"Vuelve, por favor, vuelve, quien quiera que seas, religioso, infiel, hereje o pagano. Aunque hayas hecho cien promesas y cien veces las hayas roto, esta puerta no es la puerta de la desesperanza y la frustración. Esta puerta está abierta para todos. Ven, ven, tal como seas". (Rumi)
El autor del siguiente texto escribió: "De todo lo que he alcanzado en mi vida, haberme dejado alcanzar por Dios ha sido lo más grande que me ha pasado!Fue una ruta larga hasta mi encuentro con Él, y esta canción es una narración de esa ruta, una carta de amor, un pedido de auxilio...Espero que ustedes estén dibujando su propia ruta hacia Él!".
"Madre, los que viven allá arriba en las nubes, me gritan; '¡Oye, jugamos desde que empieza hasta que acaba el día; jugamos con la aurora de oro y con la luna de plata!'
Yo les pregunto: '¿Pero cómo voy a subir hasta donde estáis vosotros, tan alto?'.
Y me contestan: '¡Vente hasta el borde de la tierra, alza las manos al cielo y te levantaremos con las nubes!'.
'¡Mi madre me está aguardando en casa! -digo yo-, ¿cómo podré dejarla y subir?'.
Y ellos se sonríen y pasan flotando.
Pero yo sé un juego más bonito que ese, madre. Mira, yo seré la nube y tú la luna. Te taparé con mis dos manos y el techo será nuestro cielo azul.
Los que viven en las olas me gritan: '¡Cantamos desde el amanecer hasta la noche; vamos más allá siempre y no sabemos a dónde vamos!'.
Yo les pregunto: 'Pero, ¿cómo podré irme tan lejos con vosotros?'.
Me responden: '¡Vente a la orilla del mar, aprieta bien los ojos, y espera, y te arrastraremos con las olas!'.
Yo les digo: 'Mi madre no quiere nunca que salga anochecido. ¿Cómo podré dejarla y huir?'.
Y ellos se sonríen y pasan bailando.
Pero yo sé un juego mejor que ese, madre. Yo seré la ola y tú serás la playa desconocida. Me echaré a rodar y romperé riéndome en tu pecho. ¡Y nadie sabrá en el mundo dónde estamos tú y yo!".
"BREVÍSIMA APARICIÓN DE JOSÉ MARTÍ EN LA LLOVIZNA"
Debieran pesar menos tus párpados, y el limo de tanto verbo cívico ampararte en mejor modo. Es larga la llovizna, y el paisaje que la mide hierve ante tu nombre, que sabíamos Amado. Estás y no te vemos más que en el espasmo que lo humedece todo, en su Constitución que tantos generales firmaron muy de prisa, urdiendo otra batalla, otro país, Papel Moneda Cárdenas. Bayamo. Ciudades que no viste se empapan de tu nombre como de extremaunción y ni los niños pueden, borrando la llovizna marcar un tiempo apenas en que no estemos habitándote. Un parque, un mausoleo, repetidos como bustos que doblan tu visión: eso devora la llovizna, y los mapas siniestros que con ninguna brújula desmentirán al mar, la soledad que nos rodea. Llovizna, talismán, aparición, huida, encanto. El mármol de un portal ya casi hundido te pregunta por los antiguos fríos que te ofreció otra capital que recorrías cegato, bizambo, desorejado en pos de islas inciertas, casi humano temporal. No se esfuma el olor tremendo de tu anécdota. No cesa la llovizna sino el mezquino tiempo que duró tu aparición. Te vas antes de que abran sus mesas y sus manos los húmedos civiles que supieron invocarte. Te vas como se esfuma la silente Navidad, y la fe cenizada con la cual sobrevivimos. El día también canta, a su manera, los milagros. Hoy, cuando quiero cerrarme en la llovizna como un libro..
"Busco consuelo en las páginas de un libro de Anne Sexton
Quizás Dios es una voz profunda que sólo los sordos oyen.
Sin embargo yo me he aferrado a dioses
los he involucrado en cada brote de respiro
han tenido su espacio en rincones y altares
llevo collares con caracoles recogidos en océanos lejanos
no he tenido el valor de leer los rezos de un sidur
que encontré olvidado en un parque
porque mis plegarias no serían respetuosas.
Cuántos pactos debo haber hecho y roto en tantos años
buscando un Dios un Guía un Maestro
para terminar exhausto del otro lado del río
sin esperanzas y hambriento de manjar alguno.
Si la respuesta fuera escuchada en la sordera
pondría cada oreja en la guillotina
y a gritos exigiría al verdugo de turno
que me librara de ellas".
Manuel Adrian López. MANUEL ADRIÁN LÓPEZ. Nació en Morón, Cuba (1969). Poeta, narrador y promotor cultural. En 1980, llegó a los Estados Unidos con su familia. Creció entre California y La Florida. Fundó en 2006 la Galería Zu, espacio alternativo de tertulia artística y literaria, que mantuvo hasta el 2010 en Miami. Es director de Project Zu, un programa de fomento y difusión de actividades culturales. Su poesía ha sido publicada por revistas como Arique, Baquiana, Contratiempo, La Peregrina Magazine, LaFanzine, Linden Lane y Ventana Abierta. Su primer libro de poesía, Yo, el arquero aquel, fue publicado por Editorial Velámenes (West Palm Beach, Florida, 2011). En julio del 2012, se publicó digitalmente por TheWriteDeal un libro de cuentos cortos en inglés, titulado Room at the Top, y una versión revisada será publicada en junio de este año por Eriginal Books.
Podría decirse
que te he amado de muchas maneras:
con el amor de la curiosidad, primero,
con la duda,
con el amor del respeto, luego.
Te he amado con amor puro de amante,
después con el amor completo,
con la pena de la ausencia
con la imaginación, con la tristeza.
Cada nuevo día te amo de una manera:
hoy te amo con la esperanza
de una vida eterna.
Y llegaré a amarte
con las arrugas de un corazón viejo,
te amaré, algún día,
sin el espacio y el tiempo.
(SAN)
“Al principio del Mundo, Olofin llamó a Odduá y le pidió que hiciera
la vida. Odduá llamó a Obbatalá y le dijo: “Ya está hecho el Mundo.
Está hecho lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo, lo chiquito y lo
grande; ahora hay que hacer el Hombre y la Mujer”. Obbatalá hizo el
Hombre y la Mujer, pero se olvidó hacer la muerte. Pasaban los años, y
los hombres y las mujeres cada vez se ponían más viejos, pero no se
morían. Eran tan viejos que tenían que reunirse como hormigas para
cargar entre todos una ramita de árbol, y se necesitaban más de
ochenta brazos para cortar una calabaza. La tierra se llenó de viejos
que tenían miles de años y que seguían mandando de acuerdo con sus
viejas leyes; los jóvenes tenían que obedecerlos y cargar con ellos,
porque siempre habían sido así las cosas. Pero cada día, la carga se
hacía más pesada. Tanto clamaron los más jóvenes que un día sus
clamores llegaron a oídos de Olofin, y Olofin vio que el Mundo no era
tan bueno como él lo había planeado. Y vio que el dolor se había
adueñado de la tierra, y que todo se iba cayendo bajo el peso de tanto
tiempo, y sintió que él también estaba viejo y cansado para volver a
empezar lo que tan mal le había salido. Entonces Olofin le dijo a
Odduá que llamara a Ikú para que se encargara del asunto. Y vio Ikú
que había que acabar con el tiempo en que la gente no se moría. Hizo
Ikú entonces que lloviera y lloviera sobre la tierra durante treinta
días y treinta noches sin parar, y todo fue quedando bajo el agua.
Sólo los niños y los más jóvenes pudieron treparse en los árboles
gigantes y subir a las montañas más altas. Y la tierra entera se
convirtió en un gran río sin orillas. Hasta que en la mañana del día
treinta y uno para de llover. Los jóvenes vieron entonces que la
tierra estaba más limpia y más bella, y corrieron a darle gracias a
Ikú, porque había acabado con la inmortalidad”.
(Citado por Paul A.
Schroeder en Tomás Gutiérrez Alea. The Dialectics of a Filmaker.
Routledge, 2002, p 151)
“Vuelo en alas del amor por toda la casa. Tengo la impresión de andar dos pasos por el suelo y cuatro por el aire. Esto es amor: Y es consuelo. No me preocupo si es consuelo. No estoy apegado a las consolaciones. Amo a Dios. El amor me lleva por todas partes. No quiero hacer nada más que amar. Y cuando suena la campana tengo que dominarme apretando los dientes, porque este amor, amor secreto, amor escondido y amor oscuro, bulle dentro de mí y fuera de mí, donde no me cuido de hablar sobre él. En todo caso carezco de tiempo y de fuerzas para tratar tales materias. Sólo me queda tiempo para la eternidad, es decir, para el amor, el amor, el amor. El amor me empuja por todo el monasterio, me hace moverme de un lado a otro, el amor es lo único que me permite seguir adelante. El amor, cuando comienza, lleva un paso tan rápido que hay que sujetarse bien para no caer. Cualquier ritmo de celeridad es demasiado lento para el amor; en tanto que ninguna velocidad es excesiva para uno cuando se deja arrastrar por el amor. Tras ello sólo queda bogar de continuo sobre su corriente. Esto me abrasa. Estoy completamente agostado por el deseo, y sólo acierto a pensar en una cosa: permanecer en el fuego que me quema”.
Sólo veo lo que siento,
nunca he visto más allá,
no me trago lo que pienso
ni una vez, así me va
Aprendí con la marea,
que se llega y que se va,
prometí no dar la espalda,
ni decir nunca jamás
He ganado amor del bueno,
sin ponerle condición
he perdido la cabeza
pa encontrar el corazón
no aposté por la mentira,
en honor a la verdad
no me dejo la sonrisa,
con arresto temporal
No soy de nadie
ni valiente ni cobarde
pero no he tenido
imposibles ni prohibidos
ni alas de ángeles caídos
No voy de nada,
ni de escudo, ni de espada
pero doy la cara
no voy a morderme el corazón.
Sólo quiero ser yo misma
darte todo lo que soy
no olvidar de dónde vengo
pa saber a dónde voy
Tengo poco pero es mucho,
por lo mucho que me das
me paseo por su vida
en versión original
No soy de nadie
ni valiente ni cobarde
pero no he tenido imposibles ni prohibidos
ni alas de ángeles caídos
No voy de nada,
ni de escudo, ni de espada
pero doy la cara
no voy a morderme el corazón.
Sólo me llevo donde quiero ir
muy cerca de ti
no desespero si te veo sonreír
mi suerte sigue aquí
No soy de nadie
ni valiente ni cobarde
pero no he tenido imposibles ni prohibidos
ni alas de ángeles caídos
No voy de nada,
ni de escudo, ni de espada
pero doy la cara
no voy a morderme el corazón.
Cuando te pones a escarbar en la memoria
vas escogiendo del pasado aquellas cosas
que te apuntalan, que te afirman, que te enrocan
que te protegen de algunas sombras.
Yo tan esclavo como el labio de la boca,
yo tan atado como el niño a su pelota,
tan desarmado como un Rey sin su corona,
como una barca sobre las olas.
Sin ti me faltaría el alfabeto,
sin ti consigo hacerme tan pequeño
que si alguien hace así desaparezco,
como un globo de gas que se va al cielo.
No sé muy bien si soy el hilo o la cometa,
no sé si soy el corazón o la cabeza,
nunca sabré si soy el alma o la materia,
si soy el palo, si soy la vela.
Entre los dos nos inventamos lo imperfecto
con la apariencia de hacer siempre lo correcto
que sabe nadie lo que nos pasa por dentro
a quién le importa si yo te quiero.
Felices quienes contemplan en las noches serenas
alguna estrella diferente que dé sentido a su vida
y lo apuestan todo por seguirla.
Felices quienes se enfrentan en el desierto de la vida
a lo desconocido, a las fieras que intentan devorarles,
a los propios miedos, al deseo de volver atrás.
Felices quienes llevan bien aferrado en su corazón
el mayor regalo que piensan gozar y ofrecer cuando,
en el momento oportuno, lleguen a su preciado destino.
Felices quienes miran más allá de las dificultades,
de los sufrimientos y de las alegrías, y prosiguen,
desde lo concreto, paso a paso, su propio camino.
Felices quienes no creen en apariciones
ni escuchan voces de lo alto,
sino que descubren la epifanía profunda del Misterio
en las personas y en los hechos diarios de la vida.
Felices quienes llegan al destino de su viaje
para adorar a Dios en la sencillez, solidaridad y pobreza
de los más vulnerables de la historia.
Felices aquellos a quienes Dios les revela,
en los detalles más nimios de la existencia,
los mayores misterios que les conducirán
a su más profunda humanidad.
Felices quienes declaran festivos los días
en los que reciben las manifestaciones de la presencia de Dios
cuando hay signos de paz, de liberación, de justicia,
de solidaridad y amor.