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sábado, 4 de octubre de 2025

AUMÉNTANOS LA FE (Reflexión-oración para el domingo XXVII-C)

“Auméntanos la fe, Señor…”

Señor Jesús,
acabamos de recibirte,
y como tus discípulos, también nosotros te decimos:
“Auméntanos la fe.”

Auméntanos la fe,
no para hacer milagros,
sino para vivir con esperanza
cuando el dolor nos visita,
cuando la injusticia nos hiere,
cuando el perdón parece imposible.

Auméntanos la fe,
no para sentirnos grandes,
sino para servir con humildad,
como el siervo que vuelve del campo
y sabe que su tarea no ha terminado.

Auméntanos la fe,
para que tu Palabra sea luz en nuestras decisiones,
para que tu presencia sea fuerza en nuestras debilidades,
para que tu Eucaristía sea impulso en nuestro camino.

Como Habacuc,
te preguntamos por qué tarda la justicia,
y tú nos respondes:
“El justo vivirá por su fe.”

Como Pablo,
queremos reavivar el don que hemos recibido,
custodiarlo con amor,
y dejar que tu Espíritu lo encienda en nosotros.

Como el salmista,
no queremos endurecer el corazón,
sino abrirlo a tu voz,
a tu paso,
a tu llamado.


Señor,
que esta comunión nos haga más disponibles,
más confiados,
más humildes.
Que no busquemos aplausos,
sino fidelidad.
Que no pidamos recompensa,
sino gracia para seguir sirviendo.

Porque tú,
el Señor de la mesa,
te hiciste siervo.
Y nosotros, tus invitados,
queremos aprender a vivir como tú.

Auméntanos la fe, Señor…
y enséñanos a vivirla con amor.

Amén.

sábado, 27 de septiembre de 2025

EN EL DÍA NACIONAL DE LA BIBLIA...

Hoy en República Dominicana es el día nacional de la Biblia
.... ¿Qué piensas de este tipo de celebración? En mi criterio personal, creo que esa liga de política y religión, de tener la Biblia en la bandera del país, no es propio de una verdadera democracia. No somos una teocracia, ni la Biblia es un libro independiente, es el libro de una comunidad de fe. Algunos países de Latinoamérica creo también han querido establecer un día de la Biblia, y hay campañas para leer obligatoriamente la Biblia en las escuelas. La Biblia no hace bien por sí sola, hay que saber leerla e interpretarla, por eso hace falta una comunidad de fe. 
Sobre este tema dialogo con mi asistente de IA, y, luego de editar el diálogo, este es el resultado:


 El Día Nacional de la Biblia en República Dominicana, celebrado cada 27 de septiembre, es una conmemoración oficial que refleja la influencia histórica del cristianismo en la identidad nacional. Pero como bien señalas, cuando símbolos religiosos se entrelazan con los emblemas del Estado —como la inclusión de la Biblia en la bandera— surgen preguntas legítimas sobre la neutralidad del gobierno frente a la diversidad de creencias.

📘 La Biblia como símbolo nacional
En la bandera dominicana, la Biblia aparece abierta en el escudo nacional, lo cual es inusual entre los países democráticos. Este gesto puede ser interpretado como una afirmación de valores cristianos, pero también como una exclusión simbólica de otras cosmovisiones.
Aunque muchos ciudadanos se identifican con la fe cristiana, el Estado tiene el deber de representar a todos, incluyendo agnósticos, ateos, y personas de otras religiones.

⚖️ Democracia y pluralismo
Una democracia saludable se basa en el respeto a la pluralidad. Cuando el Estado adopta símbolos religiosos, corre el riesgo de favorecer una religión sobre otras, lo que puede debilitar el principio de laicidad.
La Biblia, como bien dices, no es un libro neutro ni universal: es el texto sagrado de una comunidad específica. Celebrarla como patrimonio cultural puede tener sentido, pero elevarla a símbolo estatal puede generar tensiones.

🎯 ¿Celebración o imposición?
Hay una diferencia entre reconocer la importancia histórica de una religión y convertirla en parte del aparato estatal. Lo primero puede ser inclusivo; lo segundo, excluyente.
En contextos donde la religión ha sido usada para justificar poder político, es crucial mantener una separación clara entre fe y gobierno.

Lo anterior invita a pensar en cómo construir una sociedad donde todas las voces —religiosas y no religiosas— tengan espacio.

En otro punto tu análisis es muy agudo y toca un punto esencial: la Biblia no es simplemente un texto que se puede consumir como cualquier otro libro. Es un conjunto de escritos profundamente enraizados en una tradición religiosa, y su interpretación depende del contexto, la comunidad y la formación teológica.

📚 La Biblia como texto comunitario
La Biblia fue escrita, compilada y transmitida dentro de comunidades de fe que le dieron sentido, estructura y autoridad. Leerla sin esa comunidad puede llevar a interpretaciones erradas, literales o incluso peligrosas.
Por eso existen tradiciones como la exégesis, la hermenéutica, y la predicación: formas de leer la Biblia con responsabilidad, en diálogo con la historia, la cultura y la espiritualidad.

🏫 ¿Lectura obligatoria en escuelas?
Imponer la lectura de la Biblia en escuelas públicas, especialmente sin un marco plural o crítico, puede violar el principio de libertad religiosa.
En países como Guatemala, Honduras o Nicaragua, ha habido intentos de establecer el Día de la Biblia o introducirla en el currículo escolar. Aunque algunos lo ven como una forma de promover valores, otros lo consideran una forma de adoctrinamiento.
La educación pública debe formar ciudadanos, no creyentes. Si se estudia la Biblia, debería hacerse desde una perspectiva académica, como literatura, historia o influencia cultural —no como devoción.

⚖️ El riesgo de la instrumentalización
Cuando el Estado promueve la lectura obligatoria de la Biblia, corre el riesgo de usar la religión como herramienta de control ideológico.
Además, se invisibiliza la diversidad religiosa del país: ¿qué pasa con quienes practican otras religiones, o ninguna?

Tu observación de que “la Biblia no hace bien por sí sola” es clave. No es un talismán ni una fórmula mágica. Es una fuente de sabiduría que requiere mediación, reflexión y comunidad

domingo, 21 de septiembre de 2025

JESÚS, LA FAMILIA Y LA COMUNIDAD CRISTIANA

 🕊️ “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”

Jesús, la familia y la comunidad cristiana

La figura de Jesús en los Evangelios presenta una relación ambigua, incluso provocadora, con la institución familiar. En una cultura donde la familia era el núcleo de identidad, pertenencia y autoridad, Jesús introduce una ruptura que no es simplemente social, sino profundamente espiritual. No se trata de desprecio, sino de una reconfiguración radical del vínculo humano.

Cuando en Marcos 3 su madre y sus hermanos lo buscan, Jesús responde con una frase que ha desconcertado a generaciones: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? El que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.” No hay rechazo, pero sí una clara relativización del parentesco biológico. Lo que define la nueva familia del Reino no es la sangre, sino la escucha y la obediencia al Espíritu.

Este gesto no es aislado. En Lucas 14, Jesús habla de “odiar” padre, madre, esposa e hijos como condición para el discipulado. El lenguaje es duro, pero en el contexto semítico, “odiar” significa “posponer”, “dar menor prioridad”. Lo que está en juego es la fidelidad al Reino frente a las lealtades tradicionales. Jesús no destruye la familia, pero la des-centra. La misión, la comunidad, la apertura al Espíritu, están por encima de cualquier estructura heredada.

Esto tiene implicaciones profundas. En su itinerancia, Jesús forma una comunidad que es familia espiritual: hombres y mujeres, pobres y marginados, discípulos y discípulas que comparten mesa, camino y destino. María, su madre, aparece en momentos clave, pero no como figura dominante, sino como discípula silenciosa, contemplativa, que guarda todo en su corazón. En la cruz, Jesús no se despide de ella como hijo, sino que la entrega a otro discípulo: “Ahí tienes a tu hijo… ahí tienes a tu madre.” Una nueva familia nace al pie del dolor.

Sin embargo, la Iglesia, en su evolución histórica, ha tomado otro rumbo. A medida que se institucionaliza, especialmente desde el siglo IV, se produce una revalorización de la familia como célula básica de la sociedad cristiana. Influida por modelos grecorromanos, luego medievales y burgueses, la Iglesia comienza a defender no tanto la familia como experiencia humana, sino un modelo cultural específico: heterosexual, patriarcal, monogámico, reproductivo, con roles definidos. Este modelo se presenta como “natural” o “divino”, aunque responde más a construcciones históricas que a exigencias evangélicas.

En muchos contextos, esto ha llevado a idealizar la familia como refugio frente a la secularización, incluso cuando esa idealización excluye realidades familiares complejas, dolorosas o simplemente distintas. Se ha priorizado la estabilidad familiar sobre la apertura comunitaria, la inclusión pastoral o la libertad espiritual. En nombre de la familia, se han justificado silencios, exclusiones y moralismos que poco tienen que ver con el Evangelio.

Aquí se abre una pregunta pastoral urgente: ¿Qué defendemos cuando defendemos “la familia”? ¿Estamos defendiendo el Evangelio o una construcción cultural? ¿Cómo acompañar sin excluir? ¿Cómo formar comunidades que sean verdaderas familias espirituales, sin caer en la rigidez institucional?

Para quienes trabajan en la pastoral desde una mirada contemplativa y liberadora, este tema puede ser una puerta hacia una espiritualidad más inclusiva. La familia puede ser espacio de comunión, pero también de dolor, de conflicto, de búsqueda. No todas las familias son refugio; algunas son campo de batalla. No todos los vínculos familiares conducen al Reino; algunos lo obstaculizan. Por eso Jesús propone una comunidad donde los vínculos se dan por la fe, no por la sangre; donde el seguimiento puede implicar ruptura; donde la misión supera la lógica doméstica.

En un retiro, esta reflexión puede abrir espacio para el discernimiento personal. ¿Qué vínculos familiares me sostienen… y cuáles me atan? ¿Dónde experimento comunidad más allá de la sangre? ¿Qué me pide el Espíritu en relación con mi familia? ¿Cómo puedo vivir mi vocación sin quedar atrapado en expectativas familiares que no responden al Evangelio?

Podrías escribir una “carta espiritual” a tu familia, no para enviarla, sino para integrar. Una carta desde el Reino, desde la libertad interior, desde la comunidad que acoge y transforma. Y cerrar con una oración que no idealice, sino que libere: “Que el Espíritu nos enseñe a amar más allá de los lazos de sangre.”

(P. Valls)

domingo, 14 de septiembre de 2025

CREER ES TAMBIÉN PERTENECER: HACIA UNA PASTORAL DEL DOMINGO QUE LIBERE Y TRANSFORME

1. El domingo como don, no como carga

El domingo no es una exigencia impuesta desde fuera, sino una gracia ofrecida desde dentro del misterio cristiano. Es el día en que la comunidad se reúne para celebrar la resurrección, para recordar que la vida vence a la muerte. Cuando se vive como obligación, pierde su carácter festivo y liberador. El precepto dominical, en su origen, no busca controlar, sino custodiar el corazón del cristianismo: el encuentro con Cristo vivo en medio de su pueblo. La pregunta pastoral no debería ser “¿has cumplido?”, sino “¿has celebrado?”.

2. Pertenecer: la fe como vínculo, no como trámite

Creer implica entrar en una historia compartida, en una comunión que nos precede y nos sostiene. La misa dominical es el signo visible de esa pertenencia. Pero asistir no basta: hay que participar con el corazón. Muchos llegan tarde, distraídos, sin deseo. No por maldad, sino porque han perdido el sentido profundo del gesto. La pastoral debe ayudar a redescubrir que pertenecer no es cumplir, sino vincularse, dejarse tocar, formar parte de un cuerpo que celebra, sufre y espera unido.

3. El riesgo de la moralización: ¿pecado mortal por faltar un domingo?

Cuando se absolutiza la norma sin atender al contexto vital, se corre el riesgo de banalizar lo verdaderamente serio. ¿Puede considerarse pecado mortal faltar un domingo si se participa regularmente en la vida litúrgica? ¿No es más grave vivir la fe como rutina o como obligación vacía? La tradición moral de la Iglesia siempre ha distinguido entre la letra y el espíritu, entre la falta formal y la ruptura real del vínculo. Imponer la confesión por una ausencia ocasional puede generar culpa sin conversión, y alejar más que acercar.

4. Una pastoral del deseo: más allá de la culpa y el trámite sacramental

En muchas comunidades, es costumbre que mientras se celebra la Eucaristía, otro sacerdote confiese. Esto puede ser signo de apertura y acogida, pero también revela una dinámica preocupante: fieles que, tras haber faltado a misa, acuden al confesionario como si se tratara de una oficina de regularización espiritual. Hablan largo, buscan consuelo, pero no siempre están presentes en la celebración que acontece. Es como si la misa fuera un requisito que se puede compensar, no un misterio que transforma.

Esta práctica, aunque bien intencionada, puede reforzar una vivencia sacramental marcada por la culpa y el cumplimiento. El problema no es que se confiesen, sino que no se integren plenamente en la celebración. La confesión no debería ser una puerta de acceso a la comunión por haber “faltado”, sino un camino de reconciliación cuando hay verdadera ruptura interior. Lo que falta no es solo la misa anterior, sino el sentido de pertenencia, el deseo de encuentro, la alegría de celebrar.

La pastoral está llamada a despertar ese deseo, a enseñar que la Eucaristía no se “cumple”, sino que se vive. Que la confesión no es un trámite, sino un sacramento de transformación. Que el domingo no es un día para “ponerse al día”, sino para comenzar de nuevo.

5. El domingo como escuela de humanidad

La liturgia dominical puede ser un espacio de formación espiritual, de reconciliación, de apertura al misterio. Pero para ello debe ser significativa, encarnada, cercana. No puede ser un rito vacío ni una repetición mecánica. El domingo puede enseñar a vivir: a agradecer, a escuchar, a compartir, a esperar. Puede ser lugar de sanación, de reencuentro, de profecía. Pero eso exige comunidades vivas, celebraciones cuidadas, ministros que acompañen con ternura y profundidad.

6. Conclusión: hacia una comunidad que convoca, no que controla

La Iglesia está llamada a ser madre, no juez. El domingo debe ser vivido como fiesta de pertenencia, no como examen de fidelidad. La comunidad cristiana no vigila quién falta, sino que acoge a quien llega. 
El precepto dominical, bien entendido, no es una amenaza, sino una promesa: la de que cada domingo podemos volver a empezar, juntos, en torno al Pan que nos une. Solo así podrá ser signo del Reino.

(P. Valls)

miércoles, 9 de abril de 2025

LO PROPIO DEL DISCÍPULO DE JESÚS ES LA VIDA

"La expresión «vida eterna» no significa la vida que viene después de la muerte, como tal vez piensa de inmediato el lector moderno, en contraposición a la vida actual, que es ciertamente pasajera y no una vida eterna. «Vida eterna» significa la vida misma, la vida verdadera, que puede ser vivida también en este tiempo y que después ya no puede ser rebatida por la muerte física. Esto es lo que realmente interesa: abrazar ya desde ahora «la vida», la vida verdadera, que ya nada ni nadie puede destruir. 

Este significado de «vida eterna» aparece muy claramente en el capítulo sobre la resurrección de Lázaro: «El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre» (In 11, 25s). «Viviréis, porque yo sigo viviendo», dice Jesús a sus discípulos durante la Última Cena (Jn 14,19), enseñando con ello una vez más que lo característico del discípulo de Jesús es que «vive»; que él, mucho más allá del simple existir, ha encontrado y abrazado la verdadera vida que todos andan buscando. Basándose en estos textos, los primeros cristianos se han denominado sencillamente como «los vivientes» (hoi zóntes). Ellos habían encontrado lo que todos buscan: la vida misma, la vida plena y, por tanto, indestructible. 

Mas, ¿Cómo se puede llegar a eso? La oración sacerdotal da una respuesta quizás sorprendente, pero que ya estaba preparada en el contexto del pensamiento bíblico: el hombre encuentra la «vida eterna» a través del «conocimiento». No obstante, ha de tenerse en cuenta que el concepto veterotestamentario de «conocer» presupone un conocimiento que crea comunión, es hacerse una sola cosa con lo conocido. Por eso, la clave de la vida no es un conocimiento cualquiera, sino el hecho de «que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo» (17,3). Ésta es una especie de fórmula sintética de la fe en la que aparece el contenido esencial de la decisión de ser cristianos: el conocimiento que se nos ha dado por la fe. El cristiano no cree una multiplicidad de cosas. En el fondo cree simplemente en Dios, cree que hay realmente un único Dios. 

Pero este Dios se le hace accesible en quien ha enviado, Jesucristo: en el encuentro con Él se produce ese conocimiento de Dios que se hace comunión y, con ello, llega a ser «vida». 

La «vida eterna» es por tanto un acontecimiento relacional. El hombre no la ha adquirido por sí mismo, ni sólo para sí. Mediante la relación con quien es Él mismo la vida, también el hombre llega a ser un viviente".

Benedicto XVI
Jesús de Nazaret II
(páginas 102-103)

jueves, 6 de junio de 2024

CORAZÓN DE PASTOR

"El capítulo 15 del evangelio de Lucas recoge tres parábolas preciosas, llamadas habitualmente “de la misericordia”, aunque quizás sea más exacto decir que su objetivo es mostrar a Dios como gratuidad ilimitada y, por esto también, misericordiosa o compasiva. 

La imagen del pastor que lleva a la oveja sobre sus hombros fue muy utilizada en el mundo antiguo para hablar de dioses, como Hermes y Apolo. En la tradición bíblica remite a los profetas, que usaron esta metáfora para hablar del amor de Yhwh, tal como hiciera Ezequiel: “Como un pastor pastorea a su rebaño, recoge en brazos a los corderos, en el seno los lleva y trata con cuidado a las recién paridas” (Ez 40,11). 

Al leer estas tres parábolas a las que hacía referencia, me parece importante tener en cuenta que todas ellas surgen en un contexto de polémica y enfrentamiento de los fariseos y doctores de la ley (los “teólogos oficiales”) con Jesús, a quien acusan de “andar con pecadores y comer con ellos” (Lc 15,2). Eso hace que las parábolas tengan un tono provocativo y de denuncia de comportamientos religiosos basados en la ley – como queda reflejado en la imagen del hijo mayor de la tercera de ellas–. 

Del mismo modo, me parece necesario tener en cuenta que el objetivo primero de las tres es revelar el rostro de Dios, representado en el pastor, el ama de casa y el padre de los dos hijos. Dios –parece insistir Jesús– es siempre Amor gratuito. 

Cuando eso se olvida, se tiende a leer nuestra parábola desde el punto de vista de la “oveja perdida”, y se convierte en un alegato moralizador sobre la necesidad de “no perderse”. El texto, sin embargo, no dice nada de ello: no dice que el pastor se enoje, ni que castigue a la oveja “perdida”, ni siquiera que refuerce después las medidas de seguridad para que no vuelva a escapar. 

En resumen, Dios –el Fondo de la Vida–, precisamente por ser Amor gratuito, es Libertad y fuente de liberación. No busca ni pretende –como hace con frecuencia la autoridad de todo tipo– personas sumisas y atemorizadas, sino hombres y mujeres libres que se atreven a tomar decisiones, incluso alejándose del redil, para descubrir la verdad de quienes son".

Enrique Martínez Lozano

Otra forma de leer el Evangelio

jueves, 21 de diciembre de 2023

BENDECIR: DECIR BIEN (Raúl Arderí García, en Facebook)

Sobre la bendición de parejas llamadas "irregulares" y de parejas del mismo sexo:
Bendecir no es exclusivamente aprobar ni reconocer que un comportamiento está libre de errores e imperfecciones. De lo contrario ¿quién podría ser bendecido? También la Escritura conoce situaciones problemáticas donde desciende la bendición divina. Para muestra un botón búsquese la bendición de Isaac al mentiroso de su hijo Jacob en Génesis 27.
Bendecir significa también alabar el bien que existe, aunque limitado, y confiar en la misericordia de Dios para que este bien pueda crecer.
Bendecir es en último término estar en sintonía con la mirada de Dios sobre sus criaturas, mirada de bondad, mirada de compasión, mirada que no se arrepiente nunca de su creación ni deja de animarlas para que avancen, cada una por su propio sendero, hasta la comunión plena del Reino.
Bendecir es desear bien, y Dios no sabe hacer otra cosa.

viernes, 20 de octubre de 2023

ORAR ES ESPERAR EN SILENCIO SU RESPUESTA

"Si alguna preocupación tienes, si alguna cosa quieres decirle, dísela, pero después quédate en silencio.

El alma del salmo le dice: “te expongo mi causa y me quedo aguardando en silencio esperando tu respuesta”.
Lo primero que hace, es quedarse en silencio, esperando la respuesta.
Si algo necesitas, díselo, pero después haz esto: déjale todos tus cuidados, tus inquietudes, tus sobresaltos, tu agitación, también el parloteo de tu mente y las olas de tu sensibilidad, de tus emociones, déjalo, Él cuida de ti.

Es justo quedarse en silencio, no tanto para dar tiempo a Dios para que responda, sino para que nuestra escucha se vuelva más acogedora, receptiva.

La oración comienza de alguna manera así: dejándolo todo en el Señor, Él ya sabe lo que tú necesitas antes de que se lo digas, pero si lo necesitas díselo, después quédate también tú como el alma de este salmo, en silencio, esperando su respuesta.
Nuestro corazón, nuestro silencio, es a veces una larga espera, que es maduración, crecimiento.

Que no haya ninguna interferencia entre Él y tu corazón, que tu corazón silencioso sea pura acogida, sea pura receptividad.
Silencio como acto de fe en la respuesta que Dios puede dar a las necesidades y urgencias de nuestro corazón.

Orar es también esperar silenciosamente su respuesta. Dejad en Él vuestros cuidados pues Él se hace cargo de vosotros".


J. Fernández Moratiel
La alcoba del silencio

¿POR QUÉ TANTAS MISAS?

Puedes estar de acuerdo o no con la siguiente reflexión, pero sin lugar a dudas te moverá y te hará pensar: 

"¿Por qué tantas misas?
: "La misa se nos volvió 'gracia barata'": Hay un fenómeno muy común, ya normalizado, hecho costumbre, y es la cantidad de celebraciones eucarísticas en nuestras parroquias; estoy en Antioquia, Colombia, y cada uno de mis lectores podrá verificar si sucede también en su comunidad cristiana.

No hay muchas misas, la misa es una sola, es la vida entregada de Cristo, su amor hasta el extremo, su triunfo sobre el mal; esta misa sucede desde que el mundo es mundo y sucederá siempre y en todo lugar.
Ahora, cuando las celebraciones se multiplican sin escrúpulo y no parece que haya reparo si un presbítero celebra en serie, las estadísticas dicen que las iglesias se están vaciando y buena parte de las bancas se quedan sin ocupar: mientras más disminuyen los fieles más eucaristías se celebran.

Los estipendios se volvieron la principal entrada, la misa resultó “la gallina de los huevos de oro” para costear la Iglesia...se financia la Iglesia pero se la mata al mismo tiempo, la vida comunitaria se extingue y van quedando sólo individuos piadosos".

(Leído en: RELIGIÓN DIGITAL)

lunes, 28 de noviembre de 2022

ISAÍAS: UNA VOZ HENCHIDA DE ESPERANZA (Primera semana de Adviento)

 

Durante el Adviento oímos la voz eminentemente profética de la tradición bíblica, a través de su representante principal: Isaías; una voz henchida de esperanza. La conciencia profética del pueblo de Dios no sólo recuerda el pasado, sino sobre todo, anuncia el futuro aún pendiente de la humanidad y de la acción de Dios. 

 Como un caudal pletórico de aguas transparentes nos llega a través de Isaías toda la temática de la esperanza cristiana: el anuncio del nuevo centro del mundo: el monte Sión, donde se halla asentada la casa del Señor. Allí confluyen los pueblos de la tierra para celebrar el festín mesiánico. Allí se sentarán los hombres a la misma mesa reconciliados entre sí. 

 Se fundirán las espadas para hacer arados; el cordero y el lobo vivirán juntos. Se curarán las enfermedades, se enjugarán las lágrimas, brillará la justicia. 

 El Espíritu se derramará como aceite perfumado, haciendo brotar la sabiduría en todos los corazones. Los troncos resecos reverdecerán y de ellos brotarán tallos esbeltos, los seres humanos resucitados. Los ciegos verán y una luz esplendente irradiará por todos los paisajes del mundo. 

 Este es el lenguaje arcano, poético, casi mítico de los profetas de Israel. A nosotros nos toca desentrañarlo, interpretarlo, acercarlo, irlo haciendo real gracias al Señor, que nos regala una fe esperanzada. 

LUNES (Isaías 4, 2-6): El destino del pueblo de Dios es la vida en plenitud. Pero muchos modos de muerte le amenazan, mientras va como por inhóspito desierto. Un resto de sobrevivientes, purificados por el juicio, cobijados en la tienda del Dios de la vida, es el principio dinámico del pueblo. El profeta lo ve llegar a plenitud y lo dibuja mediante simbolismos de la historia pasada y de signos de la presencia de Dios entre los hombres.

MARTES (Isaías 11, 1-10): La era mesiánica es la más audaz versión que el pueblo bíblico supo hacer de sus aspiraciones y esperanzas. Quiere la paz universal asentada en la justicia y sueña con que la conflictiva creación encuentre la armonía. Son términos aún insuficientes para expresar el anhelo de infinito. El profeta encarna la esperanza en Dios, en la espera del rey ideal que establezca un orden justo. 

MIÉRCOLES (Isaías 25, 6-10a): La imagen del banquete es conocida como símbolo de plena felicidad. Invitados a él son todos los pueblos de la tierra. El profeta desentraña lo que quiere anunciar con ese símbolo, alimentador de la esperanza. Dios se revela salvador, y caen los velos de todos los ojos para verlo; la realidad no defrauda a los que esperan; la muerte es vencida. El banquete es la vida en el reino de Dios. 

JUEVES (Isaías 26, 1-6): La comunidad creyente, el pueblo justo lleva en su interior la letra y la música de un canto de victoria. El profeta lo hace sonar. Habla de la elevación del humilde, de paz, de fortaleza. Dios es la ciudad amurallada en que se hace fuerte el pueblo de los justos. Las fuerzas del mal se estrellan allí, vencidas. 

VIERNES (Isaías 29, 17-24): El ojo profético vislumbra como cercana la salvación total. La totalidad está ya presente en el interior de los que esperan, aunque no aparezca en el orden externo, objetivo. Se la entiende como liberación de la pobreza de la tierra, de la tara personal, del abuso social. La liberación, cuando Dios está en su hondura, es salvación, y la historia humana es el lugar donde se realiza. 

SÁBADO (Isaías 30, 19-21. 23-26): El anuncio de salvación es traducido por el profeta en términos cercanos, de fertilidad y abundancia, de consuelo para el llanto, de luz para el camino. Los que se vuelven a escucharlo, encuentran en esa cercanía el infinito. Dios está ya en el movimiento del que gime en carencia, del que desea curación y del que aspira a mayor bien. 


MISAL DE LA COMUNIDAD

domingo, 25 de septiembre de 2022

VATICANO II: CUATRO DOCUMENTOS ESENCIALES

Vida Cristiana
(publicación semanal de la Iglesia cubana) ofrece la segunda entrega de la serie dedicada a los 60 años de la apertura del Concilio Vaticano II. Como excelente resumen lo comparto:

LOS CUATRO DOCUMENTOS PRINCIPALES DEL VATICANO II

P. Raúl Arderí, SJ

El Concilio Vaticano II (1962-1965) es el acontecimiento más relevante para la Iglesia Católica en los últimos 150 años. Tres ideas relacionadas entre sí nos ayudan a entender la envergadura de sus textos: volver a las fuentes de la tradición (en francés, ressourcement), el desarrollo de la doctrina y, por último, la puesta al día (en italiano, aggiornamento). Las investigaciones teológicas de inicios del siglo XX mostraron la necesidad de exponer el mensaje cristiano en su plenitud, recuperando elementos parcialmente olvidados o relegados. Ofrecemos aquí algunas pinceladas sobre las cuatro Constituciones del Vaticano II, conscientes de que otros elementos pudieran ser resaltados junto con los demás documentos conciliares.

La primera Constitución aprobada por el Concilio fue sobre la liturgia y se llamó Sacrosanctum Concilium (“El sagrado Concilio”, primeras palabras en latín del documento). Una idea fundamental del mismo podría ser la “participación plena, activa y consciente” de los fieles, superando el rol de “extraños y mudos espectadores” que podían conformarse con oír misa o rezar el rosario mientras el sacerdote celebraba. De este modo, la liturgia, especialmente la eucaristía, expresaba mejor su condición de fuente y culmen de toda la vida cristiana. 

El segundo documento fue la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium (“Luz de las naciones”). Un giro importante se dio cuando el capítulo sobre el pueblo de Dios se antepuso al de la jerarquía, expresando que la condición bautismal era fundamental para el ser cristiano y más relevante que los diversos ministerios eclesiales.

La Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, Dei Verbum (“La Palabra de Dios”), es quizás el documento más logrado teológicamente. Una de las ventajas del nuevo enfoque fue superar un esquema demasiado ligado a los contenidos de la fe y pasar a un modo de comprender la revelación como autocomunicación divina. Dios quiere entrar en relación con el ser humano y hablarle como a un amigo, no simplemente dictar contenidos para ser memorizados. 

Por último, encontramos la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et spes (“Los gozos y las esperanzas”). La novedad absoluta de este texto es precisamente su organización, que no comienza con la Escritura ni con la tradición de la Iglesia como los demás documentos, sino a partir de la experiencia concreta del mundo contemporáneo con sus luces y sombras. El comienzo de este texto es la hoja de ruta de los padres conciliares para una Iglesia encarnada en la realidad y no una secta o fortaleza amurallada: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”.

El Vaticano II sigue siendo un regalo del Espíritu y una tarea pendiente para la Iglesia. Cada generación debe asimilar sus documentos y preguntarse cómo proseguir su implementación. El proceso sinodal del 2021 al 2023 es una gran oportunidad para ello. Ojalá sepamos aprovecharlo.

sábado, 27 de agosto de 2022

SOBRE LA HUMILDAD

De la reflexión de Fray Marcos para el evangelio de este domingo XXII:

 "Dice Lutero: La humildad de los hipócritas es el más altanero de los orgullos. Existen dos clases de falsa humildad. Una es estratégica. Se da cuando nos humillamos ante los demás con el fin de arrancar de ellos una alabanza. Otra es sincera, pero también nefasta. Se da en la persona que se desprecia a sí misma porque no encuentra nada positivo en ella. No es fácil escapar a esos excesos que han dado tan mala prensa a la humildad. Ninguno de los grandes filósofos griegos (Sócrates, Platón, Aristóteles) elogiaron la humildad como virtud; y Nietzsche la consideró la mayor aberración del cristianismo.

No hay que hacer nada para ser humilde. Es reconocer que eres lo que eres, sin más. Ni siquiera tendríamos que hablar de ella, bastaría con rechazar todo orgullo, vanidad, jactancia, vanagloria, soberbia, altivez, arrogancia, etc. Se suele hacer alusión a Sta. Teresa, ella dice: "humildad es andar en verdad". Se trata de conocer la verdad de lo que uno es, y además vivir (andar en) esa realidad. 

Siempre que se violenta la verdad, sea por defecto sea por exceso, se aleja uno de la humildad. No se trata de que nos convenzan de que somos una basura. Se trata de descubrir nuestro auténtico ser. Humildad es aceptar que somos criaturas, con limitaciones, sí; pero también con posibilidades infinitas, que se nos regalan. Ninguno de los valores verdaderamente humanos debe ser reprimido en nombre de una falsa humildad. No se trata de creerse ni superiores ni inferiores. Si la humildad me lleva a la obediencia servil, no tiene nada de cristiana. Muchas veces se ha apelado a la humildad para someter a los demás a la propia voluntad.

Un conocimiento cabal de lo que somos nos alejaría de toda vanagloria. No se trata de un conocimiento analítico desde fuera, sino interior y vivencial. Para conocerse, hay que tener en cuenta al ser humano en su totalidad. Eso sería la base de un equilibrio psíquico. Sin conocimiento no hay libertad. La humildad no presupone sometimiento o servidumbre a nada ni a nadie. Sin libertad, ninguna clase de humanidad es posible. Tampoco la soberbia es signo de libertad, porque el hombre orgulloso está más sometido que nadie a la tiranía de su ego.

La mayoría de las enfermedades depresivas tienen su origen en un desconocimiento de sí mismo o en no aceptarse como uno es, que viene a ser lo mismo. Ninguna de las limitaciones que nos afectan puede impedir que alcancemos nuestra plenitud. Las carencias forman parte de mí y las accidentales no pueden desviarme de mi trayectoria humana. Una visión equivocada de sí mismo ha hundido en la miseria a muchas personas. Caen en una total falta de estima y en la pusilanimidad destructora. Ser humilde no es tener mala opinión de sí mismo ni subestimarse. Avicena dijo: "Tú te crees una nada, y sin embargo, el mundo entero reside en ti".

El orgulloso no necesita que nadie le eche en cara su soberbia ni que le castiguen por su actitud. Él mismo se deshumaniza al despreciar a los demás. Tampoco es necesario que el humilde reciba ningún premio. Si no espera nada de su actitud o, mejor aún, si ni siquiera se da cuenta de su humildad, es que de verdad está en la dinámica del evangelio. La humildad va de arriba abajo. La humildad ante los superiores, la mayoría de las veces, es sometimiento y servilismo. No es humilde el que reconoce la grandeza del superior sino el que reconoce la grandeza del inferior.

La humildad no se predica, se practica. Si sientes la necesidad de parecer humilde es que no lo eres. Constantemente estamos engañándonos a nosotros mismos al creernos más que los demás. Las mentiras más comunes son las que nos decimos a nosotros mismos. Es también la que más daño nos puede hacer, porque no permite que los demás te saquen del error. Hacer las cosas lo mejor que sé no es ninguna garantía de verdad, siempre hay una manera mejor de hacerlas que ni siquiera intento descubrir. Debo estar alerta para no caer en la trampa".

Fray Marcos

viernes, 19 de agosto de 2022

OTRA VEZ HABLANDO DE LA SALVACIÓN (Domingo XXI-C).

 

La salvación, según el Diccionario bíblico abreviado (Editorial Verbo Divino, San Pablo), es el acto divino de salvar. Los seres humanos no pueden salvarse a sí mismos por la situación de pecado (estructura del mal) en la que están atrapados. Tan sólo Dios puede traer la salvación. En el Nuevo Testamento, la salvación acontece en el pasado, el presente y el futuro. Dios envió a su Hijo al mundo "para salvar a su pueblo de los pecados". El pecado fue vencido por Jesús mediante su muerte y su resurrección. Por la fe en él podemos ser ahora "salvos" (salvados). Este don gratuito se ofrece a todos, cualesquiera sean sus antecedentes religiosos, raciales o sociales. 

 "Todo el que clama al Señor pidiendo ayuda será salvo", Los cristianos son ya "salvos" porque poseen ya el perdón y la vida nueva, pero no experimentamos el pleno sentido de la salvación sino progresivamente, y hasta el fin de los tiempos, con la segunda venida de Jesucristo. Entretanto, están "siendo salvados". 

 En el Antiguo Testamento, la salvación es más que una simple liberación espiritual. El acto principal de salvación tuvo lugar cuando Dios liberó a los israelitas de su esclavitud en Egipto. El Nuevo Testamento enseña también que la salvación de Dios afecta a mucho más que a la vida "espiritual" de una persona, sino que abarca la totalidad de esta. Casi una tercera parte de las referencias que en el Nuevo Testamento se hacen a la salvación aluden a la liberación de males específicos como el encarcelamiento, la enfermedad y la posesión diabólica. Cuando uno llega a ser cristiano, la salvación de Cristo afecta a la totalidad de la vida: tanto a la vida física como a la espiritual. Pero ninguna parte de la persona poseerá integridad total, hasta que haya sido "salvada" finalmente con motivo de la segunda venida de Cristo.


En otro diccionario, el Abreviado de Pastoral, también se habla de la SALVACIÓN en los sentidos bíblicos de sanar, ayudar, unir y liberar. Pero, me interesa destacar su llamada de atención sobre los modos reductivos de entender el término. Un peligro frecuente es reducir la salvación al ámbito puramente espiritual, como si se tratara sólo de superar los pecados, entendidos estos generalmente como faltas individuales. El otro peligro subraya excesivamente el aspecto corporal de la salvación, descuidando el aspecto moral que esta necesariamente implica. Es decir, que la salvación acontece siempre de modo personal y comunitario (nunca nos salvamos solos), y tiene que ver con convertirnos también nosotros en "salvación" (cauces de salvación) para los demás. 

Al hablar de SALVACIÓN también podemos usar la conocida frase del "Ya, pero todavía no"; es decir, ya participamos de la salvación que gratuitamente nos trajo Cristo, pero que esa salvación se haga vida en nosotros y se irradie desde nosotros, es la tarea de todo cristiano. Anunciar la salvación que trajo Cristo con el testimonio de la propia vida: una vida inquieta, triste, amargada, temerosa, no habla de experiencia de salvación. 

Enrique Martínez Lozano escribe a propósito del mismo texto bíblico para este domingo: "Frente a la pregunta característica del yo religioso, siempre preocupado, o incluso obsesionado, por "su" salvación, Jesús anima a "entrar por la puerta estrecha"... esta imagen evoca la necesidad de "soltar" todo como medio para experimentar la Vida que somos. Cuanto más soltamos, más fuertes somos. Al soltar todo, que es la muerte, se nos regala la Vida".