viernes, 25 de marzo de 2016

viernes, 18 de marzo de 2016

JESÚS, EL COHERENTE.

“La muerte de Jesús no es comprensible aislándola de su actividad histórica. Al encontrarnos con un juicio, una condena a muerte y una ejecución, no tenemos más remedio que acudir a los datos sobre la actividad del personaje, para encontrar las causas reales (oficiales o no) que le llevaron a la muerte. La pasión y muerte es el término de un proceso, el resultado al que le llevó la proclamación de su doctrina (su teoría) y la praxis subsiguiente.

Al final de la vida de Jesús, todos los grupos, instituciones e intereses de la sociedad,se han aliado contra él, a pesar de sus intereses contrapuestos.  No hacia falta que Jesús fuera el hijo de Dios para que pudiera tener conciencia de la inevitabilidad de su muerte.  En realidad, si Cristo era un hombre medianamente inteligente y sensible,  podía prever con bastante seguridad la posibilidad de su muerte.  Todos los datos coincidían en la predicción:  por un lado el testimonio de los profetas del Antiguo Testamento, la misma muerte de Juan el Bautista, la creciente violencia de las autoridades con las que se enfrenta y que en repetidas ocasiones quieren agredirle o capturarle, la reflexión veterotestamentaria sobre el justo oprimido y el siervo sufriente, que tan viva está en el pueblo... Los evangelios ofrecen una gran abundancia de testimonios y predicciones en los que se indica la conciencia que tenia Jesús de su futura muerte violenta.  

Jesús es consciente de la tragedia. No cambia su actitud, ni altera el sentido de su misión.  No se trata de una actitud estoica, indiferente al dolor, ni de una dinámica necrofílica. Cristo ama la vida, no la muerte, y no busca la pasión, ni quería  el sufrimiento... Cristo, como cualquier hombre, siente miedo y rechazo ante el dolor y le asusta el sufrimiento y se vuelve a Dios en Getsemaní pidiendo que, si es posible, se le evite esa prueba.  Es la reacción normal de un hombre sano ante el sufrimiento. Jamás se nos dice en los evangelios que Jesús buscara la cruz, y en diversas ocasiones se indica que quieren apresarlo y que él procura esquivarles y no darles ocasión de que lo capturen. No busca la muerte, ni la desea, pero está dispuesto a asumirla como pago por su conducta.

Jesús es libre ante la muerte, en el sentido de que la asume y la acepta como precio que tiene que pagar por mantener su fidelidad a si mismo, a Dios, y a los hombres, a los que se dirige.  Con la misma consecuencia con que ha hablado de las persecuciones y de la necesidad de afrontar la muerte, sabe encararse con ella, no con una impavidez estoica, sino con la decisión que surge de un compromiso libremente asumido.  Hasta el final permanece fiel a su proyecto histórico, y asume el miedo que le produce sin apartarse de su camino. 

Esa fidelidad la mantiene hasta la prueba final, que es la que se expresa en el calvario.  El grito de Jesús, recogido de diversa forma por los evangelistas,.. y que la multitud interpreta como una llamada a Elías…, es el sufrimiento del hombre inocente, víctima de la opresión e injusticia humana. Vive el sinsentido del dolor inexplicable, ¿por qué Dios permite esto?, y se queja ante un Dios al que interpela, porque lo sabe presente en su mismo silencio y en su aparente ausencia. El quejido de Jesús expresa la complejidad de sentimientos que le embargan: soledad ante el abandono de los suyos, impotencia ante las burlas y el menosprecio de los que le rodean ,.. conciencia del fracaso en su intento de convertir a su pueblo, y también, la angustia y la perplejidad ante un Dios silencioso y que no actúa.  Los evangelistas oscilan al marcar su angustia y su confianza en Dios, y es que su grito probablemente ininteligible y balbuciente es explicitado por cada uno de ellos teológicamente.  Se nos dice que muere abandonando en Dios su causa y poniendo en él su último aliento.

 Los teólogos indican las diversas citas de salmos del Antiguo Testamento, a las que pueden aludir esas expresiones que nos cuentan los evangelistas.  En último extremo, nunca sabremos con segundad la mezcolanza de afectos, sentimientos, interrogantes y aspiraciones de los últimos momentos de Cristo.  En todo caso, no hay la menor alusión a que el sufrimiento le haya endurecido, y muere como ha vivido: perdonando a los otros y abandonándose en Dios. Su muerte, una vez más, remite al significado que él mismo ha anunciado en vida. 

 En cualquier caso, no cabe duda del sentido consciente de donación y de entrega a los hombres que el mismo dio a su muerte en la alianza de la cena, y en el ofrecimiento de su vida como rescate por muchos. Hasta el final, persevera en actitud de servicio a los demás, y de fidelidad profética a la misión de Dios. 

 La cena es el último signo del hombre consciente, que libremente asume la fidelidad a Dios y a su propia obra, y que se entrega en un gesto de amor y de donación. "


JOSÉ M. CASTILLO Y JUAN A. ESTRADA.  El Proyecto de Jesús.

BUEN CAMINO HACIA LA PASCUA, AMIGAS Y AMIGOS DEL BLOG.

jueves, 10 de marzo de 2016

CAMINANTE

"Partir no es devorar kilómetros, atravesar los mares, volar a velocidades supersónicas. Partir es ante todo abrirnos a los otros, descubrirlos, salir a su encuentro. Abrirnos a las ideas, incluidas las contrarias a las nuestras; significa tener el aliento de un buen caminante.

 Dichoso el que comprende y vive este pensamiento: «Si no estás de acuerdo conmigo, me enriqueces». Tener junto a nosotros a alguien que siempre está de acuerdo de manera incondicional, no es tener un compañero, sino una sombra.

 Es posible viajar solo. Pero un buen caminante sabe que el gran viaje es el de la vida, y éste exige compañeros. Bienaventurado quien se siente eternamente viajero y ve en cada prójimo un compañero deseado.

Un buen caminante se preocupa de los compañeros desanimados y cansados. Intuye el momento en que empiezan a desesperar. Los recoge donde los encuentra. Los escucha. Y con inteligencia y delicadeza, pero sobre todo con amor, vuelve a darles ánimos y gusto por el camino.

Ir hacia adelante sólo por ir hacia adelante no es verdaderamente caminar. Caminar es ir hacia alguna parte, es prever la llegada, el desembarco. Ahora bien, hay caminos y caminos. Para las minorías abrahánicas, partir es ponerse en marcha y ayudar a los otros a emprender con nosotros la misma marcha a fin de construir un mundo más justo y más humano."



HELDER CÁMARA

martes, 8 de marzo de 2016

MUJER Y HUMOR

"Una 'versión del Génesis' para hoy, Día Internacional de la Mujer: 

"Y Dios prometió a los hombres que encontrarían mujeres obedientes y sumisas en las cuatro  ESQUINAS de la tierra.
Entonces hizo la tierra REDONDA...
¡ Y rió...y rió...y rió....! "


(Tomado de FB)

jueves, 3 de marzo de 2016

CANTO EN LA NOCHE



Tener fe es creer que Dios me ama, y confiar.



viernes, 26 de febrero de 2016

SILENCIO, POR AMOR

"Callarse no significa estar mudo, como tampoco hablar equivale a locuacidad. El mutismo no crea soledad, como tampoco la locuacidad crea comunión. 'El silencio es el exceso, la embriaguez y el sacrificio de la palabra. El mutismo, en cambio, es malsano, como algo que sólo fue mutilado y no sacrificado' (Ernest Helio).

Del mismo modo que existen en la ¡ornada del cristiano determinadas horas para la Palabra, especialmente las horas de meditación y de oración en común, deben existir también ciertos momentos de silencio a partir de la Palabra. Serán sobre todo los momentos que preceden y siguen a la escucha de la Palabra. Ésta no se manifiesta a personas charlatanas sino en el recogimiento y silencio.

Callamos antes de escuchar la Palabra, para que nuestros pensamientos se dirijan a la Palabra, igual que calla un niño cuando entra en la habitación de su Padre. Callamos después de haber oído la Palabra, porque todavía resuena, vive y quiere permanecer en nosotros. Callamos al comenzar el día, porque es Dios quien debe decir la primera palabra; callamos al caer la noche, porque a Dios corresponde la última palabra. Callamos sólo por amor a la Palabra. Callar, en definitiva, no significa otra cosa que estar atento a la Palabra de Dios para poder caminar con su bendición." 

D. BONHOEFFER. Vida en Comunidad. 


viernes, 19 de febrero de 2016

OTRA OPORTUNIDAD PARA DANZAR

"Al comenzar esta Cuaresma me sigue pareciendo que a este tiempo litúrgico le quedan resabios de las costumbres preconciliares y están presentes más componentes de "luto" que de "danza".

.¿y si la fe fuera la música interior a la que damos oído, que nos hace movernos con un determinado ritmo y a realizar unos gestos incomprensibles para quienes no la escuchan?. Y cuando decae nuestra danza ¿no será porque nos hemos desconectado de la frecuencia del Evangelio?

Aquí está de nuevo la Cuaresma, dándonos la buena noticia de que tenemos otra oportunidad para danzar, como la tuvo para dar fruto aquella higuera estéril de la parábola de Jesús (Mt 21,18-19). Otra vez resuena en nuestros oídos la invitación de la carta a los Hebreos: "Así pues, nosotros, rodeados de una nube tan densa de testigos, desprendámonos de cualquier carga y del pecado que nos acorrala; corramos con constancia la carrera que nos espera, fijos los ojos en el iniciador y consumador de la fe, en Jesús. (Hb 12,1-2) El término griego archegós evoca al que va delante, al cabeza de fila, al que inicia la danza, podríamos traducir nosotros, sin equivocarnos demasiado."

DOLORES ALEIXANDRE. "Cambiar el luto en danza" (fragmentos)