Mostrando entradas con la etiqueta Corpus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Corpus. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de noviembre de 2019

ACERCA DEL CULTO EUCARÍSTICO

Estas notas son un resumen del Diccionario de Liturgia. La Iglesia desde hace unos años ya ha tratado de renovar el culto eucarístico, pero creo esto es válido sólo si tenemos en cuenta ciertos aspectos, de lo contrario, simplemente repetiremos viejos esquemas,superados luego del Concilio Vaticano II, y sería un retroceso (13 de junio de 2007).


Presentación:
La expresión culto eucarístico puede entenderse en dos sentidos: culto al Padre por medio de la celebración eucarística, supremo acto del culto cristiano; y culto al santísimo sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, es decir, reconocimiento y adoración de la presencia eucarística del Señor, presencia definida como verdadera, real y substancial por el concilio de Trento. Ahora bien, este segundo sentido de la expresión culto eucarístico se desglosa también en dos momentos: durante la celebración de la misa y fuera de ella. Esta distinción no supone ruptura ni distanciamiento entre uno y otro momento, pues es en la celebración de la misa donde tiene su origen toda expresión de culto eucarístico.

Misterio eucarístico quiere decir la eucaristía en toda su integridad y amplitud “tanto en la celebración de la misa como en el culto de las sagradas especies”. Pero no siempre se ha tenido en cuenta la unidad y continuidad entre la misa y el culto eucarístico fuera de ella.

Aspectos históricos:
Las manifestaciones del culto eucarístico fuera de la misa, como la exposición del santísimo, las procesiones, la bendición eucarística, los congresos eucarísticos y otras formas de piedad pública y privada, constituyen una práctica propia de la iglesia de occidente, más exactamente de la iglesia católica; y nacieron entre los siglos IX y XII, cuando se produce un tránsito del simbolismo que caracterizaba a la doctrina eucarística de los santos padres, a una nueva corriente más realista y cosificante. 

Qué significó esto? Pues que se pasó de la consideración de la celebración de la misa en relación directa con el acontecimiento de la muerte del Señor a una atención casi exclusiva de la presencia de Cristo, es decir se perdió de vista la conexión entre la acción litúrgica y el hecho histórico salvífico que la sustenta.

Lo importante pasa a ser la presencia, y el recuerdo de la pasión y muerte se queda en alegoría. La misa se convierte en un acto cada vez más privativo del sacerdote, al que el pueblo asiste para conseguir dones y gracias para vivos y difuntos. La comunión es cada vez más rara e infrecuente. El desconocimiento del latín aísla la liturgia del pueblo, y esta carencia se suple con el DESEO DE VER LA HOSTIA, reforzado por una creciente tendencia afectiva hacia la humanidad de Cristo, propia de este momento histórico. 

Aquí está el origen de las primeras formas de culto eucarístico: ostensión y elevación de las especies, exposición prolongada del santísimo. La mirada se convierte en un acto de fe y adoración e incluso en un acto de comunión espiritual, pues algunos místicos consideraban que se obtenía idéntico beneficio espiritual que con la comunión sacramental.

A partir de este momento comienza a desarrollarse la piedad eucarística en todas las manifestaciones que hemos conocido y que recuerdan los de más edad. El deseo de CONTEMPLAR LA SAGRADA HOSTIA alcanzó rápida difusión a nivel popular, y cuando un moribundo no podía comulgar le llevaban el sacramento para que pudiera contemplarlo. Empieza a cobrar relieve el rito de la elevación y lo acompañan de campanas, luces y cantos, y se pierde poco a poco el sentido originario de realizar el propio ofrecimiento y la comunión con Cristo en ese momento de la misa.

A partir del siglo XI empieza a hacerse sobre el altar principal la reserva eucarística: sagrarios en forma de paloma, suspendidos o en pequeñas torres, que reciben el nombre de TABERNÁCULO., y poco tiempo después el uso de la lámpara, cuyo cuidado y mantenimiento estaba a cargo de las cofradías.

En 1264 el papa Urbano IV instituye para toda la iglesia la fiesta del Corpus Christi, convirtiéndola en una de las principales solemnidades del año, sobre todo después del concilio de Trento, cuando pasó a ser un signo del catolicismo, frente a la doctrina protestante. Otras devociones posteriores fueron las CUARENTA HORAS, la Exposición durante la misa, la adoración nocturna o perpetua, que tuvieron una orientación manifiesta de reparación hacia el Señor presente en el sacramento, hecho prisionero por nosotros, humillado y escarnecido por los pecados.

Desde comienzos del siglo XX se apreciaron síntomas de una crisis en el culto eucarístico fuera de la misa (disposiciones y reformas de Pio X y Pio XII), que se consumará después del vaticano II, pero que llevó a la par una mayor comprensión y estimación de la liturgia eucarística.

Elementos negativos:
Sin afectar la legitimidad de este culto, padecía no obstante de insuficiencias y acentuaciones propias del tiempo en que nació:
1- Posibilidad de convertirse en una realidad desgajada de la celebración eucarística.
2- Justificación autónoma a causa de una teología esencialista y apologética
3- Escasa participación del pueblo en la misa y la comunión sacramental.
4- Devocionismo e individualismo en lugar de nutrirse de las fuentes objetivas de la Palabra de Dios y la Tradición de los Padres de la Iglesia.

El vaticano II...  impregnó una nueva orientación al culto eucarístico, y nos ofreció unas importantes líneas teológicas a tener en cuenta:
1- El misterio eucarístico es el centro de la liturgia, y por lo mismo, de toda la vida cristiana. Por misterio eucarístico se entiende la eucaristía en la totalidad de sus aspectos, comenzando por la celebración del memorial del Señor. Esta celebración es también el centro de la vida de la iglesia local y universal.
2- La celebración eucarística es el punto de referencia y la clave de comprensión del culto a la eucaristía, es decir, el origen y el fin de todo culto eucarístico. La eucaristía está siempre destinada a la comunión, aunque mientras tanto, pueda recibir la adoración y el culto de los fieles.
3- La conservación de la eucaristía tiene como objeto primario y primordial la administración del viático, y como objeto secundario la distribución de la comunión y la adoración de Cristo, presente en el sacramento. Por tanto, el culto eucarístico debe conducir a una participación más plena y profunda en el misterio pascual, es decir: PARTICIPAR MÁS FRECUENTEMENTE EN LA EUCARISTÍA Y CON MÁS DISPOSICIÓN; y Practicar LA UNIDAD ENTRE EUCARISTÍA Y CARIDAD. El culto eucarístico no puede ser ajeno a la vida; debe haber continuidad entre eucaristía y servicio al hermano.
4- Armonizar el culto eucarístico con la estructura pascual, trinitario y celebrativo del año cristiano.
5- Importantes los signos que acompañan al culto litúrgico, para no opacar la centralidad de la misa (exposición debe ser después de la misa, no estar la reserva en el altar mayor, que no sea más solemne la exposición que la misa)

jueves, 20 de junio de 2019

EL CUERPO DE CRISTO: PRESENCIA Y MEMORIA

Nuestra vida humana está poblada de presencias, unas visibles y otras invisibles; unas cercanas y otras lejanas... A veces la presencia toma la forma de ausencia, a veces de recuerdo.

 Una manera singular de presencia, la más misteriosa y honda, es la que tiene lugar en el fondo último de nuestro ser en aquello que funda, es decir, en nuestra misma vida personal. Ese fondo, que es Dios, está presente en nosotros de un modo substancial y a la vez consciente, a traves de un sentimiento inefable que nos inspira; un sentimiento de confianza, de fe, de cobijo y acogida entrañable. 

 Pero la presencia de Dios en nuestra vida histórica ha tomado cuerpo palpable y tangible en Jesús; se ha encarnado en el ámbito espacio temporal de una persona concreta, nacida en un tiempo y un lugar determinados.

 Sustraído a nuestra experiencia sensible tras la ascensión, la presencia de Jesús cambia de signo pero no de realidad. 

 Ahora nos encontramos con Él a través de una presencia en forma de memoria.  Es su memoria la que nos acerca y nos lo hace presente; especialmente su memoria litúrgica y sacramental. Efectivamente, en la reunión eucarística, los cristianos hacemos, ante todo, memoria de Jesús, de su vida, de su muerte y de su resurrección, y así lo hacemos presente y presencia. 

 Pero de modo análogo a lo sucedido en su vida terrena, su presencia ahora no es desencarnada; toma encarnadura en el ámbito espacio temporal. Ese ámbito se lo ofrecen los símbolos del pan y del vino que se nos entregan a nosotros como comida y comunión lo mismo que Jesús se nos entregó en persona, brindándonos su cuerpo y su sangre. 

(Tomado del MISAL DE LA COMUNIDAD)

miércoles, 19 de junio de 2019

EL CUERPO DE CRISTO

"Hemos convertido la eucaristía en un rito cultual. En la mayoría de los casos no es más que una pesada obligación que, si pudiéramos, nos quitaríamos de encima. Se ha convertido en una ceremonia rutinaria, carente de convicción y compromiso. La eucaristía fue para las primeras comunidades el acto más subversivo imaginable. Los cristianos que la celebraban se sentían comprometidos a vivir lo que el sacramento significaba, conscientes de que recordaban lo que Jesús había sido y comprometiéndose a vivir como él vivió.

El problema de este sacramento, es que se ha desorbitado la importancia de aspectos secundarios (sacrificio, presencia, adoración) y se ha olvidado totalmente su esencia, que es su aspecto sacramental. Con la palabreja “transustanciación” no decimos nada, porque la “sustancia” aristotélica es solo un concepto que no tiene correspondencia alguna en la realidad física. La eucaristía es un sacramento. Los sacramentos ni son ritos mágicos ni son milagros. Los sacramentos son la unión de un signo con una realidad significada.

Lo que es un signo lo sabemos muy bien, porque toda la capacidad de comunicación, que los seres humanos hemos desplegado, se realiza a través de signos. Todas las formas de lenguaje no son más que una intrincada maraña de signos. Con esta estratagema hacemos presentes mentalmente las realidades que no están al alcance de nuestros sentidos. Ahora bien, todos los sonidos, todos los gestos, todos los grafismos, que sirven para comunicarnos son convencionales, no se pueden inventar a capricho. Si me invento un signo que no dice nada a los demás, será solo un garabato.

El primer signo es el Pan partido y preparado para ser comido, es el signo de lo que fue Jesús toda su vida. La clave del signo no está en el pan como cosa, sino en el hecho de que está partido. El pan se parte para comerlo, es decir, el signo está en la disponibilidad de poder ser comido. Jesús estuvo siempre preparado para que todo el que se acercara a él pudiera hacer suyo todo lo que él era. Se dejó partir, se dejó comer, se dejó asimilar; aunque esa actitud tuvo como consecuencia que fuera aniquilado por los jefes de su religión. La posibilidad de morir por ser como era, fue asumida con la mayor naturalidad.

El segundo signo es la sangre derramada. Es muy importante tomar conciencia de que para los judíos, la sangre era la vida misma. Si no tenemos esto en cuenta, se pierde el significado. Tenían prohibido tomar la sangre de los animales, porque como era la vida, pertenecía solo a Dios. La sangre está haciendo alusión a la vida de Jesús que estuvo siempre a disposición de los demás. No es la muerte la que nos salva, sino su vida humana que estuvo siempre disponible para todo el que lo necesitaba. El valor sacrificial que se le ha dado al sacramento no pertenece a lo esencial y nos despista de su verdadero valor.

La realidad significada es una realidad trascendente, que está fuera del alcance de los sentidos. Si queremos hacerla presente, tenemos que utilizar los signos. Por eso tenemos necesidad de los sacramentos. Dios no los necesita, pero nosotros sí, porque no tenemos otra manera de acceder a esas realidades. Esas realidades son eternas y no se pueden ni crear ni destruir; ni traer ni llevar; ni poner ni quitar. Están siempre ahí. En lo que fue Jesús durante su vida, podemos descubrir esa realidad, la presencia de Dios como don.

El principal objetivo de este sacramento, es tomar conciencia de la presencia divina en nosotros. Pero esa toma de conciencia tiene que llevarnos a vivir esa misma realidad como la vivió Jesús. Toda celebración que no alcance, aunque sea mínimamente, este objetivo, se convierte en completamente inútil. Celebrar la eucaristía pensando que me añadirá algo automáticamente, sin exigirme la entrega al servicio de los demás, es un autoengaño. Si nos conformamos con realizar el signo sin alcanzar lo significado, solo será un garabato.

En la eucaristía se concentra todo el mensaje de Jesús, que es el AMOR. El Amor que es Dios manifestado en el don de sí mismo que hizo Jesús durante su vida. Esto soy yo: Don total, Amor total, sin límites. Al comer el pan y beber el vino consagrados, lo que quiere decir es que hago mía su vida y me comprometo a identificarme con lo que fue e hizo Jesús. El pan que me da la Vida no es el pan que como, sino el pan en que me convierto cuando me doy. Soy cristiano, no cuando como sino cuando me dejo comer, como hizo él...

La comunión no tiene ningún valor si la desligamos de signo sacramental. El gesto de comer el pan y beber el vino consagrados es el signo de nuestra aceptación de lo que significa el sacramento. Comulgar significa el compromiso de hacer nuestro todo lo que Es Jesús. Significa que, como él, soy capaz de entregar mi vida por los demás, no muriendo, sino estando siempre disponible para todo aquel que me necesite. Es una pena que sigamos oyendo misa sin pensar en la importancia que tiene celebrar una eucaristía.

Todas las muestras de respeto hacia las especies consagradas están muy bien. Pero arrodillarse ante el Santísimo y seguir menospreciando o ignorando al prójimo es un sarcasmo. Si en nuestra vida no reflejamos la actitud de Jesús, la celebración de la eucaristía seguirá siendo magia barata para tranquilizar nuestra conciencia. A Jesús hay que descubrirlo en todo aquel que espera algo de nosotros, en todo aquél a quien puedo ayudar a ser él mismo, sabiendo que esa es la única manera de llegar a ser yo mismo...".

FRAY MARCOS
(Religión Digital)