"Vuelve, por favor, vuelve, quien quiera que seas, religioso, infiel, hereje o pagano. Aunque hayas hecho cien promesas y cien veces las hayas roto, esta puerta no es la puerta de la desesperanza y la frustración. Esta puerta está abierta para todos. Ven, ven, tal como seas". (Rumi)
sábado, 4 de octubre de 2025
AUMÉNTANOS LA FE (Reflexión-oración para el domingo XXVII-C)
sábado, 27 de septiembre de 2025
EN EL DÍA NACIONAL DE LA BIBLIA...
domingo, 21 de septiembre de 2025
JESÚS, LA FAMILIA Y LA COMUNIDAD CRISTIANA
🕊️ “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”
Jesús, la familia y la comunidad cristiana
La figura de Jesús en los Evangelios presenta una relación ambigua, incluso
provocadora, con la institución familiar. En una cultura donde la familia era
el núcleo de identidad, pertenencia y autoridad, Jesús introduce una ruptura
que no es simplemente social, sino profundamente espiritual. No se trata de
desprecio, sino de una reconfiguración radical del vínculo humano.
Cuando en Marcos 3 su madre y sus hermanos lo buscan, Jesús responde con
una frase que ha desconcertado a generaciones: “¿Quiénes son mi madre y mis
hermanos? El que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi
madre.” No hay rechazo, pero sí una clara relativización del parentesco
biológico. Lo que define la nueva familia del Reino no es la sangre, sino la
escucha y la obediencia al Espíritu.
Este gesto no es aislado. En Lucas 14, Jesús habla de “odiar” padre, madre,
esposa e hijos como condición para el discipulado. El lenguaje es duro, pero en
el contexto semítico, “odiar” significa “posponer”, “dar menor prioridad”. Lo
que está en juego es la fidelidad al Reino frente a las lealtades tradicionales.
Jesús no destruye la familia, pero la des-centra. La misión, la comunidad, la
apertura al Espíritu, están por encima de cualquier estructura heredada.
Esto tiene implicaciones profundas. En su itinerancia, Jesús forma una
comunidad que es familia espiritual: hombres y mujeres, pobres y marginados,
discípulos y discípulas que comparten mesa, camino y destino. María, su madre,
aparece en momentos clave, pero no como figura dominante, sino como discípula
silenciosa, contemplativa, que guarda todo en su corazón. En la cruz, Jesús no
se despide de ella como hijo, sino que la entrega a otro discípulo: “Ahí
tienes a tu hijo… ahí tienes a tu madre.” Una nueva familia nace al pie del
dolor.
Sin embargo, la Iglesia, en su evolución histórica, ha tomado otro rumbo. A
medida que se institucionaliza, especialmente desde el siglo IV, se produce una
revalorización de la familia como célula básica de la sociedad cristiana.
Influida por modelos grecorromanos, luego medievales y burgueses, la Iglesia
comienza a defender no tanto la familia como experiencia humana, sino un modelo
cultural específico: heterosexual, patriarcal, monogámico, reproductivo, con
roles definidos. Este modelo se presenta como “natural” o “divino”, aunque
responde más a construcciones históricas que a exigencias evangélicas.
En muchos contextos, esto ha llevado a idealizar la familia como refugio
frente a la secularización, incluso cuando esa idealización excluye realidades
familiares complejas, dolorosas o simplemente distintas. Se ha priorizado la
estabilidad familiar sobre la apertura comunitaria, la inclusión pastoral o la
libertad espiritual. En nombre de la familia, se han justificado silencios,
exclusiones y moralismos que poco tienen que ver con el Evangelio.
Aquí se abre una pregunta pastoral urgente: ¿Qué defendemos cuando
defendemos “la familia”? ¿Estamos defendiendo el Evangelio o una construcción
cultural? ¿Cómo acompañar sin excluir? ¿Cómo formar comunidades que sean
verdaderas familias espirituales, sin caer en la rigidez institucional?
Para quienes trabajan en la pastoral desde una mirada contemplativa y
liberadora, este tema puede ser una puerta hacia una espiritualidad más
inclusiva. La familia puede ser espacio de comunión, pero también de dolor, de
conflicto, de búsqueda. No todas las familias son refugio; algunas son campo de
batalla. No todos los vínculos familiares conducen al Reino; algunos lo
obstaculizan. Por eso Jesús propone una comunidad donde los vínculos se dan por
la fe, no por la sangre; donde el seguimiento puede implicar ruptura; donde la
misión supera la lógica doméstica.
En un retiro, esta reflexión puede abrir espacio para el discernimiento
personal. ¿Qué vínculos familiares me sostienen… y cuáles me atan? ¿Dónde
experimento comunidad más allá de la sangre? ¿Qué me pide el Espíritu en
relación con mi familia? ¿Cómo puedo vivir mi vocación sin quedar atrapado en
expectativas familiares que no responden al Evangelio?
Podrías escribir una “carta espiritual” a tu familia, no para enviarla,
sino para integrar. Una carta desde el Reino, desde la libertad interior, desde
la comunidad que acoge y transforma. Y cerrar con una oración que no
idealice, sino que libere: “Que el Espíritu nos enseñe a amar más allá de
los lazos de sangre.”
(P. Valls)
domingo, 14 de septiembre de 2025
CREER ES TAMBIÉN PERTENECER: HACIA UNA PASTORAL DEL DOMINGO QUE LIBERE Y TRANSFORME
miércoles, 9 de abril de 2025
LO PROPIO DEL DISCÍPULO DE JESÚS ES LA VIDA
jueves, 6 de junio de 2024
CORAZÓN DE PASTOR
"El capítulo 15 del evangelio de Lucas recoge tres parábolas preciosas, llamadas habitualmente “de la misericordia”, aunque quizás sea más exacto decir que su objetivo es mostrar a Dios como gratuidad ilimitada y, por esto también, misericordiosa o compasiva.
La imagen del pastor que lleva a la oveja sobre sus hombros fue muy utilizada en el mundo antiguo para hablar de dioses, como Hermes y Apolo. En la tradición bíblica remite a los profetas, que usaron esta metáfora para hablar del amor de Yhwh, tal como hiciera Ezequiel: “Como un pastor pastorea a su rebaño, recoge en brazos a los corderos, en el seno los lleva y trata con cuidado a las recién paridas” (Ez 40,11).
Al leer estas tres parábolas a las que hacía referencia, me parece importante tener en cuenta que todas ellas surgen en un contexto de polémica y enfrentamiento de los fariseos y doctores de la ley (los “teólogos oficiales”) con Jesús, a quien acusan de “andar con pecadores y comer con ellos” (Lc 15,2). Eso hace que las parábolas tengan un tono provocativo y de denuncia de comportamientos religiosos basados en la ley – como queda reflejado en la imagen del hijo mayor de la tercera de ellas–.
Del mismo modo, me parece necesario tener en cuenta que el objetivo primero de las tres es revelar el rostro de Dios, representado en el pastor, el ama de casa y el padre de los dos hijos. Dios –parece insistir Jesús– es siempre Amor gratuito.
Cuando eso se olvida, se tiende a leer nuestra parábola desde el punto de vista de la “oveja perdida”, y se convierte en un alegato moralizador sobre la necesidad de “no perderse”. El texto, sin embargo, no dice nada de ello: no dice que el pastor se enoje, ni que castigue a la oveja “perdida”, ni siquiera que refuerce después las medidas de seguridad para que no vuelva a escapar.
En resumen, Dios –el Fondo de la Vida–, precisamente por ser Amor gratuito, es Libertad y fuente de liberación. No busca ni pretende –como hace con frecuencia la autoridad de todo tipo– personas sumisas y atemorizadas, sino hombres y mujeres libres que se atreven a tomar decisiones, incluso alejándose del redil, para descubrir la verdad de quienes son".
Enrique Martínez Lozano
Otra forma de leer el Evangelio
jueves, 21 de diciembre de 2023
BENDECIR: DECIR BIEN (Raúl Arderí García, en Facebook)
Para leer el documento vaticano:viernes, 20 de octubre de 2023
ORAR ES ESPERAR EN SILENCIO SU RESPUESTA
¿POR QUÉ TANTAS MISAS?
"¿Por qué tantas misas?: "La misa se nos volvió 'gracia barata'": Hay un fenómeno muy común, ya normalizado, hecho costumbre, y es la cantidad de celebraciones eucarísticas en nuestras parroquias; estoy en Antioquia, Colombia, y cada uno de mis lectores podrá verificar si sucede también en su comunidad cristiana.
lunes, 28 de noviembre de 2022
ISAÍAS: UNA VOZ HENCHIDA DE ESPERANZA (Primera semana de Adviento)
Durante el Adviento oímos la voz eminentemente profética de la tradición bíblica, a través de su representante principal: Isaías; una voz henchida de esperanza. La conciencia profética del pueblo de Dios no sólo recuerda el pasado, sino sobre todo, anuncia el futuro aún pendiente de la humanidad y de la acción de Dios.
Como un caudal pletórico de aguas transparentes nos llega a través de Isaías toda la temática de la esperanza cristiana: el anuncio del nuevo centro del mundo: el monte Sión, donde se halla asentada la casa del Señor. Allí confluyen los pueblos de la tierra para celebrar el festín mesiánico. Allí se sentarán los hombres a la misma mesa reconciliados entre sí.
Se fundirán las espadas para hacer arados; el cordero y el lobo vivirán juntos. Se curarán las enfermedades, se enjugarán las lágrimas, brillará la justicia.
El Espíritu se derramará como aceite perfumado, haciendo brotar la sabiduría en todos los corazones. Los troncos resecos reverdecerán y de ellos brotarán tallos esbeltos, los seres humanos resucitados. Los ciegos verán y una luz esplendente irradiará por todos los paisajes del mundo.
Este es el lenguaje arcano, poético, casi mítico de los profetas de Israel. A nosotros nos toca desentrañarlo, interpretarlo, acercarlo, irlo haciendo real gracias al Señor, que nos regala una fe esperanzada.
LUNES (Isaías 4, 2-6): El destino del pueblo de Dios es la vida en plenitud. Pero muchos modos de muerte le amenazan, mientras va como por inhóspito desierto. Un resto de sobrevivientes, purificados por el juicio, cobijados en la tienda del Dios de la vida, es el principio dinámico del pueblo. El profeta lo ve llegar a plenitud y lo dibuja mediante simbolismos de la historia pasada y de signos de la presencia de Dios entre los hombres.
MARTES (Isaías 11, 1-10): La era mesiánica es la más audaz versión que el pueblo bíblico supo hacer de sus aspiraciones y esperanzas. Quiere la paz universal asentada en la justicia y sueña con que la conflictiva creación encuentre la armonía. Son términos aún insuficientes para expresar el anhelo de infinito. El profeta encarna la esperanza en Dios, en la espera del rey ideal que establezca un orden justo.
MIÉRCOLES (Isaías 25, 6-10a): La imagen del banquete es conocida como símbolo de plena felicidad. Invitados a él son todos los pueblos de la tierra. El profeta desentraña lo que quiere anunciar con ese símbolo, alimentador de la esperanza. Dios se revela salvador, y caen los velos de todos los ojos para verlo; la realidad no defrauda a los que esperan; la muerte es vencida. El banquete es la vida en el reino de Dios.
JUEVES (Isaías 26, 1-6): La comunidad creyente, el pueblo justo lleva en su interior la letra y la música de un canto de victoria. El profeta lo hace sonar. Habla de la elevación del humilde, de paz, de fortaleza. Dios es la ciudad amurallada en que se hace fuerte el pueblo de los justos. Las fuerzas del mal se estrellan allí, vencidas.
VIERNES (Isaías 29, 17-24): El ojo profético vislumbra como cercana la salvación total. La totalidad está ya presente en el interior de los que esperan, aunque no aparezca en el orden externo, objetivo. Se la entiende como liberación de la pobreza de la tierra, de la tara personal, del abuso social. La liberación, cuando Dios está en su hondura, es salvación, y la historia humana es el lugar donde se realiza.
SÁBADO (Isaías 30, 19-21. 23-26): El anuncio de salvación es traducido por el profeta en términos cercanos, de fertilidad y abundancia, de consuelo para el llanto, de luz para el camino. Los que se vuelven a escucharlo, encuentran en esa cercanía el infinito. Dios está ya en el movimiento del que gime en carencia, del que desea curación y del que aspira a mayor bien.
MISAL DE LA COMUNIDAD
domingo, 25 de septiembre de 2022
VATICANO II: CUATRO DOCUMENTOS ESENCIALES
P. Raúl Arderí, SJsábado, 27 de agosto de 2022
SOBRE LA HUMILDAD
viernes, 19 de agosto de 2022
OTRA VEZ HABLANDO DE LA SALVACIÓN (Domingo XXI-C).
La salvación, según el Diccionario bíblico abreviado (Editorial Verbo Divino, San Pablo), es el acto divino de salvar. Los seres humanos no pueden salvarse a sí mismos por la situación de pecado (estructura del mal) en la que están atrapados. Tan sólo Dios puede traer la salvación. En el Nuevo Testamento, la salvación acontece en el pasado, el presente y el futuro. Dios envió a su Hijo al mundo "para salvar a su pueblo de los pecados". El pecado fue vencido por Jesús mediante su muerte y su resurrección. Por la fe en él podemos ser ahora "salvos" (salvados). Este don gratuito se ofrece a todos, cualesquiera sean sus antecedentes religiosos, raciales o sociales.
"Todo el que clama al Señor pidiendo ayuda será salvo", Los cristianos son ya "salvos" porque poseen ya el perdón y la vida nueva, pero no experimentamos el pleno sentido de la salvación sino progresivamente, y hasta el fin de los tiempos, con la segunda venida de Jesucristo. Entretanto, están "siendo salvados".
En el Antiguo Testamento, la salvación es más que una simple liberación espiritual. El acto principal de salvación tuvo lugar cuando Dios liberó a los israelitas de su esclavitud en Egipto. El Nuevo Testamento enseña también que la salvación de Dios afecta a mucho más que a la vida "espiritual" de una persona, sino que abarca la totalidad de esta. Casi una tercera parte de las referencias que en el Nuevo Testamento se hacen a la salvación aluden a la liberación de males específicos como el encarcelamiento, la enfermedad y la posesión diabólica. Cuando uno llega a ser cristiano, la salvación de Cristo afecta a la totalidad de la vida: tanto a la vida física como a la espiritual. Pero ninguna parte de la persona poseerá integridad total, hasta que haya sido "salvada" finalmente con motivo de la segunda venida de Cristo.
En otro diccionario, el Abreviado de Pastoral, también se habla de la SALVACIÓN en los sentidos bíblicos de sanar, ayudar, unir y liberar. Pero, me interesa destacar su llamada de atención sobre los modos reductivos de entender el término. Un peligro frecuente es reducir la salvación al ámbito puramente espiritual, como si se tratara sólo de superar los pecados, entendidos estos generalmente como faltas individuales. El otro peligro subraya excesivamente el aspecto corporal de la salvación, descuidando el aspecto moral que esta necesariamente implica. Es decir, que la salvación acontece siempre de modo personal y comunitario (nunca nos salvamos solos), y tiene que ver con convertirnos también nosotros en "salvación" (cauces de salvación) para los demás.
Al hablar de SALVACIÓN también podemos usar la conocida frase del "Ya, pero todavía no"; es decir, ya participamos de la salvación que gratuitamente nos trajo Cristo, pero que esa salvación se haga vida en nosotros y se irradie desde nosotros, es la tarea de todo cristiano. Anunciar la salvación que trajo Cristo con el testimonio de la propia vida: una vida inquieta, triste, amargada, temerosa, no habla de experiencia de salvación.
Enrique Martínez Lozano escribe a propósito del mismo texto bíblico para este domingo: "Frente a la pregunta característica del yo religioso, siempre preocupado, o incluso obsesionado, por "su" salvación, Jesús anima a "entrar por la puerta estrecha"... esta imagen evoca la necesidad de "soltar" todo como medio para experimentar la Vida que somos. Cuanto más soltamos, más fuertes somos. Al soltar todo, que es la muerte, se nos regala la Vida".
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