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lunes, 6 de noviembre de 2023

EUCARISTÍA: MISTERIO DE COMUNIÓN

"El punto de partida es el reino de Dios como banquete escatológico que se anticipa en las comidas de Jesús y en el convite eucarístico. Pero el reino es ya indisociable de la persona del Resucitado y de su cuerpo: de su humanidad nueva que tiende a recapitular en sí el universo. Así la eucaristía no sólo es la presencia de la carne y la sangre individual, terrena, de Jesús, sino también la del cuerpo del Resucitado que incluye al Señor como cabeza y a su cuerpo eclesial. Por lo que la eucaristía es sacramento de la comunión (o conjunción en un único cuerpo) entre Cristo y la Iglesia. 

Una comunión que es sacrificial: a través de la entrega sacrificial de Jesús —perennizada ya por su resurrección— y que genera la entrega sacrificial de la Iglesia (a la vez que la asume como cabeza en su propio sacrificio, ofreciéndola al Padre), es como acaece la transformación de la Iglesia y de sus dones (pan y vino) en cuerpo de Cristo. 

A esta transformación sacrificial llama la teología «transustanciación»: por ella se anticipa y realiza, en primicias, la recapitulación o transformación escatológica de la realidad en el cuerpo en plenitud de Cristo, en el reino de Dios. El sacrificio es, pues, transustanciador y la transustanciación es sacrificial: la presencia eucarística del sacrificio de Cristo es la que origina la transustanciación y no viceversa. 

En suma: comunión, sacrificio, transustanciación (y presencia) no son sino tres aspectos de un único misterio de cuya plenitud escatológica es signo sacramental en el tiempo el banquete eucarístico".

(Resumen que hace el autor del libro en el prólogo)
Manuel Gesteira Garza
La Eucaristía, misterio de comunión
Sígueme, 1999


domingo, 5 de noviembre de 2023

EUCARISTÍA: SÍMBOLO Y COMUNIDAD

 
Sigo compartiendo textos que ayudan a entender y vivir mejor la Eucaristía:

"En el cristianismo, toda reducción drástica del símbolo religioso (o del sacramento) al mero símbolo-cosa corre peligro de hacernos retornar a módulos propios del espíritu general de las religiones e implicaría un evidente retroceso frente a los avances logrados por la religiosidad judía al destacar la comunidad —la palabra y el gesto en cuanto vehículos de relación interhumana— como sacramento primordial y como nuevo símbolo de la presencia y la manifestación del Misterio. No es acertado, por tanto, el insistir exageradamente —en la teología sacramental— en la «materia», en los dones en sí mismos —el pan y el vino en el caso de la eucaristía—, aislados de todo un contexto humano; antes bien, los elementos materiales serán sacramentos cristianos en tanto en cuanto son asumidos por el gesto y la palabra de la comunidad, enmarcados en la esfera de unas relaciones interpersonales y situados en todo un proceso histórico. No es ya símbolo religioso para nosotros la mera cosa en sí, aislada, sino situada en el contexto de una comunidad y al servicio de la misma. Con razón afirmaba Tomás de Aquino que el sacramento no radica sólo en el agua o en el óleo, sino en la ablución o en la unción; es decir: no radica en las «cosas» pura y simplemente, sino en las cosas en cuanto asumidas y utilizadas por el hombre . Lo mismo cabe decir del pan y el vino en la eucaristía. 3 

(Conviene advertir que aquí la palabra «símbolo» ha de ser entendida como símbolo real que contiene la realidad simbolizada y no como mero «signo» intencional que remite a una realidad extrínseca, significada, pero no contenida).  

 Por esta razón, la palabra y el gesto son elementos esenciales del sacramento o del símbolo religioso cristiano, hasta el punto de que sin ellos el sacramento sería un mero signo mágico. Sólo la palabra y el gesto que asumen las cosas, humanizándolas, hacen posible que éstas se conviertan en sacramento. 

Todo esto no significa que excluyamos la realidad material como símbolo religioso y lugar de la presencia personal del misterio. Por supuesto, el símbolo sacramental comprende también las cosas de la naturaleza, la realidad cosmológica que nos envuelve, sin que pueda quedar reducido a la mera dimensión antropológica . Pero sí es preciso advertir que, en el cristianismo como antes ya en la religiosidad judía, este valor simbólico, sacramental, de las cosas materiales es indisociable de la inculturación o de la inserción de esas mismas cosas en la vida y en el dinamismo propio de un quehacer histórico y en el devenir de una comunidad en marcha hacia un futuro último. 

Desde esta perspectiva encierra un profundo sentido el hecho de que los símbolos-sacramentos cristianos estén constituidos por realidades artificiales y no simplemente naturales. Si exceptuamos el agua en el caso del bautismo (símbolo primordial, común a numerosas religiones), todos los demás elementos materiales que aparecen en los sacramentos cristianos —pan, vino, aceite— no son meros frutos de la naturaleza, sino elaboración de la técnica y el trabajo humanos; son productos manufacturados y de algún modo «transustanciados» por la mano del hombre que elabora y transfigura los dones de la naturaleza (la espiga y el racimo) humanizándolos y poniéndolos al servicio tanto del hombre concreto como de la humanidad en su devenir histórico. (Más claro es todavía lo que estamos diciendo en otros sacramentos, como en el de la penitencia o el matrimonio, donde la persona misma, su actitud de conversión o de reconciliación, o su donación personal al otro cónyuge forman parte esencial de la realidad sacramental, destacando así esa dimensión personalista y no meramente cosista del sacramento)".

Manuel Gesteira Garza
La Eucaristía, misterio de comunión
Sígueme, 1999

lunes, 5 de diciembre de 2022

INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA (2)

Tenemos en la Iglesia Católica cuatro verdades de fe referidas a María o dogmas marianos: Maternidad, Virginidad, Inmaculada, Asunción.

Así aparece expresado el dogma de la Inmaculada Concepción de María: “Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelado por Dios, y por consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del genero humano”.
(Bula Ineffabilis Deus. Pio IX, 8 de diciembre de 1854).

Esta afirmación dogmática: 
1- Es un caso límite del desarrollo de los dogmas.
2-Es una solemnidad del año litúrgico.
 3-Vinculada al debate teológico sobre el pecado original. 
4- Punto de fricción en el diálogo con los hermanos protestantes y ortodoxos.

A- Largo proceso histórico teológico hacia la definición del dogma: La fe de la iglesia madura y crece en la comprensión de las verdades reveladas bajo el influjo del Espíritu y mediante el ejercicio de los distintos carismas (Pueblo, teólogos, magisterio). En el caso de la Inmaculada lo primero fue el influjo prioritario de la fe del pueblo; luego la reflexión y función iluminadora de la teología, y finalmente la intervención moderadora, promotora y definidora del magisterio.

B- ¿Fundamentos bíblicos?. Explícitamente NO. Pero en ella está el fundamento de lo que sería el dogma definido por la Iglesia. Textos claves: Proto-evangelio Génesis(Eva y María, la serpiente)., Imágenes bíblicas: Arca de la Alianza, Torre de Marfil, Zarza encendida Sabiduría. Jerusalén. En fin: Que la Escritura, si se la lee con los ojos de la Iglesia, revela una plenitud de sentido que no brota de la simple formulación del texto, es decir, de la razón sola.

C- Una teología de la Inmaculada Concepción: Insertarla en la visión global del misterio cristiano, y sobre todo de la santidad de María, la redención operada por Cristo y el pecado original. Si aislamos la verdad mariana corremos el riesgo de no comprenderla e incluso de interpretarla heréticamente. ES fundamental que el dogma se encuadre en el CONJUNTO DE LA VIDA DE MARÍA, y armonizarlo con los diversos elementos de LA HISTORIA DE LA SALVACION y sobre todo con su centro vivo, CRISTO.

Así, es importante verla como: 1- Signo manifestativo del amor gratuito del Padre. 2- Expresión perfecta de la redención operada por Cristo. 3-Creación de la gracia del Espíritu Santo. (Es la obra de Dios en María).

Resumen: El Dogma definido en 1854 coronaba una batalla secular, y fue definido con el consenso de obispos y fieles. Hoy es importante saber presentarlo de forma actualizada teniendo en cuenta la historia, la teología, la espiritualidad y la cultura. 

Es un evidente HECHO ECLESIAL. Ella nos habla de la belleza de la obra de Dios, manifiesta la plenitud y perfección del amor redentor de Cristo, es comunicadora de salvación, y nos habla de UN MUNDO NUEVO QUE BROTA DE LA GRACIA. En ella la Iglesia encuentra su UTOPIA, su imagen más santa después de Cristo, que es su Ser, y deber ser de “esposa inmaculada”. La condición de María no la separa de la humanidad ni de la Iglesia, porque la Inmaculada tiene una FUNCION TIPOLOGICA PARA LA COMUNIDAD CRISTIANA Y CADA UNO DE SUS MIEMBROS. Es un privilegio popular y en cierto modo participable. 

Inmaculada no significa exenta de sentimientos humanos, los más intensos y vitales, ni de limitaciones y condicionamientos culturales, sufrimiento, camino de maduración o peregrinación en la fe. ES INMUNE DE PECADO Y DE LA CONCUPISCENCIA QUE CONDUCE AL MAL y HA SIDO PRESERVADA DE TODA SUMISION O CONNIVENCIA CON EL MAL, TANTO INTERIOR COMO ESTRUCTURAL, pero María, bajo el influjo de la gracia puso sus impulsos y tendencias al servicio de un proyecto santo.

Lecturas de la Misa: Con la elección de estas lecturas (Génesis, Efesios y Lucas) la liturgia intenta suscitar la alabanza de Dios por su plan salvífico, que se realiza plenamente en María. Ella forma parte de una historia de la salvación en la que nosotros estamos implicados. Ella es una verificación de nuestra condición y de nuestro destino: No alienación, sino concienciación y compromiso personal.

Así, reconocer a María Inmaculada es:

1- Un acto doxológico de alabanza por las “grandes cosas” obradas en ella.

2- Un motivo de esperanza, porque indica la marcha de la historia en el sentido del triunfo de la gracia sobre el pecado.

3- Un estar involucrado en la actividad salvífica mediante la opción fundamental por Cristo, siguiendo la huella de la respuesta de fe de María.

(Diccionario de Mariología, voz: Inmaculada.)

martes, 9 de agosto de 2022

FE E IDEOLOGÍA (2)

“La fe no exige creer cosas, sino que consiste en descubrir los significados que tienen los acontecimientos. De ahí que el creyente es aquel que ha empalmado con la fuente de lo real y con aquello que da sentido a las cosas; es el que ha descubierto y aceptado el poder de Dios como la única forma de su existencia. Por eso la fe, a diferencia de la ideología, enfrenta al ser humano con su verdadera condición y le hace encontrarse consigo mismo en el seguimiento al Señor Jesús. 

El camino de la fe sitúa al ser humano en la verdad y le enfrenta con su genuina condición humana; es decir, alcanza su ser total en una realización y concreción que se hace cada día. La ideología, como algo preestablecido por intereses e intenciones, impone unos comportamientos y caminos fijos, al margen de las exigencias de la verdad. En consecuencia, la fe libera y se realiza en la lucha por alcanzar la libertad, mientras que la ideología fanatiza al hombre, lo convierte en sectario e intolerante en hombre de su verdad, lo esteriliza para apreciar otros valores y verdades, e intenta dominar la totalidad desde las convicciones de su pequeña parcela.

Mientras la ideología habla de Dios a partir de un sistema intelectual que pretende saber todas y cada una de las cosas de él y en su nombre intenta regular todas y cada una de las acciones del hombre, el ser humano se acerca al Dios de la fe de un modo totalmente distinto: a tientas, sin formulaciones racionales que lo fijen, pisando las mismas huellas que le llevan al encuentro consigo mismo”.

(José Ramón Guerrero, El Otro Jesús).

DESCUBRIR TU PROPIO EVANGELIO

“Cada hombre y cada generación ha de experimentar, descubrir y redactar su propio evangelio sobre Jesús. Si la primera comunidad cristiana no tuvo uno sino cuatro evangelios acerca de Jesús de Nazaret, acomodando de este modo su mensaje a culturas y situaciones concretas y determinadas, la comunidad creyente de nuestros días ha de descubrir y formular su evangelio. “Existe ciertamente un solo Cristo, pero muchas cristologías. Al único Cristo no lo posee nadie, una cristología la posee cada uno”. La comunidad creyente ha de retener, pues, de Jesús no una serie de detalles más o menos episódicos y legendarios de su vida, sino la orientación general y la actitud fundamental de que se desprende de su existencia vivida entre los hombres y para los hombres. Únicamente así su vida sirve no tanto para una “citación” de estos o aquellos pasajes, sino para una auténtica “significación” en lugares y tiempos diversos”.

 (José Ramón Guerrero, El Otro Jesús).

sábado, 6 de agosto de 2022

HISTORIA DE LA IGLESIA: LA CUESTIÓN DEL "FILIOQUE".

Para los que no han estudiado historia de la Iglesia o teología, este tema puede resultar desconocido, pero es importante para entender mejor uno de los momentos en que los cristianos se dividieron en una Iglesia de Oriente y otra Iglesia de Occidente, mucho antes de la Reforma protestante. Así lo narra Justo Luis González en el segundo tomo de su "Historia del pensamiento cristiano"; está escrito de manera sencilla, comprensible para cualquiera que se interese en el tema, por eso decidí compartirlo acá: 

"El símbolo Niceno-Constantinopolitano, al referirse al Espíritu Santo, dice «que procede del Padre». Esto no quiere decir en modo alguno que el Espíritu Santo proceda del Padre y no del Hijo, pues en el siglo IV esta cuestión no se debatía, y los obispos reunidos en Constantinopla no tenían interés alguno en definir la procedencia del Espíritu Santo en términos exactos. Aún más, tanto en el Oriente como en el Occidente se acostumbraba dar un lugar al Hijo en esa procedencia, si bien en el Occidente la mayoría de los teólogos decía que el Espíritu Santo procedía «del Padre y del Hijo», mientras que en el Oriente se acostumbraba decir que procedía «del Padre por el Hijo». 

En el Occidente, por razones que no son del todo claras, algunos comenzaron a interpolar en el símbolo Niceno-Constantinopolitano la fórmula «y del Hijo» -filioque- para significar la doble procedencia del Espíritu Santo, diciendo entonces «que procede del Padre y del Hijo». Si bien los orígenes de esta interpolación se pierden en la penumbra de la historia, todo parece indicar que surgió en España, y que de allí pasó a las Galias y al resto de occidente. 

En época de Carlomagno, cuando las relaciones entre el reino franco y el gobierno de Constantinopla eran tensas, la cuestión del filioque salió a la superficie como motivo -o quizá más bien como excusa- de largas controversias. En los Libros Carolinos, del año 794, se llega a afirmar la heterodoxia de la antiquísima fórmula oriental según la cual el Espíritu Santo procede «del Padre por el Hijo». En la capilla palatina de Aquisgrán se cantaba el símbolo con el filioque interpolado y allí lo recibieron algunos monjes latinos de Jerusalén quienes al regresar a la Santa Ciudad fueron objeto de virulentos ataques por parte de los orientales, que los acusaban de innovadores y de herejes. En un concilio celebrado en Aquisgrán en el año 809, los obispos francos confirmaron la opinión según la cual la fórmula griega era herética, y la procedencia del Espíritu Santo «del Padre y del Hijo» (filioque) era parte necesaria de la ortodoxia. 

Para esto se basaban en los escritos de los antiguos padres latinos, y más tarde recibieron el apoyo de varios teólogos carolingios. En ese momento la firmeza del Papa León III evitó un cisma entre Oriente y Occidente, pues el Papa se mostró inflexible ante toda interpolación en el símbolo Niceno-Constantinopolitano, y de este modo se evitó que la cuestión desembocara en una disputa entre las autoridades eclesiásticas de Roma y las de Constantinopla. Empero la oposición de León III no fue suficiente, y a la postre toda la rama latina de la Iglesia llegó a repetir el símbolo con el filioque. 


A partir de entonces (y ya en el año 867, cuando el cisma de Focio) la cuestión del filioque ha sido uno de los factores que más han contribuido al distanciamiento entre el cristianismo occidental y el oriental. 

 ¿ Qué consideraciones estaban envueltas en la cuestión del filioque?
Había consideraciones de dos órdenes, y desgraciadamente quienes intervinieron en la disputa rara vez supieron distinguir entre ambos. La excepción más notable en esto es el Papa León III. Por una parte se planteaba la ortodoxia de la interpolación misma. Por otra, estaba en juego el derecho de concilios posteriores, o de cualquiera otra autoridad eclesiástica, de cambiar o interpolar el antiguo símbolo Niceno-Constantinopolitano. Estas dos cuestiones se confundieron en la disputa de tal modo que buena parte de la labor teológica se dedicó, por parte de los occidentales, a mostrar la ortodoxia y la necesidad del filioque y, por parte de los orientales, a mostrar la heterodoxia de quienes interpolaban el credo. Así se llegó a caricaturizar posiciones y a subrayar diferencias que eran en realidad insignificantes. 

Había, empero, cierta justificación teológica, que prestó fuerza y contenido a los conflictos políticos y a la cuestión disciplinaria de la interpolación en el credo. Se trata de la vieja diferencia entre el modo en que los orientales, a partir de los Capadocios, concebían las relaciones entre las personas de la Trinidad y el modo en que la concebían los occidentales, siguiendo a Agustín. 

Para los orientales, era necesario afirmar el origen único de la Trinidad. Solo puede haber una fuente en el ser de Dios, y esa fuente es el Padre. ¿No procede entonces el Espíritu Santo también del Hijo? No en el mismo sentido en que procede del Padre, pues el Padre es la fuente de su ser, y el Hijo no lo es. De aquí la fórmula: «del Padre por el Hijo». 

Para los occidentales, por otra parte, el Espíritu Santo es el amor que une al Padre y al Hijo. Puesto que este amor es mutuo, debe decirse que el Espíritu procede «del Padre y del Hijo». Esto no quiere decir que haya dos fuentes últimas, pues el Hijo no es su propia fuente, sino que es engendrado por el Padre. 

En todo caso, la disputa nunca se resolvió, y a través de los siglos continuó estorbando todo esfuerzo de acercamiento entre las dos alas de la Iglesia Cristiana".

sábado, 2 de julio de 2022

FE E IDEOLOGÍA (1)

"Se entiende por ideología todo un sistema de pensamiento encerrado en sí mismo, es decir, que renuncia a toda relación con la realidad. La ideología se identifica con un sistema de pensamiento cuya falsedad se torna evidente al tratar de interpretar la realidad desde un aspecto parcial de la misma que previamente se ha absolutizado... Una característica de la ideología es la ruptura de relaciones con la realidad y la firme auto convicción de la posesión de la verdad total".

"El peligro permanente que ha acosado al cristianismo ha sido convertirse en una ideología, reelaborando su doctrina según unos esquemas intelectuales ideológicos. Así la imagen y experiencia del Dios verdadero cae bajo la sospecha de haber sido de tal manera manipulada, que un ídolo ha suplantado a Dios en el corazón del creyente. Jesús es raptado por una ideología conservadora que lo mitifica y lo adultera hasta extremos inconcebibles; los sacramentos. por su parte, son readaptados a la nueva situación originada: ya no significan una realidad que surge de y en la comunidad creyente, sino que se tornan en simples medios o ritos mágicos; un ordenamiento moral de la conducta humana que asegura un cierto comportamiento social y legitima unas situaciones, sustituye a unos imperativos de solidaridad, justicia y amor...".

"El enmascaramiento de la realidad a que da lugar toda ideología no es un fenómeno consciente, sino que está motivado por la necesaria opacidad de las relaciones sociales en las que vive el individuo y la colectividad, impidiendo la manifestación auténtica del mundo vivencial de los miembros de la sociedad. De este modo la espontaneidad de la fe o de las relaciones sociales queda recubiertas por un sistema ideológico que, a su vez, engendra una nueva concepción de la fe o de la existencia".

"El proceso de desarrollo de una ideología tiene tres momentos: comienza convirtiendo algo accidental de la realidad en elemento fundamental o una parte en el todo; en un segundo momento legitima el orden social que surge de esa falsificación de la realidad a fin de justificar el dominio que unos hombres ejercen sobre otros; por último, crea unas estructuras y un modelo de organización que son germen de inmovilismo y endurecimiento". 

"El cristianismo debe comenzar por dirigir sobre su propia fe las sospechas de ideologización que frecuentemente lanza sobre otras estructuras sociales... aceptar la muerte de la iglesia de cristiandad para dejar renacer la iglesia de la evangelización". 

José Ramón Guerrero

EL OTRO JESÚS

(Ediciones Sígueme, 1978)


sábado, 31 de julio de 2021

EUCARISTÍA Y COMPROMISO POLÍTICO

 

"Si la Eucaristía celebra una entrega, una donación, un servicio, no es posible celebrarla más que en búsqueda de justicia, en dinámica de caridad. Sin embargo, la caridad ha sido frecuentemente falseada, reducida espiritualmente a consuelo de afligidos y materialmente a limosna. Para restituirla a su sentido primigenio, se dijo que la caridad era amor. Pero también el amor ha sido prostituido por la retórica o la inoperancia. Se lo ha reducido al amor sentimiento o al amor belleza. 

Un primer paso de rescate del amor o de la caridad ha consistido en situarla como constitutivo antropológico humano. Mas no puede quedar reducida la caridad al ámbito personal, familiar o conyugal. La relación del amor no es simplemente yo-tú, sino yo-pueblo, yo-hermanos. Sin praxis, es decir, sin acción transformadora del mundo, no hay amor, no hay caridad. El amor cristiano es caridad política; ha de procurar el bien común de todos, alcanzar la sociedad entera. 

La liberación y su celebración cristiana sólo son posibles a partir de la praxis de la caridad política.

(Misal de la Comunidad)

FE, CELEBRACIÓN Y PRAXIS

 "En la vida humana hay momentos que sirven para tomar conciencia y caer en cuenta. En estos momentos nos restauramos, nos recreamos. Son momentos significativos, por no decir celebrativos o festivos.  Lo mismo ocurre o debe ocurrir en la vida cristiana. Por supuesto que la primacía de la fe es vital para el cristiano, entendida la fe, no lo olvidemos, como conversión, obra de Dios, al mismo tiempo que tarea del hombre. Precisamente porque la fe es conversión y praxis, exige que se profese en tales condiciones que el acto sea un tránsito de Jesucristo a través de gestos humanos. No hay fe sin mediaciones de la fe. En determinados momentos estas mediaciones son sacramentales. La celebración es el lugar primordial donde se reconoce la fe. La fe no se verifica sólo y exclusivamente en la praxis, sino en la celebración de los hechos históricos, puesto que ahí se reconoce el don máximo de Dios, que es Jesucristo. La praxis y la celebración no son, sin embargo, dos modos diferentes de verificar la fe sino dos caras complementarias de un único obrar humano y cristiano. La fe vivida es una exigencia de la fe celebrada, y la fe celebrada una fuente gratuita de la fe vivida". 

(Misal de la Comunidad)

domingo, 14 de junio de 2020

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE INFIERNO?


Una canciòn en el ùltimo disco de Silvio Rodrìguez (Si Lucifer volviera al paraìso) y la lectura del Libro de la Vida, de Santa Teresa (su visiòn del infierno, Vida 32), me hizo recordar que habìa prometido compartir con el grupo algunas ideas de un artìculo de Andrès Torres Queiruga, titulado: "Cuando decimos infierno, ¡què queremos decir?". Aquì van pues algunas ideas y pasajes de dicho artìculo, que valgan como punto de partida de la reflexiòn compartida:  

UN PROBLEMA INQUIETANTE: El infierno es un misterio oscuro, y su tratamiento se presta a todas las deformaciones posibles... Desde el nùcleo de la religiòn es un tema secundario y colateral, un resto de lo no logrado, la sombra de la salvaciòn fracasada, pero ocupa a menudo un lugar central, movilizando los resortes màs hondos de la experiencia religiosa. A la simple evocaciòn del infierno, la bondad divina y la libertad humana, el sentido de la creraciòn y el valor de la redenciòn parecen quedar cuestionados. 

PRESUPUESTOS: 1. Una nueva percepciòn de Dios como el Abbá revelado por Jesús, que crea por amor y sòlo piensa en nuestra salvaciòn, que perdona a todos de manera incondicional y busca ùnicamente la vida del pecador, que no quiere ni siquiera permite el mal, sino que, situàndose a nuestro lado, lucha incansablemente contra él. Él, que como el Padre de la parábola, no piensa en el castigo, sino que sale cada día al camino con el corazón triste y esperanzado. 
2. Entender la REVELACIÓN, ya no como un dictado de verdades a tomar a la letra, sino como una larga experiencia promovida por Dios, pero que tiene siempre que ser leída de nuevo en cada momento histórico. 
3. La aceptación del carácter simbólico y no literal de todo el lenguaje sobre las postrimerías es hoy una adquisición común a toda la teología responsable. 
4. No quedar anclados en la repetición de un pasado muerto, sino abrirnos a la recreación auténtica de una experiencia que ha de ser tan actual como la reflejada en los textos fundacionales.

LO INTOLERABLE EN EL TRATAMIENTO DEL INFIERNO:  Nos referimos no al pasado, que no juzgamos, sino a lo que hoy no debería ser afirmado por una teología honesta con Dios, ni por una predicación respetuosa con la dignidad de los fieles. 

1. NO castigo, sino tragedia para Dios: De ningún modo resulta ya lícito hablar del infierno como castigo por parte de Dios y, mucho menos, como venganza. En la condenación de un ser humano, sea lo que sea que esto signifique, solo cabe ver algo que Dios no desea, que no quiere, que no impone, sino algo que él sufre y padece, que le duele y que no puede evitar. Todo lo que Dios hace o manifiesta va exclusivamente dirigido a la salvación. Dijo un teólogo que la situación es trágica para Dios, porque "está obligado a tener que juzgar allí donde quería salvar"; el rechazo de un ser humano al amor de Dios aparece como una derrota de Dios, que fracasa en su propia obra de salvación. 

2. Contra el abuso moralizante: Históricamente, muchas veces el infierno ha funcionado como factor de moralización; con la mejor intención, los predicadores alertaban sobre el mal uso de la libertad, pervertían el discurso cuando ese riesgo permanente se convierte en amenaza externa, utilizando a Dios como simple instrumento, identificándolo con esa amenaza o evocando su poder o su justicia para reforzarla. Muchas acusaciones hechas por la modernidad contra el cristianismo resultan mucho más cristianas que esas actitudes fomentadoras de una pastoral del miedo, que no sólo lleva al fracaso o al ateísmo, sino que paraliza el auténtico progreso moral. En nombre de una falsa imagen de Dios se estorba la auténtica realización de la bondad creadora de Dios. 

3. Contra las lógicas del horror: No dejarnos arrastrar por la lógica de los fantasmas de la imaginación; luego de la austeridad de las imágenes del primitivo cristianismo respecto al más allá, llegó una imaginería de fuera, y así el infierno fue perdiendo su carácter de advertencia existencial, de recia y severa, pero digna, llamada a la autenticidad, para convertirse en una realidad monstruosa y alienante, llenando de terror a generaciones de creyentes. Imaginación vinculada a los estratos más oscuros del inconsciente colectivo, manipulado por los intereses del poder y creando muchos resentimientos. Se trataba de una lógica juridicista que justificaba el sufrimiento objetivo del culpable, incluso con cierta satisfacción de parte del creyente, aunque cuando se intentaba justificar a Dios, diciendo que "no se deleitaba con las penas de los condenados, pero sí con el orden de su justicia". En el Cielo, decían algunos, los bienaventurados contemplarían con nitidez las penas de los impíos.

ASÍ, una teología que no supo mantener la lógica del amor acabó construyendo "la máquina más implacable, más completa y más desesperanzadora, de triturar a los malvados que el genio humano hubiese podido inventar". Más cercano a la experiencia cristiana estuvo Orígenes cuando dijo: "Cristo permanece en la cruz, mientras un solo pecador quede en el infierno".

LO QUE DE VERDAD SABEMOS: 

1. El infierno es la no-salvación: Es decir, es negatividad, sólo tolera un discurso negativo. La revelación habla  de la salvación, que constituye la acción de Dios en la historia humana, desde la creación; es la salvación la que nos dice entonces que el infierno es lo que Dios no quiere, aquello que nunca debería ser. Parece simple, pero es un principio interpretativo fundamental para discernir de posibles desviaciones. El infierno no puede ser considerado, de ninguna manera, una acción positiva de Dios, un castigo que el inflige. El infierno está siempre del otro lado de Dios, es lo que él no quiere, lo que él combate, ya que es la culminación del mal, su rostro último y definitivo. El infierno está contra Dios en la misma medida en que está contra el hombre. 
Pero además, el infierno subraya el carácter terrible de la condenación: lo terriblemente duro de ella está en la pérdida que supone, pues esta se mide por la grandeza de lo que se pierde: la salvación. 

(Al hablar del infierno estamos hablando de nuestro modo de comprender la salvación; una comprensión extrínseca, juridicista y heterónoma le tiene únicamente miedo al castigo, pero por ello mismo demuestra que no sabe lo que es la salvación). 

2. El infierno está en nosotros, al otro lado de Dios: Dios crea por amor y para la salvación; el infierno, sea lo que sea, es lo que no se logra con este propósito, algo que a Dios le duele como el mal último de sus criaturas, algo que Dios no puede evitar. No es Dios quien condena, sino que es el pecador el que se condena a sí mismo. KANT dijo: toda actuación por amor al premio o por miedo al castigo corrompe la moralidad en su misma raíz. Consecuencia: El lugar natural del infierno es la libertad del ser humano, en cuanto  amenazada siempre por un posible mal uso. Es la propia libertad la que puede crear la perdición; ahí radica su riesgo y su grandeza. NO es verdadera la frase de SARTRE: el infierno son los otros. Los otros pueden herir, hacer daño, pero no pueden llegar allí donde cada uno decide su destino: nadie puede suplantar la libertad. 

Todo cuanto podamos decir hoy acerca del infierno, tiene su raíz en la propia experiencia, tras el mal uso de la libertad por parte nuestra, y podemos experimentar un anticipo en lo que hacemos.  El verdadero infierno en la tierra acontece en la medida en que un ser se experimenta a sí mismo como torciendo la propia vida, frustrando la propia existencia y corrompiendo a su alrededor el orden de la historia o de la creación.  Todo ello es un anuncio de esa terrible posibilidad llamada condenación. Pero, mientras haya una chispa de libertad, todo permanece provisorio y siempre resulta posible la otra posibilidad: la salvación. El infierno TODAVÍA NO ES mientras duran la vida y la historia: está sólo como amenaza, como posibilidad, y las palabras que lo expresan , lo describen, han de ser interpretadas, no en un sentido literal, ni alimentando los peores fantasmas de la imaginación, sino como lenguaje performativo que llame a una vivencia más auténtica y suscite responsabilidad y esperanza. 

3. Lo definitivo: ¿Qué es lo que se revela acerca del infierno?: Dado que la revelación no es un reportaje del más allá, sino lo que captamos de lo que manifiesta Dios a lo largo de la historia, y no con altavoces celestiales, sino desde dentro, desde nosotros, a través de un largo proceso, y por mediadores inspirados, pero humanos como nosotros... sintetizamos todo lo anterior en cinco puntos:
a. Esencialmente, el infierno es algo negativo, es no-salvación; es decir, lo radicalmente opuesto a lo que única y exclusivamente interesa. Es una posibilidad inscrita en la libertad humana, frágil, y capaz de malicia y frustración, mientras que la salvación es una certeza. 
b. Por tanto, el infierno es, ante todo y sobre todo, lo que Dios no quiere para el ser humano, lo que frustra sus planes de salvación para  nosotros. Nunca debe ser visto como acción positiva de Dios, como castigo suyo, y menos, como venganza suya contra los seres humanos por sus faltas. 
c. En consecuencia, el infierno procede siempre de nuestro lado, de la limitación o de la malicia de la propia libertad; de llegar a realizarse, es porque nosotros lo escogemos, y es anticipable en nuestras propias opciones actuales. 
d. Sólo en este sentido se nos habla de infierno en la revelación y sólo en este sentido podemos saber algo de él: como llamada a no frustrar la salvación, convirtiéndola en conciencia de nuestra fragilidad y en fuerza cara a la autenticidad. 
e. A nivel objetivo, nada sabemos de esa posibilidad, fuera de su carácter terrible, entendible  desde la pérdida de lo más grande, y no por lo creado por los sueños monstruosos de nuestra imaginación. 

Esto es lo fundamental que, desde una adecuada lectura e interpretación de la Biblia, el magisterio y la tradición, se puede conjeturar con seriedad, de cara a orientar la vida a la salvación.