"Vuelve, por favor, vuelve, quien quiera que seas, religioso, infiel, hereje o pagano. Aunque hayas hecho cien promesas y cien veces las hayas roto, esta puerta no es la puerta de la desesperanza y la frustración. Esta puerta está abierta para todos. Ven, ven, tal como seas". (Rumi)
sábado, 25 de octubre de 2025
JESÚS CAMINA CON NOSOTROS (homilía Primeras comuniones)
domingo, 19 de octubre de 2025
ORAR COMO QUIEN AMA Y SE DEJA AMAR (Domingo XXIX-C)
VOLVER PARA AGRADECER, VOLVER PARA VIVIR (Domingo XXVIII-C)
sábado, 20 de septiembre de 2025
JESÚS Y LAS MUJERES
sábado, 6 de septiembre de 2025
DISCIPULADO Y SEGUIMIENTO DE JESÚS (Domingo XXIII-C)
“No basta con estar cerca, hay que seguir a Jesús”
(Lucas 14, 25-33)
Queridos hermanos y hermanas,
En el pasaje del Evangelio de Lucas que acabamos de
proclamar se nos cuenta que mucha gente seguía a Jesús en su viaje a Jerusalén,
pero Jesús se detiene y les habla, recordándoles lo que implica ir con Él. “Quien no carga con su cruz y me sigue, quien
no deja su familia, quien no renuncia a sus bienes… no puede ser mi discípulo”. Son exigencias duras, evidentemente, y
pueden además ser mal comprendidas.
Hay dos palabras fundamentales en el ser cristiano: Discipulado y seguimiento. El Evangelio
nos habla de responder a la invitación de Jesús: “seguirle para estar con Él”, y estas palabras no han perdido fuerza
con el paso del tiempo. La invitación que Jesús hizo a Pedro, a Juan, a Mateo,
y luego a tantas y tantos a lo largo de la historia (Francisco, Domingo,
Teresa, etc.), es la misma que hoy nos dirige a cada uno de nosotros: “Ven y
sígueme”; este llamado sigue
siento actual y urgente. No es una frase bonita, sino un llamado
radical. Es una propuesta de vida,
un modo de vivir, de asumir la existencia, de estar presente en el mundo.
Y aquí es donde debemos detenernos a pensar. Porque somos
muchos los que hemos sido bautizados, hemos recibido los sacramentos, venimos a
misa casi todos los domingos. Y eso es bueno, es necesario. Pero, ¿es lo que
pide Jesús? ¿Es suficiente con eso? Porque el discipulado cristiano no es solo
pertenecer a una religión, o cumplir determinados ritos, o cumplir determinadas
normas. Es seguir a una Persona. Es caminar con Jesús, aprender de Él,
vivir como Él.
Muchos viven su fe como una (buena) costumbre heredada,
como una tradición familiar, pero no como una
decisión personal. Es como tener una Biblia en casa que nunca se abre, o
como tener una bicicleta que nunca se usa, o como acordarse de santa Bárbara
cuando truena, pero nada más. Pero, la fe no nos transforma en personas nuevas,
en nuevas criaturas, si no se vive de verdad el seguimiento. Y el discipulado
no se da de forma mágica o automática. Necesita una respuesta libre,
consciente, comprometida de parte nuestra.
Jesús no busca admiradores entusiastas, no le convencen
las multitudes. Busca seguidores, busca discípulos. No quiere que lo miremos desde
lejos, sino que caminemos con Él. Y eso implica, como dice hoy el
evangelio, dejar cosas atrás. Implica renunciar a la comodidad, al egoísmo, a
la indiferencia. Implica abrir el corazón a la Palabra, dejarse formar, ser
parte de una comunidad, servir con alegría, cargar la cruz con esperanza, tener
un corazón compasivo y solidario. Eso es
tomar la cruz sobre los hombros y seguirle.
El verdadero discípulo no es el que solo escucha, sino el
que obedece. No es el que solo cree, sino el que ama. No es el que solo asiste,
sino el que se compromete. Y eso se nota. Se nota en cómo trata a los demás, en
cómo enfrenta las dificultades, en cómo vive su fe en lo cotidiano.
Jesús no pide que no amemos a nuestra familia y a
nuestros amigos, pero quiere que ampliemos el círculo de nuestros afectos y
nuestro compromiso, porque el proyecto del Reino es para todos, no para unos
cuantos elegidos, cercanos, simpáticos, afines. Él nos llama a ser discípulos
misioneros. No solo para nosotros, para los nuestros, sino para los demás.
Porque el mundo necesita testigos, no
solo creyentes. Necesita cristianos que vivan con coherencia su compromiso
con la verdad y la justicia, que anuncien con alegría, que sirvan con humildad,
al estilo de Jesús. Porque no hay
cristianismo sin cruz, sin entrega de la vida.
Y nosotros, hermano, hermana, ¿dónde estamos en ese
camino? ¿Somos solo creyentes… o somos discípulos? ¿Tenemos fe que transforma
la vida… o solo la acompaña? ¿Hemos respondido al llamado de Jesús… o aún
estamos y no estamos, pensando si vale la pena?
Hoy es siempre el día para dar el paso. Para decirle al Señor: “Aquí estoy. Quiero seguirte. Quiero aprender de Ti. Quiero vivir como Tú”. No tengamos miedo. Él no llama a los perfectos. Llama a los que se muestran disponibles. A los que se atreven a dar el paso. A los que confían en su gracia. A los que como María le dicen: “Hágase”.
Pidamos hoy al Espíritu Santo, y a María, cuya natividad
celebramos mañana, que encienda en nosotros el fuego del discipulado. Que no
nos conformemos con estar cerca… sino que nos decidamos a seguir a Cristo, a
estar con él, a ser parte de su comunidad de discípulos. Porque solo el que sigue a Jesús,
lo encuentra de verdad, y puede ser llamado discípula o discípulo.
Puede hacer presente la novedad del Reino de Dios en el mundo con su modo de
vivir, con sus palabras y sus obras.
martes, 8 de abril de 2025
PASIÓN DE JESÚS: COMPARACIÓN ENTRE LUCAS Y JUAN
PASIÓN DE JESUS EN EL EVANGELIO DE LUCAS
miércoles, 5 de marzo de 2025
CUARESMA: IR A LO ESENCIAL (Francisco)
sábado, 18 de enero de 2025
SEGUIR A JESÚS ES VIVIR COMO EL VIVIÓ
Todos conocemos la variada y pintoresca gama de figuras que de Jesús se han dado y se dan, desde el dulce niño hasta el guerrillero de la ultraderecha, pasando por el nazareno, el cromo del Corazón de Jesús o el revolucionario de las izquierdas. El abanico no puede ser más indiscriminadamente amplio.
Pero, sin descubrir a Jesús de Nazaret en la historia concreta humana, a partir de lo que practicó y manifestó en el plano público de lo social, con las consecuencias que se derivan de su muerte o de su cruz, no es posible enraizar la fe en la conciencia crítica humana. Jesús murió porque lo mataron. Y lo mataron los piadosos al considerarlo blasfemo y los dominantes al juzgarlo sedicioso. Conoció el exilio, estuvo en la cárcel, padeció torturas y fue ajusticiado impunemente. Su comportamiento fue el de un hombre extraordinariamente libre y liberador. Se ha repetido, con razón, que es el hombre para los demás.
La fe en Jesús supone o entraña creer como creyó Jesús, afiliado enteramente al Padre, a quien lo descubre y con quien se identifica desde su entrega a la realización del Reino de Dios. Consecuencia de esa praxis es el hecho del seguimiento. Creer en Jesucristo es, nada más ni nada menos, seguirle. Dicho de otro modo: tiene fe quien cree consecuentemente en el Dios de Jesús o en el Jesús de Dios.
(Tomado de: Misal de la Comunidad)
martes, 17 de diciembre de 2024
GENEALOGÍAS DE JESÚS EN LOS EVANGELIOS (2)
LA GENEALOGÍA DE JESÚS EN SAN MATEO (Según Benedicto XVI)
sábado, 31 de agosto de 2024
LO PRIMERO ES SIEMPRE JESÚS
domingo, 9 de junio de 2024
POR EL AMOR SE COMPRENDE EL PECADO, NO AL REVÉS
"Sin reconocimiento y experiencia del amor de Dios no hay posibilidad de atisbar el pecado cristiano o del cristiano. El amor de Dios, enteramente gratuito y son razón, manifestado en el despojo de la cruz, es redentor, liberador. Es un amor que perdona, Por el amor se comprende el pecado, no al revés. La penitencia cristiana no se centra en el pecado sino en el amor, en el perdón. Expresa que la existencia humana no está bajo el fatalismo o la desesperación, sino perdonada y reconciliada con Dios.
Naturalmente, el hecho de que el perdón sea lo primero, no significa que no haya pecado ni culpabilidad. Quiere decir que lo contrario del pecado no es la moralidad sino la fe. Si el pecado se revela en el perdón, adquiere sentido en relación con la fe, dentro de la reconciliación en Jesucristo. Hay una significación religiosa o cristiana en la falta, distinta de la significación moral. Y, solamente cuando se madura en las exigencias de la fe, se comprende desde el perdón de Jesús el pecado del hombre. La moral no es la fe, ni la religión es una moral que sacraliza la fe.
Por supuesto que la moral es necesaria y es un patrimonio del hombre. Para el cristiano, la moral debe situarse dentro de la fe; es decir: la obediencia a la ley justa es necesaria para todo el mundo, pero la obediencia cristiana es obediencia a la fe.
El pecado no es, por tanto, transgresión de una ley sino intento de ser el hombre dueño y señor de la vida de sus semejantes, al considerarse amo absoluto. De ahí que el pecado sólo puede ser reconocido "delante de Dios", por medio de la fe. Arrepentirse no es tener remordimientos, sino aceptar las exigencias del Reino de Dios y de las promesas".
Misal de la comunidad (I): decimo domingo
domingo, 2 de junio de 2024
EL HOMBRE ES MÁS QUE EL SÁBADO (Domingo IX-B)
"Un sábado atravesaba el Señor un sembrado, y mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos les dijeron: “Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?”. Él les respondió: “¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que solo pueden comer los sacerdotes, y los dio también a sus compañeros”. Y añadió: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es señor también del sábado” (Mc 2, 23-289.


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