Dios es el amor. En Él, el amor es su esencia, no una cualidad como en nosotros. Yo puedo amar o dejar de amar y seguiré siendo yo. Si Dios dejara de amar un solo instante, dejaría de existir.

No se puede imponer el amor por decreto. Todos los esfuerzos que hagamos por cumplir un "mandamiento" de amor están abocados al fracaso. El esfuerzo tiene que estar encaminado a descubrir a Dios que es amor dentro de nosotros. Todas las energías que empleamos en ajustarnos a una programación tienen que estar dirigidas a tomar conciencia de nuestro verdadero ser. Solo después de un conocimiento intuitivo de lo que Dios es en mí, podré descubrir los motivos del verdadero amor.

martes, 4 de mayo de 2021

MIENTRAS TENGAMOS VERSOS...

Hoy, Facebook me recordó algo que puse en 2013; un texto de nuestro JOSÉ MARTÍ, en La edad de Oro:… 

"Los versos no se han de hacer para decir que se está contento o se está triste, sino para ser útil al mundo, enseñándole que la naturaleza es hermosa, que la vida es un deber, que la muerte no es fea, que nadie debe estar triste ni acobardarse mientras haya libros en las librerías, y luz en el cielo, y amigos, y madres". 

La Providencia me regala hoy el texto de otro poeta, OMAR PÉREZ, que sin su permiso, comparto:

 "Protestar no es una cura. Es un síntoma. Como la fiebre, la tos, el vómito, con los cuales guarda muchas semejanzas. Reprimir la protesta es, tanto como autorreprimirla, un acto de barbarie desde el punto de vista de la curación. Aquel que pretende erradicar los síntomas para mostrar que la enfermedad no existe, no es un agente curativo: es un aliado de la enfermedad. Pero quien, al protestar, pretende confundir el síntoma con la cura, también se alía con la enfermedad, la prolonga y la transmite. ¿Qué debo hacer entonces?, preguntaría un sintomático, ¿ocultar el dolor, sepultar la vergüenza? En modo alguno, ya se ha dicho: fiebre, tos y vómito existen y cuando existen deben, a su tiempo, revelarse. ¿Cuál es, entonces, la cura? No lo sé. Es más, no hay cura "universal" alguna. No hay panacea ni antídoto. Sólo hay calmantes, es decir, compensaciones. Sin embargo, cuando se deja de confundir el síntoma con la cura, ésta tiene, finalmente, un motivo para aparecer. Lo que se sabe es que, en este mundo, no hay uno solo que no esté enfermo. No hay una sola cosa que no esté, ya, en peligro de morir. 
Desconfiad, pues, de la autoridad de los asintomáticos". 

No sé; me quedo rumiando estas palabras, y  evoco ahora también la voz de otro poeta de mi adolescencia: 
"La poesía es un arma cargada de futuro".

domingo, 2 de mayo de 2021

PONER A CRISTO EN EL CENTRO

Domingo quinto de Pascua
: “Ha comenzado el reino de la vida y se ha disuelto el imperio de la muerte. Han aparecido otro nacimiento, otra vida, otro modo de vivir, la transformación de nuestra misma naturaleza. ¿De qué nacimiento se habla? Del de aquellos que no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios” (San Gregorio de Nisa, obispo; sermones).

Evangelio de Juan 15,1-8: La vid y los sarmientos; permanecer en Cristo para dar frutos. Vid-sarmiento-uva-vino-alegría; la conexión última me la acaba de dar una amiga en nuestra charla matutina. Mi idea es siempre PONER A CRISTO EN EL CENTRO. La tradicional religiosidad católica difumina el centro con tantas devociones, que sustituyen a menudo, en la práctica, al mismo Cristo. Los frutos nacen de la amistad entrañable con Jesús, de la respuesta a su SÍGUEME… de la escucha diaria de su palabra, de compartir su mesa, a la que hemos sido invitados gratuitamente. 

Esa conexión profunda con Cristo, que a su vez es uno con el Padre y el Espíritu, es la fuente de la verdadera koinonía (comunidad). PERMANECER JUNTOS EN TORNO A CRISTO, que se entrega ahora también en su Palabra y en el Pan consagrado y compartido; permanecer escuchándole, orando juntos, partiendo y comiendo el mismo pan, en su nombre. “Amando con obras y de verdad”; dando testimonio como Pablo ante los apóstoles y la comunidad de Jerusalén. 

Estas son las claves para seguir al Resucitado, ahora en la Pascua, y en todo tiempo: cultivar nuestra amistad con Él, escuchándole y sentándonos a su mesa; buscando el fruto del servicio y la entrega, de y a la vida, que es fuente de una alegría perenne (y siempre hablo en plural, porque la llamada es personal, pero el seguimiento es en comunidad).

Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”, dice Jesús; quien no conoce a Jesús, no conoce a Dios. Hablamos mucho de Dios, pero si no conocemos a Jesús, no sé de qué Dios estamos hablando.

 “Yo soy la vid y ustedes los sarmientos”: no son dos cosas, aunque las nombremos separadas, es una misma planta. Soy Cristo, somos Cristo.

El Padre poda los sarmientos. Podar no es castigar, es ayudar, es fortalecer para que la planta crezca mejor. 

El fruto es de todos, de la Iglesia de Cristo, y se alcanza, eso sí, cuando la semilla cae en tierra y muere… porque el morir y el resucitar forman parte del camino del discípulo. 

"Este es su mandato: que creamos en la persona de su Hijo Jesucristo y nos amemos unos a otros como el nos mandó"

Fray Manuel de Jesús, ocd

sábado, 24 de abril de 2021

EL PODER TERAPEÚTICO DEL ARTE

"Creo honestamente en la capacidad paliativa de la poesía, en su potencia consoladora frente a los trastornos y desánimos que pueda depararnos la historia. En un mundo como el que hoy padecemos, asediado de tribulaciones y menosprecios a los derechos humanos, en un mundo como éste, de tan deficitaria probidad, hay que reivindicar los nobles aparejos de la inteligencia, los métodos humanísticos de la razón... 

Quizá se trate de una utopía, pero la utopía también es una esperanza consecutivamente aplazada, de modo que habrá que confiar en que esa esperanza también se nutra de las generosas fuentes de la inteligencia.

Leer un libro, escuchar una sinfonía, contemplar un cuadro,
son vehículos simples y fecundos para la salvaguardia de todo lo que impide nuestro acceso a la libertad y la felicidad. Tal vez se logre así que el pensamiento crítico prevalezca sobre todo lo que tiende a neutralizarlo. Tal vez una sociedad decepcionada, perpleja, zaherida por una renuente crisis de valores, tienda así a
convertirse en una sociedad ennoblecida por su propio esfuerzo regenerador. 

Quiero creer -con la debida temeridad- que el arte también dispone de ese poder terapéutico y que los utensilios de la poesía son capaces de contribuir a la rehabilitación de un edificio social menoscabado. Si es cierto, como opinaba Aristóteles, que la “la historia cuenta lo que sucedió y la poesía lo que debía suceder”, habrá que aceptar que la poesía puede efectivamente corregir las erratas de la historia y que esa credulidad nos inmuniza contra la decepción. Que así sea".

Manuel Caballero Bonald
Permio Cervantes, Discurso de Aceptación.

jueves, 22 de abril de 2021

PALABRAS CLAVES PARA MI FE

Creo que hay tres palabras claves para entender, la propuesta de Jesús, es decir, la fe cristiana: amor, libertad y perdón

El AMOR lo dice todo, es la realidad que define a Dios, en la medida en que Dios pueda ser definido. "Dios es amor", dice Juan, y el que ama, le conoce; quien no ama, no conoce a Dios. Por eso Jesús nos invitó a amar para poder entrar en la dinámica del Reino: "Ámense unos a otros como yo les he amado". 

Jesús habla también de VERDAD, pero la verdad que propone Jesús no es conceptual, no son dogmas, no son leyes, sino es su persona, viva, dinámica, diversa. Entrar en contacto con Jesús, que es la Verdad de Dios, nos hace libres; con una LIBERTAD que nada ni nadie nos puede arrebatar. 

El PERDÓN tiene que ver con la comunidad, porque el perdón de Dios lo recibimos unos de otros,; no es un perdón abstracto, sino concreto, en la convivencia de cada día tenemos que aprender a perdonar, para poder andar. 

Desde esas tres coordenadas: amor, libertad y perdón, está construida la comunidad de Jesús, la Iglesia, que como Jesús, es humana y divina. Hay en ella de inmanencia y de trascendencia, está la institución y está el misterio. Ambas cosas son necesarias, ambas cosas son importantes, porque sin encarnación no hay salvación. No obstante, hay que cuidarse para no confundir las prioridades, para no quedarse en el dedo que apunta a la luna, en lugar de mirar la luna. Todo en ella nos ayuda a conectar con Jesús: la Palabra, los sacramentos, los dogmas, los preceptos. Pero ellos no son Jesús, o lo son,  pero todavía imperfectamente

Amar a la Iglesia es saber que ella es medio, y no fin. Amar a la Iglesia es ejercer en ella también la dimensión profética de nuestro bautismo. También la Iglesia, toda ella, necesita conversión, necesita escuchar, necesita crecer. Debemos amarla entrañablemente, mirarla con misericordia, pero no divinizarla, no adorarla ciegamente, no asumir una postura pasiva y receptora sin reflexión y juicio propio. Nada de eso tiene que ver con el amor.

La fe me enseña a amar, me hace amor. 
La fe me ayuda a vivir en libertad, me hace libre. 
La fe me ayuda a perdonar, me hace reconocer la vulnerabilidad de todo lo humano, y la necesitar de abrirnos a lo trascendente.
La fe me hace descubrir la hermosura de nuestra humanidad, la misma por la que Jesús murió y resucitó.

Fray Manuel de Jesús, ocd

martes, 20 de abril de 2021

SEGUIR A CRISTO ES LO PRIMERO


"Nada hay tan decisivo para ser cristiano como tomar la decisión de vivir como seguidores de Jesús. El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre pretender serlo, sin seguir a Jesús. De hecho, muchos de los que se han ido alejando de nuestras comunidades son personas a las que nadie ha ayudado a tomar la decisión de vivir siguiendo sus pasos.

Sin embargo, ésa es la primera decisión de un cristiano. La decisión que lo cambia todo, porque es comenzar a vivir de manera nueva la adhesión a Cristo y la pertenencia a la Iglesia: encontrar, por fin, el camino, la verdad, el sentido y la razón de la religión cristiana...
Nadie se pone en camino tras los pasos de Jesús siguiendo su propia intuición o sus deseos de vivir un ideal. Comenzamos a seguirle cuando nos sentimos atraídos y llamados por Cristo. Por eso, la fe no consiste primordialmente en creer algo sobre Jesús sino en creerle a él.

Cuando falta el seguimiento a Jesús, cuidado y reafirmado una y otra vez en el propio corazón y en la comunidad creyente, nuestra fe corre el riesgo de quedar reducida a una aceptación de creencias, una práctica de obligaciones religiosas y una obediencia a la disciplina de la Iglesia.

Es fácil entonces instalarnos en la práctica religiosa, sin dejarnos cuestionar por las llamadas que Jesús nos hace desde el evangelio que escuchamos cada domingo. Jesús está dentro de esa religión, pero no nos arrastra tras sus pasos. Sin darnos cuenta, nos acostumbramos a vivir de manera rutinaria y repetitiva. Nos falta la creatividad, la renovación y la alegría de quienes viven esforzándose por seguir a Jesús".

 (José Antonio PAGOLA)