jueves, 5 de junio de 2014

A LA ESPERA DEL ESPÍRITU... 3

Lucas utiliza también en su relato de Pentecostés la imagen del lenguaje: “Quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse”. Como antes dijimos, aquí nos remitimos evidentemente al relato del Génesis, y la Torre de Babel. Frente al orgullo humano, y afán de poder y endiosamiento, Dios tomó una determinación: “Confundamos su lenguaje, de modo que no entienda cada cual el de su prójimo”. 

Cuando las personas no se entienden, no pueden trabajar juntas; si se entienden, pueden lograr muchas cosas. Cuando se pierde el lenguaje común, las comunidades se destruyen. Pentecostés viene a ser como una respuesta de Dios a la mezcla de lenguas de Babilonia; Dios desea que todas las personas vuelvan a hablar un mismo idioma y por tanto sean capaces de crear algo nuevo y duradero.

La Iglesia también necesita de ese lenguaje nuevo para ser entendida en su predicación del Evangelio: hablar de forma compasiva, de forma familiar y cercana, de forma alegre y entusiasta. El lenguaje del Espíritu sana y libera.

El otro aspecto a resaltar es el vínculo del Espíritu Santo con la construcción de la comunidad. Siempre que nos reunimos en el nombre de Jesús se renueva y actualiza el milagro de Pentecostés. Comunión de amor, oración unánime, proyecto común. Dice Lucas: “Acabada su oración, retembló el lugar donde estaban reunidos, y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y predicaban la palabra de Dios con valentía”.

El Espíritu mueve la comunidad, la desinstala, la desacomoda, la abre, la sacude, la agita… para que no se duerma, ni olvide cuál es su propósito. El Espíritu Santo es el que construye la Iglesia, haciendo que personas tan diversas, tengan “un solo corazón y una sola alma”, y tengan sus bienes en común.

En nuestra realidad habitual, percibimos que hace falta que el Espíritu renueve y transforme, nuestras vidas y comunidades, porque falta amor, libertad interior, fuerza orante, impulso evangelizador….

No vamos a terminar sin mencionar lo que llama Pablo en la Carta a los Corintios (1 Cor 12, 8-11), los DONES del Espíritu Santo, esos que por la efusión del Espíritu se conceden a los cristianos, a nivel personal, para que los pongan al servicio de la comunidad. Pablo habla de “carismas”: dones, capacidades, características que Dios concede a cada individuo., y que se nos regalan en momentos concretos de la vida. A menudo nos quedamos en pedir lo que sentimos que nos falta, pedimos por la salud física y espiritual, pero Pablo nos invita a ampliar esa mirada sanadora y solidaria, y reconocer los dones y capacidades que suscita el Espíritu en nosotros para aportar lo nuestro en la comunidad eclesial. Cada uno es valioso a su manera, cada uno tiene algo que dar a los demás. Y luego, dice Pablo, recordar que el don más importante es siempre el AMOR, sin el cual los otros talentos estarían vacíos.

La tradición de la Iglesia reconoce 7 dones: sabiduría e inteligencia, consejo y fortaleza, ciencia y piedad, y temor de Dios.


En Pentecostés celebramos la plenitud humana, la belleza y perfección del ser humano, creado y redimido por Dios. El número 50 es simbólico, e implica madurez, jubileo, alegría, perdón de las deudas, según diferentes relatos bíblicos. Pentecostés es la fiesta de la vida, de la vida plena a la que el Señor nos llama; es el ascenso de nuestra propia humanidad al Cielo, en medio de la vida cotidiana. Y es, por supuesto, la fiesta del nacimiento de la Iglesia, la comunidad de Jesús, en la que se nos invita a romper la estrechez y los muros, para convertirnos en levadura de amor, perdón, liberación y humanidad plena.


miércoles, 4 de junio de 2014

NUBES Y OLAS

"Madre, los que viven allá arriba en las nubes, me gritan; '¡Oye, jugamos desde que empieza hasta que acaba el día; jugamos con la aurora de oro y con la luna de plata!'
Yo les pregunto: '¿Pero cómo voy a subir hasta donde estáis vosotros, tan alto?'.
Y me contestan: '¡Vente hasta el borde de la tierra, alza las manos al cielo y te levantaremos con las nubes!'.
'¡Mi madre me está aguardando en casa! -digo yo-, ¿cómo podré dejarla y subir?'.
Y ellos se sonríen y pasan flotando.
Pero yo sé un juego más bonito que ese, madre. Mira, yo seré la nube y tú la luna. Te taparé con mis dos manos y el techo será nuestro cielo azul.

Los que viven en las olas me gritan: '¡Cantamos desde el amanecer hasta la noche; vamos más allá siempre y no sabemos a dónde vamos!'.
Yo les pregunto: 'Pero, ¿cómo podré irme tan lejos con vosotros?'.
Me responden: '¡Vente a la orilla del mar, aprieta bien los ojos, y espera, y te arrastraremos con las olas!'.
Yo les digo: 'Mi madre no quiere nunca que salga anochecido. ¿Cómo podré dejarla y huir?'.
Y ellos se sonríen y pasan bailando.
Pero yo sé un juego mejor que ese, madre. Yo seré la ola y tú serás la playa desconocida. Me echaré a rodar y romperé riéndome en tu pecho. ¡Y nadie sabrá en el mundo dónde estamos tú y yo!".


Tagore, “La Luna Nueva”.

martes, 3 de junio de 2014

A LA ESPERA DEL ESPÍRITU... 2

Seguimos hablando del Espíritu, que aparece como agua, fuego y aire en la Escritura; como aliento, tormenta, forjador de un lenguaje renovado, creador de comunidad. Y citamos algunos pasajes de Anselm Grün, en su libro "La resurrección de cada día"...


"Con su Espíritu, Dios desea despertar la vida que hay en nosotros, que ha perdido fuerza en el agotamiento cotidiano. Muchos anhelan hoy fuerza y vida verdadera. Tienen la impresión de que aquello que viven no corresponde a la vida real. Dios creó el universo a través del Espíritu. Desea recrearnos. Al respirar, en cada inspiración, podemos pensar que Dios nos renueva constantemente a través del aliento de su Espíritu".

"El Espíritu Santo desea encender una luz para nuestros sentidos. No se trata de algo puramente espiritual, sino de encender nuestros sentidos, iluminarlos, tomar conciencia de Dios en este mundo. Si mantenemos despiertos nuestros sentidos, nuestra vida será según lo dispuesto por Dios. Recién estaremos plenamente presentes en el mundo. Nuestros sentidos nos vinculan a la realidad".

"El Espíritu Santo es el amor que irriga nuestro corazón. Cada uno de nosotros tiene el anhelo último de amar y ser amado. El Espíritu Santo nos habilita para amar, pero también es el amor del Padre que fluye dentro de nuestro corazón. En el Espíritu Santo podemos sentirnos totalmente amados por Dios. El amor divino fluye a través de nuestro corazón y nuestro cuerpo".

Luego, volvemos a las dos imágenes que utiliza Lucas en su relato de Pentecostés: El Espíritu Santo aparece como un huracán ("De pronto vino del cielo un ruido como de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban"), y aparece como fuego ("Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos"). La Biblia describe al Espíritu de Dios como aliento, respiración y tormenta; si confiamos en la fuerza del Espíritu, él podrá empujarnos siempre hacia adelante, hacia una vida nueva.
El fuego, por su parte, tiene un valor sagrado, y puede purificar y renovar, y además es imagen de vitalidad, de fuerza interior, de alegría y entusiasmo. Pentecostes nos recuerda que adentro no tenemos cenizas frías, sino una brasa que pugna por recobrar su fuerza para encendernos, cuerpo y alma.

 Nos faltaría recordar dos dimensiones de la acción del Espíritu: que procura un lenguaje nuevo, un nuevo modo de hablar y comunicar una experiencia, y luego, una nueva comunidad, un modo nuevo de vivir unidos (ambas cosas, en contraste simbólico con la experiencia de Babel, en el AT).





lunes, 2 de junio de 2014

A LA ESPERA DEL ESPÍRITU...

Estamos ahora, al final de la Pascua, a la espera del Espíritu.... y no porque tenga que venir ahora a nosotros, en nosotros está, sino porque se nos olvida, y buscamos a Dios y su accionar  fuera de nosotros, pidiendo casi siempre lo que ya tenemos. Pude ser pedagogía del Espíritu que eso suceda a veces, pero estaría bien tomar consciencia de nuestra condición de "ciudadanos y portadores del Cielo", según la reflexión que hacíamos en este domingo de la Ascensión.
 Como hemos estamos acompañando el camino pascual con algunas reflexiones, a partir de la lectura de un texto de Anselm Grün, vamos a seguir en lo posible este hilo y compartir algunas ideas que valgan para vivir esta semana, y la primera es invitar a la recitación del himno "Veni creator Spiritus", que compusiera el monje benedictino Hrabanus Maurus en el año 809, y que a pesar del tiempo transcurrido, sigue expresando el anhelo con que hoy hacemos el camino de la vida y de la fe...

Ven, Espíritu Creador, 
visita las mentes de los tuyos; 
llena de la gracia divina 
los corazones que tú has creado.
Tú, llamado el Consolador, 
Don del Dios Altísimo; 
Fuente viva, Fuego, Caridad 
y espiritual Unción.

Tú, con tus siete dones, 
eres Fuerza de la diestra de Dios. 
Tú, el prometido por el Padre. 
Tú pones en nuestros labios tu Palabra.

Enciende tu luz en nuestras mentes, 
infunde tu amor en nuestros corazones, 
y, a la debilidad de nuestra carne, 
vigorízala con redoblada fuerza.

Al enemigo ahuyéntalo lejos, 
danos la paz cuanto antes; 
yendo tú delante como guía, 
sortearemos los peligros.

Que por ti conozcamos al Padre, 
conozcamos igualmente al Hijo 
y en ti, Espíritu de ambos, 
creamos en todo tiempo.

Gloria al Padre por siempre, 
gloria al Hijo, resucitado 
de entre los muertos, y al 
Paráclito por los siglos y siglos. 
Amén.


Hay tres imágenes bíblicas que representan al Espíritu Santo, además de la famosa paloma. Me refiero a : el AGUA, el AIRE, y el FUEGO.

AGUA para lo seco y árido de nuestra vida; queremos que Dios nos irrigue, nos refresque, con esta "agua de vida" que salta en nuestro interior.
AIRE para  la asfixia de cada jornada, para cuando la vida nos ahoga; queremos aire nuevo en nuestra vida, frescor, ánimo renovado.
FUEGO que arde y transforma, purifica y renueva, ilumina y abre camino.

ESPÍRITU SANTO es siempre novedad, nuevo nacimiento, renovación (nuestra y de la Iglesia), para despertar la vida que hay en nosotros. Es también consuelo y apoyo, amor y salvación.


sábado, 31 de mayo de 2014

JESÚS Y MARÍA MAGDALENA... 3

En el evangelio de Juan se expone con claridad cómo el duelo de María Magdalena se convierte en alegría. Mientras Pedro y Juan regresan a casa, María permanece junto al sepulcro. Desea quedarse cerca del lugar donde su amado Señor fue sepultado. Y estando María llorando junto al sepulcro, vio a dos ángeles de blanco, sentados en el sitio donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Ellos le preguntaron: ¿Por qué lloras?, y ella contestó: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". María es valiente, pues aun en medio del dolor entra al sepulcro, pero la misma tristeza no le deja ver más allá de lo acontecido, está cautiva de su tristeza. Ella habla de Jesús como si le perteneciera, quiere consolarse al menos ungiendo su cuerpo muerto; no escapa del dolor, lo abraza, lo convierte en camino, y es el mismo dolor quien le guía para reencontrar a su amado.
 Entonces, una vez que ha conversado con los ángeles, María se vuelve, y ve a Jesús ante ella. El diálogo con los ángeles provoca en ella una transformación, abre una puerta, y ante esa puerta está Jesús. Sin embargo, ella aun no le reconoce; vuelve a establecerse un diálogo, casi el mismo de antes: ¿Por qué lloras? porque se han llevado a mi Señor. Dice el evangelio que ella cree que es el jardinero. María se aferra al muerto, y por eso no ve al viviente. María, que ha sido valiente, necesita desprenderse de lo viejo, del pasado, del dolor que la ciega, para reconocer a Jesús que está de pié ante ella. Entonces la voz de Jesús irrumpe, y rompe el muro, la barrera que la separa de la nueva realidad; él le dice: María, y ella le llama: Maestro. Vuelve a reconocerse la relación especial de María Magdalena con Jesús: Él era su Señor y es su Maestro. La voz de Jesús, que ella conoce tan bien, vuelve a despertarla, llevándola a entrar en la nueva realidad o "nueva visión". El dolor de María atrae a Jesús, y el amor de Jesús despierta a María de su letargo doloroso.

Una hermosa imagen para nuestra meditación y contemplación es este encuentro entre Jesús y la Magdalena. Una invitación provocativa para que experimentemos en la propia vida que el amor es más fuerte que la muerte. Llévale a Jesús tu dolor, acude confiado a tu Señor y Maestro, y su voz, que habla en tu interior, pronunciará tu nombre, y te despertará.  Somos importantes para Jesús, ha grabado nuestro nombre en la palma de su mano, no olvidemos nunca cuánto somos amados.

(Reflexión a partir de la lectura de un texto de A. Grün)

jueves, 29 de mayo de 2014

CUANDO ALGO SE QUIEBRA... RESILENCIA

"Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. 
Ellos creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso. 
El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi. 
El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza. 
Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto.

Llevemos esta imagen al terreno de lo humano, al mundo del contacto con los seres que amamos y que, a veces, lastimamos o nos lastiman.
¡Cuán importante resulta el enmendar! 
Cuánto, también, el entender que los vínculos lastimados y nuestro corazon maltrecho, pueden repararse con los hilos dorados del amor, y volverse más fuertes.
La idea es que cuando algo valioso se quiebra, una gran estrategia a seguir es no ocultar su fragilidad ni su imperfección, y repararlo con algo que haga las veces de oro: fortaleza, servicio, virtud... 
La prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia —la capacidad de recuperarse— son dignas de llevarse en alto.

- EDU WIGAND-

(Tomado de Facebook)

NO HAY PAREDES.... PARA JESÚS

"Quiero llevarte a todo lugar conmigo
Quiero que entre la gente seas conocido
Yo de Ti no me averguenzo, eres mi Dios

Quiero llevar tu voz por todo camino
Y de tu amor hablar con desconocidos
Al lugar donde trabajo
A la escuela y donde viajo
Te quiero llevar

Fuera del templo y la religion
Por todo el pueblo y toda region
Entre las gentes que vagan hoy
Sin rumbo fijo sin direccion
Entre las plazas de mi ciudad
En donde hay tanta necesidad
Por todas partes te llevare
Pues no hay paredes que te puedan esconder

Quiero que en todas partes estes conmigo
En mis conversaciones con mis amigos
Quiero que tu seas el centro de atencion

Quiero que seas el punto de referencia
Y caminar conciente de tu presencia
Al hacer un comentario
En mis platicas a diario tu debes estar

Fuera del templo y la religion
Por todo el pueblo y toda region
Entre las gentes que vagan hoy
Sin rumbo fijo sin direccion
Entre las plazas de mi ciudad
En donde hay tanta necesidad
Por todas partes te llevare
Pues no hay paredes que te puedan esconder

Fuera del templo y la religion
Por todo el pueblo y toda region
Entre las gentes que vagan hoy
Sin rumbo fijo sin direccion
Entre las plazas de mi ciudad
En donde hay tanta necesidad
Por todas partes te llevare
Pues no hay paredes que te puedan esconder

Mi amigo siempre tu seras
Conmigo siempre tu estaras
Conmigo yo te llevare
A cualquier lugar...".

Jesús Adrán Romero