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sábado, 4 de febrero de 2023

LIBROS... "Victimas del pecado" de José María Castillo

"La preocupación y hasta la obsesión religiosa por el pecado han impedido tomar conciencia del problema más inmediato y urgente del sufrimiento humano. Y lo que es peor: la lucha misma contra el pecado ha causado a veces (y sigue causando) enormes sufrimientos a muchas personas. Pero lo importante es saber si el fundador del cristianismo, Jesús de Nazaret, concedió también ese mismo lugar al asunto del pecado. Por lo que cuentan los evangelios, parece claro que lo que verdaderamente preocupó a Jesús fue el sufrimiento de la gente y la felicidad de los que peor lo pasan en la vida. Pero, entonces, ¿cómo habrá que entender los grandes temas teológicos de la cruz, de la redención y de la salvación? ¿A qué vino Jesús al mundo, a salvarnos del pecado o a remediar nuestro sufrimiento? Y, en fin, ¿cómo habría que reinterpretar la moral de la Iglesia?".


"Este libro no ha pretendo poner en duda la existencia del pecado. Y menos aun negar que el pecado existe. Como tampoco se ha querido, en modo alguno, afirmar que, en lugar del pecado, tenemos que colocar el sufrimiento, como problema central en la relación de los seres humanos con Dios. El problema no está en saber si hay o no hay pecado. El problema está en saber en qué conste el pecado. Por supuesto,  desde el punto de viosta de la teología, y de las ideas religiosas en general, el pecado es lo que ofende a Dios. Pero la cuestión está en saber qué es lo que ofende a Dios. Ahora bien, planteado así el problema, lo que este libro ha querido decir es esto: pecado es, y ofensa a Dios es, lo que daña al ser humano, lo que ofende al ser humano, y por tanto, lo que causa sufrimiento a las personas".

(Editorial TROTTA)

viernes, 11 de noviembre de 2022

UNA GUÍA PARA VOLVER A CASA

 "Lo sepa o no, en todo lo que emprende, el ser humano no busca otra cosa que "volver a casa". Ese es su mayor anhelo y el motor de su existencia. La "casa" es nuestra verdadera identidad. Por tanto, y esta es la primera paradoja, buscamos lo que ya somos, pero que en gran medida ignoramos. La ignorancia nos hace buscar a tientas y la añoranza nos empuja a compensar. Porque, mientras nos creemos lejos de casa, sentimos frío y vacío, que tratamos de compensar con mil objetos sustitutorios: dinero o poder, imagen o títulos, placeres o creencias, sexo o religión, relaciones o soledad... La sensación de estar lejos de casa se manifiesta como ansiedad, que nos hace adictos a cualquier cosa que pueda aliviarla. Pero no hay satisfacción posible mientras permanezcamos en la ignorancia. La realidad es que no hay ninguna lejanía. Aunque hayamos pensado lo contrario, nunca hemos estado, ni podemos estar, fuera de casa. Lo que necesitamos es, sencillamente, caer en la cuenta de que ya estamos en ella".

Enrique Martínez Lozano

OTRO MODO DE LEER EL EVANGELIO

"Parece innegable que, muy frecuentemente, el evangelio ha sido leído desde una doble clave: el literalismo y el moralismo. 

La lectura literalista lo ha convertido en una especie de “anecdotario”, que parecía buscar la exaltación de Jesús como hacedor de milagros, pero al precio de mantener el relato anclado en el pasado y desconectado de las preocupaciones de quienes hoy se acercaban al mismo. 

Por su parte, la lectura moralizante reducía el texto evangélico a una especie de código moral, regulador del comportamiento, con el riesgo de hacerlo aparecer como un “policía divino” o superego controlador. 

En ambos casos, aunque fuera inconscientemente, se banalizaba y empobrecía el texto, dejando en el olvido lo más importante y decisivo: su carácter de libro de sabiduría, en el sentido más genuino y profundo del término. 

La sabiduría es atemporal, porque trasciende la mente y sus conceptos, aunque indudablemente tenga que hacer uso de una y otros. Por ese motivo, al acercarnos a textos que la expresan, a poco que lo hagamos con un mínimo de apertura, nos sentimos directamente concernidos y afectados. Descubrimos que esos escritos están, en realidad, hablando de nosotros. No importa la anécdota ni la moralina: hemos hallado un espejo en el que vernos reflejados. 

La sabiduría es originaria: no es sino la misma Consciencia expresándose o, si se prefiere, la “voz” del misterio último de lo Real, que también a nosotros nos constituye. Por ello, al leerla o escucharla, resuena con fuerza en nosotros, porque la reconocemos como nuestra propia voz, la voz de nuestro “maestro interior”. 

La sabiduría es luminosa, fuente de toda comprensión y certeza, porque es una con la Verdad. Por esa razón, nos saca de la ignorancia básica acerca de nosotros mismos, nos libera de la confusión y nos rescata del laberinto tortuoso del sufrimiento. Algo se ensancha en nuestro interior, el corazón se dilata y la mente se abre, en una sensación creciente de amplitud y de claridad. 

La sabiduría no tiene que ver, primariamente, con los conceptos ni con la erudición. Ni siquiera con la mente, por más que esta sea una herramienta precisa y preciosa. Tiene que ver, antes que nada, con el sabor, o más exactamente, con el saboreo inmediato de lo Real. Tal vez por ese motivo, las palabras de sabiduría provocan silencio en nuestro interior y, en ese silenciarnos, se produce el encuentro íntimo con la Verdad que somos...". 

Enrique Martínez Lozano

miércoles, 2 de noviembre de 2022

LENIN Y TOLSTÓI

LEV TOLSTÓI EN LA LUBIANKA

¡No puedo seguir callado! –exclamó alzando la voz el gran Tolstói, cuando el gobierno zarista condenó a muerte a unos terroristas revolucionarios–. Esto sucede en Rusia, en esa Rusia en la que el pueblo piensa que cualquier delincuente es un infeliz y en la que hasta hace poco tiempo la ley no contemplaba la pena de muerte. Recuerdo cómo antes me enorgullecía de esto ante los europeos, pero ahora... sólo hay ejecuciones, ejecuciones y más ejecuciones... 

Tolstói rememoraba también que en la década de 1880 en toda Rusia había sólo un verdugo, pero con el tiempo el número no había hecho más que crecer. Se refería al terror de Estado en respuesta al terror revolucionario que constituían los ataques de los campesinos a los terratenientes, los atentados contra representantes del poder. 

«No se puede vivir de este modo. Yo, al menos, no puedo vivir así, no puedo ni quiero...», afirma Tolstói. Y exige a las autoridades que suspendan los asesinatos o que lo condenen a él mismo como hacen con «aquella gente enfurecida e irreflexiva que ha empezado esta lucha violenta». Y concluye: «[...] al participar en estos crímenes horrorosos, ustedes no sólo no ponen remedio a esta enfermedad, sino que la empeoran y la refuerzan por dentro». 

El artículo de Tolstói se publicó en todas partes y conmovió al mundo. El régimen zarista respondió con el silencio. Pero los revolucionarios, cuya vida había defendido el escritor, no permanecieron en silencio. Ese mismo año de 1908, Vladímir Uliánov-Lenin publicó su artículo «Lev Tolstói como espejo de la Revolución rusa», en el que no tenía miramientos con el autor clásico, al que calificaba de «terrateniente, iluminado por Cristo», profeta «grotesco», «que había descubierto nuevas recetas para salvar a la humanidad», utópico y reaccionario. Desde el punto de vista de Lenin, la doctrina de Tolstói «carece de todo sentido práctico y de cualquier justificación teórica». 

Así, de un plumazo, el líder de la Revolución proletaria se distanciaba de esos valores humanos, eternos y cristianos que Tolstói representaba y defendía. ¿Qué era lo que disgustaba a Lenin hasta tal punto? Precisamente el humanismo, el llamamiento a la misericordia, su afirmación de que todos los hombres, independientemente de si eran revolucionarios o no, tenían derecho a la vida que Dios les había dado. En el fondo, estos dos artículos, el de Tolstói y el de Lenin, expresan claramente dos filosofías diametralmente contrapuestas: el escritor ve la raíz del mal dentro de la persona, mientras que el político la ve fuera, en las otras personas, que, de este modo, se convierten en enemigos mortales. 

Pero, por desgracia, Lenin se convirtió en un profeta más agudo que Tolstói a la hora de prever el futuro de Rusia. Al cabo de diez años, la doctrina leninista triunfó en el país; la doctrina de Tolstói, como había predicho su adversario, «careció de todo sentido práctico». El terror de la Revolución resultó incomparable con el terror del poder anterior, tanto por el número de víctimas como por el número de verdugos. En una Rusia así, Tolstói era simplemente impensable; sus ideas eran incompatibles con la nueva realidad. Si hubiera vivido durante los años del gobierno bolchevique, es seguro que no habría podido evitar la espada represiva de la Checa. 

Pero a pesar de todo lo dicho Tolstói estuvo en la Lubianka, aunque a título póstumo. Su hija Aleksandra fue represaliada, así como casi todos sus discípulos, los partidarios de su doctrina, conocidos como tolstovtsi".

Tomado de: "La palabra arrestada" de Vitali Shentalinski. 

sábado, 6 de abril de 2019

LA NUEVA INOCENCIA (Raimon Panikkar)

La nueva inocencia es una recopilación de algunos de los artículos más importantes publicados por Raimon Panikkar entre 1960 y 1990, a menudo reelaborados en esta edición. El premio Nobel Octavio Paz, en Vislumbres de la India, describió a Panikkar como “hombre de inteligencia eléctrica”. La metáfora de la “inteligencia eléctrica” es apropiada: cuando Panikkar entra en debate, o cuando la llama de su pensamiento se aviva, sus razonamientos e intuiciones se despliegan como relámpagos que en su zigzaguear unen puntos que parecían completamente inconexos. Los relámpagos son el hilo conductor de esta recopilación de artículos, dividida en tres partes (“Relámpagos blancos”, “Relámpagos rojos” y “Relámpagos azules”) y encabezada por una cita de Ramon Llull: “E qui fa ploure e lampegar?” (“¿Y quién hace llover y relampaguear?”). 

Perdida la primera inocencia, tal vez solo desde una nueva inocencia podemos hoy abrirnos a una vida plenamente humana. Como señala Panikkar en el primer artículo de esta obra (titulado, precisamente, “La nueva inocencia”): “El hombre occidental de hoy, privado de un apoyo tradicional cultural y religioso, siente cada vez más que vive en un universo alienador y alienado… Falto de un punto focal espacial, intenta situar este centro en el futuro, que se ha convertido para muchos en el símbolo moderno de la trascendencia… Solo una metanoia radical, un cambio total de mentalidad, corazón y espíritu, puede encajar con nuestras necesidades”.

La primera parte, Relámpagos blancos, recoge reflexiones filosóficas en torno a cuestiones contemporáneas como “el espejismo del futuro”, “la trampa del bilinguismo”, “el tecnocentrismo” o “la injusticia en el mundo”. 
La segunda parte, Relámpagos rojos, recoge artículos que exploran la situación actual del hecho cristiano. Son, como escribe Panikkar, “relámpagos de cristianía”. Aquí hallamos textos como “Un aspecto ignorado del catolicismo moderno: la conciencia cósmica”, “Novenario sobre Dios”, “¿Qué significa hoy confesarse cristiano?” y “El amanecer de la cristianía”.
La tercera parte, Relámpagos azules, reflexiona sobre el diálogo entre culturas y religiones que exige nuestro tiempo. Los “aislamientos artificiales”, escribe Panikkar, “ya no sirven”. Entre los textos aquí reunidos destacan “El sermón de la montaña del diálogo intrareligioso”, “Hacia un ecumenismo ecuménico”, “La concordia religiosa según Ramon Llull”, “La paz política como objetivo religioso” y “Una nueva conciencia para una nueva humanidad”.

Jordi Pigem

miércoles, 10 de octubre de 2018

PADRENUESTRO: ANTOLOGÍA DE COMENTADORES DE LA ORACIÓN DOMINICAL.

El  siguiente comentario no es mío, lo conservo desde mis estudios de espiritualidad, en la Universidad de Comillas, y pertenece a un texto más extenso de Santos Sabugal (la cita completa está al final). Ofrece un resumen breve, pero enjundioso, de los mejores comentarios al Padrenuestro...


Ofrecemos a continuación una selección antológica del Padrenuestro. En ella hemos incluido autores antiguos y modernos. La encabezan diez autores de la antigüedad patrística: había que comenzar escuchando algunos calificados representantes de la tradición cristiana, mediante la cual la iglesia no sólo «comprende cada vez mejor los libros sagrados» sino también «los mantiene siempre activos», siendo «el estudio de los Padres de la iglesia» valioso auxiliar en su «comprensión cada vez más profunda de la Sagrada Escritura»119. Dos comentarios representativos de la exégesis mística y catequética del siglo XVI—santa Teresa + Catecismo romano—enlazan aquellos antiguos comentarios con los cuatro—católicos + protestantes—representantes de la exégesis y teología hodiernas, a los que se suma nuestro comentario bíblico y catequístico. Esa antología incluye, pues, representantes principalmente de la exposición catequética (Tertuliano, Cirilo, Ambrosio, Teodoro Mopsuestia, Agustín, Catecismo romano) y homilética (Gregorio Niseno, Juan Crisóstomo, Agustín, R. Guardini), pero a la vez y también de la exégesis bíblica (Orígenes, Juan Crisóstomo, Agustín, H. van den Bussche, J. Jeremías), de la reflexión teológica (Cipriano, Origenes, Agustín, Catecismo romano, D. Bonhoeffer, R. Guardini) y mística (Origenes, San Gregorio Niseno, San Agustín, Santa Teresa). Los dos autores protestantes—D. Bonhoeffer y J. Jeremías—representan en nuestra antología el comentario de la «oración del Señor» por la teología (D. Bonhoeffer) y exégesis bíblica (J. Jeremías) de «los hermanos separados» de occidente, en cuya tradición teológica y litúrgica el padrenuestro ocupa un puesto de singular relieve, y cuyo «constante y solícito estudio de la Biblia» fue reconocido y encomiado recientemente por el más alto magisterio de la iglesia. 

1) Tertuliano, el gran apologista del norte de África (155-220), fue el primer comentarista del «padrenuestro». Lo hace en el contexto de su obra Sobre la oración, el primer catecismo teológico y disciplinar sobre la misma de la edad patrística, escrito para los catecúmenos de su iglesia, siendo aún católico (198-200), con el fin de iniciarles en la práctica de la oración cristiana. Más que un tratado teológico es, pues, esa obra una catequesis catecumenal. Tras la breve introducción, en la que resalta la importancia de esa «nueva forma de oración» (=el padrenuestro), que condensa «todo el evangelio», sigue el comentario catequético a la oración del Señor según el texto mateano, para exponer luego una enseñanza práctica sobre la plegaria cristiana. El comentario ocupa, pues, la parte central de esa obra catequética tertulianea. 

2) Más amplia y, también teológicamente más profunda es la explicación de San Cipriano en su obra Sobre la oración del Señor, escrita, como explicación homilética para los neófitos (252), bajo el evidente influjo de su maestro Tertuliano. Una introducción general sobre la oración precede al homilético comentario del «padrenuestro» a raíz del texto mateano, concluido por una enseñanza práctica, que completa la temática general sobre la plegaria de la introducción. 

3) A Orígenes se debe el primer comentario científico, exegético y teológico, del «padrenuestro». Lo aborda en su magnífico tratado Sobre la oración cristiana, compuesto (233) a ruegos de dos cristianos amigos suyos y en respuesta a dificultades sobre la esencia y necesidad de la plegaria, por aquellos planteadas. A la introducción general del tratado siguen las tres partes centrales del mismo, en las que el ilustre catequista y teólogo alejandrino, tras abordar la temática sobre la oración en general—vocabulario bíblico, necesidad, clases, etc. -, emprende el comentario al «padrenuestro». En este amplio contexto, el Alejandrino aborda—¡por vez primera él! - , ante todo, el análisis del problema sobre las diferencias entre las formas textuales de Mt y Lc, optando por la solución más fácil, generalizada luego en el medievo y compartida por escasos exegetas modernos: se trata—concluye—de «dos oraciones distintas, aunque con ciertas partes comunes». Seguidamente analiza el contexto inmediato anterior al texto de Mt, por él adoptado, para abordar luego su amplio y teológicamente rico comentario. Finalmente, complementa, en un tercer momento, la primera parte, cerrando con una conclusión final su obra. El comentario a la oración del Señor ocupa, pues, un puesto de honor en este tratado, que constituye, sin duda, una de las más preciadas joyas del rico y multiforme cofre origeniano. 

4) CIRILO DE JERUSALÉN: Durante la cuaresma del año 350 predicó el insigne obispo jerosolimitano san Cirilo, en la iglesia del Santo Sepulcro, sus famosas veinticuatro catequesis, otro inestimable tesoro de la antigua literatura cristiana, dirigidas a «los iluminados» o catecúmenos y a «los neófitos» de su iglesia. Estas cinco últimas «catequesis mistagógicas» tratan sobre el bautismo, la confirmación, la eucaristia y, como «corona del edificio espiritual» de los recién bautizados», la santa misa. En el contexto de esta última, con la brevedad y claridad del experto catequista, explica san Cirilo «la oración que el Señor transmitió a sus discípulos». 

5) En incierta fecha, pero posterior a la del catequista jerosolimitano, dedicó el teólogo y místico San Gregorio Niseno a la explicación del «padrenuestro» cinco homilías, en las que, tras una introducción general sobre la oración, se detiene en el comentario místico y moral de «la oración del Señor». 

6) Hacia el año 390 dirigió el obispo milanés San Ambrosio de Milán, a los neófitos de su iglesia, una serie de catequesis mistagógicas Sobre los sacramentos del bautismo, confirmación y eucaristía. En el contexto de estas últimas ofrece dos comentarios a esa «oración (=el padrenuestro) corta pero llena de todas las cualidades»: muy breve el segundo, más amplio e interesante el primero, en el que la exégesis teológica y moral del «padrenuestro» se conjugan y armonizan. 

7) Siendo aún probablemente presbítero, el futuro obispo y eminente exegeta antioqueno Teodoro de Mopsuestia dirigió (388-392) a los catecúmenos y neófitos de su iglesia dieciséis Homilías catequéticas, de las cuales las diez primeras exponen para los catecúmenos el «Símbolo de la fe» según el «Credo niceno», mientras que las seis últimas ofrecen a los neófitos la explicación del «padrenuestro», así como de la liturgia bautismal y eucarística. El comentario a «la oración transmitida por nuestro Señor», introducido por consideraciones generales sobre la plegaria, aborda la explicación teológica y moralizante del padrenuestro, propia del catequista convencido de que en la «Oración dominical» se encuentra «toda la perfección moral», no consistiendo, por lo demás, «la oración en palabras sino en costumbres, amor y aplicación al bien»; una convicción, que la exhortación final sintetiza. 

8) En la línea de Teodoro se sitúa su amigo y elocuente orador San Juan Crisóstomo, quien explicó «el padrenuestro» en su Comentario al evangelio de Mateo, compuesto a raíz de varias homilías pronunciadas (390) en Antioquía y dirigidas a los fieles de esa comunidad eclesiástica, en las que la elocuencia del predicador se armoniza con la instrucción del pastor. 

9) Al obispo hiponense San Agustín corresponde el honor de ser el máximo comentarista del «padrenuestro» en la edad patrística. Siete veces emprendió esa tarea. Lo hizo por vez primera en su Comentario al sermón de la montaña, escrito (393-394) siendo aún presbítero de Hipona. Su explicación, que refleja ya la profundidad del exegeta-teólogo y la intuición del místico, tiene el mérito de recoger la principal y multiforme tradición patrística- nordafricana, alejandrina, antioquena y «romana»- precedente. Cuatro veces más comentó el ya obispo hiponense (410-412) la «Oración dominical» en otras tantas catequesis ad competentes, los cuales, tras la devolución del Credo (=«redditio Symboli»), recibían la Oración del Señor (=«traditio Orationis dominicae»), para aprenderla de memoria y poder recitarla durante la celebración eucarística de la gran vigilia pascual, en la que por vez primera participaban después de haber recibido el bautismo. La reflexión teológica así como la instrucción moral práctica encuentran, en esos comentarios catequísticos al «padrenuestro» realizados por el gran maestro de catequistas (=¡De catechizandis rudibus!), lograda síntesis. Finalmente Agustín lo comentó en su Ep. a Proba (411-412) y (428-429) su obra Sobre el don de la perseverancia. En todos esos comentarios como, en general, en toda la obra literaria agustiniana, caminan de la mano como inseparables hermanas la reflexión del teólogo y pastor con la piedad del místico, prueba evidente de que Agustín—sus soliloquios y confesiones lo atestiguan—oraba cuando hacia teología, porque hacia teología cuando oraba. 

10) A ruegos de las carmelitas de San José (Avila) y por orden del teólogo dominico Domingo Báñez, escribió Santa Teresa de Jesús (1564-1567), la primera mujer recientemente declarada por el magisterio supremo (Pablo Vl) «doctora de la iglesia» (1970), su obra Camino de perfección, que, en opinión de un especialista, constituye el «más ascético, práctico y asequible» de sus tratados espirituales. La explicación del «padrenuestro» ocupa la mitad de ese clásico tratado sobre la oración, por ella galantemente designado «el librito» y, también, «el Paternoster». Esta designación autógrafa refleja ya la importancia asignada por la ilustre mística española al comentario sobre la Oración dominical, introducido por una exhortación a rezarla bien, como «guía segura» de oración vocal y contemplativa, y concluido por una consideración sobre la excelencia —previamente delineada—de la misma. 

11) El año 1566 promulgaba el papa san Pío V el Catecismo romano, elaborado por mandato de los padres conciliares de Trento como «formulario seguro, método fácil y presentación eficaz de las doctrinas fundamentales del cristianismo», en el cual encontrarán «normas seguras... para la formación cristiana de las almas» cuantos «en la iglesia tienen una misión docente». Esa función desempeñó ese catecismo efectivamente en los siglos siguientes. Y puede seguir desempeñándola hoy, si se tiene en cuenta que, aunque «la época tridentina de la iglesia ha pasado definitivamente, la fe tridentina permanece fe de la iglesia». Queda, pues, justificada su selección en nuestra antología. Corroborada también por el amplio espacio dedicado en ese documento—cristalización y epítome catequético de la teología tridentina— a la explicación del «padrenuestro»: de las cuatro partes que lo integran, las tres primeras exponen la enseñanza cristiana sobre el credo (primera parte), los sacramentos (segunda parte) y los mandamientos (tercera parte), dedicando toda la cuarta parte a la explicación catequético-teológica de esa «fórmula divina», que condensa en «preciosa síntesis qué y cómo debemos orar». Esa explicación se abre con una introducción sobre «los principios generales de la teología católica sobre la oración», seguida por el comentario exegético y patrístico, teológico y catequístico a cada una de las partes del «padrenuestro». 

12) El pastor y teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) encabeza, por orden cronológico, la selección antológica de autores modernos. Una selección justificada, si se tiene en cuenta el denso y actual pensamiento teológico de quien, durante su estancia en Roma, «este trozo de tierra que tanto quiero», asistía a los oficios litúrgicos de semana santa en las basílicas de San Juan de Letrán y de San Pedro, leyendo luego en la cárcel de Berlín-Tegel (1943) «con gran interés a Tertuliano, Cipriano y otros padres de la iglesia», por él considerados «en parte más actuales que los reformadores», y, a la vez, sólida «base para el diálogo entre protestantes y católicos». En el contexto de la explicación teológica al «sermón de la montaña» se inserta su comentario al «padrenuestro», esa «oración por excelencia», mediante la cual Jesús nos «conduce hacia la claridad perfecta de la oración». Un comentario breve, sencillo y, a la vez, profundo, testimonio de una vida iluminada con la luz del evangelio y premiada por el Señor con el martirio, ejecutado por las balas nazis (9 de abril 1945) en Flossenbürg. 

13) En los años que siguieron a la segunda guerra mundial, el insigne humanista, filósofo y teólogo católico Romano Guardini (1885-1968) pronunció en la iglesia de San Luis (Munich), para estudiantes universitarios, una serie de homilías dominicales sobre diversos textos bíblicos. Varias de ellas se centraron sobre el comentario al «padrenuestro», cuyas diversas partes explica con la profundidad y claridad características del autor, a quien el texto bíblico brinda frecuentemente la ocasión para el profundo análisis y exposición brillante de otros temas afines y esenciales, siempre nuevos, en un esfuerzo por iluminar, con la luz de la revelación cristiana, costados sombríos de la existencia humana. 

14) La exégesis católica moderna está representada en nuestra antología por el biblista belga H. van der Bussche (1920-1965), cuyas publicaciones exegéticas vétero y neotestamentarias, especialmente su comentario al cuarto evangelio, le han merecidamente asignado un puesto de honor. No cede en mérito su explicación al «padrenuestro»: introducida por un estudio preliminar sobre su importancia, doble tradición literaria (Mt + Lc) y circunstancia de su enseñanza, el comentario a cada una de sus partes integrantes constituye el grueso de esos densos análisis, dominados por el esfuerzo de facilitar la comprensión de los principales vocablos, a la luz de su transfondo bíblico, vétero y neotestamentario. 

15) Cierra nuestra selección antológica el exegeta protestante Joachim Jeremías (1900-1979), mundialmente conocido por sus publicaciones sobre el antiguo y—principalmente—nuevo testamento, cuyos estudios sobre el mensaje prístino de Jesús así como su análisis de teología bíblica neotestamentaria, todos ellos penetrados de profunda piedad cristiana, constituyen una difícilmente superable cima en la actual exégesis bíblica. No cede en profundidad y altura su estudio sobre el significado original del «padrenuestro», claro y substancial «compendio de la predicación de Jesús», cuyos extractos antológicos el lector puede leer y meditar—creemos—con provecho.  

SANTOS SABUGAL
EL PADRENUESTRO EN LA INTERPRETACIÓN
CATEQUÉTICA ANTIGUA Y MODERNA (Prólogo).
SIGUEME. SALAMANCA 1997.Págs. 37-46

sábado, 24 de diciembre de 2016

LA PALABRA CREADORA.

En su libro La Bendición Original, del que hemos hablado en otras entradas, Mathew Fox ofrece una traducción del Capítulo I del Evangelio de San Juan, diferente de la que estamos habituados a leer y que se ajusta a su propuesta de una espiritualidad basada en la creación y en la llamada que todos tenemos a continuar, en nuestra realidad toda, la obra creadora de la palabra de Dios (Dabhar en hebreo).


Apunta Fox que "la palabra hebrea Dabhar significa Energía Creadora de Dios. "  "Implica hechos y acciones, no sólo palabras. Logros, no charla. Creación, no verbalización. Por ésto, en el Génesis leemos 'Dios dijo Haya luz y hubo luz, Dios dijo Haga brotar la tierra vegetación y así fue...
La palabra creadora de Dios, Dabhar..desea encarnarse en nosotros. "
Añade que si empezamos a traducir también el Nuevo Testamento en líneas que son más hebraicas y menos antropomórficas, escucharíamos así el primer capítulo del Evangelio de Juan:


"Al principio era la Energía Creadora:
la Energía Creadora estaba con Dios y la Energía Creadora era Dios.
Era con Dios en el principio.
A través de ella todas las cosas fueron hechas,
ninguna cosa llegó a existir si no fue a través de ella.
Todo lo que nacía albergaba vida 
y esa vida era la luz de los hombres,
una luz que brilla en las tinieblas,
una luz que las tinieblas no pudieron subyugar...
La Energía Creadora era la luz verdadera 
que ilumina a todo hombre
y estaba viniendo a este mundo...
Estaba en el mundo que tenía su existencia a través de ella,
y el mundo no lo sabía...
Pero a todos aquellos que la aceptaron
les dio el poder para convertirse en hijos de Dios...
La Energía Creadora se hizo carne, y habitó entre nosotros,
y vimos su gloria,la gloria que es suya como Unigénito del Creador,
lleno de gracia y lleno de verdad (Juan I, 1-5,9,10,12,14) "


MATHEW FOX. La Bendición Original. 
Ediciones Obelisco 2002

QUERIDOS AMIGOS Y AMIGAS DEL BLOG, LES DESEAMOS UNA FELIZ NAVIDAD.

viernes, 18 de marzo de 2016

JESÚS, EL COHERENTE.

“La muerte de Jesús no es comprensible aislándola de su actividad histórica. Al encontrarnos con un juicio, una condena a muerte y una ejecución, no tenemos más remedio que acudir a los datos sobre la actividad del personaje, para encontrar las causas reales (oficiales o no) que le llevaron a la muerte. La pasión y muerte es el término de un proceso, el resultado al que le llevó la proclamación de su doctrina (su teoría) y la praxis subsiguiente.

Al final de la vida de Jesús, todos los grupos, instituciones e intereses de la sociedad,se han aliado contra él, a pesar de sus intereses contrapuestos.  No hacia falta que Jesús fuera el hijo de Dios para que pudiera tener conciencia de la inevitabilidad de su muerte.  En realidad, si Cristo era un hombre medianamente inteligente y sensible,  podía prever con bastante seguridad la posibilidad de su muerte.  Todos los datos coincidían en la predicción:  por un lado el testimonio de los profetas del Antiguo Testamento, la misma muerte de Juan el Bautista, la creciente violencia de las autoridades con las que se enfrenta y que en repetidas ocasiones quieren agredirle o capturarle, la reflexión veterotestamentaria sobre el justo oprimido y el siervo sufriente, que tan viva está en el pueblo... Los evangelios ofrecen una gran abundancia de testimonios y predicciones en los que se indica la conciencia que tenia Jesús de su futura muerte violenta.  

Jesús es consciente de la tragedia. No cambia su actitud, ni altera el sentido de su misión.  No se trata de una actitud estoica, indiferente al dolor, ni de una dinámica necrofílica. Cristo ama la vida, no la muerte, y no busca la pasión, ni quería  el sufrimiento... Cristo, como cualquier hombre, siente miedo y rechazo ante el dolor y le asusta el sufrimiento y se vuelve a Dios en Getsemaní pidiendo que, si es posible, se le evite esa prueba.  Es la reacción normal de un hombre sano ante el sufrimiento. Jamás se nos dice en los evangelios que Jesús buscara la cruz, y en diversas ocasiones se indica que quieren apresarlo y que él procura esquivarles y no darles ocasión de que lo capturen. No busca la muerte, ni la desea, pero está dispuesto a asumirla como pago por su conducta.

Jesús es libre ante la muerte, en el sentido de que la asume y la acepta como precio que tiene que pagar por mantener su fidelidad a si mismo, a Dios, y a los hombres, a los que se dirige.  Con la misma consecuencia con que ha hablado de las persecuciones y de la necesidad de afrontar la muerte, sabe encararse con ella, no con una impavidez estoica, sino con la decisión que surge de un compromiso libremente asumido.  Hasta el final permanece fiel a su proyecto histórico, y asume el miedo que le produce sin apartarse de su camino. 

Esa fidelidad la mantiene hasta la prueba final, que es la que se expresa en el calvario.  El grito de Jesús, recogido de diversa forma por los evangelistas,.. y que la multitud interpreta como una llamada a Elías…, es el sufrimiento del hombre inocente, víctima de la opresión e injusticia humana. Vive el sinsentido del dolor inexplicable, ¿por qué Dios permite esto?, y se queja ante un Dios al que interpela, porque lo sabe presente en su mismo silencio y en su aparente ausencia. El quejido de Jesús expresa la complejidad de sentimientos que le embargan: soledad ante el abandono de los suyos, impotencia ante las burlas y el menosprecio de los que le rodean ,.. conciencia del fracaso en su intento de convertir a su pueblo, y también, la angustia y la perplejidad ante un Dios silencioso y que no actúa.  Los evangelistas oscilan al marcar su angustia y su confianza en Dios, y es que su grito probablemente ininteligible y balbuciente es explicitado por cada uno de ellos teológicamente.  Se nos dice que muere abandonando en Dios su causa y poniendo en él su último aliento.

 Los teólogos indican las diversas citas de salmos del Antiguo Testamento, a las que pueden aludir esas expresiones que nos cuentan los evangelistas.  En último extremo, nunca sabremos con segundad la mezcolanza de afectos, sentimientos, interrogantes y aspiraciones de los últimos momentos de Cristo.  En todo caso, no hay la menor alusión a que el sufrimiento le haya endurecido, y muere como ha vivido: perdonando a los otros y abandonándose en Dios. Su muerte, una vez más, remite al significado que él mismo ha anunciado en vida. 

 En cualquier caso, no cabe duda del sentido consciente de donación y de entrega a los hombres que el mismo dio a su muerte en la alianza de la cena, y en el ofrecimiento de su vida como rescate por muchos. Hasta el final, persevera en actitud de servicio a los demás, y de fidelidad profética a la misión de Dios. 

 La cena es el último signo del hombre consciente, que libremente asume la fidelidad a Dios y a su propia obra, y que se entrega en un gesto de amor y de donación. "


JOSÉ M. CASTILLO Y JUAN A. ESTRADA.  El Proyecto de Jesús.

BUEN CAMINO HACIA LA PASCUA, AMIGAS Y AMIGOS DEL BLOG.

viernes, 22 de mayo de 2015

CON LOS OJOS ABIERTOS

“Cerrar los ojos no hace que nada cambie. 
Nada va a desaparecer solo porque tú no puedas ver lo que está  pasando. En realidad, las cosas pueden estar peor aún cuando los vuelvas a abrir. Así es el mundo en que vivimos. 
Mantén los ojos bien abiertos. Solo el cobarde cierra los ojos. El tiempo no se detiene cuando cierras los ojos y te taponeas los oídos.”

HARUKI MURAKAMI . ´"Kafka en la orillla".