"Vuelve, por favor, vuelve, quien quiera que seas, religioso, infiel, hereje o pagano. Aunque hayas hecho cien promesas y cien veces las hayas roto, esta puerta no es la puerta de la desesperanza y la frustración. Esta puerta está abierta para todos. Ven, ven, tal como seas". (Rumi)
sábado, 11 de septiembre de 2021
¿QUIÉN ES JESÚS? (DOMINGO XXIV-B)
CAMINOS DE SALVACIÓN
En la evolución de toda la creación hay un ascenso de la humanidad, coronada con la presencia de Cristo en virtud de la promesa: Dios será todo en todos. Pero, entrecruzado con este ascenso hay otro: el del pecado, dirigido contra la historia ascendente y plenificadora de la salvación en Cristo.
Los seres humanos somos mediadores unos de otros para bien o para mal. Facilitamos o impedimos el crecimiento de la gracia, de la salvación, de la liberación total. Al nacer, se nos entrega un mundo viejo, aunque provisto con la imagen de Dios. Nacemos incompletos y nos hacemos paulatinamente.
Cristo es el principio, la imagen primigenia, el prototipo del hombre nuevo. En el camino de la difícil realización del mundo y de nosotros mismos, en el tramo de nuestras propias decisiones y actitudes, se presenta la culpa como una piedra en la que podemos tropezar.
En la esfera de la confrontación de nuestra intimidad con la de Cristo, aparece el pecado como una sombra. Estamos en situación de pecado, pero en vías de salvación gracias al amor que Dios nos tiene. Recordemos, sin embargo, que el pecado es una lesión al prójimo, pero sólo se descubre cristianamente delante de Dios. Nace del corazón, pero se manifiesta públicamente en los fratricidios, corrupciones sociales y políticas, estructuras injustas y opresoras, idolatrías totalitarias, fascismos estatales, etc.
Todo es iniquidad personal porque lesiona los intereses de la comunidad humana, o mejor dicho, los intereses del Reino de Dios.
La clave del discernimiento es la justicia.
(Misal de la comunidad)
jueves, 9 de septiembre de 2021
UNA ESPIRITUALIDAD DESDE ABAJO
La cruz nos recuerda el misterio del ser humano, nos muestra el camino de la verdadera humanización: hemos de decir sí a las contradicciones que viven en nosotros. Como personas pertenecemos tanto a la Tierra como al Cielo, estamos entre la luz y la oscuridad, entre el hombre y la mujer, entre lo alto y lo profundo, entre el bien y el mal. Solo alcanzamos nuestra integridad cuando reunimos las contradicciones en nosotros y las soportamos: aceptamos nuestra propia división, los conflictos irresolutos, y dejamos entrar a Dios en esta tensión. Nuestra vida no es un crecimiento lineal, sino una especia de “vía crucis”, pero es a través de nuestras heridas por donde el amor de Dios ingresa en nosotros, nos transforma y nos cura.
domingo, 5 de septiembre de 2021
ÁBRETE...
miércoles, 1 de septiembre de 2021
SOBRE EL "CREDO" (1)
domingo, 15 de agosto de 2021
ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
viernes, 6 de agosto de 2021
MEDITACIÓN Y DIÁLOGO CON JESÚS TRANSFIGURADO
Varias veces en el año litúrgico leemos el pasaje bíblico que narra el acontecimiento que conocemos como la Transfiguración de Jesús; lo narran los tres evangelios sinópticos, cada uno con algún detalle particular. Al leerlo una vez más, y preparar la reflexión para la Eucaristía, me vino la imagen que ahora comparto: tres momentos del CAMINO DE LA TRANSFIGURACIÓN. Un antes, un durante y un después; es decir, preparar la subida al monte de la transfiguración, estar en el monte, y luego bajar del monte. Cada momento es importante y necesario.
El primero, SUBIR AL MONTE, evoca el ascenso, el esfuerzo, la confianza del que emprende este camino. Implica ser capaz de pasar del entusiasmo inicial a la constancia y perseverancia que se construyen con disciplina. Los maestros espirituales hablan siempre de una etapa ascética, en la que nuestro esfuerzo es importante, sin dejarnos vencer por el desánimo, el cansancio o la rutina. Fijémonos en el siguiente pasaje bíblico (1Reyes 19, 4-8):
Enséñanos a vivir esos momentos de luz en los que te muestras a nosotros en toda Tu verdad y plenitud. Esos momentos en los que vemos y compartimos con otros el esplendor de Tu Palabra y condición divina. Momentos de intimidad, de soledad compartida y de silencio arrullador.
Pero, enséñanos también a bajar de lo alto, y andar los caminos cotidianos, en los que la luz que hemos experimentado antes nos ilumine por dentro, y se refleje fuera, en cada persona que encontramos, y en cada situación que vivamos. Que seamos compasivos y estemos dispuestos a servir a quien lo necesite
Que así como compartimos Tu Vida, compartamos Tu muerte, porque la Vida que Tú das se alcanza únicamente viviendo como Tú viviste, convirtiendo la propia vida en entrega a los demás hasta la cruz, en ofrenda perenne.
Fray Manuel de Jesús, ocd.











