lunes, 5 de mayo de 2014

PARA VIVIR LA RESURRECCIÓN... Levantarse es despertar.

Seguimos compartiendo ideas que ayuden a vivir la Resurrección a nivel personal; estas ideas pueden ayudarnos a comprender mejor la dinámica pascual a la que nos incorporamos en el bautismo, y que actualizamos durante estas jornadas:

LA TUMBA DEL MIEDO Y LA RESIGNACIÓN:  Resurrección tiene que ver con levantarse, porque a muchos acaba gustándoles quedarse echados en la tumba, con su temor, su resignación, sus decepciones y sus heridas. Se acomodan e instalan en su tumba porque tienen miedo a vivir. Claro que también al levantarme del sepulcro corro el riesgo de ser herido otra vez, y entonces prefiero quedarme echado, medio muerto pero seguro, o eso creo. La resurrección tiene que ver con recuperar las ganas de vivir, la fuerza de andar y arriesgarse. La fuerza del resucitado en nosotros permite que nos desembaracemos de nuestras cadenas: complejos, temores e inhibiciones; es la fuerza que acompañó siempre a Jesús, y que le hizo dar salud a muchos que encontró en su camino, como el hombre paralítico al que hizo andar, o Lázaro, al que levantó de su tumba. Esa fuerza del resucitado también está en nosotros: no dejemos que nada nos intimide, sino que, escuchando la voz de Jesús, tomemos lo que nos detiene bajo el brazo, y volvamos a vivir.

Para comprender mejor el sentido de la palabra "resurrección" podemos asociarla con otros dos términos: DESPERTAR, y ALCANZAR LIBERACIÓN.  Dice Grün: "Muchas personas viven como dormidas. Viven en un mundo lleno de fantasías. Se hacen ilusiones. No están en contacto con la realidad. El sacerdote jesuita indio De Mello opina que la mística es un despertar a la realidad. Experimentar a Dios es despertar... liberándose de las ilusiones que se han forjado de la vida. Han despertado porque han encontrado a Dios. Dios mismo los ha despertado... Creer en el despertar de Jesús significa pedirle a Dios que nos despierte de nuestro letargo, que nos abra los ojos para que podamos reconocer la realidad".

Pero ese despertar también puede ser doloroso, nos duele tanta luz en los ojos, y nos resistimos. San Pablo, en el camino de Damasco, fue "despertado" de una manera singular, pues se golpeó bastante fuerte y perdió la visión de los ojos. La resurrección puede acontecer como un terremoto también en nuestra vida.

sábado, 3 de mayo de 2014

PARA VIVIR LA RESURRECCIÓN... Encontrar a Jesús en el camino de la vida.

Es Lucas, en su Evangelio, quien nos cuenta la más hermosa historia Pascual; la de aquellos dos discípulos que van de camino a una aldea llamada Emaús, a dos leguas de Jerusalen. Es un camino de decepción, de tristeza, de desesperanza, de fracaso. Van conversando sobre lo sucedido, porque es lo que les llena la mente y el corazón; van huyendo de todo, y a la vez no pueden olvidar. Es terrible cuando caminamos así, entre el dolor del pasado y la incertidumbre del futuro, sin apenas tocar el presente. Aun sin estar ciegos, estos hombres tienen la vista nublada, no son capaces de reconocer la vida que sale a su encuentro en la persona de Jesús. No pueden aceptar los signo de vida que le ofrecen otros, en este caso las mujeres. Un corazón así no puede imaginar otro camino que no sea el de siempre, este que andamos, porque ha levantado muros para lo novedoso y lo inusual de la resurrección.
 Pero Jesús sale a su encuentro en un desconocido que se suma a la marcha, que les escucha, que les pregunta, que les provoca, que les interpela. Él les ayuda a tener una nueva visión, a interpretar lo sucedido en clave de fe. Les recuerda que la Historia está en manos de Dios, que el amor nos lleva en la palma de su mano, que incluso en lo incomprensible, en lo doloroso, en lo terrible, se esconde siempre una esperanza, un brote de vida, un nuevo empezar. Lucas nos recuerda que el Resucitado nos acompaña siempre en el camino. Si estamos en camino, si no nos quedamos estancados, Jesús está a nuestro lado, y podemos hablarle y escucharle, podemos decirle aquello que no entendemos de nuestra vida, podemos pedirle una nueva visión.
 Así, el caminar y el diálogo invitan al descanso, al encuentro, al compartir; todo eso se expresa en el "sentarse a la mesa". La comunidad, la fraternidad, aliciente cuando sentimos que el sol se esconde y llegan las sombras. "Quédate junto a nosotros". Y el Gran Desconocido entró para quedarse con ellos. ¡Qué regalo! ¡Qué consuelo!
Todo el relato de Emaus es una hermosa parábola de la vida evangélica: caminar (con Jesús), escuchar o aprender (de Jesús), compartir o celebrar (en Jesús) . Recordemos que celebrar la Eucaristía es expresión de una "vida eucarística", pues de lo contrario estaríamos celebrando un rito vacío. Jesús se entregó como pan partido, nosotros partimos el pan eucarístico para expresar, celebrar, ayudar, nuestra propia entrega. Por eso cobra mayor significado en el relato el hecho de que el "Gran Desconocido" se haga conocido en el momento en que ellos parten el pan en la mesa. Era tan obvio: ¡Es Jesús!, y entonces ya no hace falta su presencia física, ya le saben vivo caminando junto a ellos, y vuelven al camino pero en dirección contraria. Otra vez a Jerusalen para dar testimonio: ¡La Vida venció a la muerte¡
 Ahora podemos ver nuestra historia personal, nuestra vida, con nuevos ojos. Todo estuvo bien, todo era necesario para que surgiera en mí algo nuevo, una nueva imagen de Dios en mi vida. Es a través de todas las experiencias que he vivido que Dios me ha ido formando y forjando tal y como era necesario.

En el relato aparecen tres preguntas que podemos hacer nuestras:
1. ¿Somos gente de camino, o de aquellos que se han sentado ya en el borde y ven la vida pasar? ¿De qué vamos hablando por el camino de nuestra vida, qué es lo que hoy nos preocupa?
2. ¿Creemos que todo lo que sucede acaba ayudando y siendo para bien, y está escrito en el corazón de Dios, para que alcancemos madurez  y se realice en nosotros su plan de salvación?
3. ¿Arden nuestros corazones todavía cuando vamos de camino y escuchamos la Palabra, y tendemos una mano a nuestro hermano, y somos comunidad en Cristo, o tenemos un corazón duro y frío, instalado en la costumbre o la rutina?

Este relato de los discípulos de Emaus en el Evangelio de San Lucas despierta tantos ecos que bien merecería la pena estarlo rumiando a lo largo de toda la semana. No nos quedemos en la anécdota; busquemos más adentro, más hondo, para encontrar a Jesús en la vida, en el camino, en los hermanos, en una cruz vencida.

jueves, 1 de mayo de 2014

PARA VIVIR LA RESURRECCIÓN...Recuperando la vida.

 Seguimos compartiendo ideas que ayuden a vivir la Resurrección a nivel personal, y hoy proponemos otras dos "figuras" del relato bíblico: Los guardias que custodian el sepulcro, y la piedra enorme que cubre su entrada. Estas dos imágenes pueden ayudarnos a comprender mejor la dinámica pascual a la que nos incorporamos en el bautismo, y que actualizamos durante estas jornadas:

LA PIEDRA QUE OBSTACULIZA LA VIDA: La piedra que cubre la entrada del sepulcro es un símbolo de los obstáculos que bloquean nuestra vida. Muchas personas viven como si una roca enorme hiciera peso sobre ellas, sin dejarles vivir. Puede ser el miedo, la incertidumbre, alguna inhibición o herida del pasado, el riesgo del futuro; puede ser un trabajo que tengo que asumir, un encuentro, un cambio, una decepción, una intervención de salud, o incluso una persona, una relación o un grupo del que formo parte. Cualquiera de esas cosas pueden vivirse como un enorme peso que me quita el aire, la libertad y las ganas de vivir. No podemos ser lo que somos, nos destruyen poco a poco.
Resurrección significa que un ángel desciende del cielo y quita la piedra. Ya dijimos en una entrada anterior que "ángel" puede ser cualquier persona o situación. El ángel hace rodar el peso que agobia nuestra vida, y se sienta sobre él. Así, la piedra se convierte en el triunfo de la vida sobre la muerte. Es un recuerdo de lo que he vivido, del milagro cotidiano de crecer y superar los obstáculos, porque ya el sepulcro no nos retiene, nos hemos levantado y vuelto al camino. Cuando estamos encerrados tras la piedra, no estamos en contacto con la vida ni con las personas, y nos vamos enfriando o endureciendo. Imagina cuántas cosas pueden evocar para cada uno de modo personal esa roca que pesa sobre nuestra existencia. Pero el amor de Jesús, su amistad y su señorío espiritual, pueden atravesar la piedra, removerla, a través de su ángel, y llevar luz y calor donde antes había oscuridad y frío. Jesús nos llega hasta lo más hondo, su amistad no conoce límites. Imparte una orden y llama: "Quiten la piedra", y luego, "Sal fuera". Una vez que la piedra es retirada, la voz de Jesús vuelve a llegar a nosotros, su palabra de amor nos permite dejar atrás la tumba en la que estábamos viviendo, y volvemos a vivir.

LOS GUARDIAS DE LA MUERTE:  Según narran los Evangelios, unos guardias romanos custodiaban el sepulcro de Jesús, pues las autoridades judías temían que el cuerpo fuera robado por los discípulos. Pero nadie puede asegurarse contra Dios, y los guardias caen como fulminados mientras que el muerto se levanta, y va al encuentro de los suyos. Seguro que si nosotros pensamos un poco caeremos en la cuenta de cuáles son nuestros "guardias de la muerte", los que vigilan para que todo siga como antes, para que nada nos sacuda de nuestra modorra. Ellos creen que lo tienen todo pensado, pero no cuentan con Dios, que sorprende siempre. Nuestros miedos necesitan de guardias, soldados que combatan por uno. A menudo tememos a la vida, tal y como esta es; queremos tenerlo todo bajo control, y ponemos guardias: a nuestras costumbres, a nuestras tradiciones, a nuestras creencias. Pero el Dios de la Resurrección lo echa todo por tierra, irrumpe como un terremoto, y los guardias caen al suelo, fulminados.
 Estos guardias andan también por el mundo, son muchos, y no quieren que nada cambie; por eso imponen su poder y sus mentiras, mediante el temor. Temen a la Verdad y al Amor. Amenazan o sobornan para detener la vida que brota a cada instante, pero la fuerza de la Resurrección no mengua. El amor es más fuerte que la muerte, aunque las evidencias más inmediatas hagan creer lo contrario. Por más que vigilen los guardias, el sepulcro quedará vacío.

martes, 29 de abril de 2014

PARA VIVIR LA RESURRECCIÓN... El ÁNGEL JUNTO AL SEPULCRO

 Leyendo a Anselm Grün en este tiempo Pascual ("La resurrección de cada día", LUMEN) y aprovechándome de sus propuestas para ahondar en la vivencia cotidiana del Misterio de Cristo en nuestra propia vida. De esas lecturas voy recreando algunas ideas, que comparto en el blog; pueden servir de ayuda para vivir más profundamente este tiempo litúrgico.

Una de las figuras bíblicas de este tiempo pascual es el ÁNGEL DEL SEÑOR, que aparece junto al sepulcro, señalando o anunciando la novedad que ha tenido lugar, reorientando la búsqueda de los discípulos en una nueva dirección. 

"No podemos hablar de la resurrección de Jesús, sin referirnos al ángel del Señor. Donde hay resurrección, también habrá un ángel. Éste nos señala acontecimientos sorprendentes e inexplicables de nuestra vida como parte del misterio de la resurrección".

 "Cuando un ángel ingresa en nuestra vida, acontece para nosotros una resurrección, nuestra tumba se abrirá y la piedra que nos obstaculiza será removida. A través del ángel, Dios obra en nuestro mundo concreto. En el ángel, la Luz divina se hace ostensible en medio de nuestra oscuridad".

La figura bíblica del ángel implica siempre una presencia de Dios, infinito e inconcebible.  El ángel hace presente a Dios en nuestra vida de una manera cercana, nos comunica algo de parte de Dios. Puede ser la luz que experimentamos en medio de la oscuridad, y que brilla ante nosotros como un relámpago.
Modos de manifestarse el ángel del Señor: siempre que vemos un brillo en los ojos de un semejante; siempre que las palabras de un semejante realmente nos movilizan; cuando la palabra de la Biblia entra en mi corazón de tal manera que me moviliza y me transforma; en cada uno de esos momentos sucede en nosotros la resurrección. 
La resurrección es un acontecimiento poderoso; los ángeles no son inofensivos y tiernos, también pueden ser terribles, porque irrumpe en nuestra vida Dios a través de ellos, y eso siempre desinstala, remueve. 
Lo que parece imposible se hace posible. Íbamos a ungir un cadáver, y  cambia la dirección del viento: nos topamos cara a cara con el Viviente.

PARA VIVIR LA RESURRECCIÓN.... LAS MUJERES PRIMERO

 Sigo leyendo a Anselm Grün en este tiempo Pascual, aprovechándome de sus propuestas para ahondar en la vivencia del Misterio de Cristo en la vida cotidiana. De esas lecturas voy recreando algunas ideas, que quiero compartir acá ahora, para ayudarme a celebrar la resurrección.

LAS MUJERES FRENTE AL SEPULCRO:  
Las mujeres fueron los primeros testigos de la resurrección; ellas son las que van al sepulcro y encuentran al Resucitado. Es toda una provocación para una Iglesia machista, gobernada por hombres. Ellos quieren calcularlo y entenderlo todo, pero ellas son más intuitivas, más sensibles, capaces de ver lo invisible. Ellas estuvieron al pie de la cruz, mientras los hombres huían; ellas van al sepulcro con la idea de ungir el cuerpo de Jesús; por eso ellas son también los primeros testigos del renacimiento, de la nueva vida que se levanta del sepulcro. La Iglesia haría bien hoy en día, dice Grün, si confiara más en el mensaje de las mujeres. Las mujeres tienen una saludable sensibilidad para aquello que puede despertar vida en nosotros.

Cada uno de nosotros también tiene un lado "femenino", el anima. Las mujeres que encuentran al Resucitado junto al sepulcro desean alentarnos a confiar en la propia anima, que corresponde al alma y a las percepciones internas de nuestro corazón. En esos suaves impulsos interiores podemos experimentar también la Resurrección. El resucitado se acerca a nosotros de tal manera que encontramos el valor necesario para levantarnos de nuestras heridas.
 Aquí hay una invitación a escuchar con convicción las suaves voces que vienen a tu corazón.
La Resurrección puede ser hoy una realidad también para nosotros.

sábado, 26 de abril de 2014

EN LA ESCUELA DE TOMÁS, EL INCRÉDULO......

A lo largo del tiempo Pascual iremos meditando en las diversas figuras bíblicas que nos hablan de encuentro con Jesús y resurrección. Una de ellas es Tomás, el apóstol, y san Juan nos describe, a través de su relato, cómo nuestra fe en la resurrección puede crecer a través de las dudas. La figura de este apóstol ha fascinado al mundo desde siempre, y ha sido visto a menudo como el incrédulo. Como en nuestro camino de fe, una y otra vez nos vemos acosados por la duda, podemos identificarnos con Tomás, nos es cercano y hasta simpático. Fijémos en el texto bíblico de este domingo: Tomás no estaba cuando Jesús se aparece ante los suyos, encerrados por miedo en una casa, y al contarle estos a Tomás lo sucedido, este se resiste a creer: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".
 Para muchos, Tomás no es incrédulo, sino que busca algo diferente: busca experiencia directa de Jesús; no le es suficiente con lo que otros le narran, quiere ver por sí mismo, y entonces podrá sumarse al gozo de los otros. El Evangelio de Juan nos invita aquí a que vayamos a la escuela de Tomás, y aprendamos como él la fe en la resurrección. Nuestra fe necesita la experiencia, no se conforma con aceptar lo que otros dicen, por eso es válido el deseo de VER, de experimentar, y entonces tendremos como Tomás que aceptar también la respuesta desafiante e inesperada de Jesús.
 Jesús vuelve a aparecer y muestra a Tomás sus heridas; parece que es ahí donde puede hallar al Resucitado. Y es contradictorio, porque justo es esa muerte atroz la que ha sembrado la duda en los discípulos, justo esa apariencia de fracaso y abandono lo que les ha desconcertado y dispersado. Creo que aquí es donde radica realmente la "conversión" de Tomás: encontrar la vida en la muerte, al resucitado en la memoria del crucificado.
 Las puertas cerradas indican temor; implica que la resurrección de Jesús todavía no les toca, no les libera. Cuando Jesús irrumpe ante ellos les dice: "La paz esté con ustedes", y lo mismo dice el ministro al comenzar cada celebración eucarística; en ella también se nos invita a CREER en el resucitado, y como a Tomás se nos concede "tocar" a Jesús: en su Palabra, en el pan y el vino, pero sobre todo, creo yo, en las hermanas y hermanos que comparten con nosotros la celebración. 
Si la Eucaristía es el banquete del amor fraterno, donde compartimos el cuerpo y la sangre del Resucitado, entonces es ahí también donde podemos compartir nuestras heridas, que por gracia llegan a ser también caminos para la vida y para el amor. Eso es justamente ser creyente: Encontrar al Jesús crucificado en las heridas que compartimos con nuestros hermanos, y encontrar al Resucitado en la alegría compartida con los hermanos. Hace falta una fe grande para esto, una fe creciente, una fe alegre y viva.
 Pidamos esa fe para nosotros.

(Escrito a partir de un texto de A. Grün)

EL TEST DEL OJO (Test de personalidad)

SELECCIONA EL OJO QUE LLAME MÁS TU ATENCIÓN.
Para elegirlo debes confiar en tu intuición a primera vista. Recuerda que jugamos a descubrirnos o re-descubrirnos...
Que te diviertas....

1- PERSONALIDAD CONFIADA
Tú eres el tipo de persona que permite a casi cualquier otra persona entrar en tu vida y en tu corazón. Consideras que es mejor correr el riesgo de salir lastimado, que esconderte de la gente. No le revelas a nadie tus miedos e inseguridades. Crees que debes resolver tus problemas por ti mismo. Tratas de dar todo de ti a las personas, incluso si en el fondo del alma no deseas hacerlo. Ayudando a otros, sanas tus heridas.

2- PERSONALIDAD FORMAL
Tú eres el tipo de persona que siempre trata de dar una buena impresión y hacer lo correcto. Crees que tus acciones tienen significado en la vida de otros. No muestras a la gente tu emoción, por ejemplo, que estés molesto. Intentas ser mejor, ya que consideras que es lo mejor que puedes hacer con tu tiempo en este planeta.

3- PERSONALIDAD SACRIFICADA
Tratas de encontrar tu sitio en cualquier parte siempre que sea posible. Es la búsqueda de un lugar en este mundo confuso. No muestras a la gente tus pensamientos oscuros. Has pasado por mucho... Se podría decir que eres un rey en eso de “volver a levantarse después de una caída”.

4- PERSONALIDAD MEDITATIVA
Tú eres una de esas personas a las que les gusta premeditar todo. Te gusta encontrar el significado profundo y oculto de las cosas. A veces llegas a estar tan inmerso en tus pensamientos, que te resulta difícil salir de ese estado y dejar de pensar. No le enseñas a los demás tu alto grado de inseguridad en todo. Puedes entender claramente algo, pero sigues sintiéndote inseguro sobre eso. La vida para ti es un rompecabezas y no te cansarás de jugar hasta que no tengas todas las piezas juntas.

5- PERSONALIDAD MISTERIOSA
Tú eres un misterio incluso para ti mismo... Buena suerte para aquellos que traten de entenderte. Eres como una tela de araña de contradicciones, cambiando constantemente de estados de ánimo. Tan pronto te encuentras a ti mismo, cambias de inmediato y comienzas tu búsqueda de nuevo. Eres una persona que con sus acciones lleva a la confusión a los demás y -a veces- a ti mismo. Prefieres observar bien primero a la persona antes de iniciar una conversación. Tú dices sólo aquellas cosas, en las que crees estar seguro.

6- PERSONALIDAD SENSIBLE
Tú eres el tipo de persona que se da cuenta de todo y no olvida nada. Eres muy sensible e incluso las cosas más insignificantes pueden impresionarte. A ti, fácilmente, te pueden sacar lágrimas o risas, pero tratas de no mostrar (a casi nadie) lo frágil que eres. En su lugar, te muestras todo lo perspicaz que puedes ser. Tal vez tú puedas prever que pasará en el futuro en tu vida.

7- PERSONALIDAD ENÉRGICA
Tú eres el tipo de persona siempre enérgica o... enamorada. Eres muy perspicaz. Tú amas u odias. Tienes un montón de opiniones... Y a la acción te decides rápidamente. Tienes una gran cantidad de energía, pero con frecuencia te encuentras nervioso. Para ti todo es una apuesta muy grande. A veces tú no puedes dejar de crear un drama en tu cabeza.

8- PERSONALIDAD EXCÉNTRICA
Eres el tipo de persona que tiene intereses y creencias inusuales. Eres un poco 'rarito'. No muy aficionado a las reglas. A menudo actúas bajo el principio: “Lo que quiero hacer, lo hago y dejo que pase lo que pase”. Eres una persona abierta a otras personas. Simplemente te ríes de aquellos que tratan de cambiarte. No te gusta ser parte de la masa gris de la gente.

9- PERSONALIDAD INTUITIVA
Eres el tipo de persona que entiende muy bien al mundo y a las demás personas. Puedes decir mucho sobre una persona solo por su expresión facial o por su tono de voz. Sientes cuando te mienten. Tú muestras al mundo, solo lo que quieres mostrar. Tú sientes cuando estás siendo manipulado, y sabes cómo manejar a alguien, si fuera necesario. Pero por lo general, no recurres a esto.