miércoles, 16 de abril de 2014

JUEVES SANTO

En la tarde de este jueves iniciamos los cristianos la celebración más importante de todo el año litúrgico: el TRIDUO PASCUAL, que hace memoria de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, llamado Cristo o Mesías. Me gustaría compartir algunas ideas sobre la primera de estas celebraciones, la del JUEVES SANTO, que es memorial de la Pascua de Jesús y aniversario de la Última Cena que tuvo Jesús con los suyos antes de encarar la muerte. Esta celebración hace referencia a la voluntad de Jesús de llevar a su plenitud el sentido del banquete pascual judío. Cristo aparece como el verdadero "cordero pascual", que se ofrece al Padre en sacrificio para alcanzare una vida nueva a los seres humanos.
 La nota dominante del Jueves Santo es el amor, que instituye la Eucaristía y el orden sacerdotal. Entiendo que esto supone fraternidad y servicio. La Eucaristía es el sacramento del misterio de la Iglesia, como comunidad reunida en el amor. También en este día, o en días previos, suele celebrarse la llamada "Misa Crismal", por ser en la que se bendicen los oleos que utilizamos en los sacramentos durante todo el año; esta misa manifiesta la unión de los sacerdotes con su obispo diocesano. La misa de la Cena del Señor debe celebrarse en las últimas horas de la tarde, y el sagrario ha de estar vacío y abierto antes de la celebración de esta misa.
Un momento importante en esta celebración es el LAVATORIO DE LOS PIES: la liturgia nos invita a contemplar el gesto de Cristo lavando los pies a sus discípulos. Esto no debe quedarse en la mera anécdota, sino que debemos prestar atención profunda a este gesto y a lo que implica como actitud de servicio.. Este rito nació en Toledo en el año 694, alcanzando luego gran popularidad en el mundo monástico, pues las abadías lo celebraban muy solemnemente, como expresión de la caridad para con los pobres.
Lamentablemente con el paso del tiempo estos fueron sustituidos por monjes, y quedó más como gesto ritual que como verdadera expresión de servicio. Este rito ha de ser celebrado con sencillez, evitando los ruidos y trasiego de muebles, preparando con antelación lo necesario. Según las normas litúrgicas, este rito no es obligatorio, puede omitirse, y además no necesariamente han de ser 12 personas, y también su condición puede variar.
 Ha de resaltarse en este día la caridad de la comunidad que celebra, destacando por ejemplo el momento de acogida al templo, el rito de la paz, o las ofrendas dedicadas a los pobres. En este día no se dice el Credo, y se utiliza el primer prefacio de la Eucaristía, el más antiguo, cobrando particular relieve el momento en que se dicen las palabras de Jesús en la Última Cena. Si es posible ha de darse la comunión bajo las dos especies.
 Al final de la Eucaristía se traslada el Cuerpo sacramentado del Señor al "Monumento", donde se reserva para la comunión eucarística del Viernes. El Monumento ha de ser sencillo y no el momento para exhibir los objetos de valor que la comunidad conserva. Evitar también un excesivo barroquismo. Se lleva el Santísimo al Monumento al final de la celebración en procesión y luego allí se ora en silencio luego de algún canto adecuado, como el Tantum Ergo. La asamblea permanece orando, se puede hacer una sencilla meditación también sobre los temas propios de la jornada: eucaristía, sacerdocio, mandamiento del amor, y se pueden leer también pasajes del Evangelio. Esta adoración se realiza con solemnidad hasta la medianoche.

martes, 15 de abril de 2014

EL MONJE, EL GATO Y LA LUNA

«Erase una vez un ermitaño que vivía bastante más allá de las montañas de Iguazaim, al sur del desierto de Acaman. Hacía sus buenos 30 años que se había recogido allí. Unas cabras le daban la leche diaria y un palmo de tierra de aquel valle fértil le daba el pan. Junto a la cabaña crecían unas ramas de vid. Durante todo el año, bajo la techumbre de palma, las abejas venían a hacer sus colmenas.

"Hace 30 años que vivo por aquí...", suspiró el monje Porfirio. "Hace sus buenos 30 años...". Y, sentado sobre una piedra, la mirada perdida en las aguas del regato que saltaban entre los guijarros, se detuvo en este pensamiento durante largas horas. "Hace 30 buenos años y no me he encontrado. Me perdí para todo y para todos, en la esperanza de encontrarme. ¡Pero me he perdido irremediablemente!".

A la mañana siguiente, antes que naciera el sol, después del rezo de los peregrinos, con un parco talego a la espalda y sandalias medio rotas en los pies se puso en camino hacia las montañas de Iguazaim. Siempre subía a las montañas cuando bajo fuerzas extrañas su mundo interior amenazaba derrumbarse. Iba a visitar a Abba Tebaíno, eremita más provecto y más sabio, padre de toda una generación de hombres del desierto. Vivía debajo de un gran peñasco desde donde se podían ver allá abajo los trigales de la aldea de Icanaum.

"Abba, me perdí para encontrarme. Me he perdido, sin embargo, irremediablemente. No sé quién soy, ni para qué o para quien soy. He perdido lo mejor de mí mismo, mi propio yo. He buscado la paz y la contemplación, pero lucho con una falange de fantasmas. He hecho todo para merecer la paz. Mira mi cuerpo, retorcido como una raíz, marcado por tantos ayunos, cilicios y vigilias... Y aquí estoy, roto y debilitado, vencido por el cansancio de la búsqueda".

Y noche adentro, bajo una luna enorme iluminando el perfil de las montañas, Abba Tebaíno, sentado a la puerta de la gruta, se quedó escuchando con ternura infinita las confidencias del hermano Porfirio.

Después, en uno de esos intervalos donde las palabras se apagan y solo queda la presencia, un gatito que vivía desde hacía muchos años con Abba, vino arrastrándose despacito hasta sus pies descalzos. Maulló, le lamió la punta recta del sayal, se acomodó y se puso, con grandes ojos de niño, a contemplar la luna que, como alma de justo, subía silenciosa a los cielos.

Y, pasado mucho tiempo, Abba Tebaíno empezó a decir con gran dulzura:

"Porfirio, mi querido hijo, tienes que ser como el gato; él no busca nada para sí mismo, pero espera todo de mí. Cada mañana espera a mi lado un pedazo de corteza y un poco de leche de este cuenco secular. Después, viene y pasa el día juntito a mí, lamiéndome los pies machucados. Nada quiere, nada busca, espera todo. Es disponibilidad. Es entrega. Vive por vivir, pura y simplemente. Vive para el otro. Es don, es gracia, es gratuidad. Aquí, echado junto a mí, contempla inocente e ingenuo, arcaico como el ser, el milagro de la luna que sube, enorme y bendecida. No se busca a sí mismo, ni siquiera la vanidad íntima de la autopurificación o la complacencia de la autorrealización. Se perdió irremediablemente para mí y para la luna... Es la condición para ser lo que es y para encontrarse".

Y un silencio profundo descendió sobre la boca del peñasco.

A la mañana siguiente, antes de que naciera el sol, los dos eremitas cantaron los salmos de maitines. Sus loas resonaron por las montañas e hicieron estremecer las fimbrias del universo. Después, se dieron el ósculo de despedida. El hermano Porfiro, de parco talego al hombro y sandalias medio rotas en los pies, regresó a su valle, al sur del desierto de Acaman. Entendió que para encontrarse debía perderse en la más pura y sencilla gratuidad.

Y cuentan los moradores de la aldea vecina, que muchos años después, en una profunda noche de luna llena, vieron en el cielo un gran resplandor. Era el monje Porfiro que subía, junto con la luna, a la inmensidad infinita de aquel cielo delirantemente sembrado de estrellas. Ahora ya no necesitaba perderse porque se había definitivamente encontrado para siempre»

Waldemar Boff

lunes, 14 de abril de 2014

CON NOSOTROS ESTÁ....

 "Su nombre es el Señor y pasa hambre, clama por la boca del hambriento, y muchos que lo ven pasan de largo,  acaso por llegar temprano al templo. 
 Su nombre es el Señor y sed soporta, está en quien de justicia va sediento, y muchos que lo ven pasan de largo,  a veces ocupados en sus rezos. 
 Su nombre es el Señor y está desnudo, la ausencia del amor hiela sus huesos, y muchos que lo ven pasan de largo, seguros al calor de su dinero. 
 Su nombre es el Señor y enfermo vive, y su agonía es la del enfermo, y muchos que lo saben no hacen caso: "tal vez no frecuentaban mucho el templo". 
 Su nombre es el Señor y está en la cárcel, está en la soledad de cada preso, y nadie lo visita y hasta dicen: "Tal vez no era uno de los nuestros". 
 Su nombre es el Señor, el que sed tiene, quién pide por la boca del hambriento, está preso, está enfermo, está desnudo, pero Él nos va a juzgar por todo eso. 

Con vosotros está y no le conocéis. Con vosotros está, su nombre es el Señor...".

(M. Manzano, Himno católico)

sábado, 12 de abril de 2014

PARA VIVIR LA SEMANA SANTA...

Hoy queremos llamarles a reflexionar sobre esta idea: todo el Triduo Sacro es expresión de la ley fundamental de nuestra vida, de lo que somos, de lo que implica vivir; por eso debemos celebrar esos días con particular atención, participando de la liturgia, pero también reflexionando a nivel personal. Recuerda bien: vale detenerse en los símbolos que aparecen durante estos días: el pan y el cáliz, el lavatorio de los pies, la cruz, el Monumento, el sepulcro, la oscuridad y la luz, etc; cada uno de ellos son, al mismo tiempo, referencias de nuestra vida e imágenes de nuestra salvación.

Pero, a lo que íbamos: si en estos días acompañamos a Jesús en su camino de Pasión, muerte y resurrección, recorreremos al mismo tiempo la ruta de nuestra propia autorrealización humana, y lo haremos en cuatro momentos. Prestemos atención:

1. Jueves Santo…….ACEPTACIÓN.

2. Viernes Santo…….ABANDONO.

3. Sábado Santo……UNIFICACIÓN.

4. Pascua……RENOVACIÓN.

Explicar esto detalladamente supondría dedicarle un tiempo que no tenemos acá, pero lo resumimos de esta manera.

ACEPTACIÓN: En la última Cena somos plenamente acogidos y aceptamos por Jesús; Él nos sienta a la mesa, señal de fraternidad, nos lava los pies, nos invita a vivir y celebrar la Vida. No hay en nosotros que Él no acoja y bendiga; Él se hace totalmente nuestro, se entrega. Por ello también nuestra vida ha de ser como la de Jesús: acogedora, abierta, servicial, entregada.

ABANDONO: Jesús se debate, inquieto en el Huerto de los Olivos, pero acaba entregándose al Padre totalmente. Expresión de confianza absoluta, que implica incluso aceptar la muerte en medio de la incertidumbre y del desamparo. Es la respuesta que debemos dar nosotros en cada momento de nuestra vida a la pregunta: ¿Está o no está aquí y ahora Dios con nosotros? Eso es la fe.

UNIFICACIÓN: Dice Jesús…”Si el grano de trigo no cae en tierra y muere…”. Morir para vivir. Aguardar en oscuridad y silencio, “Sé que mi Redentor vive...”. Ese es el tiempo en que la semilla aguarda en lo hondo de la tierra. Ahí soy purificado para poder comenzar una vida nueva….soy unificado.

RENOVACIÓN: Y así llega la Primavera, y con ella el tiempo de florecer de nuevo, de resucitar con Cristo. La muerte ha sido vencida.

Si te detienes a pensar en cada uno de estos pasos te darás cuenta de que acontecen muchas veces a lo largo de tu vida, y de que toda tu vida expresa este misterio, que es el MISTERIO DE CRISTO que celebramos domingo tras domingo, y que celebraremos de modo particular durante las próximas jornadas.

Terminemos pues con un poema de San Juan de la Cruz que expresa todo lo anterior de manera sublime:

“En una noche oscura,

Con ansias, en amores inflamada

¡Oh dichosa ventura!,

Salí sin ser notada

Estando ya mi casa sosegada.



A oscuras y segura,

Por la secreta escala disfrazada,

¡Oh dichosa ventura!,

A oscuras y en celada,

Estando ya mi casa sosegada.



En la noche dichosa

En secreto, que nadie me veía,

Ni yo miraba cosa,

Sin otra luz y guía

Sino la que en el corazón ardía.



Aquésta me guiaba

Más cierto que la luz del mediodía,

Adonde me esperaba

Quien yo bien me sabía,

En parte donde nadie parecía.



¡Oh noche que guiaste!

¡Oh noche amable más que el alborada!

¡Oh noche que juntaste

Amado con amada,

Amada en el Amado transformada!

jueves, 10 de abril de 2014

ALIANZA DE AMOR

“El que me ama guardará mi palabra…”. A veces leo los comentarios a las lecturas del día que vienen en las 2 agendas bíblicas, o en el “Rayo de Luz”, publicación mensual muy útil para seguir la liturgia de cada jornada. Los comentarios no están siempre al mismo nivel, y en el caso de “Rayo de luz”, publicación dominicana, se hace evidente que no los escribe siempre la misma persona, pues unos días resultan muy moralizadores y en cambio otros presentan una perspectiva más espiritual. En la oración de la mañana esos comentarios, junto con los textos bíblicos, alimentan mi meditación y oración personal; hoy, por ejemplo, a partir del pacto que hace Dios con Abraham, reflexiona en torno a nuestra fidelidad y compromiso con Dios. 

A partir de ahí viene a mí esta idea, un esquema que es más fácil de representar gráficamente que de escribir: Dios está en el centro, podemos pintarlo quizá como un punto o un círculo, pero en realidad es irrepresentable. Desde Dios se irradia una realidad que podemos llamar “su misterio”. Es con ese misterio con el que nos topamos, y de ese encuentro surge la fe. Luego la fe, nacida del choque con el misterio, se expresa, se manifiesta, en la religión, como conjunto de prácticas, ritos, normas, etc. El pacto o alianza que hacemos con Dios no es primariamente moral; en ese caso resulta casi imposible de cumplir. Es un pacto de fidelidad, según el lenguaje de la Primera Alianza; un pacto de Amor, en el lenguaje de Jesús.

Lo dice así el comentario: “Guardar la palabra de Jesús resulta casi imposible si pensamos que se refiere a cumplir a la perfección una serie de normas de conducta y códigos éticos. La palabra que hay que guardar, el mandamiento que hay que cumplir, la perfección a la que se nos llama, no es otra que la del amor. Jesús anduvo en amor, y por eso agradó a su Padre en todo. El que ama tiene vida en sí mismo, cumple con toda la ley y los profetas, es perfecto, aunque cometa errores y tenga tropiezos”. No se puede decir mejor. Es lo que dijo el papa anterior y Francisco repitió en su exhortación: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética”. Claro que hay consecuencias éticas, que la conducta de la persona puede y debe cambiar necesariamente en algún sentido, pero la alianza, la fidelidad, es previa a ese cambio. Por eso la Escritura exalta a Abraham, a David, y a otros, a pesar de que también relata sin pudor muchos pecados suyos. Ellos erraron una y otra vez, pero fueron fieles al Dios que conocían por experiencia. Dios no se escandaliza de nuestra fragilidad, podemos decirlo así, porque sabe que “somos barro”; pero nos hizo capaces de amar, y es por el amor que nos hace crecer y madurar, y nos eleva hacia Él.

miércoles, 9 de abril de 2014

DOCE PASOS PARA LA RECUPERACIÓN... 2

Algunas Ideas Importantes vinculadas al Camino de los 12 pasos de AA, una senda de crecimiento espiritual.

1-    Admitir nuestra impotencia, el poco control que tenemos sobre nuestra vida: Este es casi siempre el camino por el que empieza la conversión, el cambio de vida de una persona.  La comprensión de nuestra impotencia se puede convertir en el firme cimiento sobre el cual podemos edificar una vida útil y feliz, una vida verdadera. Pero todos nuestros instintos naturales se rebelan ante la idea de que somos impotentes, frágiles, que hemos torcido nuestra vida, que estamos en un camino destructivo. Nos es difícil reconocer nuestro fracaso.  Sin embargo,  nuestra fe nos habla siempre de que Dios ama a los pobres y a los pecadores; Dios ama al que reconoce su pobreza y su impotencia frente al mal. Un camino basado en la vanagloria de la propia rectitud no da resultados satisfactorios, y conduce a la ruina.  El camino del crecimiento espiritual y la fortaleza interior es un camino de sencillez y abajamiento, al estilo de Jesús.
2-   El segundo paso de AA tiene que ver con el reconocimiento de un Ser Superior: Para ello es muy importante tener una mente abierta, pues los caminos de la fe son innumerables. Hay una frase en el libro de AA que dice: No se puede creer en Dios y desafiarlo a la vez. La fe es confianza y no desafío. Es una frase hermosa, pero verdadera a medias. También el desafío, la lucha, puede formar parte del camino de la fe. Es muy importante que tengamos humildad y una mente libre de prejuicios e ideas preconcebidas acerca de Dios, pues solo así podemos encontrar la fe. Es importante creer en Dios, pero más importante es saber que Dios cree en ti, que está a tu puerta, llamando, y sobre todo, que somos amados por Él desde la eternidad.
3-   El tercer paso tiene como elemento clave la BUENA VOLUNTAD. Es necesario que se abra una puerta para entrar en el camino de liberación, crecimiento y desarrollo espiritual, y la llave de esa puerta es la buena voluntad, los buenos deseos, que han de ser grandes, al decir de Santa Teresa. En los dos pasos anteriores era importante reflexionar. El tercer paso requiere ACCIÓN FIRME.  Uno puede decir que tiene fe y sin embargo mantener a Dios fuera de su vida, de ahí que este es el paso en el cual debemos encontrar como y por qué medios podemos lograr que él entre (o también, reconocer que ya está dentro). ¿Qué hace falta? UN PRINCIPIO, por insignificante que sea, un paso, un deseo, una obra. Puedes hacerte un propósito fácil y sencillo, como por ejemplo: levantarte un poco más temprano y tener unos minutos de oración, rezar diariamente el rosario, visitar algún enfermo semanalmente, leer la Biblia, rechazar alguna acción que te aparte de Dios. Aquí es también importante saber que mientras más ponemos nuestra vida en las manos de Dios, más independientes y libres  somos. Para desarrollar la cualidad de la buena voluntad se requiere un ESFUERZO INDIVIDUAL SOSTENIDO. Esto significa: una disciplina espiritual que abarque TODA y no una parte de nuestra vida. Hoy en día hemos perdido de vista la importancia de la disciplina, tanto en el crecimiento humano como en el crecimiento espiritual. Sin disciplina no hay madurez.
4-    En el cuarto paso se nos pide hacer un minucioso inventario moral de nosotros mismos. Partamos de una afirmación: Todos tenemos deseos e instintos naturales; estos deseos, vinculados con la seguridad, la sexualidad, las emociones, las relaciones, son justos y necesarios, y siempre DONES DE DIOS. Pero: cuando estos dones  se desbocan o nos tiranizan nos ocasionan graves dificultades. Este cuarto paso es un esfuerzo laborioso y vigoroso para descubrir cuáles han sido y son esos riesgos en nosotros. Descubriendo cuáles son nuestras deformaciones podemos corregirlas. Sin este examen es imposible avanzar en la senda espiritual. (Y es que cuando un ser humano se vuelve el campo de batalla de sus instintos, nunca tendrá  paz en su corazón.
5-    ¿Cuáles son los sentimientos que nos llevan por las sendas del mal? El miedo, la frustración, la depresión, los sentimientos de culpa, la autosuficiencia, la envidia, el rencor, la mentira, el odio.  Es importante  enfrentarse a todo esto, y saber reconocer que hay mucho que está mal en nosotros; al aceptarlo y llamarle por su nombre, crecemos en perspectiva y humildad. Es importante decir aquí: NO al resentimiento, NO a sentirnos lástima, NO al orgullo injustificado. Es importante NO FLOJEAR, no dejar las cosas para después, no vivir a media capacidad, pues esto corroe los cimientos del edificio que intentamos levantar. El cuarto paso  es el comienzo de una costumbre para toda la vida, es crearnos buenos hábitos para vivir, es poner los cimientos de una vida justa.  Tratemos de examinar primero nuestros defectos más notorios, y e irnos creando una autodisciplina.  Es de gran ayuda el poner por escrito nuestras reflexiones.
6-   En el quinto paso de AA es importante señalar la importancia de encontrar a alguien con quien compartir nuestras luchas, nuestras dificultades en el camino espiritual. Podemos señalar aquí la importancia para los católicos de ser iglesia,  del sacramento de la confesión y de la dirección espiritual (“No mires nuestros pecados- decimos en la misa- sino la fe de tu iglesia”). Aquí es entonces cuando sentimos que pertenecemos a algo o alguien, porque somos capaces de hablar con claridad de nuestros defectos y oímos a otros hacer lo mismo, y así podemos perdonarnos mutuamente y recibir el perdón de Dios. Aquí en este paso ganamos en  REALISMO Y HONRADEZ, y entendemos que podemos recibir y otorgar perdón. Reconocemos lo que somos, y nos esforzamos por llegar a ser lo que podemos ser.  En el camino espiritual contra el mal NECESITAMOS DE DIOS Y NECESITAMOS DE LOS OTROS. Airear nuestras oscuridades interiores, recibir consejos y aceptar la ayuda de otro son aspectos básicos en esta etapa. En cuestiones espirituales es peligroso conducirse solo.  (Ejemplo de los santos). Es importante para la guía espiritual encontrar a la persona idónea, con experiencia y espíritu, no es cualquiera.
7-    En el paso 6  se nos recuerda que es importante MIRAR HACIA LA PERFECCIÓN y estar preparados a marchar en esa dirección: no importa si tropezamos una y otra vez, lo importante es perseverar en el propósito. Decía Teresa: Tengan grandes deseos. La llamada a ser santos es vocación para todos. Podemos decir: Este problema no lo puedo superar todavía, pero no digas: Esto no lo podré superar nunca.
8-   En el séptimo paso es importante DESCUBRIR EL VALOR DE LA HUMILDAD, y practicar esta virtud.  Humildad, dijo Teresa, es ANDAR EN VERDAD, e insistía en que lo primero era CONOCIMIENTO DE UNO MISMO. Lo primero no ha de ser la confianza en nosotros, sino LA CONFIANZA EN DIOS, Hacer siempre su voluntad. La humildad es el camino a la verdadera libertad del espíritu humano. RECORDAR SIEMPRE: los fracasos y desgracias pueden transformarse en bienes inestimables con la ayuda de la humildad y aceptación. Segundo: No hay que temerle al dolor: puede ser la entrada a una vida espiritualmente superior. Decía Teresita que a veces no podemos dar el gran salto para superar un obstáculo, y entonces podría ser que lo consigamos pasándole por debajo; esto es humildad.
9-   Los pasos 8 y 9 tratan de las relaciones personales. Es un aspecto fundamental del crecimiento espiritual. Aquí se prueba la autenticidad de nuestros propósitos, y la verdad de nuestros buenos deseos de cambio y conversión. Lo primero es mirar atrás y descubrir nuestros errores; lo segundo, hacer un esfuerzo para enmendar el daño que hemos causado, y en tercer lugar, considerar como establecer con los otros relaciones sanas que propicien el crecimiento mutuo. Es una tarea grande y difícil, pero necesaria: el aprender a vivir con los demás. Descubrir nuestros propios fallos nos dispone para ser más comprensivos con los demás, y nos hace más dispuestos para perdonar. Las malas relaciones personales pueden llegar a ser la causa de nuestra perdición, por eso es básico el establecer relaciones con los demás fundadas en el respeto mutuo, la comprensión, y el perdón. El perdón es el cemento de toda comunidad humana.  Perdonar es el comienzo del fin de una vida individualista y aislada, es la apertura de un mundo de intimidad y fraternidad, un mundo de maduración humana y espiritual. Por eso se debe escoger el momento propicio para restaurar las relaciones rotas, reparar el daño que hicimos, y hacerlo siempre con cautela, prudencia y amor. Asumir responsablemente, además, las consecuencias de nuestros actos pasados.
10-El paso 10: Convertir el examen de sí mismo en un hábito, una costumbre  y corregir con insistencia y paciencia cada dificultad, cada fallo, cuidándonos de la cólera, el mal humor, los resentimientos, pues ellos tienen el poder de hacernos retroceder en el camino espiritual. Es importante insistir aquí en la disciplina, la constancia, la paciencia para con nosotros mismos, pues a menudo caemos en los mismos errores, y nos sentimos desanimados. PROCURAR EL PROGRESO es lo primero, crecer día a día; todo lo que alcanzamos es pura GRACIA DE DIOS, también una vida perfecta. Dedícate a Cultivar la bondad, la cortesía, la justicia.  Haz el propósito de aspirar a: Un arrepentimiento sincero de las faltas cometidas, una genuina gratitud por las bendiciones que recibimos y una buena voluntad para el logro de metas superiores.
11- En el paso 11: La oración y la meditación son los principales medios que tenemos para comunicarnos concientemente con Dios. Ellas nos sostienen, y van siempre junto al examen de conciencia de que hablamos en el paso anterior. A través de la meditación recibimos la luz del sol, que es Dios. Vale aquí entender la oración en sentido teresiano: Amistad con Dios, cultivar el trato con Él, escucharle, mirarle y dejarnos mirar por Él. Dios es Padre y es amigo, y su llamada es la guía que ha acompañado el camino de superación que hemos emprendido, tal vez con múltiples motivaciones, pero es su voz la que resuena en nuestro interior, es la luz que nos está ayudando a despertar. También es importante la lectura espiritual, tanto de la Biblia como de otros libros, y leer espiritualmente que viene a ser de algún modo un dejarse leer por lo que se lee. Los buenos libros son una inestimable ayuda en este camino, como lo son los buenos amigos y los buenos maestros.
12- El paso 12 tiene como tema fundamental LA ALEGRÍA DE VIVIR. Es el modo de devolver cuanto hemos recibido en el camino, es el momento de amar desinteresadamente, de dar la vida, de la compasión.  Aquí también caemos en la cuenta de que estamos viviendo el DESPERTAR ESPIRITUAL. Aquí podemos detenernos para comprender mejor en qué consiste este despertar, meta de todo camino de crecimiento humano y espiritual.

P. Manuel Valls.
 (Resumen y apropiación de comentarios)




lunes, 7 de abril de 2014

JESÚS ES LA VIDA

En el quinto domingo de Cuaresma Jesús aparece ante nosotros como VIDA. Es el mejor modo de cerrar y resumir este camino cuaresmal que ha tenido como propósito proponernos una vez más la CONVERSIÓN. Lamentablemente nuestra comprensión de todas estas categorías religiosas peca siempre de mediocre, de pietista, y concluimos que es una invitación a ser buenos, a “cumplir”, a rezar, mientras el resto de nuestra “vida” sigue igual. En más de 2000 años de cristianismo todavía nos cuesta reconocer la VIDA, en grande, con mayúsculas, que Jesús nos propone. El mensaje de la Iglesia ha tenido a menudo un carácter fúnebre, insistiendo en demasía sobre el dolor, el sufrir, el morir, y luego acompañado por ideas afines: castigo y premio, infierno o purgatorio, penas y demonios. Sólo al final de esa larga cadena de propuestas aparece la Vida, y con la coletilla siempre de “eterna”; es decir, después, un día, ahora no.
Pero el mensaje de Jesús, su “Evangelio”, su buena nueva, comienza por decirnos que tenemos un Dios que es PADRE, y que nos ha llamado a la VIDA. Humanidad y santidad no son vocaciones opuestas, al contrario; la santidad es una llamada a VIVIR EN PLENITUD. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. El pecado tiene que ver con la muerte, con la perdida de orientación y sentido, con la renuncia a nuestra vocación primordial. Convertirse es regresar al camino de la VIDA, de la vida grande, la vida plena, y ahora sí, la VIDA ETERNA. Eterna no tanto por su duración, sino por su calidad, vida verdadera.
El encuentro con Jesús tiene necesariamente que llevar este significado: encuentro con la VIDA. No debe ser el cristiano un ser humano que se conforma con vivir al “mínimo”, que niega el disfrute y la belleza de la creación, que siempre le está poniendo “pegas” a la vida. Claro que existir lleva implícito también el sufrir, que hay dolor, que hay que pagar un precio por vivir; pero eso no significa rebajar la vida, significa un mayor aprecio por ella, un valorarla con realismo, y un amarla como don precioso de Dios para sus hijos. Defender la vida ha de ser mucho más que rechazar el aborto y la eutanasia (Que refieren al principio y al fin de la existencia humana); ha de ser también trabajar incansablemente por la felicidad y la justicia, por la satisfacción de una vida en la que podamos alcanzar nuestras mejores aspiraciones, una vida en la que podamos ser libres y responsables, una vida que es VIDA (en grande) porque está hecha de AMOR.
Fue José Martí quien dijo (creo): “La vida se nos da y la merecemos dándola”. Una expresión muy evangélica, muy cristiana.

El itinerario cuaresmal es por tanto un reconsiderar nuestra existencia a la luz de la VIDA que nos ganó CRISTO. “Yo te digo que si tú crees verás la gloria de Dios”.

 Habrá que preguntarse, no tanto ¿Cómo vivo, sino,  ¿Vivo?  ¿Estoy VIVIENDO con la PLENITUD para la cual me llamó CRISTO?