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sábado, 25 de julio de 2020

EL TESORO SE ENCUENTRA CON DISCERNIMIENTO Y CONFIANZA

 
"Cayendo el alma en la cuenta..." (San Juan de la Cruz). En la vida humana hay momentos que sirven para tomar conciencia y caer en cuenta. En estos momentos nos restauramos, nos recreamos, incluso nos descubrimos. Son momentos significativos, además de festivos y celebrativos.  Lo mismo ocurre o debe ocurrir en la vida cristiana; por supuesto que la primacía de la fe es vital para quien se reconozca como cristiano, entendiendo FE como apertura, conversión, proceso que es obra de Dios en primer lugar, pero también respuesta nuestra; como suele decirse, DON Y TAREA
 
Precisamente porque la fe es conversión y es praxis, compromiso, exige que se profese en tales condiciones que el acto de creer sea manifestación o tránsito de Cristo a través de gestos humanos.  No hay fe sin mediaciones de la fe. En determinados momentos estas mediaciones son sacramentales. La celebración es un lugar primordial donde se reconoce la fe; la fe se verifica en la praxis por supuesto, pero también en la celebración de los acontecimientos salvíficos, puesto que en ellos reconocemos el don máximo que Dios nos ha hecho, a Jesucristo

 
La celebración y la praxis no son, sin embargo, dos modos diferentes de expresar o verificare la fe, sino dos caras complementarias de un único obrar humano y cristiano. La fe vivida es una exigencia de la fe celebrada y la fe celebrada una fuente gratuita de la fe vivida. Por ello es tan importante en nuestras reflexiones teológicas, en las devociones y la vida espiritual, conectar adecuadamente ambas realidades: celebración, sacramentos, devociones, han de ir siempre conectadas y en función de la vida concreta y cotidiana de los creyentes. Lo contrario es fuente de alienación y no manifestación del Dios que quiso hacerse carne y caminar con nosotros.

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"Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien...". El amor a Dios produce en el creyente un optimismo inverosímil y aparentemente ingenuo. Sin embargo, la visión optimista del que ama a Dios no deja de percibir lo malo, sino que lo ve en función de un proyecto total de salvación. Por eso la fe y el amor cristianos son unos poderosos estimulantes del proceso de maduración y liberación humanos.

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El que hace suyo el mandamiento del amor y acoge a todo ser humano como a un hermano ha descubierto el tesoro escondido del Reino de los cielos. Y el que tiene la sabiduría y el discernimiento que brotan del encuentro con el Evangelio sabe "vender todo lo que tiene" para poder entrar en comunión con Cristo.

Pero no con un Cristo exterior, sino interior, porque definitivamente "el Reino de Dios está dentro de nosotros"; el Tesoro que buscamos es fundamentalmente interior, y al encontrarlo dentro lo empezamos a reconocer también dentro del otro, del prójimo. Desde nosotros va contagiando de novedad el mundo en que vivimos, que también lleva dentro el tesoro, y necesita reconocerlo y manifestarlo.

Tres palabras que expresan la BUENA NUEVA que nos anuncian los textos bíblicos de este próximo domingo (XVII, A):

DISCERNIMIENTO-VISIÓN OPTIMISTA- TESORO ESCONDIDO

viernes, 2 de noviembre de 2018

EN EL AMOR NADA SE PIERDE.

Nosotros somos hijos de razón, y queremos explicarlo todo, también a Dios. Por eso a menudo nos complicamos con racionalizaciones acerca de su ser y de su obrar, y al final terminamos más confundidos que antes, y sobre todo más distantes de una experiencia real de lo divino. No niego que a Dios podamos acceder de algún modo a través de la razón, del conocimiento, y de hecho siempre digo que este es necesario para que la religión no se vuelva fanática o violenta. Pero es en el amor donde mejor podemos entender el misterio de Dios, y entenderlo con el corazón. Y es el amor el que puede explicar, sin explicar, ese misterio. Un amor que une, que sana, que salva, que resucita. Amor que es vida, y vida verdadera, plena, compartida. Ahí es donde puedo abrazar la realidad de la muerte, del final de la vida que nos es dada y que perdemos luego día a día. La vida hermosa que a menudo se nos arrebata; la nuestra para dolor de otros, y la de otros, muy queridos, para dolor nuestro. La fe nos dice que el amor venció a la muerte, que la muerte no tiene la última palabra, que hay una puerta, estrecha sí, pero abierta siempre, para regresar al mismo sitio de donde vinimos. Regresar al amor, donde nada se pierde, donde nada es inútil, donde todo encuentra sentido. 
 Hoy quiero ponerlo todo en manos del amor que es Dios, y de Dios que es amor. Creo que en Él, lo que parece pérdida, se vuelve ganancia; lo que parece oscuridad, se vuelve luz; lo que parece dolor, se vuelve vida.
 Y eso que llamamos muerte, no es sino el descanso para empezar de verdad la carrera interminable de una vida nueva, que solo puede ser entendida desde un amor abundante, pleno, y por supuesto, siempre compartido.

lunes, 29 de octubre de 2018

EDIFICADOS SOBRE EL CIMIENTO DE LOS APÓSTOLES...

A partir de las lecturas bíblicas que utilizamos ayer en las celebraciones eucarísticas dominicales, desarrollé tres ideas que buscaban renovar en quienes me escucharon el amor por la dimensión comunitaria, eclesial, de nuestra vida cristiana. Me motivó la frecuencia con que algunos reconocen la frecuente ausencia a la eucaristía dominical, regularmente por motivaciones de poco peso, y luego hablan sobre todo de "faltar a una obligación". Suelo decirles que la misa dominical, más que una obligación es una necesidad, la que tiene el hombre o la mujer de fe de alimentarse y procurar  sustento para el camino cotidiano, para la batalla espiritual que sostenemos. En la misa del domingo recibimos tres auxilios: la Palabra, la Mesa eucarística, y la fraternidad de los hermanos, tres panes, aunque el último punto suele olvidarse con frecuencia.

 A partir de estas ideas previas, y lo que me sugerían las lecturas, propuse tres puntos:

1. Estamos edificados sobre el cimiento de los apóstoles, Cristo es la piedra angular, y nosotros, como piedras vivas, nos vamos integrando en la construcción, para que la Iglesia sea, para todos, morada o casa de Dios (Efesios 2, 19/22). Esta visión espiritual de fortaleza, integración y compromiso es fundamental para nuestra vida espiritual como cristianos.

2. Somos conscientes de nuestra pobreza, pero, como Pedro y Juan en el pórtico del templo, tenemos algo importante y valioso que anunciar y compartir: tenemos a Cristo (Hechos 3, 1/10). No perdamos de vista qué es lo esencial que tenemos para dar, porque a menudo perdemos el rumbo, y dedicamos innumerables esfuerzos y recursos a otras cosas.

3. Nuestros nombres, como el de los apóstoles, están inscritos en el Libro de la Vida; Jesús nos ha llamado a cada uno para enviarnos a sanar, consolar, edificar. La fe es una fuerza, que alimentamos semana tras semana, para que no decaiga nuestro entusiasmo de compartir una misión con Cristo (Lucas 6,12/19). 

 Creo que es importante alimentar nuestro sentido de pertenencia a una comunidad de fe, una comunidad espiritual, que nos nutre, nos fortalece y nos anima para caminar y vivir según el Evangelio.

miércoles, 24 de octubre de 2018

PSICOLOGÍA Y VIDA ESPIRITUAL, o como puedan estas dos realidades ayudarse mutuamente.

1. La psiquiatría y la psicología, tal y como las conocemos hoy, son ciencias muy recientes, y la llamada psicología pastoral también. Es decir que el vincular los conocimientos que tenemos en el campo del cerebro y la conducta humanas son recientes también, y lo mismo su vínculo con la práctica religiosa y la espiritualidad. Este vínculo, psicología y religión, despertó recelos en principio, y aun hoy tiene sus detractores, pero importantes maestros espirituales contemporáneos han trabajado la espiritualidad y vivencias cristianas desde esta perspectiva, con resultados, creo yo, bastante satisfactorios, porque contribuyen a una vivencia más sana de la religión. Parafraseando un texto de teología que busca superar los actuales conflictos de la Iglesia con las denuncias de abusos sexuales por parte de clérigos o consagrados, se trata de conseguir “personas sanas en una relación sana con un Dios sano”. Cualquier problema en uno de estos tres elementos va a repercutir en los otros dos, y provocar patologías, psicológicas o espirituales, que necesariamente habría que atender para conseguir una experiencia realmente “salvadora y redentora” en religión. 

2. Si miramos en la historia de la espiritualidad cristiana, algunos aspectos fundamentales de la psicología contemporánea están bien presentes en las tradiciones que la Iglesia atesora, como es el caso de los antiguos monjes del desierto, y sus enseñanzas acerca de la purificación y maduración de la persona, e incluso en los presupuestos de la filosofía más antigua. El principio socrático: “conócete a ti mismo”, es asumido, por poner el ejemplo más cercano a nosotros, por Santa Teresa, que lo coloca en la meta de salida de su obra más madura y abarcadora, Las Moradas o Castillo Interior. Ella pone en su primera morada, dividida en dos capítulos, los fundamentos sobre los que edificar la vida espiritual: la grandeza de Dios, la hermosura y dignidad de la persona humana, la necesidad del conocimiento propio, el buscar dentro de uno mismo la presencia divina, y la fragilidad y posibilidad de errar, de ser infieles a nuestra vocación original. De todo esto podría hablarnos hoy la psicología, tal vez con otras palabras o desde diferentes conceptos, pero al fin y al cabo diciendo más o menos lo mismo. 

3. Todos estos elementos han de estar presentes en una vivencia cristiana sana, y son también aspectos importantes de la psiquis humana sobre los que trabaja la psicología, por lo que resulta muy útil que aprendamos a vincularlos, de modo que no confundamos un problema psicológico con un problema espiritual, y viceversa, y que ambos conocimientos puedan colaborar para que la persona tenga una vivencia más plena y sana en todos los sentidos. 

4. Les hablaba antes de varios autores contemporáneos de espiritualidad que pueden ayudarnos a equilibrar nuestras emociones o pasiones, nuestras tendencias, y contribuir a una vida espiritual más plena. Les cito algunos: Anthony de Mello, Henri Nouwen, Anselm Grün, John Powell… y en el campo contrario también hay muchos, los libros de autoayuda, pero pongo un ejemplo: Wayne Dyer, y psicólogos de la talla de W. James, Allport, Freud, Jung, Erich From…. Todos ellos han hecho importantes aportes a la comprensión del hecho y la experiencia de la religión en los seres humanos y en la comunidad. 

5. Creo que es valioso e importante que tengamos la posibilidad de conocer mejor y confrontar nuestras emociones y sentimientos en cursos como este, porque sucede que a menudo confundimos nuestras vivencias, carencias y trastornos psicológicos con problemas espirituales, y no tenemos en cuenta que la gracia construye siempre sobre la naturaleza; la espiritualidad puede contribuir a sanar nuestra psiquis, e insisto, contribuir, pero es bueno no dejar todo en manos de Dios si podemos auxiliarnos de una ciencia, de un camino de sanación, que nos permita mejorar, fortalecer, y sanar nuestra relación con Dios. 

6. Teniendo presente lo que antes dije respecto a los temas que Teresa propone como fundamentos del camino interior, podemos preguntarnos ahora: ¿Qué imagen tengo de Dios? ¿Cómo es el Dios de mi fe, el que acompaña mi vida diaria, al que rezo? ¿Qué idea tengo de la persona humana, de su lugar en la creación y su relación con lo que le rodea? ¿Soy capaz de diferenciar lo ontológico de lo moral, es decir, el Ser del Hacer? ¿Puedo distinguir el error, del pecado? ¿Puedo distinguir lo que distingue el “soy pecador” (a causa del llamado pecado original) de un pecado concreto? ¿Puedo distinguir el rezar vocalmente, rezar oraciones, de la oración mental, la meditación, el recogimiento interior, que pueden llegar a ser importantes caminos de sanación de nuestro interior? ¿Valoro el silencio, los momentos de soledad, el amor por la cultura, el arte, como aspectos importantes que enriquecen y diversifican mi vida humana y cristiana? Todo lo anterior, y el modo en que lo asumo, tienen efectos sobre mi psiquis y mi vida cristiana, ya sea positiva o negativamente. 

7. Pienso, desde los interrogantes anteriores: que las emociones son pre/morales, y son necesarias, juegan un papel en la vida de la persona; además, que es muy importante y sanador el conocerse mejor uno mismo, sus acciones y reacciones, y ayudar a sanarlas, para ponerlas al servicio de una vida comprometida con el Evangelio/Que cierto ideal estoico se infiltró en la espiritualidad cristiana, preconizando la “apatía” o falta de sentimientos, como modelo de una vida perfecta a nivel espiritual/Hacer de la oración personal un espacio de diálogo íntimo con Dios, en el que la escucha sea un elemento fundamental/Formarse humana y espiritualmente, para que nuestra visión religiosa se dilate, se amplíe. 

8. Pienso también que: No toda equivocación o error cometido es pecado/El arrepentimiento y la culpa no son lo mismo, ni tienen el mismo efecto; Dios no quiere que nos sintamos culpables/Dios no es un juez implacable, sino un padre amoroso/El miedo no es espiritual, no es de Dios/Necesitamos alimentar la CONFIANZA, pues eso es básicamente la fe, y la confianza en Dios implica necesariamente confianza en la vida, en la realidad en la que esta transcurre

9. Una persona espiritual no es necesariamente, y no suele serlo, una persona totalmente sana a nivel psicológico. Solemos confundir la llamada a la santidad, con la perfección moral, lo cual provoca no pocos traumas psicológicos en las personas. El ser humano no es perfecto, pero puede aspirar a ser mejor cada día, a superarse constantemente a sí mismo, o con palabras de Francisco, a conseguir lo posible, y pedir lo imposible. Los santos canonizados, que la Iglesia propone como modelos e inspiración de los fieles, han sido personas normales, con limitaciones humanas, psicológicas e incluso morales. En el Carmelo, A Teresa se le utilizó en cierta época como modelo de una conducta histérica; Juan de la Cruz, por sus descripciones de la “noche oscura” se le presenta con una personalidad tendiente a la depresión (Depresión y mística, de Javier Álvarez) y Teresita tuvo en su infancia episodios neuróticos evidentes. De otros santos se cuentas historias parecidas: malos humores, depresiones, iras, tristezas, alegrías desmesuradas, incluso violencias… Pero todo eso no necesariamente contradice su santidad, sino que de esas luchas y búsquedas personales surge una personalidad concreta y una concreta actitud ante la vida. 

10. Cuando la experiencia religiosa prende en una estructura personal o social deteriorada en sus raíces, puede contribuir a sanarlos, si se maneja adecuadamente, pero también se corre el riesgo de convertirse la religión en una propulsora de ese mismo deterioro, potenciando en su seno el empobrecimiento personal, el infantilismo regresivo o incluso la destrucción o la violencia. Se habla de Fanáticos Vs Profetas; de Alumbrados Vs Místicos; de Sacrificadores Vs Oferentes. Los primeros ilustran el lado oscuro de la religión, utilizada como máscara de instintos e impulsos inconfesables. Por otro lado, la religión puede convertirse en aliada poderosa de la expansión y plenitud humanas; la religión puede influir en las esferas afectiva, cognitiva y ética, y hacerlo según las oposiciones que decíamos antes, de manera positiva o de manera negativa. Este es un tema muy rico e interesante, pero no creo que podamos desarrollarlo del todo en este espacio. 

11. Otro ejemplo de simbiosis entre psicología y espiritualidad podríamos encontrarlo en una propuesta de A. Grün; él habla de entender y vivir la fe como nueva perspectiva, o manera diferente de ver la realidad e interpretarla. De aquí brota entonces una nueva conducta y sentimiento vital. Tres momentos para desglosar esta idea: 1. CREER (ver con empatía/reinterpretar), 2. AMAR (aceptar con gusto/transformar), 3. ALABAR (elogiar/renombrar). La fe implica mirar la realidad con ojos amorosos, confiar en ella; veo el mundo con buenos ojos y estructura fundamental del mensaje cristiano. La reinterpreto, reconociendo la bondad de Dios presente en él. Luego, si considero que una cosa es buena y amable, entonces la acojo con gusto, la hago parte de mí, le doy un “nombre nuevo”. El amor deriva de la fe, y hay un vínculo entre creer, amar y alabar, que es para este autor la estructura fundamental del mensaje cristiano. La fe nos introduce en una nueva vida, que brota de una nueva mirada, y el amor es la nueva conducta, así como la alabanza expresa un nuevo sentimiento existencial. 

12. He querido presentar estos dos ejemplos como modelos de lo que puede aportar la psicología, el conocimiento y comprensión de la conducta humana, sentimientos y emociones, a una espiritualidad que, sin renunciar a sus raíces originales (la Escritura, la Tradición), puede enriquecerse y enriquecer, sanar y transformar al creyente con las armas del conocimiento que aportan la psiquiatría y la psicología al conocimiento el ser humano.

sábado, 20 de octubre de 2018

POR LOS TRABAJOS DE SU ALMA...

Al revisar las lecturas  de este domingo XXIX (B), me encuentro de entrada con esta frase del libro de Isaías (53,10/11): 

"Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento". 

No faltará quien crea que en ella se justifica el sufrimiento, el dolor, los momentos oscuros de la vida, e incluso que estos son voluntad de Dios. Prefiero pensar la vida como un largo camino de aprendizaje que hacemos siempre de la mano de Dios, y en el que vamos superando de una u otra manera los diversos obstáculos que aparecen, inevitablemente, en esa senda. Ante ellos tomamos conductas diferentes: la queja, el llanto, la rabia, el desespero, e incluso renegamos de nuestra fe

Supongo que muchas veces establecemos al Dios en el que creemos en el ámbito del "hacer", y lo enjuiciamos si hace o no hace determinadas cosas. Pero Dios pertenece básicamente al ámbito del Ser: Dios es el que es, el substrato de la vida, y cito siempre esta frase del apóstol: En él vivimos, nos movemos y existimos. Cuando pasamos por la prueba, lo hacemos en Dios, siempre desde Dios, contando con sus fuerzas, y si en ese momento echamos mano a nuestra fe, y vivimos la prueba desde el abandono y la confianza, saldremos de ella con mayor sabiduría, libertad y fuerza. 

El alma pasa por el crisol, y saldrá saciada de conocimiento. Hacerlo de esta manera no significa que no nos quejemos a Dios, que no protestemos, que no reneguemos; todo eso lo podemos hacer, sin dejar de ser hijos y discípulos. Algo en el fondo de nosotros sigue suspirando en silencio, diciendo Abba, Padre, con los gemidos del dolor que padecemos. Dios no se molesta con nosotros por eso, nos conoce; más que nuestras palabras, ve y escucha nuestro corazón.

He querido hacer esta reflexión pensando en mi propia experiencia y en la de otras personas conocidas, no porque tenga el remedio, sino porque cuando miramos atrás confirmamos siempre que la misericordia de Dios no ha faltado nunca en nuestra vida, aunque pensásemos lo contrario; que su mirada, que al decir de los santos del Carmelo es siempre mirada amorosa, no se ha apartado de nosotros nunca. 

 "Nosotros aguardamos al Senor/ Él es nuestro auxilio y escudo/Que Tu misericordia venga, Dios, sobre nosotros, como lo esperamos de Ti".

sábado, 13 de octubre de 2018

EL JOVEN RICO Y LA LOCURA DE CREER

Sale al encuentro de Jesús un joven rico, nos cuenta este fin de semana el pasaje de los Evangelios que compartimos al celebrar la Eucaristía, y tras su conversación con el Maestro, se marcha triste. La causa: la respuesta de Jesús a su pregunta: Qué hace falta para tener vida eterna? Escuchamos nosotros también el diálogo, y nos quedamos pensando seguramente en que la propuesta de Jesús es demasiado radical, que pide mucho, más de lo que este joven es capaz de dar, y hasta nosotros mismos si el Maestro nos preguntara.

La ley nos hace justos; el amor nos hace libres. Jesús responde al joven rico, primero desde la Ley: tú conoces los mandamientos... y el joven parece que los ha cumplido todos. Es bueno. Pero eso no es suficiente para alcanzar esa VIDA que todos anhelamos. Esa vida no se alcanza "cumpliendo", ni se puede comprar con dinero, ni se consigue con estudios. Es UNA VIDA REALMENTE NUEVA la que propone Jesús, y para conseguirla hace falta un valor que solo se consigue en lo más hondo del corazón: el valor de abandonarse y entregarse a una aventura, a un riesgo, a un camino que no se parece a ningún otro, que es el camino del AMOR. Porque para el amor nunca es bastante. 

Jesús le dice a este joven lo mismo que dijo a otros: SÍGUEME...  Lo mismo que Dios le dijo a otro hombre en Ur de Caldea: deja tu tierra, ponte en camino, persigue una promesa... y tantos se han dejado ganar por esa voz, por ese impulso inexplicable, dejando atrás todas sus riquezas, las de cualquier índole, aunque luego se arrepientan una y otra vez mientras padecen la aventura de la fe. Claro que  hay dudas, temores y arrepentimientos... pero luego vuelve a resonar la voz en el corazón, con la misma fuerza de la primera vez, y uno cae de nuevo en la locura de creer.

 Por eso entendemos al joven rico, no queremos juzgarlo, pero sabemos que cuando aceptamos la llamada, y aun en medio de la noche más oscura, recibimos mucho más de lo que abandonamos, y la certeza de que el amor, al que estamos conectados de un modo inexplicable, no termina nunca, es pleno y es eterno.

sábado, 6 de octubre de 2018

APOSTAR POR EL AMOR (Comentario a las lecturas bíblicas del domingo 27, ciclo B)

Las lecturas bíblicas para este fin de semana me tienen pensando de qué manera presentaré el mensaje, cuando celebre las eucaristías desde esta tarde en la parroquia. El pasaje del Evangelio que corresponde leer es Marcos 10, 2-16: Los fariseos preguntan a Jesús si le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer, y resulta inevitable entrar en temas vinculados con la moral católica, polémicos y álgidos, aun más en determinados contextos. Conversando ayer tarde con los frailes, comentábamos que celebrar la misa, y sobre todo predicar, creaba cierta tensión en el celebrante que llegaba a agotar, y eso sucede sobre todo cuando piensas en un tema como este. Pongo siempre por delante algunas de las recomendaciones del papa en su Exhortación LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO, respecto a la predicación y modo de presentar el mensaje de Jesús, especialmente cuando dice que toda palabra en la Escritura es primero don, antes que exigencia...

Para empezar, tengo claro que cuando en el texto se habla de divorcio, no se refiere exactamente a lo que hoy conocemos como tal; la situación en aquel tiempo y espacio era diferente en cuanto problemática a tratar. La religión judía permitía el divorcio, pero privilegiando al hombre, y además las diversas escuelas rabínicas eran más o menos tolerantes al respecto. La pregunta a Jesús por parte de los fariseos buscaba probablemente hacerle optar por una de esas posturas, de manera pública, pero la respuesta del maestro, como siempre, va más allá, al meollo del asunto, apostando por la igualdad del hombre y la mujer ante Dios, y criticando el esquema patriarcal imperante (también van por ahí sus críticas a ese modelo de familia, o su modo de tratar a las mujeres). 

Jesús invita a mirar el vínculo hombre-mujer, no como un mero contrato legal, con beneficios económicos y desventaja de la mujer (que prácticamente es una mercancía mas), sino como vínculo afectivo, amoroso, de manera que sea parte del proyecto de Dios para la humanidad; en dicho vinculo ambos sexos tienen los mismos derechos, y las mismas responsabilidades (y las consecuencias de sus actos son las mismas). 

La frase a la que acude Jesús, en referencia al Génesis, “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”, debería en primer lugar hacernos conscientes de cuan a menudo, como Iglesia, hemos aceptado celebrar sacramentos cuyas motivaciones no han sido las correctas, y luego no ayudando a cargar con el peso de los cónyuges en su ruptura. La Iglesia tiene un gran desafío por delante en cuanto a presentar su mensaje y su ética a un tiempo que los necesita, a la vez que los desafía, y hacerlo de tal manera que arrastre y convenza, como Jesús. Para ello tiene que hablar el lenguaje del amor, del perdón, de la acogida, de la misericordia, y no quedarse en la condena, el rechazo, la  demonizaciónde la realidad. 

La homilía no es el lugar donde se dan normas morales particulares, sino donde se lee e interpreta el Evangelio a la luz de la realidad de una comunidad concreta, por lo que en esta ocasión yo pondría como elementos fundamentales, primero, el proyecto de Dios como totalidad de referencia amorosa en el que cabe la comprensión de todo vínculo humano; en segundo término, la manera de comunicar y contagiar el Evangelio, y sus valores, a la gente de nuestro tiempo, no quedándonos en una predica moralizadora e intimidante, y aceptar la fragilidad de todo proyecto humano y lo que supone poner en su núcleo la propuesta cristiana, con paciencia y caridad.

 Lamentablemente muchos de estos intentos son rechazados y criticados por personas o grupos radicales, para los que la norma o la tradición están por encima de la felicidad o realización humana de personas concretas. No creo que Jesús lo hubiera hecho de esa manera, y lo importante es que en cada situación de la vida ante la cual nos encontremos, apostemos y trabajemos por sembrar y recoger amor, sin rebajar las exigencias del Evangelio, pero con la paciencia y capacidad de perdón del Padre de Jesús. 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

LA ABUNDANCIA DE DIOS



Cada domingo la Palabra proclamada en nuestras comunidades eclesiales nos dice algo importante de Dios, en la persona de Jesús, y eso importante de Dios que está en su Palabra, nos dice algo importante también sobre nosotros mismos. Cuando Dios se revela, nos revela; cuando más ahondamos en Dios, más descubrimos sobre el ser humano

Esta vez, quiero prestar atención a dos palabras claves: abundancia y compartir. Dios es abundancia, así aparece en el salmo 22 (Con él, nada falta, nuestra copa rebosa, alimenta y sostiene) y otro salmo dice: "abres tu mano y nos colmas de favores". Dios es abundancia: lo vemos en su creación, lo vemos cuando acompaña a Israel a lo largo de su historia, lo vemos cuando se entrega del todo en Jesús, lo vemos cuando derrama su Espíritu sobre la Iglesia. Lo vemos en nuestra propia vida. 

Pero la abundancia de Dios exige nuestra respuesta en el compartir: Pensemos en el gesto del joven del Evangelio que, ante el reclamo de Jesús, ofrece lo que tiene de comer; todos tenemos, dice Francisco, nuestros “cinco panes y dos peces” para ofrecer.Es una invitación a sensibilizarnos con las necesidades de los otros, y a no centrarnos egoístamente en las nuestras. 

Resulta fácil pedir a Dios milagros sin comprometernos nosotros de algún modo con su obrar. Los milagros son más grandes cuando los hacemos juntos: Dios y nosotros. Dios tiene para todos, pero luego no queremos o no sabemos compartirlo, lo repartimos mal, y así no somos fieles a nuestra vocación de ser pastores con él, de ser buenos administradores de sus bienes, de ser creadores con él de un mundo nuevo. 

En el gran signo de la multiplicación que propongo contemplar, según el Evangelio de Juan, aparece el modo de obrar de Dios en el mundo, siempre pidiendo la colaboración humana, y es un preámbulo también de la entrega de Jesús, pan de Dios, pan vivo, que se ofrece en cada eucaristía como invitación a que nos entreguemos nosotros también como alimento para los demás, como sal y luz para el mundo en que nos ha tocado vivir

Dios quiere saciar el hambre material, y también nuestra hambre espiritual, nuestra necesidad de sentido, el hambre de trascender. ¿Cómo aplicar esto a nuestra propia comunidad parroquial? En medio de nuestras necesidades Dios provee siempre, pero: ¿Estamos dispuestos a acoger sus dones, a recibirlos con agradecimiento, a mirar su providencia abundante en lo que vamos encontrando en el camino? ¿Colaboramos con Dios o entorpecemos su obra entre nosotros con actitudes egoístas y poco evangélicas

Frente a la abundancia de Dios en la vida, hay que responder siempre con una mayor entrega, y una mayor compasión por todo y todos. Esa abundancia de Dios para con nosotros exige, o más bien provoca en nosotros, el deseo de compartir lo recibido, de ser amables, serviciales y compasivos. Aquella frase bíblica: “Nadie puede ver a Dios y seguir viviendo”, puede entenderse de este modo: si encuentras a Dios en el camino de la vida, vas a morir a lo que eres y nacer a lo que no eres; “Hay que nacer de nuevo”. La abundante misericordia de Dios nos transforma. 

Entonces: ¿Por qué si Dios es abundancia, nosotros vivimos con tanta frecuencia en la escasez, en la pobreza, en el vacío? 

1.Porque no tenemos una conexión consciente con Dios, “en quien vivimos, nos movemos y existimos”. 

2.También porque nos pensamos como individuos aislados de todo y de todos, y si no hay conexión no hay comunicación de bienes, ya sean materiales o espirituales. 

3.Porque acaparamos de modo egoísta, y no queremos ni sabemos compartir con los demás, generando injusticia, guerras, violencia, muerte. 

El Reino, proclamado por Jesús, es justicia y comunión, es servir y compartir, y por eso es abundancia. Inevitable que ahora mismo no venga a mi memoria la “Oración del alma enamorada” de san Juan de la Cruz, que termina diciendo: “No te pongas en menos, ni repares en migajas que se caen de la mesa de tu padre. Sal fuera y gloríate en tu gloria. Refúgiate en ella y goza, y alcanzarás lo que anhela tu corazón”. 

Me gustaría poder decir con palabras todo lo que implica para mí saber que Dios es abundancia. Así lo he experimentado en los últimos tiempos, porque ha sido grande conmigo, y quisiera comunicar esa experiencia a mi alrededor. “Mirad y ved qué bueno es el Señor”.


 Fray Manuel de Jesús, ocd
Julio, 2018

domingo, 22 de julio de 2018

CAMINOS DEL BUEN PASTOR


Este fin de semana, domingo XVI del año litúrgico. Las lecturas correspondientes: Jeremías (23, 1-6); Salmo 22 (1-6); Efesios (2, 13-18); Marcos (6, 30-34). La primera lectura habla, por boca del profeta, de los pastores (lideres) de Israel, que, en lugar de reunir, dispersan al pueblo, al rebaño; Jeremías anuncia la llegada de un pastor, un vástago de David, que será prudente y justo (Lo llamaran con este nombre: El Señor, nuestra justicia). Jesús, en el pasaje evangélico, contempla la multitud y siente lastima de ella, porque “andaban como ovejas sin pastor”. La Buena Nueva tiene que ver con el anuncio de un Dios Padre, justo, que vela y cuida de los suyos, que es Pastor de su pueblo. Del Buen Pastor habla el salmo 22: de un Dios que cuida, que protege, que alimenta, que unge, que perdona; un Dios que es abundancia; con él, nada nos falta. Finalmente, la segunda lectura describe nuestra condición bajo el cayado de Cristo, enviado del Padre, Buen Pastor: “Ahora están en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, están cerca los que antes estaban lejos. Él es nuestra paz”. Esta es la primera mirada sobre los textos bíblicos que propone la liturgia, y la imagen preponderante es la del pastor, que aparece como anhelo, como necesidad, como respuesta. Pensar en el oficio de pastor (uniré, reuniré, que no se pierda ninguna oveja). Dios es mi pastor: el salmo 22 es uno de los más hermosos del salterio, y Jesús, reunido con los suyos, reconoce la necesidad mayor de la gente, y por ello siente lastima; una frase clave para entender el propósito de Jesús: “Vio la multitud y le dio lastima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles”. ¿Cuál sería la enseñanza de Jesús? Entiendo que hablaría de Dios como Pastor, de suscitar pastores (discípulos) en medio de su pueblo, de que cada uno sea pastor también de su prójimo. A nivel local: creo que la Iglesia Cubana necesita crecer en su papel de pastor del pueblo cubano, toda la Iglesia, no solo sus ministros, no solo las religiosas o religiosos; salir de sí misma y buscar a ese pueblo perdido, desanimado, para mostrarle el camino de la esperanza y de la paz; el camino de quien derrumba muros para que surja el verdadero hombre nuevo que funda su vida en el amor. 


Retomando las ideas anteriores clarifico tres puntos para el mensaje: 1. Dios es el mejor pastor, que cuida de su creación, de toda la humanidad, que nos conduce a buenos pastos y fuentes frescas. Estamos en su mano providente, y él nos dice: no tengan miedo, todo estará bien… 2. Dios suscita, llama, pastores para su pueblo: líderes civiles, guías espirituales, ministros de su palabra, profetas… 3. Todos debemos ser pastores del prójimo, ayudar a construir la nueva humanidad, un mundo mejor que el que encontramos. Dios pregunto una vez: ¿A quién puedo enviar?, y una voz contesto: envíame a mi… Nuestro mundo, nuestra tierra, nuestra iglesia, están necesitados de líderes que quieran servir, que quieran cuidar, que quieran sanar… ¿Cómo podemos ser pastores unos de otros en este camino que compartimos? Cuidándonos, sosteniéndonos mutuamente, curándonos las heridas unos a otros, no hablando mal del prójimo (ese es el cáncer de nuestras comunidades parroquiales) …

                                 

jueves, 7 de junio de 2018

MIRADAS...



Está lloviendo fuerte, tan fuerte que parece que unas manos rabiosas golpean las ventanas y la puerta de la pequeña casita junto al mar, y este también hace parte del concierto natural cuando las olas rompen contra los riscos. Aunque todavía no se pone el sol, la tarde está oscura, pues el cielo está cubierto de nubes negras, que forman figuras amenazantes, y que parecen cobrar fuerza con los relámpagos que cada cierto tiempo lo iluminan todo.
 Dentro de la casita, sin embargo, todo está tranquilo; no hay ninguna luz encendida, no hay otro sonido que el de la respiración de alguien que duerme sobre una colchoneta algo desvencijada. La única habitación no tiene otros muebles, sino que está ocupada por algunas cajas, bultos y otros objetos cuyo uso particular conocerá bien la persona que ocupa el lugar. Alguien que llegara de repente y entrara, percibiría un olor extraño, poco agradable, pero él no lo nota, acostumbrado como está a este sitio que le ofrece cobijo y le permite pensar que tiene algo parecido a un hogar propio, a un espacio suyo, aunque ni es propio ni impide que a menudo otros le quiten lo poco que posee.

Prácticamente todas las noches este hombre se emborracha, con un grupo de amigos ocasionales, pues siempre aparecen compañeros cuando se trata de beber; en este mismo lugar o en cualquier otro, tal vez en una cervecería cercana, tal vez sentados en alguna acera. Beber y cantar, hablar de cualquier tema, vivir tan plenamente ese momento, tal vez porque no puede ver otro, ni hacia atrás, ni hacia adelante.

Y sin embargo, cuando llueve, todo le parece diferente, y puede quedarse ensimismado en el ruido de la lluvia golpeando el zinc del techo, remontándose tal vez a una época en la que no se vislumbraba aun una vida tan perra como la suya. Y al final se duerme, y sueña con un mundo en el que no es un marginal, un borracho, un pobretón, un nadie, junto al que la gente pasa volviendo el rostro con desagrado. La fuerza de la lluvia no le produce inquietud, y tirado sobre la colchoneta sucia ha terminado por quedarse dormido, respirando pausadamente, y de cuando en cuando, en medio de su inconsciencia, exhala un gemido o sus manos rascan alguna parte de su cuerpo, que no está muy limpio.

 Hace mucho tiempo que le observo, y converso con él siempre que le veo y le doy algo de dinero si me lo pide, siempre muy poco, aunque tengo la certeza de que lo pide para beber. Y él me dice que soy amigo, y a mí me duele su condición y me pregunto qué puedo hacer para ayudarle más, pero no encuentro la respuesta...

sábado, 2 de junio de 2018

DE LA LEY AL AMOR (Domingo IX, Ciclo B, Tiempo Ordinario).


Hoy habla la Palabra acerca de la LEY, como expresión de la voluntad de Dios para Israel, cuanto este quiso imitar a otros pueblos vecinos. La Ley que entregó Moisés al pueblo, de parte de Dios, busca establecer relaciones justas entre Dios y su pueblo, entre  los israelitas entre sí, y de estos con otros pueblos. Dios  es y se manifiesta como un dios de justicia, y por eso, dentro del conjunto de una LEY, establece el sábado como día en que se hace memoria de la justicia de Dios, y se reflexiona en cómo hacerla presente.  Me gusta especialmente esta frase que leemos hoy en la primera lectura: “Recuerda que fuiste esclavo en Egipto…”. La Ley es garantía de la libertad que recibe el pueblo de Dios, y por ello debe cuidarla y no quitarla a los demás. Dios es garantía de esa libertad, y por ello es necesario el descanso del sábado, para HACER MEMORIA, memoria “sagrada”, que es lo mismo que decir liberadora.

Jesús viene a decir, sin embargo, que hacer el bien está más allá de la ley, cuando esta se absolutiza, se vuelve rígida, como una camisa de fuerza, y acaba en contradicción con tender la mano, servir, a quien lo necesita. Algunas personas, decimos que son LEGALISTAS, cuando se aferran a un cumplimiento estricto de la Ley, como absoluta, y por encima de las necesidades concretas, en un tiempo y un espacio determinados. Cuando Jesús sale a os caminos “para hacer el bien”, parece que la ley, mal entendida, mal aplicada, se lo prohíbe.

Jesús no niega la ley, y suponemos que fue un hombre cumplidor de los preceptos religiosos de su tiempo, pero rechazó lo absoluto de esa ley: Dios ha dado una ley para que sirva al bienestar de su pueblo, no puede convertirse en una valla, en un muro, que impida hacer el bien en momentos y situaciones concretas. Tampoco el proyecto de Jesús, el Reino de Dios,  la Nueva Humanidad, puede estar basado en el mero cumplimiento de una ley religiosa, de una religión; exige ir más lejos, atreverse, aventurarse. Con palabras del Evangelio: Ponerse en camino, Remar mar adentro, ser pescador de hombres, dar la vida, disponer del sábado

La segunda lectura nos invita pues a no tener miedo de vivir real y plenamente el Evangelio, el proyecto de justicia, fraternidad y amor de Jesús. Nos invita a no quedarnos en el mero cumplimiento de una ley religiosa, a no quedarnos en los “Diez Mandamientos”, y poner delante las “Bienaventuranzas”, que es la invitación de ir siempre más lejos, y preguntarnos, como hizo Jesús: ¿Qué permite la Ley, hacer lo bueno o hacer lo malo, dejar morir a un semejante o darle una nueva vida?

Nosotros, es importante recordarlo, hemos recibido un tesoro, una  bendición, y somos llamados a llevar bendición a los otros; ese tesoro está depositado en una vida frágil, “en vasijas de barro”, por ello no olvidemos nunca nuestra propia historia de amor y desamor con Dios (no olvidemos que fuimos esclavos en Egipto), para desafiar los límites de la Ley, e irse siempre más allá, mar adentro, cuando nos toque hacer el bien. En Cristo, el camino no es limitar la vida con la ley, entendida como absoluto y por encima de las personas concretas, sino ir de la ley a la vida, a la plenitud del amor, en quien toda ley queda superada.

P.Manuel Valls, ocd.

jueves, 15 de febrero de 2018

CINCO NOMBRES PARA LA CUARESMA



Si tomamos la primera lectura bíblica de los cinco domingos de Cuaresma, encontraremos cinco nombres, cinco figuras (lamentablemente todas las masculinas) que pertenecen a la tradición espiritual veterotestamentaria.  Para mí, cada una de ellas simboliza algo particular, nos descubre una referencia concreta en todo itinerario de renovación y crecimiento, por eso les comparto lo que pienso al respecto:

1. ADÁN: (domingo primero) La figura de Adán es el símbolo bíblico del ser humano, el que nace de la tierra; la arcilla de la que fue formado representa su fragilidad, su condición efímera; el aliento que Dios sopla en él, su parte divina, su belleza y destino final. En Adán aparecen unidos tierra y cielo, carne y espíritu, y me atrevo a decir: pecado y salvación.

2. ABRAHAM: (Domingo segundo) Simboliza la vocación original de todo ser humano, gritando en lo más profundo de sí, la llamada interior: sal de tu tierra es una invitación a que prestemos atención a lo esencial, en medio del trabajo cotidiano, abandonando o poniendo en segundo plano seguridades y atajos, para ir a lo que realmente nos plenifica, representado en la PROMESA.

3. MOISÉS: (domingo tercero) Simboliza la capacidad de liderar en la búsqueda de libertad, frente a las muchas esclavitudes que no nos dejan realizar plenamente nuestra vocación original. Es quien guía al pueblo en el desierto, quien garantiza la cercanía y fidelidad de Dios a través de su propia experiencia, y todo ello a partir de una historia providencial, llena de tropiezos y momentos difíciles. Es la paradoja de conducir a otros hasta un lugar que él mismo no puede pisar.

4. DAVID: (domingo cuarto) Es el rey, figura de quien alcanza ya cierta madurez espiritual, cierta "realeza", y se sabe poseedor de un poder, y llamado en la vida para un propósito, a pesar de sus muchas limitaciones. Es dueño de su destino, sabe reconocer sus errores y pedir perdón, pero sigue sintiéndose rey, sigue eligiendo y fallando, a la vez que reconoce en todo lo que vive una Presencia salvadora que nunca va a faltarle.

5. EZEQUIEL: (Domingo quinto) Aparece en representación de los profetas. Representa a quienes se sienten imbuidos de un mandato interior, a menudo contra la propia razón, que rechaza un compromiso que traerá muchos sinsabores. Es además, símbolo de capacidad para desafiar lo establecido, para mirar siempre más allá, infundiendo esperanza en los momentos oscuros, y viendo  vida donde no la hay. Todos tenemos algo de profetas.

 Me detengo a contemplar estas cinco figuras bíblicas como si manifestara cada una de ellas una parte de lo que somos todos. Veo también que en todas ellas está Dios actuando, pero ello no supone una vida perfecta, sino muchas fragilidades y errores. Así se hace el camino de la vida: de bendición y errores, de aciertos y tropiezos.  Tal vez fijarnos en estas figuras, arquetípicas del viaje espiritual, nos ayude a recorrer el camino hacia la Pascua, la de la liturgia y la de la vida.

DESIERTO Y PARAÍSO



La Cuaresma cristiana comienza siempre con la lectura del relato de las tentaciones de Jesús en el desierto. Coinciden los expertos bíblicos y los teólogos en el hecho de que no es un relato propiamente "histórico", sino que quiere interpretar a Jesús, su misión, su camino, su destino. Es relevante el hecho de que se vincule la ida al desierto de Jesús con el Espíritu, y que en el relato tanto Jesús como el Diablo echen mano a la Escritura para argumentar y defender un camino. El Diablo quiere que Jesús se aproveche de su condición, de su relación con Dios, cosa que Jesús rechaza.   El relato nos hablaría sobre todo de los conflictos de las primeras comunidades cristianas a la hora de interpretar y seguir el camino de Jesús.

La vida humana es DESIERTO, y aclaro, no es un desierto, sino que hay en esa vida una dimensión de desierto claramente identificable a nivel espiritual. Así, el camino de Israel a través del desierto del Sinaí durante 40 años se convierte en modelo de nuestro propio itinerario de fe, eso si somos capaces de mirar más allá de lo concreto y particular, e interpretamos las claves que se esconden en el relato. El paso de la esclavitud a la libertad, la resistencia del pueblo a asumir las exigencias de esa libertad y la añoranza de la servidumbre, las dudas sobre si está Dios o no con ellos, la roca que mana el agua o el maná que calma el hambre, el cansancio, los ídolos o falsos dioses, la relación de Moisés con Dios... En fin, que hay mucha riqueza en esta historia, aprovechable para pensar en nuestra búsqueda de Dios en la vida cotidiana.

El DESIERTO es, por lo anterior,  en la Biblia, un LUGAR TEOLÓGICO... ¿Qué significa esto? Que a partir de la realidad física y geográfica del desierto, como lugar árido, apartado, lugar de paso, los creyentes descubren en él también un espacio espiritual donde Dios se manifiesta de un modo peculiar. El desierto es el lugar de la tentación, el lugar del Enemigo, pero es al mismo tiempo el lugar del encuentro con Dios: donde la Palabra se hace más clara, maduramos en la fe, hacemos amistad con Dios, y aprendemos a reconocerle. Entonces, como diría El Pequeño Príncipe, la arena del desierto resplandece, y podemos encontrar un pozo en cualquier parte. El DESIERTO es, definitivamente, el lugar de lo invisible, donde todo se oculta bajo un velo misterioso, y se revela sólo a quien busca de la mano de la confianza y del amor.

Yo me atrevo a decir por todo lo anterior que, desde el punto de vista espiritual, DESIERTO Y PARAÍSO confluyen de alguna manera en el mismo espacio. Cuando somos capaces de reconocer a Dios obrando en la vida y la historia del ser humano y de su creación, entonces lo que antes parecía puro desierto empieza a verse también como vergel, como lugar de creación, como paraíso. Volviendo a retomar las imágenes del párrafo anterior, la arena comienza a resplandecer como si el desierto revelara lo que esconde bajo la arena, y la búsqueda del agua de vida que alivia nuestra sed interior, con aquellos y aquellas que también sienten el llamado de una mayor libertad y vida plena, hace que aparezca un pozo cantor justo después del mayor momento de oscuridad.

Cuando en el segundo domingo de Cuaresma leemos el pasaje evangélico de la Transfiguración, estamos también, con los discípulos, asomándonos al paraíso. Los lugares altos son siempre espacios de epifanía, de manifestación de Dios; en la Biblia son lugares geográficos también, al mismo tiempo que lugares espirituales o simbólicos. El monte donde Jesús predicó las Bienaventuranzas no es un pico elevado, pero expresa un momento sublime, particular, epifánico también, del ministerio de Jesús. Quiero decir con esto que en medio de nuestro "desierto" cotidiano vivimos también momentos de revelación, de luz, de "paraíso", es decir, "momentos altos" en los que recibimos lo necesario para seguir haciendo nuestro camino hacia la libertad.

El itinerario de Cuaresma está señalizado por estas y otras claves espirituales que nos preparan para tener una vivencia más honda y actualizada de la resurrección de Cristo, que acontece en nosotros aquí y ahora. Por eso esta invitación a reflexionar en lo que implica que la vida humana sea desierto y monte alto o paraíso al mismo tiempo. Estas imágenes, según mi propia experiencia, son sanadoras y transformadoras de la persona humana, y contribuyen a la maduración espiritual y a la superación de tentaciones y obstáculos para una vida plena, vivida en el amor.

Manuel Enrique Valls, ocd.