jueves, 10 de octubre de 2013

EN NOSTALGIA....

"Tú que me injertas caminos
de distancias infinitas,
¿Con cuánta piel acreditas
la agudeza de tus trinos?
Dí cómo filtran mis vinos
por tus conceptos alados,
quedando purificados
 y en cristalinos atuendos,
para acabar en remiendos
de sueños mal terminados.

Tú que me llenas de flores
eternas en primavera,
que me libras de fronteras
cuando pregonas amores;
no sabes los sinsabores
que ocasiona tu partida,
 ni cómo queda mi vida
al conocer de tu viaje.
Nostalgia, dí, ¿Cuál brebaje
ha de curarme esta herida?"

José Armas

miércoles, 9 de octubre de 2013

OPTIMISMO TRÁGICO

“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía” 
(Albert Camus)


“Hay muchos que mueren demasiado tarde y algunos que mueren demasiado pronto. Aún nos resulta extraña esa máxima que aconseja morir a tiempo” 
(Nietzsche)


“La mejor razón para no quejarse de la vida es que ella no retiene al que la quiera dejar. Las cosas humanas están muy bien dispuestas: nadie es desgraciado más que por su culpa. ¿Te place la vida? Vive. ¿No te place?, pues eres dueño de volver al lugar de donde has venido”. 
(Séneca). 


“He pensado en suicidarme pero creo que no lo necesito. En cualquier momento el tiempo me suicida” 
(Borges)

(Tomado de:LA Pupila Insomne-cine cubano, FB)

lunes, 7 de octubre de 2013

GRACIAS.... un poema de BORGES.

Gracias quiero dar al divino
laberinto de los efectos y las causas
por la diversidad de las criaturas
que forman este singular universo,
por la razón, que no cesará de soñar
con un plano del laberinto,
por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
por el amor, que nos deja ver a los otros
como los ve la divinidad,
por el firme diamante y el agua suelta,
por el álgebra, palacio de precisos cristales,
por las místicas monedas de Ángel Silesio,
por Schopenhauer,
que acaso descifró el universo,
por el fulgor del fuego 
que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
por la caoba, el cedro y el sándalo,
por el pan y la sal,
por el misterio de la rosa
que prodiga color y que no lo ve,
por ciertas vísperas y días de 1955,
por los duros troperos que en la llanura
arrean los animales y el alba,
por la mañana en Montevideo,
por el arte de la amistad,
por el último día de Sócrates,
por las palabras que en un crepúsculo se dijeron
de una cruz a otra cruz,
por aquel sueño del islam que abarcó
mil noches y una noche,
por aquel otro sueño del infierno,
de la torre del fuego que purifica
y de las esferas gloriosas,
por Swedenborg,
que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
por los ríos secretos e immemoriales
que convergen en mí,
por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbria,
por la espada y el arpa de los sajones,
por el mar, que es un desierto resplandeciente
y una cifra de cosas que no sabemos
y un epitafio de los vikingos,
por la música verbal de Inglaterra,
por la música verbal de Alemania,
por el oro, que relumbra en los versos,
por el épico invierno,
por el nombre de un libro que no he leído: 
Gesta Dei Per Francos, 
por Verlaine, inocente como los pájaros,
por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
por las rayas del tigre,
por las altas torres de San Francisco 
y de la isla de Manhattan,
por la mañana en Texas,
por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
por Séneca y Lucano, de Córdoba,
que antes del español escribieron
toda la literatura española,
por el geométrico y bizarro ajedrez,
por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
por el olor medicinal de los eucaliptos,
por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
por el olvido, que anula o modifica el pasado,
por la costumbre,
que nos repite y nos confirma como un espejo,
por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
por la noche, su tiniebla y su astronomía,
por el valor y la felicidad de los otros,
por la patria, sentida en los jazmines
o en una vieja espada,
por Whitman y Francisco de Asís, 
que ya escribieron el poema,
por el hecho de que el poema es inagotable
y se confunde con la suma de las criaturas
y no llegará jamás al último verso
y varía según los hombres,
por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos
por morir tan despacio,
por los minutos que preceden al sueño,
por el sueño y la muerte,
esos dos tesoros ocultos,
por los íntimos dones que no enumero,
por la música, misteriosa forma del tiempo.


Jorge Luis BORGES

viernes, 4 de octubre de 2013

NECESITO AMIGOS

Yo también quisiera
confiarte un secreto,
como guardo el tuyo
guárdalo muy dentro.

Necesito amigos, necesito manos,
Necesito abrigo, necesito hermanos,
 a veces no puedo con la soledad.

Me haces mucha falta
porque no tenerte
es como si el aire
falta de repente.

También me haces falta
para andar los sueños,
y vencer el miedo
que le tengo al tiempo.

Y perdona acaso
si repito cosas
que antes escuchaste
en miles de bocas.

Necesito amigos, necesito manos,
 necesito abrigo, necesito hermanos, 
a veces no puedo con la soledad.

Manuel Enrique Valls
(1986)

miércoles, 2 de octubre de 2013

FRAGILIDAD

¡Qué frágil me descubro!
Cuando acaricio mis huesos
escandalosamente asomados a mi piel
siento a merced del viento de la vida
mi poquita esperanza.
Esta desnuda humanidad
como larga cadena que me impide el vuelo
suele causarme dolores de cabeza
saltos en el estómago
sentimientos de culpa
y mucho miedo a veces
mucho miedo
al comprender frente al espejo
que un hombre es el desánimo
el animal cercado por la suerte
el buscador constante de la vida
frente al susto vital de saberse finito.

Acaricio mi cráneo  mi mandíbula
mis costillas  mi abdomen
mis misterios
acaricio mi muerte.
Un escalofrío me recorre el cuerpo
¡Oh Dios qué frágil me descubro!

Manuel Enrique Valls
(1995)

RETRATO DEL ABISMO

Todo hombre y toda mujer es un abismo
al fondo de ese abismo encontramos a Dios.
Y todo abismo supone oscuridad
y también supone incertidumbre
supone la caída y supone el vértigo
mientras luz y tinieblas
pasan ante los ojos.
Es que nosotros somos el infierno
tanto como somos el paraíso
es que al principio estuvimos desnudos
y al final acabaremos probando la manzana.
Padre  gritamos todos al cierre de la vida
y sentimos las espinas en la sien 
y el dolor de los clavos.
No hay otra manera de entendernos.

Manuel Enrique Valls
(1995)

martes, 1 de octubre de 2013

APRENDER A MORIR...

 Jean Guitton nació en 1901 en Francia; escritor y filósofo, fue elegido miembro de la Academia Francesa de Letras, y también integró la Academia de Ciencias Morales y políticas, y además, el único laico autorizado a sesionar en el Concilio Vaticano II. En el libro “Mi testamento filosófico”, publicado en español por Editorial Sudamericana, 1999 su autor escenifica de modo magistral los últimos momentos de su vida, y en unos diálogos geniales con Pascal, Dante, Bergson, Pablo VI, Teresa de Lisieux y Francoise Mitterrand, entre otros, nos habla de sus razones para creer, para ser cristiano y para ser católico. No es un libro apologético ni mucho menos, nada de eso, es una reflexión acerca de la fe y las dudas, y de los interrogantes ancestrales a los que el ser humano se enfrenta.
Como estímulo les va este pasaje:

“San Pedro me interrogó primero.
- Jean Guitton, ¿Qué has hecho de tu vida?
- He filosofado.
- ¿Qué quiere decir eso?
- He aprendido a morir.
- ¿Cómo lo aprendiste?
- Mirando a Cristo.
- ¿Quién te enseñó a mirarlo?
- La que le dio la vida y lo vio morir en la cruz. Ella fue quien me enseñó.
- ¿Cómo te lo enseñó?
- Mientras escribía un libro acerca de ella.

San Juan tomó la palabra. Él es mi santo patrono. La víspera del día en que Jesús sufrió, él reposó su cabeza en el pecho del Señor. Tal fue el sacramento por el cual recibió el conocimiento de lo insondable. Yo lo amaba. Cien años que me hablaba de ta tou kuriou pneumatika. (“Todo lo que llenaba el espíritu del Señor”) Y ahora lo veía. Su voz era más firme de lo que yo hubiese creído. Su estatura más alta. Su rostro irradiaba la luz de la Verdad.
Jean – me preguntó- ¿Qué es morir?
- Es perderlo todo, abandonarlo todo y abandonarse en manos de Dios.
- ¿Por qué es importante morir?
- Porque es el único momento de la vida en que se puede dar absolutamente todo y sin retorno.
- ¿Y qué es vivir bien?
- Es vivir cada instante como se moriría si se muriera bien.
- ¿Qué es morir bien?

Miré a Santa Teresa de Lisieux y la respuesta me vino, fulgurante:
-Morir de Amor.
-Jean, ¿Qué es el amor?
-Amar es darlo todo y darse uno mismo.

San Juan se ensimismó. Ozanam preguntó:
- Jean, ¿Es triste morir?
- Es triste para los demás.
- ¿Y para uno mismo?
- Es triste, si pensamos en la tristeza de los otros.
- Jean, ¿Has muerto triste?
- Quise perseverar en la alegría.”