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miércoles, 2 de abril de 2025

EN CUARESMA, VOLVER A CRISTO

Todo este proceso de renovación espiritual comienza y tiene como propósito el VOLVER A CRISTO, que a menudo se pierde un poco entre los ritos, las devociones y prácticas piadosas de nuestra vida religiosa. Cristo ha de estar siempre en el centro.

“Entre el dolor y la alegría/con Cristo avanza en su andadura/un hombre, un pobre que confía/ y busca la ciudad futura”.

En el Carmelo tenemos de manera privilegiada todo el magisterio cristológico de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, todavía escasamente aprovechado para enderezar y purificar nuestras búsquedas espirituales. Acudamos a dos textos del santo:

“Traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera él”. (Subida, Libro I, capítulo 13, 2).

También en Subida (Libro 2, capítulo22) encontramos un texto eminentemente cristológico, en el que llama a Cristo “Hermano, Compañero y Maestro, Precio y Premio” (5).

“Porque en darnos a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar”.

Para seguir e imitar a Cristo tenemos que estar siempre a la ESCUCHA de su Palabra (de ahí nace la obediencia, obedecer es escuchar), por eso es fundamental para nuestro camino espiritual escuchar diariamente al Maestro en los Evangelios, dialogar con él en la oración personal y comunitaria, rumiar su Palabra, y también estudiarla, conocerla cada día mejor. Solo así uno puede ENAMORARSE DE CRISTO como se enamoró Teresa, y seguirle:

“Yo tan devota toda mi vida de Cristo…Quisiera yo siempre traer delante de los ojos su retrato e imagen” (4).

“Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir; es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero… por esta puerta hemos de entrar… Bienaventurado quien de verdad le amase y siempre le traiga con él” (6 y 7).

No deja Teresa de hablar de la Sacratísima Humanidad de Cristo, aconsejando: “Es gran cosa, mientras vivimos y somos humanos, traerle humano” (9).

Todo lo anterior en el capítulo 22 de VIDA.

Es CRISTO, definitivamente, quien nos introduce en el verdadero camino de CONVERSIÓN; es tenerle como MAESTRO y SEÑOR, aprendiendo de él. El encuentro con el Dios Padre, que nos revela Jesús, nos permite conocer a un Dios paternal y amoroso; es un encuentro con el AMOR, que echa fuera el miedo, disipa las tinieblas, y DESPIERTA, para vivir una VIDA NUEVA. Nos ayuda a conformar una nueva IDENTIDAD, la de ser hijas e hijos de ese Padre divino. Eso que llaman los Evangelios, “metanoia” o CONVERSIÓN, es decir, cambio de dirección o de rumbo, nueva visión, cambio en el modo de pensar y sentir, no se refiere solo al ámbito moral, al HACER (hacer lo bueno), sino al SER, a lo esencial (ser verdadero).

Fray Manuel de Jesús, ocd

ESPIRITUALIDAD (Según Masiá Clavel)

1. La espiritualidad no es cuestión del espíritu solamente; la espiritualidad es, en las tradiciones orientales, inseparable
de la corporalidad.
2. Aunque haga falta hablar de espiritualidad, también es
muy necesario aprender a callar sobre espiritualidad,
como aprender a callar sobre Dios. Y cuando llegue el
momento de hablar, habrá que acentuar más lo
descriptivo y vivencial que lo explicativo y prescriptivo.
3. Queda mucho por hacer en el tema de liberarse de
antropomorfismos al hablar de Dios, de religión y de
espiritualidad.
4. Aunque cada vez seamos más conscientes de la
necesidad de superar exclusivismos intolerantes y
sectarios, reaparecen disimuladamente de muchas
maneras. Es el obstáculo mayor para la inculturación de
la fe cristiana en Oriente.
5. En la búsqueda de otra espiritualidad posible pesa
demasiado, a veces, la obsesión por la identidad.
Necesitamos cobrar mayor conciencia de que las
identidades no están nunca acabadas, sino en
movimiento y son multidimensionales.

6. No basta pasar de la mentalidad de culturas llamadas
agrarias a las industriales o incluso a las postmodernas.
También hay que redescubrir valores ancestrales
perdidos u olvidados, ya a partir de las primeras
urbanizaciones en la antigüedad. Por ejemplo, aunque
haya que superar lo mágico, es discutible si se puede
desechar lo ritual. También hay que redescubrir
vínculos comunitarios, a la vez que se evita el tribalismo.
7. Frente a la exaltación tecnocientífica y a su rechazo
ingenuo, hay que descubrir nuevos modos de integración
de naturaleza y tecnología que repercuten en el estilo de
vida y en las formas de espiritualidad.
8. Solamente estando insertados corporalmente en el
mundo empobrecido, injustamente oprimido e ignorado,
se podrá elaborar una espiritualidad que integre el
compromiso por la justicia con la compasión universal.
9. Frente a la destrucción de la naturaleza y los intentos
románticos de retorno forzado a ella, necesitamos una
nueva integración de comunión con la naturaleza,
comunión con las personas y transformación mutua de
ambas.
10. El excesivo miedo y sospecha frente al llamado
panteísmo nos impide vivir a fondo la interconexión,
interrelación y vinculación muta de todo con todo en el
misterio de la vida. Una forma de espiritualidad
importante es la que busca en todo el retorno a esa
unidad primordial.

“Hacia una espiritualidad alternativa”, Juan Masiá Clavel

sábado, 3 de febrero de 2024

EXPERIMENTAR LA UNIDAD...

"La oración silenciosa (contemplación sin objeto) no es propiamente una actividad, sino un estado de consciencia, o de presencia, caracterizado por la no dualidad: en él, caen las aparentes separaciones y se experimenta la Unidad que, subyaciendo a todas ellas secretamente las abraza"

(Enrique Martínez Lozano).

viernes, 26 de enero de 2024

LOS PILARES DE LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA.

Tengo un libro en el librero que recogí de una caja con cosas que alguien donó a la parroquia hace ya tiempo; su título es “Redescubre el catolicismo. Una guía espiritual para vivir con entusiasmo y determinación”, y su autor, Matthew Kelly. Es evidentemente un libro nacido en los Estados Unidos, tiene ese estilo propio de una cultura que busca a menudo presentar la fe con el mismo estilo de los libros de autoayuda. El libro llamó mi atención, y a la vez me produjo cierto rechazo, pero lo tomé y lo subí a mi habitación para echarle una ojeada. Lo he intentado varias veces, he leído algunas páginas, me he detenido en el índice y buscado algún tema en particular. De una de esas lecturas parte la siguiente reflexión:

En la tercera parte del libro, el autor presenta lo que llama “Los siete pilares de la espiritualidad católica”; los pone en este orden: la confesión, la oración diaria, la misa, la biblia, el ayuno, la lectura espiritual y el rosario. Es preciso no confundir los elementos más típicos de lo católico, en la mirada popular, con sus pilares o elementos fundamentales. Suele decirse muchas veces: "Yo soy católico, porque creo en la Virgen o en los santos", pero eso no es realmente ser católico, aunque sean elementos típicos del catolicismo. Pensando en lo anterior, hice mi propia reflexión:

Debemos partir de algo fundamental: ser católico es una manera de ser cristiano; somos cristianos en la iglesia o comunidad católica. Ser cristiano es básicamente ser seguidor o discípulo de Cristo, por tanto, el primer pilar de la espiritualidad católica debe ser Cristo.

El segundo es la Eucaristía, o la misa: ahí vive la Iglesia o comunidad de Cristo; de ella se sostiene y alimenta. Ser cristiano es ser Iglesia, participar activamente de la vida de la Iglesia, estar en comunión con el Cristo que está en su comunidad, que es su cuerpo. Por eso, hablar de oración y del sagrario, antes de la eucaristía es perder de vista el orden de prioridades, lo esencial. La primera oración de la Iglesia es la liturgia, y luego Dios está en todas partes, también en el sagrario donde la comunidad conserva las formas consagradas para la oración y para llevar a Cristo a los enfermos. Comer a Cristo va primero que contemplar a Cristo en la Exposición de la forma consagrada. La certeza de la Presencia real de Cristo en la Eucaristía es un elemento fundamental de la fe católica, aunque lamentablemente se entiende de forma restrictiva y materialista.

El tercer pilar de la espiritualidad de la Iglesia es la Sagrada Escritura, en especial el Nuevo Testamente, y más central aún, los Evangelios. La Palabra proclamada en cada celebración de la Iglesia hace presente a Cristo en medio de los suyos, y también la Palabra que acompaña a cada cristiano cuando lee y ora en su hogar, en su trabajo o en cualquier espacio de la vida. Y no simplemente leerla, sino saber interpretarla.

El cuarto pilar de la espiritualidad católica es la vida sacramental, que además de la Eucaristía, incluye el bautismo, que es la puerta de entrada a la comunidad, la reconciliación y la unción de los enfermos, la confirmación, el matrimonio y la ordenación sacerdotal. Los sacramentos son puertas abiertas al Misterio, que mantienen en activo a la comunidad eclesial, haciéndola crecer, renovándola, sanándola y enriqueciéndola con dones y talentos. En cada sacramento llega Cristo a nosotros.

El quinto pilar para la comunidad católica es María, que es más que el Rosario; los católicos tienen una particular devoción a la Virgen que nos distingue de otras comunidades eclesiales. María es figura de la Iglesia, es madre espiritual y compañera de camino, y conecta a la Iglesia con la religiosidad popular. El rezo del Rosario, que es el evangelio de los pequeños, es una oración de mucho arraigo, pero es importante señalar que no es el único modo que tienen los católicos de orar o rezar.

El sexto pilar de la espiritualidad católica son los santos, esa nube inmensa de testigos, que acompañan a la Iglesia con su ejemplo y su intercesión. Una de las verdades más hermosas de la fe católica es lo que llamamos “comunión de los santos”. El riesgo está en suponer que pueden ejercer su misión al margen de Dios o de la vida eclesial, como una especie de semi dioses o dioses pequeños. 

No creo que el ayuno sea un pilar de nuestra espiritualidad católica, aunque la Iglesia vive momentos de ayuno y abstinencia, pero prefiero pensar que es parte del amor a los pobres, al compartir lo nuestro, renunciando incluso a lo necesario, para socorrer al necesitado. La lectura espiritual es muy importante, la formación permanente en la fe, para que todo lo anterior se desarrolle y madure en el creyente, pero no es un pilar en sí de los católicos (ojalá lo fuera).

Otro libro me ayuda mucho más a comprender los pilares de la espiritualidad, ya no específicamente católica, sino cristiana en general. Me refiero a “Espiritualidad cristiana. Temas de la tradición”, de Lawrence S. Cunningham y Keith J. Egan (Sal Terrae).

1. La espiritualidad cristiana presupone una manera de vivir y no una filosofía abstracta o un código de creencias (menos un programa para el éxito). Es un estar en camino, no haber llegado.

2. Esta manera cristiana de vivir es una vida de seguimiento (discípulos), no de mero cumplimiento de normas. 

3. La llamada al camino de seguimiento es una llamada a pertenecer a una comunidad (ser Iglesia, que es más que ir a la iglesia).

4. El camino del seguimiento en comunidad encuentra su expresión más alta en la participación en la eucaristía.

5. Este camino de seguimiento en la comunidad eucarística lo hacemos dejándonos mover por el Espíritu Santo.

6. Por último, toda espiritualidad cristiana auténtica tiene que tender la mano a todos, sin tener en cuenta la clase, el género o la condición social (Compasión y solidaridad).

Otros aspectos complementarios, según este libro, son: ninguna espiritualidad católica auténtica puede permanecer indiferente frente a las otras tradiciones cristianas, ni frente a la búsqueda espiritual que caracteriza a las otras tradiciones religiosas del mundo. Una auténtica espiritualidad católica tiene que ser ecuménica.

También toda espiritualidad cristiana, ya lo dijimos antes, tiene que arraigarse en la palabra revelada por Dios, pero ha de considerar la Biblia no tanto como un texto para ser leído (aunque ciertamente lo es), sino más bien como un texto para ser interpretado. Nunca escuchamos la palabra de Dios en un contexto abstracto, alejado de la cruda realidad de nuestra vida social y personal.

Creo que lo anterior ayuda aún más a entender por dónde ha de ir la vida espiritual, ya se trate de ser católico o miembro de otra comunidad eclesial. Para terminar, unos puntos más que toca el libro que cité último, y que llama a tener presente lo que suele llamarse los “signos de los tiempos”, el presente en que vivimos la fe:

1. La auténtica espiritualidad cristiana tiene que ser holística, integradora de lo espiritual y lo humano. No busca destruir la humanidad de la persona, sino perfeccionarla.

2. La espiritualidad cristiana no se puede limitar a un “cuidado del alma” exclusivamente individualista. Ha de estar presente la solicitud por la propia comunidad, pero también por toda la humanidad.

3. La espiritualidad cristiana tiene que mantener el equilibrio entre el sentido de lo trascendente y el sentido de lo inmanente. Debemos situarnos conscientemente en el mundo que nos rodea.

4. Por último, toda espiritualidad cristiana auténtica tiene que incluir un elemento de discernimiento, como facultad espiritual crítica por la que juzgamos lo que es importante y lo que es periférico, lo que es útil y lo que es nocivo. Esto se basa no solo en la propia experiencia, sino que esta ha de ser moderada o juzgada por la formación de la conciencia, la ayuda de la comunidad, la formación personal, la tradición y los maestros espirituales.

Creo que con todo lo anterior ya podemos entender mejor cuáles son los pilares que hemos de cultivar y cuidar como cristianos católicos que, formando parte activa de la Iglesia, queremos seguir a Cristo y trabajar por su Reino.

Fray Manuel de Jesús, ocd

miércoles, 22 de noviembre de 2023

LA EXPERIENCIA ESPIRITUAL ANTES QUE LA MORAL

 

"A una espiritualidad mistagógica le interesa la experiencia de la vida que Dios nos ha obsequiado. Cuanto más moralicemos, tanto menos vitalidad tendremos dentro de nosotros... Por supuesto que no hay vida espiritual sin moral. Pero la moral es una consecuencia de la experiencia espiritual y no al revés. 

 Si proclamamos con autenticidad la vida que Cristo nos ha regalado en abundancia, Dios llegará a más corazones para que se conviertan y se renueven, y les entregará la esperanza de salvación y redención a más corazones que con mensajes moralizadores".

Anselm Grün

viernes, 20 de octubre de 2023

ORAR ES ESPERAR EN SILENCIO SU RESPUESTA

"Si alguna preocupación tienes, si alguna cosa quieres decirle, dísela, pero después quédate en silencio.

El alma del salmo le dice: “te expongo mi causa y me quedo aguardando en silencio esperando tu respuesta”.
Lo primero que hace, es quedarse en silencio, esperando la respuesta.
Si algo necesitas, díselo, pero después haz esto: déjale todos tus cuidados, tus inquietudes, tus sobresaltos, tu agitación, también el parloteo de tu mente y las olas de tu sensibilidad, de tus emociones, déjalo, Él cuida de ti.

Es justo quedarse en silencio, no tanto para dar tiempo a Dios para que responda, sino para que nuestra escucha se vuelva más acogedora, receptiva.

La oración comienza de alguna manera así: dejándolo todo en el Señor, Él ya sabe lo que tú necesitas antes de que se lo digas, pero si lo necesitas díselo, después quédate también tú como el alma de este salmo, en silencio, esperando su respuesta.
Nuestro corazón, nuestro silencio, es a veces una larga espera, que es maduración, crecimiento.

Que no haya ninguna interferencia entre Él y tu corazón, que tu corazón silencioso sea pura acogida, sea pura receptividad.
Silencio como acto de fe en la respuesta que Dios puede dar a las necesidades y urgencias de nuestro corazón.

Orar es también esperar silenciosamente su respuesta. Dejad en Él vuestros cuidados pues Él se hace cargo de vosotros".


J. Fernández Moratiel
La alcoba del silencio

miércoles, 28 de junio de 2023

BUSCANDO LA FELICIDAD

"En nuestra sociedad moderna, a menudo estamos inmersos en un constante estado de prisa y estrés. Nos presionamos para alcanzar metas y objetivos, nos preocupamos por el futuro y nos dejamos llevar por las expectativas de los demás. En medio de este torbellino, es fácil perder de vista lo que realmente nos hace felices.

Tomarse el tiempo para reflexionar y evaluar nuestras vidas es crucial para encontrar la tranquilidad y la felicidad verdaderas. Necesitamos preguntarnos a nosotros mismos: ¿Qué es lo que realmente valoro en la vida? ¿Qué me hace sentir en paz y pleno? Estas preguntas nos ayudan a descubrir nuestras prioridades y a centrarnos en lo que realmente importa.

La sociedad a menudo nos dicta un camino predefinido hacia la felicidad, pero la verdad es que cada persona tiene su propia definición de lo que significa ser feliz. Algunos encuentran la felicidad en el éxito profesional, otros en relaciones personales satisfactorias, mientras que otros la encuentran en la conexión con la naturaleza o el desarrollo personal. No hay una fórmula universal para la felicidad, y es importante reconocer y respetar nuestras propias necesidades y deseos.

Es importante recordar que el camino hacia la felicidad no siempre es lineal y puede requerir paciencia y perseverancia. No se trata solo de llegar a un destino, sino de disfrutar del viaje. A veces, necesitamos explorar diferentes caminos, experimentar con nuevas actividades y aprender de nuestros errores para descubrir lo que realmente nos hace felices".

Tomado de Facebook (barefoot.nomad)

viernes, 19 de mayo de 2023

SER LUZ PARA LOS DEMÁS

Una reflexión de José Luis Martín Descalzo

"Con la muerte del poeta cubano Nicolás Guillén ha venido a mi memoria una copia suya que siempre me pareció un programa de vida formidable que ya me gustaría a mí haber realizado en mis años: 

Ardió el sol en mis manos, 
que es mucho decir; 
ardió el sol en mis manos 
y lo repartí, 
que es mucho decir. 

Efectivamente, es mucho poder decir de un ser humano que ha logrado esa doble maravilla: que el sol arda en sus manos y que haya sabido repartirlo. No sé cuál de las dos hazañas es más prodigiosa.

 Naturalmente, cuando hablamos de que a alguien le arde el sol en las manos lo que estamos diciendo es que tiene la vida llena, radiante, que sus años han sido luminosos como antorchas, que tuvo una gran ilusión que dio sentido a sus horas, que estuvo vivo, en suma. Una gran hazaña, como digo. Porque, desgraciadamente los más de los humanos pasan por la tierra apagados, sin tener nada que dar ni que decir, con sus almas como candiles sin luz. Sólo los santos, los genios, los grandes amantes, tienen el sol en las manos. Son personas que, cuando pasan a nuestro lado, dejan un rastro en nuestro recuerdo, en nuestras vidas. Porque tienen luz, porque sus almas están llenas y despiertas.

 ¿Y por qué ellos tiene luz y la mayoría no? No, desde luego, por instinto ni por nacimiento. Sólo tiene luz el que ha ido recogiéndola, cultivándola. La luz, la belleza, están en el mundo, pero hay que ir sabiendo recogerla. Y hay que empezar por tener las manos abiertas y no como los egoístas, cerradas, empuñadas. Todo el que tiene la luz en sus manos la tiene por su mérito y esfuerzo. Y, naturalmente, no se conquista en un solo día: se van acumulando trozos de luz, pedacitos de amor. 

El alma sólo brilla después de muchos años de esfuerzo de recogida. ¡Pero qué milagro morirse con el alma encendida! «Es mucho decir», como canta el poeta. 

Pero el milagro dos es saber repartir esa luz. La luz es algo que, por su propia naturaleza, es para compartir y repartir. No se da a los hombres para meterla bajo el celemín, sino para ponerla sobre el candelero y que alumbre a todos los de la casa y del mundo. A nadie se le da el alma para sí solo. Aunque haya muchísimas personas que se mueren sin haber llegado a descubrir esta enorme verdad. Éstos son los genios malogrados, doblemente más tristes que los que tienen almas apagadas. Porque, ¿hay algo más absurdo que tener una vida llena y creerse que se tiene para chupetearla privadamente como un helado? Los que son pobres (pobres de alma) y egoístas, son más pobres que malos. Los ricos (ricos de alma) y egoístas, ésos son la misma esterilidad. 

Hay que repetir esto hasta que se entienda: la fraternidad, el amor, la entrega, no son cosas añadidas para que un hombre sea santo o perfecto. Son la sustancia del hombre. El hombre como individuo solitario no es hombre del todo. El hombre es hombre cuando vive en comunidad y para la comunidad. Cuando sirve a alguien. Cuando ama a alguien. Entonces es cuando nace como ser humano. 

Goethe lo explicó con una frase definitiva: «Sólo entre todos los hombres llega a ser vivido lo humano». Es decir: ninguno de nosotros agota por sí solo la condición humana, juntos, sí. Abiertos, sí. La luz del alma sólo es luz cuando es repartida, compartida. 

Tillich, el teólogo, también lo explicó muy bien: «En el mundo sólo existimos en virtud de la comunidad de hombres. Y sólo podemos descubrir nuestra alma mediante el espejo de quienes nos observen. No existe ninguna profundidad en la vida sin la profundidad del bien común». 

Los genios son genios no por lo que producen, sino por lo que proyectan, por lo que reparten. Un genio no es un hombre que tiene el alma muy grande, sino un hombre de cuya alma podemos alimentarnos. En los santos la cosa es aún más clara: son santos porque no se reservaron para sí, sino que se entregaron a todos cuantos les rodeaban. 

Por eso, qué bien si, como dice el poeta, pudieran decir de nosotros que teníamos el sol en nuestras manos y que nos dedicamos a repartirlo a rebanadas. 

Entonces habríamos estado verdaderamente vivos".

(Tomado de "Razones para vivir")

lunes, 14 de febrero de 2022

DIOS SIEMPRE ES MÁS DÉBIL....

Todo aquello que decimos de Dios es siempre relativo, porque las palabras para hablar de Dios son insuficientes. Pero a veces algunas expresan de manera especial el Misterio infinito de su amor. Es el caso de las que comparto a continuación, tomadas del libro "Dios en tu prójimo", de Louis Evely (Ediciones Sígueme, 1967): 

 "Dios es amor. Pero el amor es vulnerable. Amar a un ser es inevitablemente depender de él, darle poder sobre nosotros.  Dios nos ha dado poder sobre él. Dios ha querido tener necesidad de nosotros. La pasión de Jesucristo es la revelación del poder tan terrible que tenemos sobre Dios. Se ha entregado a nosotros, lo hemos tenido a nuestra disposición, hemos hecho con él lo que hemos querido. 

En uno de esos grabados que colocan sobre la pared en Normandía, leí esta frase cínica y cruel: El que ama menos es siempre el más fuerte. Siempre es el que menos ama el que obliga a caminar al otro, el que conserva la cabeza fría y el que controla la situación. Dios siempre será más débil que nosotros, porque nos ama más. 

 Podemos negar a Dios, olvidarnos de él, pero él no nos puede negar ni olvidarse de nosotros. Podemos estar sin Dios, pero Dios no puede estar sin nosotros. Podemos dejar de ser sus hijos, pero él no puede dejar de ser nuestro padre. Nosotros somos todos de la raza de Jacob, somos el verdadero Israel, que lucho toda la noche contra el ángel, y mereció de ese modo su nombre: fuerte contra Dios. 

Dios será siempre más débil, porque nos ama". 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

MAESTRO DE LO ORDINARIO Y DE LA VIDA

 

"Esa tendencia que tienen muchas personas supuestamente religiosas a lo insólito y llamativo es muy poco evangélica. Reacio al relumbrón de lo milagroso, y ante un auditorio que le pedía signos a toda hora, Jesús recurría más bien a lo que tenía más a mano. Ésta es una de sus principales características como orador: inspirarse en lo que constituía la vida cotidiana de quienes le rodeaban, como por ejemplo las aves del cielo y los lirios del campo. Jesús es maestro porque enseña a ver lo extraordinario de lo ordinario, no porque haga cosas raras o difíciles. Sus palabras llamaban la atención de muchos porque nunca hablaba para impresionar – como la mayor parte de los llamados maestros de este mundo – , sino para despertar. Para alimentar por dentro a quienes le escuchaban. Para compartir la dicha de estar vivos. Y a lo que hay que despertar es, precisamente, al lirio, al pájaro, a la nube, es decir, a lo que ha".

Pablo de Ors

Biografía de la luz

jueves, 10 de junio de 2021

GENTE "A RAYAS"...

Por lo general dividimos a las personas en dos categorías: la de los santos y la de los pecadores. 

Pero se trata de una división absolutamente imaginaria. Por una parte, nadie sabe realmente quiénes son los santos y quiénes los pecadores; las apariencias engañan. Por otra, todos nosotros, santos y pecadores, somos pecadores.

En cierta ocasión, un predicador preguntó a un grupo de niños: «Si todas las buenas personas fueran blancas y todas las malas personas fueran negras, ¿de qué color seríais vosotros?». La pequeña Mary Jane respondió «Yo, reverendo, tendría la piel a rayas». Y así tendría también la piel el Reverendo, y los Mahatmas, y los Papas, y los santos canonizados.

Un hombre buscaba una buena iglesia a la que asistir y sucedió que un día entró en una iglesia en la que toda la gente y el propio sacerdote estaban leyendo el libro de oraciones y decían: «Hemos dejado de hacer cosas que deberíamos haber hecho, y hemos hecho cosas que deberíamos haber dejado de hacer». El hombre se sentó con verdadero alivio en un banco y, tras suspirar profundamente, se dijo a sí mismo: «¡Gracias a Dios, al fin he encontrado a los míos!».

Los intentos de nuestras santas gentes por ocultar su piel rayada muchas veces no tienen éxito y siempre son
fraudulentos.

(Tomado de Facebook)

lunes, 31 de mayo de 2021

¡DICHOSA TÚ QUE HAS CREÍDO!

En la memoria litúrgica de la VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, comparto la mirada siempre peculiar y  esencialista de Enrique Martínez Lozano, que comenta el pasaje de Lucas que se proclama en esta festividad: 

"En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. María dijo “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador" (Lc 1, 39-56). 

Con frecuencia, la piedad mariana ha caído en el sentimentalismo e incluso la cursilería, provocando más rechazo que admiración. Eso se ha apoyado en lecturas literalistas de los escasos textos que nos han llegado en torno a la figura de María. 

Sin embargo, cuando vamos más allá de la literalidad, el texto nos aparece como una joya de sabiduría permanente, que nos muestra, tanto lo ocurrido entonces, como lo que nos sigue sucediendo hoy. Más allá de la anécdota, el texto conocido como “de la visitación” habla de una mujer “preñada” de Dios, de lo que hace vivir así, y de los efectos que eso produce. 

Una persona que se sabe “preñada” de Dios es siempre feliz (“Dichosa tú”), con esa felicidad de fondo que puede convivir con problemas, dificultades, fracasos e infinidad de interrogantes.

 Porque la felicidad de la que se trata no es “algo”, un objeto que podamos atrapar y apropiarlo en beneficio del ego. De hecho, cuando ponemos la felicidad en objetos, necesariamente acabaremos frustrados y decepcionados porque no existe ningún “objeto” capaz de saciar nuestra sed. 

El texto pone de relieve el “efecto” que produce la presencia de una persona “preñada” de Dios: hasta el feto salta de alegría en el útero de Isabel. La persona que vive conectada a su verdadera identidad, no solo descansa en una Dicha de fondo por la que se sabe sostenida y constituida, sino que despierta y provoca Gozo a su alrededor. 

Quizás no sepamos explicar a qué se debe, pero en presencia de personas que se viven así, algo “salta de alegría” en nuestro interior, hasta hacernos estallar en Bendición: “bendita tú…”. 

¿Soy alegría para las personas con quienes me encuentro?

Enrique Martínez Lozano

miércoles, 26 de mayo de 2021

CIENCIA Y RELIGIÓN: ¿COMPATIBLES?

Es una dicotomía  ya casi superada, pero no está de más escuchar a quien tiene las cosas claras en este sentido; lo que sigue lo publiqué en Facebook en 2014, y no ha perdido para mí sentido y actualidad:
 

"Mi creencia en Dios no es un puro asentimiento racional a un credo abstracto. Sería muy largo describir cómo creo y en qué Dios creo. Dios no es una idea, un pensamiento. Tampoco es una divinidad difusa en los confines del océano del cosmos... Hay una experiencia interior que se va consolidando, encarnando y con la que se convive amorosamente. Y llega a formar parte de uno mismo. El gran problema que suelen tener muchos científicos es que mantienen una imagen infantil de Dios y esa imagen no se lleva bien con la maduración de una visión científica del mundo. El conflicto cognitivo no se resuelve y se rompe por lo más débil: la experiencia interior. Sin vida interior no es posible creer. Pero esa vida interior no es intimista, ausente de la realidad. La experiencia de Dios debe nutrirse de la experiencia humana, del contacto con la vida, con la realidad, con la dura realidad, con el mordisco en las propias carnes de la injusticia de un mundo desigual en el que hay víctimas. El clamor de las víctimas sube hasta Dios y nutre nuestra conciencia profunda.

Ciencia, espiritualidad y justicia no son para mí tres mundos incomunicados e impenetrables. Es más: tengo conciencia de que para algunas personas se repelen mutuamente, se excluyen. Lograr la síntesis personal no es nada fácil. En eso, el también jesuita y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin es un guía espiritual. Supo aunar el gusto por la Tierra y el gusto por el Cielo. Supo ir hacia Dios con todo el gusto por la vida. Tenía muy claro que no se puede ser cristiano sin ser desesperadamente humano. Y que todo lo que asciende, converge. La ciencia sin espiritualidad está vacía, que dijo Einstein. Y una espiritualidad que no brota del contacto con la vida, con las situaciones de inhumanidad, no es una espiritualidad".

Leandro Sequeiros San Román
Catedrático de Paleontología
Doctor en Ciencias Geológicas y licenciado en Teología
Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza.

sábado, 22 de mayo de 2021

SABER ESPERAR...

"Siempre ha sido así en las grandes religiones, tanto las paganas como las cristianas: la gente quiere llegar a Dios a la fuerza. Es como aquella gente que se encuentra en un barco en llamas y todos quieren salvarse a la vez; o en una casa que está por quemarse y todos quieren salir al mismo tiempo por la puerta: entonces se produce una enorme confusión y se aplastan unos a otros. No podemos tomar a mal que así sea. Pero entonces entre toda esta confusión —que lleva a la idolatría y a la superstición tanto en el cristianismo como en el paganismo— debe haber gente apostólica, es decir, gente sobria. No nos imaginamos que los profetas o los apóstoles sean algo extraordinario; lo único que tienen los profetas y los apóstoles es el esperar la palabra de Dios, los demás la quieren fabricar. Un profeta no estudia una carrera, ni un apóstol. ¡Si no tienen la palabra de Dios, no la dan! Un profeta no sigue un programa fijo, un apóstol tampoco; esperan a Dios, aunque tuvieran que esperar años".


Christoph Friedrich Blumhardt

viernes, 6 de noviembre de 2020

UN SACRAMENTO IRREMPLAZABLE

Comparto un texto de Louis Evely, de su libro "Una religión para nuestro tiempo", que vuelve a un tema que me inquieta,  y sobre el que he escrito acá muchas veces: la Eucaristía. 

San Juan, que escribió un Evangelio tan sacramental, es el único que no nos ha narrado la institución de la Eucaristía. ¿Y saben con qué la ha remplazado? Con el lavatorio de los pies. Habrá quizá exegetas que digan: «Como los demás ya la habían relatado, él no ha querido repetirlo.» Pero san Juan calculó tremendamente su Evangelio y midió bien sus palabras. 

Si leéis el Evangelio del lavatorio de los pies, verán que comienza con una misa, con una especie de prefacio: «Antes de la fiesta de Pascua, Jesús, que sabía que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en este mundo, los amó hasta el fin. Durante la cena, después de que el diablo había puesto ya en el corazón de Judas el designio de entregarlo, Jesús, que sabía que su Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que Él había venido de Dios y que marchaba hacia Dios, tomó una toalla y se ciñó.» Y ahora pasamos de la religión celestial a la religión encarnada: «Tomó una toalla y se ciñó...» Y pasa lo mismo que en la misa: «Haced esto en memoria mía... Yo os he dado el ejemplo, para que lo que yo he hecho con vosotros lo hagáis también vosotros unos con otros.»


De todos los demás sacramentos se les puede dispensar. Podéis sustituir el bautismo de agua por el bautismo de sangre o de deseo. Pueden sustituir la comunión real con la comunión espiritual, la confesión por un acto de perfecta contrición. Pero hay un sacramento, esto es, una presencia sensible de Cristo, que no se puede remplazar; un sacramento que no admite sustitución alguna: el amor al prójimo. Seguramente no podrán comulgar todos los días. Tampoco pueden ir a confesarse todas las semanas, siempre que quieran. Pero hay un sacramento, una presencia de Cristo con la que todos los días pueden comulgar: el servicio humilde hecho a cualquier vecinos. Siempre estarán los pies de algún prójimo para ser lavados. Siempre habrá para todos unos zapatos que limpiar. Ante ustedes, a su alcance, hay un sacramento, una presencia de Dios que siempre podrán venerar. 

Siempre que me arrodillo ante el santísimo Sacramento, me digo que está bien el respeto que tenemos para con el Cuerpo que es nuestro alimento. Está bien. Pero, ¿qué respeto tenemos hacia aquel otro Cuerpo que formamos entre todos? ¿Cuál es más importante? ¿Para qué ha sido hecha la hostia? ¡Para ser comida! ¡Es el medio! ¡Pero lo más importante es el término: el individuo que debe alimentarse! Quédense arrodillados delante del sagrario y háganse esta pregunta: ¿quiénes van a comer esta hostia? Entonces suponed que la hostia va a dividirse en muchos fragmentos, ya que Cristo quiso ser un pan dividido para unir en un solo cuerpo a los hijos de Dios que se alimentan de Él. E intenten proseguir la adoración en cada una de las personas que comulgan. Es difícil: a la hostia todos están dispuestos a recibirla, pero tragar a un hermano... se necesita mucho estómago para eso. Sería una terrible indigestión: a ése yo no lo trago. Pero entonces tampoco puedes recibir a Cristo, ya que cuando Cristo viene a ti, viene con todo su cuerpo, con todos aquellos que Él ama, viene con toda la humanidad que le es solidaria. 


No hay más remedio: o tragas a todos tus hermanos o rechazas a Cristo. Eso es lo que nos quiso decir san Juan en su narración del lavatorio: que hay un sacramento indispensable y que seremos juzgados por él, no por nuestras comuniones ni nuestras confesiones ni nuestro bautismo..., sino por nuestro lavatorio de pies.

Louis Evely

sábado, 23 de mayo de 2020

BUSCANDO EL CIELO

"El tiempo Pascual culmina con dos fiestas: la Ascensión del Señor y Pentecostés. La Ascensión nos muestra el fin de nuestra vida. Jesús ha subido a los cielos con su cuerpo mortal y está ahora junto a Dios, sentado a su diestra. Con esto está ya en Dios una parte de nosotros; una parte ha llegado al cielo, está al otro lado del umbral de la muerte.

La fiesta de la Ascensión del Señor quiere dirigir nuestra mirada a nuestra meta, al cielo. No queremos distraernos con los asuntos terrenales, sino mirar a Cristo, que está ya junto al Padre.
Lo que a primera vista parece un mensaje moral es en realidad un mensaje liberador, porque para quien puede vivir pensando que su patria es el cielo se relativizan muchas cosas de su vida...".
(Anselm Grün)


En los relatos evangélicos hay una tensión evidente entre la subida de Jesús, al Cielo, a la derecha del Padre, con la pregunta de los ángeles:
"¿Qué hacen ahí mirando al cielo?
Vayan a Galilea, allí le verán". 

Imágenes metafóricas de una realidad que está más allá de nuestra comprensión racional. Misterio de Amor que tratamos de describir a medias. Cielo y Tierra apuntan a una experiencia que supera o no lo inmediato, para alcanzar una VISIÓN.

Cuando Teresa de Jesús comenta la oración del Padrenuestro, pregunta: ¿Dónde está el cielo? y responde del mismo modo: 
Allí donde está Dios, está el Cielo.

jueves, 21 de mayo de 2020

EL AMOR NO COMPARA

En Juan 21, 18-23, Jesús resucitado dialoga con Pedro, y le pregunta tres veces si le ama, y luego le dice "Sígueme", pero Pedro, que ha aceptado que ese seguimiento implica compartir la cruz de Jesús, dejarse llevar, se muestra preocupado por el destino del otro discípulo. La respuesta del Señor es lapidaria: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿Qué te importa?". Sobre este pasaje comenta acertadamente Anselm Grün: 

"El camino individual es un misterio. A Pedro no le es dado conocer el destino de los demás. No debe seguir a Jesús porque otros lo hacen, sino porque lo ama. El amor no compara, no calcula el comportamiento de los otros. Ama, porque ama".

"Resurrección no significa que ahora podemos levantarnos y caminar libremente a donde queramos. La resurrección se concede recién cuando estamos dispuestos a dejarnos ceñir y guiar por Dios allí donde no queremos ir. La fe en la resurrección nos libera de las penosas ataduras de la vida y del estancamiento en el camino que deseamos recorrer irremediablemente. Lo importante es que estoy con quien amo, en la vida o en la muerte, en la dicha o en el sufrimiento, en la libertad o en los impedimentos que me encadenan. El amor mira sólo al amado y no a cómo me va en comparación con otros...". 

Dice Jesús: "Si te prohibes compararte con los demás, serás uno contigo, estarás conforme con tu camino. Recién ahí serás capaz de estar atento a cada paso que das. Y cada paso te guiará a la vida y al amor. Caminas porque caminas. Caminas porque amas. Andas tu propio camino, con esa particularidad con la que tú solo puedes reflejar a Dios sobre esta tierra".

(Fragmentos de "La Resurrección de cada día".
Anselm Grün, Lumen.

martes, 19 de mayo de 2020

PREPARANDO LA ASCENSIÓN...

"En el Evangelio de san Juan, Jesús dice: Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre (Jn 3, 13).   Celebrar la ascensión de Cristo no significa huir de esta tierra hacia el cielo, dejarla atrás. Este es el riesgo que corren las personas devotas, que están tan fascinadas con Dios, que prefieren olvidar todo lo terrenal. Pero ya el mito de Ícaro, el titán que cayó por tierra, muestra que es un camino errado. No podemos sobrepasar simplemente nuestras preocupaciones mundanas, nuestras inclinaciones, nuestros puntos oscuros. Sólo cuando tengamos el valor de trepar por nuestra humanidad, el Cielo se abrirá ante nosotros".

Anselm Grün

jueves, 9 de abril de 2020

JUEVES SANTO: LA EUCARISTÍA A LA LUZ DEL LAVATORIO DE LOS PIES

Aunque ya he publicado varias entradas sobre el tema, no me resisto a compartir lo que escribe Fray Marcos, en FE ADULTA, para este jueves santo, a propósito de la Eucaristía. Expresa con claridad algunas inquietudes que me rondan desde hace ya algún tiempo en relación con el sacramento...


"La liturgia de este día se centra en el recuerdo de la cena: el lavatorio de los pies y las palabras y gestos que dieron lugar a la eucaristía. Ni los evangelistas, ni los exégetas se ponen de acuerdo si fue o no fue una cena pascual. No tiene mayor importancia, porque para nosotros lo esencial está en lo que va más allá del rito judío de la cena pascual. Esta Pascua no es ya la pascua de los judíos. Es curioso que los tres evangelistas, que narran la institución de la eucaristía, no hablen del lavatorio de los pies, y Juan, que narra el lavatorio de los pies, no dice nada de la institución de la eucaristía.

Tampoco sabemos el sentido exacto que quiso dar Jesús a aquellos gestos y palabras. La protesta de Pedro deja claro que, en aquel momento, los discípulos no entendieron nada. Sin embargo, el recuerdo de lo que Jesús hizo en la última cena se convirtió muy pronto en el sacramento de nuestra fe. Y no sin razón, porque en esos gestos, en esas palabras, está encerrado lo que fue Jesús durante su vida y todo lo que tenemos que llegar a ser nosotros como cristianos. 

Debemos tomar conciencia de la importancia de los que celebramos, como la toma el evangelista Juan cuando hace esa grandiosa obertura: “Consciente Jesús de que había llegado su “hora”, la de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, les demostró su amor en el más alto grado. Pero no es menos sorprendente el final del relato: “¿Entendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el “Maestro” y el “Señor”; y decís bien, porque lo soy. Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, sabed que también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”.

Comenzamos por el lavatorio de los pies. No porque sea más importante que la eucaristía, sino porque espero que esta reflexión nos ayude a comprenderla mejor. En ese gesto, Cristo está tan presente ahí como en la celebración de la eucaristía. Lavar los pies era un servicio que solo hacían los esclavos. Jesús quiere manifestar que él está entre ellos como el que sirve, no como señor. Lo importante no es el hecho físico, sino el simbolismo que encierra. La plenitud de Jesús como ser humano está en el servir a los demás. Fijaos que ese profundo simbolismo es lo que se quiere manifestar en el evangelio de Juan.

El más espiritual y místico de los evangelistas, el que más profundiza en el mensaje de Jesús, ni siquiera menciona la institución de la eucaristía. Sospecho que la eucaristía se había convertido ya en un rito mágico y formal, vacío de contenido, y Juan quiso recuperar para la última cena el carácter de recuerdo de Jesús como don, como entrega. Jesús denuncia la falsedad de la grandeza humana que se apoya en el poder o en el dominio de los demás, pero proclama que la verdadera plenitud humana está en parecerse a Dios, que se da siempre y a todos sin condiciones ni reservas.

Poco después del texto que hemos leído, dice Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”. Esta es la explicación definitiva que da Jesús a lo que acaba de hacer. Para el que quiere seguir a Jesús, todo queda reducido a esto: ¡Amaos! No dijo que debíamos amar a Dios, ni siquiera que debíamos amarle a él. Tenemos que amar a los demás, eso sí, como Dios ama, como Jesús amó. Una eucaristía celebrada como una devoción más, que comienza y termina en la iglesia, no es la eucaristía que celebró Jesús. Debemos hacer un verdadero esfuerzo por superar la tentación de seguir oyendo misa y comprometernos en la celebración de la eucaristía.

En este relato del lavatorio de los pies, no se dice nada que no se diga en el relato del pan partido y del vino derramado; pero en la eucaristía corremos el riesgo de quedarnos en una visión espiritualista y abstracta que no afecta a mi vida concreta. La presencia real de Cristo en el pan y en el vino, entendida de una manera estática y física, nos ha impedido durante siglos descubrir el aspecto vivencial del sacramento y dejarnos al margen de la verdadera intención de Jesús al compartir esos gestos con sus discípulos.

Tenemos que hacer un esfuerzo por descubrir el verdadero signifi­cado de la eucaristía a la luz del lavatorio de los pies. Jesús toma un pan y mientras lo parte y lo reparte les dice: esto soy yo. Recordemos que “cuerpo” en la antropología judía del tiempo de Jesús, quería decir persona, no carne. Como si dijera: meteos bien en la cabeza que yo estoy aquí para partirme, para dejarme comer, para dejarme masticar, para dejarme asimilar, para desaparecer dando mi propio ser a los demás. Yo soy sangre (vida) que se derrama por todos, es decir, que da Vida a todos, que saca de la tristeza y de la muerte a todo el que me bebe. Eso soy yo. Eso tenéis que ser vosotros.

Por haber insistido exclusivamente en la presencia real de Cristo en la eucaristía, nos acercamos al sacramento como a una realidad misteriosa, pero que no tiene valor de persuasión, no me lleva a ningún compromiso con los demás. La presencia real, por el contrario, debía potenciar el verdadero significado del gesto. Nos debía recordar en todo momento lo que Jesús fue y lo que nosotros, como cristianos, debemos ser. El haber cambiado este sentido dinámico, por una adoración, ha empobrecido el sacramento hasta convertirlo en algo aséptico, que poco me exige y poco me motiva.

Lo que Jesús quiso decirnos en estos gestos es que él era un ser para los demás, que el objetivo de su existencia era darse; que había venido no para que le sirvieran, sino para servir, manifestando de esta manera que su meta, su fin, su plenitud humana, solo la alcanzaría cuando llegara a la donación total en la muerte asumida y aceptada. Solo un Jesús des-trozado puede ser asimilado e integrado en nuestro propio ser. Descubrir que destrozarnos, para que nos puedan comer, es también la meta para nosotros, es el primer objetivo de un seguidor de Jesús. 

Juan no menciona la eucaristía en el relato de la última cena, pero en el c. 6 encontramos la explicación de lo que es la eucaristía. “Yo soy el pan de Vida”. “Quien viene a mí, nunca pasará hambre; el que cree, nunca pasará sed”. Queda claro que comer el pan y beber literalmente la sangre, no es más que un signo (sacramento) de la adhesión a Jesús, que es lo importante. Se trata de identificarse con su manera de ser hombre al servicio de los demás hasta deshacerse por ellos. El mayor peligro que tenemos hoy los cristianos es acercarnos al sacramento como medio de unirnos a Dios, olvidándonos de los hombres.

Dice más adelante: “El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me “come” vivirá por mí”. No hay una explicación más profunda de lo que significa este sacramento. Jesús tiene la misma Vida de Dios, y todo el que le siga tendrá también esa misma Vida definitiva, que no se verá alterada por la muerte biológica. Para hacer nuestra esa Vida, tenemos que aceptar la “muerte” a todo lo que hay en nosotros de caduco, de terreno, de transitorio, de individualismo, de egoísmo. Sin esa muerte, nunca podrá haber Vida. No se trata de renunciar a nada, sino de conseguirlo todo".



Hoy va de AMOR. ¡Para volverse loco!

Los mil significados de la palabra nos despistan

La misma religión nos ha metido

por callejones sin puerta de salida

Con el AMOR, Jesús apuntó al infinito

Y quedamos mirando al simple dedo

El primer cristianismo lo vio claro

Usó el término “ágape” con un significado novedoso

aplicable solo a Dios que nos identifica con Él.

El Amor del que hablamos es Dios mismo.

Ni hay sujeto que ame ni hay amado.

No hay nada fuera de Él. No hay relación.

En Él todo queda unificado, no confundido

Lo poco que entendemos nos asusta.

No queremos ni hablar de sumergirnos

en el agujero negro de la Luz y la Vida.

Merodeamos en el horizonte de sucesos

sin dejarnos caer en lo absoluto

que haría nuestra meta irreversible.

Si no mantengo el ego, no lo acepto.

La salvación que espero es potenciarlo.

Ahora veréis por qué falla el mensaje.

El evangelio está sin estrenar. No es aceptable.

Lo hemos manipulado hasta la nausea.

Dios no es “cáritas” sino “ágape”, UNIDAD absoluta,

que nos permite seguir siendo sin ego.

Amar no es ir al otro sino al UNO.

FRAY MARCOS
(Tomado de FE ADULTA, con algunos retoques de mi parte)