Mostrando entradas con la etiqueta Adviento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adviento. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de octubre de 2025

ORAR COMO QUIEN AMA Y SE DEJA AMAR (Domingo XXIX-C)

Si partimos de la definición teresiana de oración como “tratar de amistad con quien sabemos nos ama”, podemos leer las lecturas de este domingo como una pedagogía de esa amistad: una amistad que se sostiene en la lucha, se expresa en la insistencia, y se vive en comunidad.

1. La oración como trato de amistad (Santa Teresa)

Teresa no define la oración como técnica, ni como obligación, ni como fórmula. Para ella, orar es tratar de amistad, es decir, relación viva, diálogo confiado, presencia compartida. Pero no con cualquiera: con quien sabemos nos ama. La certeza del amor de Dios es el fundamento de toda oración auténtica.

Esta definición nos permite leer las lecturas de hoy no como instrucciones para orar, sino como escenas de amistad vivida.


2. Éxodo 17: Moisés ora como quien acompaña

Moisés no está solo. Ora por su pueblo, en medio de la batalla. Sus brazos levantados son gesto de intercesión, pero también de confianza en el Dios que camina con ellos. Cuando se cansa, no abandona: se deja sostener.

Aquí la oración es amistad que sostiene en la lucha. Moisés no busca controlar a Dios, sino permanecer en relación. Y esa relación se vuelve fuerza para el pueblo.

¿Cómo oramos cuando otros luchan? ¿Nos dejamos sostener cuando nos cansamos?


3. Lucas 18: La viuda ora como quien no se rinde

La viuda insiste ante un juez injusto. No tiene poder, pero tiene voz. Su oración es clamor persistente, no por capricho, sino por necesidad y esperanza.

Jesús nos dice que si incluso un juez injusto responde, cuánto más Dios, que es justo y nos ama. Pero la clave está en la actitud de la viuda: no se rinde, porque sabe que su causa es justa y que su voz vale.

¿Oramos como quien sabe que Dios escucha? ¿Nos atrevemos a insistir, no por ansiedad, sino por confianza?


4. Teresa: la oración como fidelidad amorosa

Teresa vivió noches oscuras, sequedades, cansancio. Pero nunca dejó de orar. Su “determinada determinación” no era terquedad, sino fidelidad a la amistad. Sabía que Dios no siempre responde como queremos, pero siempre está.

La oración, para Teresa, es permanecer junto al Amado, incluso cuando no hay palabras, incluso cuando todo parece estéril. Es no soltar la mano, como Moisés, como la viuda.

¿Educamos en esta oración que no busca resultados, sino comunión? ¿Acompañamos a quienes se cansan de orar?


5. Aplicación pastoral

Podemos invitar a nuestras comunidades a redescubrir la oración como amistad:
No como técnica, sino como relación.
No como obligación, sino como espacio de encuentro.
No como repetición, sino como fidelidad.

Y podemos proponer gestos concretos:
Sostener los brazos de quienes se cansan (acompañamiento, escucha, intercesión).
Orar con la terquedad de la viuda (persistencia, esperanza).
Permanecer como Teresa (silencio, presencia, confianza).

6. Oración final

Señor,
enséñanos a orar como quien ama,
como quien sabe que tú estás,
aunque no sintamos, aunque no veamos.
Que nuestra oración sea trato de amistad,
como la de Teresa, como la de Moisés,
como la de la viuda que no se rinde.
Que nunca nos cansemos de buscarte,
porque tú nunca te cansas de esperarnos.
Amén.

martes, 17 de diciembre de 2024

GENEALOGÍAS DE JESÚS EN LOS EVANGELIOS (2)

Comparto 2 comentarios de Enrique Martínez Lozano y su peculiar mirada sobre los textos bíblicos; en este caso la Genealogía de Jesús
:

"Parece que a los humanos nos han interesado siempre las genealogías. No solo por conocer el linaje al que se pertenecía, sino por algo más profundo: formamos una misma “familia” con quienes nos precedieron. En los evangelios encontramos dos listas que pretenden ofrecer el “árbol genealógico” de Jesús: Mateo arranca de Abraham, el padre del pueblo judío, dividiendo la historia del pueblo en tres bloques de catorce generaciones cada una. Lucas, sin embargo, comienza en José hasta llegar a Adán y, finalmente, a Dios (Lc 3,23-38). 

Quizás podamos comprender la diferencia si tenemos en cuenta que Mateo escribe en una comunidad judía, mientras que Lucas pertenece a una comunidad mayoritariamente helenista. En cualquier caso, el sentido de ambas listas es el mismo: toda la historia –judía o universal– se orienta hacia Jesús. Es comprensible que cada pueblo –cultura o religión– haya tendido a considerarse a sí mismo como el “centro” de la historia y del universo: es el etnocentrismo típico de la consciencia mítica. Y eso ocurrió también con el cristianismo. Si abandonamos la trasnochada pretensión etnocéntrica, desde la perspectiva no-dual podemos reconocer a “Cristo” como símbolo de toda la humanidad y de toda la realidad manifiesta. 

El centro de la historia no es un momento determinado dentro del tiempo que nuestra mente imagina, sino el Presente eterno, en su doble cara: lo invisible y lo manifiesto, abrazados en una secreta unidad. “Cristo” es, en la tradición cristiana, el símbolo y el nombre de ese abrazo no-dual que no deja nada fuera. 

¿Me siento uno con todos y con todo?

Mateo comienza su evangelio con la genealogía de Jesús, que remonta hasta Abraham, el “padre del pueblo” (a diferencia de Lucas, que llegará hasta Adán) y, desde él, a Dios. Se trata de una genealogía simbólica, cargada de contenido, dividida en tres grandes periodos, de “catorce generaciones” cada uno de ellos: de Abraham a David, de David al exilio, y del exilio al Mesías. 

Con esa periodización, Mateo hace girar la historia de su propio pueblo (“elegido”) en torno a tres ejes: Abraham, David y Jesús, como introducción de un escrito en el que proclamará a este último como el Mesías de Dios. En cierto modo, tal como los vivieron aquellas primeras comunidades, todo el pueblo elegido queda “recapitulado” en la persona del Maestro de Nazaret. 

El modelo mental no logra superar la separación. Por el contrario, cuando una persona se encuentra realmente con su verdadera identidad, se descubre una con toda la humanidad. Es claro que se siguen advirtiendo las diferencias, pero diferencia no significa separación. 

La mente, a falta de otros criterios, tiende a absolutizar las diferencias y, al situarse en la línea del tiempo, divide la historia según sus propias referencias. Sin embargo, cuando vamos más allá del nivel al que la mente puede acompañarnos, descubrimos que nuestra verdad es una y compartida: habitamos la misma “casa” aunque, en este “juego” de formas, desarrollemos papeles diferentes. Al ser una y la misma, el encuentro con la propia verdad implica el encuentro con la verdad de todos los seres. Encontrar la propia casa es descubrir la casa común. Acceder a la propia verdad es llegar a la verdad de Dios. 

Dos místicos sufíes del siglo XIII lo han leído de este modo: “Cada imagen pintada en el lienzo de la existencia es la forma del mismo artista. Eterno Océano que vomita nuevas olas. «Olas» es el nombre que les damos, pero en realidad solo hay mar” 
(Fakir-al-Dîn ‘Iraqui). 
“El Océano es el Océano como lo es desde la Eternidad, y los seres contingentes solo olas y corrientes. No dejes que las olas y las brumas del mundo te velen a Aquel que adopta la forma de esos velos”
 (Mu`ayyid al-Dîn Jandî). 

¿Qué me ayuda a permanecer conscientemente en “casa”?

ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO

LA GENEALOGÍA DE JESÚS EN SAN MATEO (Según Benedicto XVI)

"Cuando Mateo comienza su Evangelio con la genealogía de Jesús, quiere poner de inmediato bajo la luz correcta, ya desde el principio, la pregunta sobre el origen de Jesús; la genealogía es como una especie de título para todo el Evangelio. 

Para Mateo, hay dos nombres decisivos para entender el «de dónde» de Jesús: Abraham y David. 

Con Abraham –tras la dispersión de la humanidad después de la construcción de la torre de Babel– comienza la historia de la promesa. Abraham remite anticipadamente a lo que está por venir. Él es peregrino hacia la tierra prometida, no sólo desde el país de sus orígenes, sino que lo es también en su salir del presente para encaminarse hacia el futuro. Toda su vida apunta hacia adelante, es una dinámica del caminar por la senda de lo que ha de venir. Con razón, pues, la Carta a los Hebreos lo presenta como peregrino de la fe fundado en la promesa, porque «esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios» (Hb 11,10). Para Abraham, la promesa se refiere en primer término a su descendencia, pero va más allá: «Con su nombre se bendecirán todos los pueblos de la tierra» (Gn 18,18). Así, en toda la historia que comienza con Abraham y se dirige hacia Jesús, la mirada abarca el conjunto entero: a través de Abraham ha de venir una bendición para todos. 

Por tanto, desde el comienzo de la genealogía la visión se extiende ya hacia la conclusión del Evangelio, en la que el Resucitado dice a sus discípulos: «Haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19). En la singular historia que presenta la genealogía, está ciertamente presente ya desde el principio la tensión hacia la totalidad; la universalidad de la misión de Jesús está incluida en su «de dónde». 

Pero la estructura de la genealogía y de la historia que en ella se relata está determinada totalmente por la figura de David, el rey al que se le había prometido un reino eterno: «Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia y tu trono durará por siempre» (2 S 7,16). La genealogía propuesta por Mateo está modelada según esta promesa. Y se articula en tres grupos de catorce generaciones: primero, ascendiendo desde Abraham hasta David; descendiendo después desde Salomón hasta el exilio en Babilonia, para ir subiendo de nuevo hasta Jesús, donde la promesa llega a su cumplimiento final. Muestra al rey que durará por siempre, aunque del todo diverso al que cabría pensar basándose en el modelo de David. 

Esta articulación resulta aún más clara si se tiene en cuenta que las letras hebreas que componen el nombre de David dan el valor numérico de 14 y, por tanto, también a partir del simbolismo de los números, David, su nombre y su promesa, marcan la vía desde Abraham hasta Jesús. Apoyándose en esto, podría decirse que la genealogía, con sus tres grupos de catorce generaciones, es un verdadero evangelio de Cristo Rey: toda la historia tiene la vista puesta en él, cuyo trono perdurará para siempre. 

La genealogía de Mateo es una lista de hombres, en la cual, sin embargo, antes de llegar a María, con quien termina la genealogía, se menciona a cuatro mujeres: Tamar, Rahab, Rut y «la mujer de Urías». ¿Por qué aparecen estas mujeres en la genealogía? ¿Con qué criterio se las ha elegido? 

Se ha dicho que estas cuatro mujeres habrían sido pecadoras. Así, su mención implicaría una indicación de que Jesús habría tomado sobre sí los pecados y, con ellos, el pecado del mundo, y que su misión habría sido la justificación de los pecadores. Pero esto no puede haber sido el aspecto decisivo en su elección, sobre todo porque no se puede aplicar a las cuatro mujeres. Es más importante el que ninguna de las cuatro fuera judía. Por tanto, el mundo de los gentiles entra a través de ellas en la genealogía de Jesús, se manifiesta su misión a los judíos y a los paganos. 

Pero, sobre todo, la genealogía concluye con una mujer. María, que es realmente un nuevo comienzo y relativiza la genealogía entera. A través de todas las generaciones, esta genealogía había procedido según el esquema: «Abraham engendró a Isaac...». Sin embargo, al final aparece algo totalmente diverso. Por lo que se refiere a Jesús, ya no se habla de generación, sino que se dice: «Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo» (Mt 1,16). En el relato sucesivo al nacimiento de Jesús, Mateo nos dice que José no era el padre de Jesús, y que pensó en repudiar a María en secreto a causa de un presunto adulterio. Y, entonces, se le dijo: «La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo» (Mt 1,20). Así, la última frase da un nuevo enfoque a toda la genealogía. María es un nuevo comienzo. Su hijo no proviene de ningún hombre, sino que es una nueva creación, fue concebido por obra del Espíritu Santo. 

No obstante, la genealogía sigue siendo importante: José es el padre legal de Jesús. Por él pertenece según la Ley, «legalmente», a la estirpe de David. Y, sin embargo, proviene de otra parte, de «allá arriba», de Dios mismo. El misterio del «de dónde», del doble origen, se nos presenta de manera muy concreta: su origen se puede constatar y, sin embargo, es un misterio. Sólo Dios es su «Padre» en sentido propio. La genealogía de los hombres tiene su importancia para la historia en el mundo. Y, a pesar de ello, al final es en María, la humilde virgen de Nazaret, donde se produce un nuevo inicio, comienza un nuevo modo de ser persona humana".

Benedicto XVI
LA INFANCIA DE JESÚS

martes, 26 de noviembre de 2024

ADVIENTO: SALIR AL ENCUENTRO DE CRISTO QUE VIENE

 

Luego de varios meses sin publicaciones, regreso con la invitación a iniciar un nuevo año litúrgico: el domingo empieza nuestro ADVIENTO 2024. 

"ADVIENTO es el tiempo oportuno y privilegiado para escuchar el anuncio de la liberación de los pueblos y de las personas. En él se percibe una invitación a dirigir el ánimo hacia un porvenir que se aproxima y se hace cercano, pero que todavía está por llegar. Tiempo para descubrir que nuestra vida pende de unas promesas de libertad, de justicia, de fraternidad todavía sin cumplir; tiempo de vivir la fe como esperanza y como expectación, tiempo de sentir a Dios como futuro absoluto del ser humano"

(Misal de la comunidad)

Comenzamos el ciclo C, que sigue el Evangelio según San Lucas. Además de nuestras lecturas habituales para este tiempo, sería bueno hacer una pequeña introducción a LUCAS, utilizando las presentaciones que para este evangelio hacen nuestras Biblias.

Es de mucho provecho revisar los textos bíblicos que utilizaremos en los cuatro domingos de Adviento, para captar las ideas fundamentales que dan el sentido espiritual a este “camino” que vamos a emprender. Podemos hacerlo solos, a nivel personal, o a nivel de grupos en nuestra comunidad religiosa o parroquial. 

Como primera lectura para los cuatro domingos de Adviento tomamos textos proféticos; si en los ciclos A y B predomina Isaías, en el que vamos a seguir este años aparecen otros profetas: Jeremías, Baruc, Sofonías y Miqueas. Estos profetas hablan al pueblo para animarles en tiempos calamitosos y sostener la esperanza en la cercanía de Dios, promesas de justicia y de misericordia. Estas lecturas están sostenidas después por los salmos con los que oramos y aclamamos en nuestras asambleas esos domingos: A Ti, Señor, levanto mi alma; El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres; Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel; Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. Son expresiones de anhelo, de necesidad, de confianza y gozo.

Como segunda lectura para los cuatro domingos de Adviento tomamos pasajes de cartas del apóstol Pablo los tres primeros, y para el cuarto de la Carta a los hebreos. El tono es exhortatorio: buenos deseos y buenas obras preparan el camino del Mesías. Agrademos a Dios con nuestra vidas, oremos unos por los otros y crezcamos en amor, estén siempre alegres en el Señor, y digamos siempre: Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad. 

Finalmente, los pasajes del Evangelio a proclamar los cuatro domingos de Adviento: Lucas 21, 25-28.4-36; Lucas 3, 1-6; Lucas 3, 10-18, y Lucas 1, 39-45. La primera mitad del Adviento tiene siempre un tono apocalíptico, mirando a la segunda venida de Cristo, y ya luego después del día 17, apuntando al nacimiento de Jesús en la historia y en cómo debemos prepararnos para recibirlo. 

Falta que ponga cada uno lo propio; la historia personal,  familiar o social con la que vive este años la espera de Cristo. ¿Cuáles son nuestros anhelos o nuestras necesidades? ¿Qué esperamos? Ahí nos habla Dios y ahí nos invita a crecer. 

Dios nuestro, Padre de todos, aviva en nosotros, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompañados por los hermanos y por las buenas obras, para que participando desde ahora en la construcción de tu Reino, merezcamos participar de todas tus promesas.

Fray Manuel de Jesús, ocd

jueves, 21 de diciembre de 2023

ADVIENTO: CAMINO A BELÉN

 

En los últimos meses he escrito bastante poco en mis blogs; las razones son varias y no voy a detenerme ahora en ellas. En este en particular compartí algo sobre el primer domingo de Adviento, y luego nada más; la prisa con la que trascurre el tiempo no me permite caer siempre en la cuenta de ello. Y el Adviento va llegando a su final, porque este año es más corto que otros años, apenas 3 semanas, y luego ya la Navidad. 

 Adviento trae siempre 4 domingos, y dos momentos: el primero, enfocado a la última venida de Cristo, al final del tiempo; el segundo, prepara la celebración concreta de su venida en la historia, según narran los Evangelios. De Isaías a María, pasando por Juan Bautista, preparar un camino, disponerse, abrirse al que nunca deja de venir.

TRES PALABRAS IMPORTANTES para que Dios pueda encontrar un lugar donde nacer en nuestra vida; tres palabras con las que el ángel interpela a María; tres actitudes para preparar el camino al que viene: ALÉGRATE... NO TENGAS MIEDO... El SEÑOR ESTÁ CONTIGO... Descubre el gozo que viene de lo profundo del corazón y de la vida, echa fuera el miedo, y confía en su presencia sanadora y salvadora. 

"Dondequiera que el hombre se pone en movimiento e inicia la marcha del Adviento, tendrá como recompensa también el gran encuentro, porque esa es la manera como se realiza la liberación del hombre: Dios da la libertad a quienes hacen de su venida a este mundo una experiencia personal, en todo el consuelo y el apoyo que la experiencia comporta" (Alfred Delp).

"Dichosos también ustedes, porque han oído y creído; pues toda alma creyente concibe y engendra la Palabra de Dios y reconoce sus obras... Porque si corporalmente no hay más que una madre de Cristo, en cambio, por la fe, Cristo es el fruto de todos..".
(san Ambrosio)

jueves, 30 de noviembre de 2023

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO: CAMINAR, PRÁCTICAR, ESTAR ALERTAS...

Caminar a la luz del Señor. Practicar gozosamente la justicia. Estar vigilantes. 

1. Adviento es tiempo de vigilia en espera de la venida de Dios a nuestra historia; por la conversión nos disponemos a acoger al Dios que nace entre nosotros. Estar en vela (actitud interior frente a la vida, a la historia y a Dios). La utopía de un mundo mejor.

2. Comenzamos la preparación a la venida del Señor, y Marcos nos llama a prestar atención a los signos de los tiempos, a la historia. Reconocer el Kairós de Dios, su momento para salir a nuestro encuentro. Ver más allá del consumismo, de lo banal, para promover la esperanza.

3. Estar vigilantes. La espera implica estar alertas. Parusía (Apocalipsis no significa catástrofe, sino revelación). Promover el amor y la justicia.

(Resumen de comentarios de Gustavo Gutiérrez)

miércoles, 21 de diciembre de 2022

EL ADVIENTO NO SE ACABA... LA NAVIDAD TAMPOCO

Va terminando el tiempo litúrgico de ADVIENTO, y el domingo pasado encendimos el último cirio de la corona; senda de luces interiores que nos permite abrir un camino en nuestra vida al que siempre viene como Luz. Leíamos el pasaje de Mateo que cuenta la anunciación a José, dudoso en recibir a María como mujer ante las sorpresa de su prematuro embarazo; el ángel le habla en sueños comunicándole el plan de Dios para él y José acepta, como María aceptará también en el relato de Lucas que hemos leído luego esta semana. Pocos días para la NAVIDAD, y la Virgen sigue soñando caminos para nosotros, como antes soñó ella los caminos de Dios para que Jesús pudiera venir al mundo.

El domingo hablé de la gradualidad de la revelación de Dios en los textos proféticos de la Escritura, y luego también el lunes comenté acerca de las antífonas para estos días con los títulos mesiánicos y sobre el carácter de los relatos de la infancia de Jesús; sobre estos temas hay entradas anteriores en el blog. Debemos ser capaces de leer y mirar más allá de las palabras del relato bíblico y encontrar claves para entender nuestra vida cotidiana: pensar que siempre es adviento y siempre también momento de volver a nacer. 

Encuentro algo que escribí en años anteriores por estas fechas y lo comparto a continuación:

Hemos recorrido el camino de Adviento, y ya estamos a las puertas de la Navidad: cuatro domingos y cuatro estaciones: la confianza, la esperanza, la alegría y la disponibilidad, para que el amor encuentre un lugar donde renacer. Los cuatro cirios que encendimos domingo tras domingo se han gastado en el camino, pero ahora vemos la luz de una estrella que señala el lugar donde nacerá una vez más la esperanza. Pero fíjate: no es un lugar hermoso, grande, fuerte, sino un sitio marginal, sencillo, débil... Dice la tradición que los padres del niño no encontraron sitio, y acabaron en un establo, lleno de animales, y allí vino al mundo lo tan anhelado, sin que la mayoría se diese cuenta. Las cosas importantes no siempre llegan a nuestra vida entre fanfarrias, sino despacio, en silencio, imperceptiblemente. Nosotros hemos hecho el recorrido de la restauración, y por eso ahora nuestros ojos pueden ver la luz, el rostro que ilumina, la llamada de la salvación. "Confiemos en la vida, porque no tenemos que vivirla solos: Dios está con nosotros". Recibámoslo hoy y siempre, porque él nace y viene a nosotros constantemente, de muchas formas y por muchos caminos. 

La Navidad es el misterio de un encuentro, el del hombre con un Dios que se hace hombre, y por ello, un Dios que está en cada semejante, hombre o mujer, y exige reconocimiento. Pero nuestros ojos suelen buscar a Dios en las mediaciones y perderlo de vista en lo más suyo, y más mío, olvidando las palabras de la Escritura: "No te cierres a tu propia carne". En el misterio de la Noche Buena, toda la humanidad ha sido elevada a un nivel superior, capacitada para nuevas posibilidades y llamada a dar un nuevo testimonio. "Desde NAVIDAD anda Dios de camino en busca y con el corazón en ascuas...". Pero tristemente como aquella noche santa, algunos "creen en todo: en cada ceremonia, en cada costumbre; en lo único que no creen es en el Dios vivo" 
( Las citas entre comillas son de Alfred Delp). 

Mis deseos son que tengan todos los que pasan por el blog una FELIZ NAVIDAD.

Fray Manuel de Jesús, ocd.


lunes, 12 de diciembre de 2022

TERCERA SEMANA DE ADVIENTO: "SIGNOS DEL ADVENIMIENTO DE CRISTO"

 

El futuro que nos aguarda se nos anuncia a través de ciertos signos y señales; en ellos se nos adelanta y anticipa el Reino de Dios. "Anuncien lo que han visto y oído" (Lc 7,21). El signo principal es el heraldo, el profeta, el testigo que pregona la Buena Nueva del Evangelio acogida antes por él y hecho vida gozosa en su existencia.

 También son signos del advenimiento de Dios los pobres, los humildes, el llamado "resto de Israel", es decir, esa masa de hombres y mujeres marginados por los poderosos; la incontable diáspora de quienes viven prostituidos... Los publicanos y las estériles anuncian el Reino porque éste es gratitud pura y no llega como resultado de nuestros merecimientos ni de nuestras búsquedas.  Para Dios, los lejanos son los cercanos, y los últimos, los primeros. Ciertamente hace falta fe y disponibilidad, es decir, que la tierra esté abierta. Pero lo decisivo es el rocío y la lluvia de lo alto. 

 Escrutemos los signos de los tiempos, observemos el rumbo que llevan los acontecimientos. No nos escandalicemos de que el más pequeño, si se abre al Reino, sea un profeta más poderoso que el Bautista.

 Preguntemos a los que se acercan a nosotros con los signos de Cristo: ¿eres tú el que ha de venir? Pero no nos escandalicemos si el Cristo que llega es el que menos esperamos, el pobre de Yavé, manso y humilde, y no el condenador de nuestros enemigos, como quisiera ese hombre pecador que llevamos dentro.

(Misal de la Comunidad)


sábado, 10 de diciembre de 2022

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO: MORIR A LO VIEJO PARA QUE NAZCA LO NUEVO

 

Ya estamos en el tercer domingo de Adviento, cada vez más cerca la fiesta grande del nacimiento de Jesús. Hoy alguien cuestionaba en las redes el por qué celebrar ese día, si en realidad no conocemos la fecha de su nacimiento histórico; claro que Jesús no nació un 25 de diciembre, fue la Iglesia en un momento determinado quien eligió ese día, acorde con la cultura religiosa de entonces: ese día se celebraba al Sol invicto en la religión politeísta en el Imperio Romano, antes de que el cristianismo ocupara su lugar y asumiera sus funciones. Pero no es tan importante si ese día nació, sino que nació y vivió y murió y resucitó por nosotros, con nosotros. No celebramos, como a veces he leído, "el cumpleaños de Jesús"; el 25 de diciembre celebramos uno de los dos grandes Misterios de la fe cristiana: la Encarnación.

 Veamos entonces lo que la Palabra nos reserva para nuestra meditación y celebración de este domingo, llamado tradicionalmente "de Gaudete", que en latín significa "Alegría", porque así empieza la antífona de la eucaristía en este día: "Esten siempre alegres en el Señor; se los repito, estén alegres. El Señor está cerca" (Filipenses 4, 4.5).

Primera lectura (Isaías 35, 1-6a.10): Un profeta, discípulo de Isaías, expone al final del destierro el gozo de la restauración de Judá, signo, manifestación histórica de la salvación. Esa restauración es obra de Dios, y en ella revela su poder, sus caminos y su misericordia. La vuelta a Jerusalén (símbolo de la salvación) se describe como una renovación de la naturaleza y una transformación del hombre. Y supone también un juicio. Es como una peregrinación sagrada, que nos remite a Jesús, que llega también perdonando y sanando, revelándose como Dios salvador. 

Salmo 145: "Ven, Señor, a salvarnos". La llegada del Mesías traerá renovación, transformación y liberación, sobre todo de los oprimidos, de los últimos: hambrientos, cautivos, viudas, huérfanos... No es meramente una salvación espiritual como vemos en el texto, que habla de realidades concretas, de sufrimiento humano.

Segunda lectura (Santiago 5, 7-10): La perspectiva de la Venida del Señor se convierte en exhortación a la santidad de vida; esa espera, alegre y esperanzada, condiciona la vida del cristiano; ha de vivir con paciencia y fortaleza, amando y sirviendo a los hermanos. Toda la vida cristiana está signada por esta tensión escatológica. 


Evangelio
(Mateo 11, 2-11): La pregunta de Juan Bautista para Jesús da un carácter particular a este domingo; dijimos en los domingos anteriores que en los momentos más difíciles y oscuros del camino podemos dudar y preguntarnos: ¿Será o no será este el camino verdadero? Pero también sucede que a menudo idealizamos el futuro, lo fijamos según nuestras perspectivas, y Dios desafía siempre nuestros conceptos religiosos, invitándonos a reconocerle en lo que es, en lo Real. El mensaje de Juan Bautista  va en una línea diferente a la de Jesús; el prepara el camino según los conceptos judíos de realeza y destino de esa nación, y lo hace con un lenguaje duro, apocalíptico. Pero ahora Jesús se aparece con otra cosa, otro lenguaje, otras formas, y habla de perdón, de preferencia por el pobre, incluso de salvación más allá de las fronteras del pueblo elegido. Juan está preso, y a las puertas de la muerte, y no entiende: por eso pregunta: ¿Eres Tú o seguimos esperando a otro?. Jesús le responde citando a los profetas de Israel que Juan conoce, pero también alaba a Juan, reconoce su misión y su grandeza, al mismo tiempo que señala el tiempo que llega: "El más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que Juan". 

 El Bautista cierra una época y una nueva se abre con Jesús; a veces nosotros seguimos aferrados a las formas y estilo de Juan Bautista, nos gusta su lenguaje duro, de amenazas y castigos (sobre todo porque casi siempre es para otros y no para nosotros), que tal vez son necesarios para llegar a Jesús, en el caso de algunos o en determinados ambientes. Pero ese no es el Evangelio de Jesús, no es lo que nos colma de alegría al preparar los caminos del Señor. A veces algo tiene que morir en nosotros para que nazca lo nuevo (la estrechez de ciertos conceptos religiosos), y toda muerte es difícil y dolorosa, pero  debemos entrar en la alegría, la sorpresa, el renacer que trae Cristo cuando llega a nuestra vida. 

Eso es lo que esperamos y preparamos en Adviento.

Fray Manuel de Jesús, ocd.

lunes, 5 de diciembre de 2022

INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA (2)

Tenemos en la Iglesia Católica cuatro verdades de fe referidas a María o dogmas marianos: Maternidad, Virginidad, Inmaculada, Asunción.

Así aparece expresado el dogma de la Inmaculada Concepción de María: “Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelado por Dios, y por consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del genero humano”.
(Bula Ineffabilis Deus. Pio IX, 8 de diciembre de 1854).

Esta afirmación dogmática: 
1- Es un caso límite del desarrollo de los dogmas.
2-Es una solemnidad del año litúrgico.
 3-Vinculada al debate teológico sobre el pecado original. 
4- Punto de fricción en el diálogo con los hermanos protestantes y ortodoxos.

A- Largo proceso histórico teológico hacia la definición del dogma: La fe de la iglesia madura y crece en la comprensión de las verdades reveladas bajo el influjo del Espíritu y mediante el ejercicio de los distintos carismas (Pueblo, teólogos, magisterio). En el caso de la Inmaculada lo primero fue el influjo prioritario de la fe del pueblo; luego la reflexión y función iluminadora de la teología, y finalmente la intervención moderadora, promotora y definidora del magisterio.

B- ¿Fundamentos bíblicos?. Explícitamente NO. Pero en ella está el fundamento de lo que sería el dogma definido por la Iglesia. Textos claves: Proto-evangelio Génesis(Eva y María, la serpiente)., Imágenes bíblicas: Arca de la Alianza, Torre de Marfil, Zarza encendida Sabiduría. Jerusalén. En fin: Que la Escritura, si se la lee con los ojos de la Iglesia, revela una plenitud de sentido que no brota de la simple formulación del texto, es decir, de la razón sola.

C- Una teología de la Inmaculada Concepción: Insertarla en la visión global del misterio cristiano, y sobre todo de la santidad de María, la redención operada por Cristo y el pecado original. Si aislamos la verdad mariana corremos el riesgo de no comprenderla e incluso de interpretarla heréticamente. ES fundamental que el dogma se encuadre en el CONJUNTO DE LA VIDA DE MARÍA, y armonizarlo con los diversos elementos de LA HISTORIA DE LA SALVACION y sobre todo con su centro vivo, CRISTO.

Así, es importante verla como: 1- Signo manifestativo del amor gratuito del Padre. 2- Expresión perfecta de la redención operada por Cristo. 3-Creación de la gracia del Espíritu Santo. (Es la obra de Dios en María).

Resumen: El Dogma definido en 1854 coronaba una batalla secular, y fue definido con el consenso de obispos y fieles. Hoy es importante saber presentarlo de forma actualizada teniendo en cuenta la historia, la teología, la espiritualidad y la cultura. 

Es un evidente HECHO ECLESIAL. Ella nos habla de la belleza de la obra de Dios, manifiesta la plenitud y perfección del amor redentor de Cristo, es comunicadora de salvación, y nos habla de UN MUNDO NUEVO QUE BROTA DE LA GRACIA. En ella la Iglesia encuentra su UTOPIA, su imagen más santa después de Cristo, que es su Ser, y deber ser de “esposa inmaculada”. La condición de María no la separa de la humanidad ni de la Iglesia, porque la Inmaculada tiene una FUNCION TIPOLOGICA PARA LA COMUNIDAD CRISTIANA Y CADA UNO DE SUS MIEMBROS. Es un privilegio popular y en cierto modo participable. 

Inmaculada no significa exenta de sentimientos humanos, los más intensos y vitales, ni de limitaciones y condicionamientos culturales, sufrimiento, camino de maduración o peregrinación en la fe. ES INMUNE DE PECADO Y DE LA CONCUPISCENCIA QUE CONDUCE AL MAL y HA SIDO PRESERVADA DE TODA SUMISION O CONNIVENCIA CON EL MAL, TANTO INTERIOR COMO ESTRUCTURAL, pero María, bajo el influjo de la gracia puso sus impulsos y tendencias al servicio de un proyecto santo.

Lecturas de la Misa: Con la elección de estas lecturas (Génesis, Efesios y Lucas) la liturgia intenta suscitar la alabanza de Dios por su plan salvífico, que se realiza plenamente en María. Ella forma parte de una historia de la salvación en la que nosotros estamos implicados. Ella es una verificación de nuestra condición y de nuestro destino: No alienación, sino concienciación y compromiso personal.

Así, reconocer a María Inmaculada es:

1- Un acto doxológico de alabanza por las “grandes cosas” obradas en ella.

2- Un motivo de esperanza, porque indica la marcha de la historia en el sentido del triunfo de la gracia sobre el pecado.

3- Un estar involucrado en la actividad salvífica mediante la opción fundamental por Cristo, siguiendo la huella de la respuesta de fe de María.

(Diccionario de Mariología, voz: Inmaculada.)

INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

Hoy se habla mucho de ir al fondo, al origen, a la raíz. Sabemos que la fuente de solución de todas las cosas está en recomponer los cimientos sobre los que se apoya el edificio. De aquí nace ese deseo de ir a la base, de llegar a la hondura de las cuestiones, de sanar las situaciones desde la misma raíz. Los movimientos reformadores buscan esto. No se conforman con poner remiendos nuevos en vestidos viejos; es necesario hacer todo nuevo, y a esto le llaman revolución: ver el origen de los males, curarlos en su misma fuente, para que surja algo completamente nuevo.

 El ser humano está herido. Pero no es una llaga periférica lo que tiene, sino un mal enraizado, en la raíz. El núcleo mismo del ser humano ha sido dañado. Por eso Dios, a través de la imagen de María, nos manifiesta su decisión de hacer todo nuevo, desde las mismas raíces. Eso es la Inmaculada Concepción de María: el anuncio del plan de Dios de hacer surgir una nueva creación, en la que el ser humano, hombre y mujer, alcance un estilo de vida lleno de luz, en posesión de sí mismo, en comunicación con los demás y en relación con Dios.

 El mensaje de esta fiesta, celebrada en medio del Adviento, es el anuncio de que hemos sido sanados desde los cimientos de nuestra propia naturaleza, y la Humanidad camina hacia una redención y plenitud realizada en Cristo, que empezó con María y su aceptación del plan de Dios. Esta es la promesa y el objeto de nuestra fe y esperanza. 

ORACIÓN: "Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos por su intercesión llegar a Ti limpios de todas nuestras culpas".

LECTURAS PARA LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA: 

PRIMERA: Génesis 3, 9-15.20. La figura adámica expresa la radical condición de servidumbre, y las penalidades en que esta se concreta, asociadas al mal y este al fallo humano. Los descendientes de la madre simbólica (todo el género humano) se saben comprometidos en la lucha con el mal. En ese propósito les alienta una promesa de victoria: Dios está con el hombre en esa lucha. La historia de la salvación señala su presencia en personas y signos que le revelan redentor. 

SALMO 97: "Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas".

SEGUNDA: Efesios 1, 3-6.11-12. María pertenece al proyecto primitivo del Creador, que es un proyecto optimista y favorable a la humanidad. La Inmaculada Concepción de María es la fiesta del optimismo cristiano. 

EVANGELIO: Lucas 1, 26-38. El anuncio hecho a María de su maternidad divina es una noticia alegre y estimulante. Dios se hace hombre para siempre. No como los dioses paganos que sólo hacían breves incursiones en este valle de lágrimas.

PALABRA Y EUCARISTÍA: Jesús no conoció el pecado, es la primera criatura de la nueva creación; es santo, y Dios se comprometió de tal manera con él, y con nosotros en él, que venció en su vida la raíz misma del pecado humano. Es un motivo grande para bendecir a Dios, y al celebrar la Eucaristía debemos caer en la cuenta de que todos ya participamos de algún modo de lo que es Cristo, y fue María: santos e inmaculados (Ya, pero todavía no plenamente). Esta fiesta anuncia nuestro destino también.

REFLEXIÓN:

"Celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Para nuestro pueblo, María es la Madre con su niño en brazos; Jesús es el fruto bendito de su vientre. Es también la Dolorosa que al pie de la cruz acompaña a su hijo crucificado, con un corazón traspasado por la injusticia. Ella, la de puro corazón, sin doblez ni malas intenciones, es la mujer bendita porque en ella se reivindica el papel de la mujer en la historia, llena de gracia, como toda mujer que se desgasta por amor engendrando vida nueva. Ella también es presencia y palabra de una humanidad nueva, liberada del "orgullo de nuestra naturaleza egoísta", representación de esa nueva creación del Reino de Dios entre nosotros. Las celebraciones marianas tienen un sabor popular dulce y entrañable porque en ellas queda evidenciado el amor a la Madre de Jesús y madre nuestra. Ojalá que al hacer memoria agradecida de María, agradezcamos el don de las mujeres de nuestra vida, y trabajemos por la realización plena del proyecto de Dios que inauguró María con su Sí". 


(MISAL DE LA COMUNIDAD y Bíblico 2022).  

EL ADVENIMIENTO DEL REINO (Segunda semana de Adviento)

¿Qué hemos de esperar, como humanos y como creyentes, de nuestro futuro? Los profetas, especialmente Isaías, nos lo irán revelando llenos de una esperanza indefectible, paciente, fiducial. Todo lo que hay de desierto en nuestro presente será transformado en vergel .El inmenso yermo que nos rodea irá siendo regado por los ríos, fuentes, manantiales del espíritu. Detrás de estás imágenes está la promesa eficaz del renacimiento y el despertar como nuevas creaturas, y el perdón de los pecados. 

 Pero ahora no vivimos en la pura  expectación. Con Cristo han entrado ya en la historia las primicias de las promesas. Por eso la liturgia de Adviento menciona a las grandes figuras "fronterizas" del advenimiento del Reino. 

 En primer lugar, Elías. Elías volvería a aparecer, según la piedad popular de los judíos, cuando fuera ya inminente la llegada del final. Con Jesús ha llegado la inminencia del final y por eso nos dice Mateo en su evangelio: "Elías ha venido" (17,12).

 En segundo lugar aparece Juan Bautista. Juan es la figura que marca la línea divisoria entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre el tiempo antes de Cristo y después de Cristo. Por aquí pasa la frontera que separa una historia que vive de la pura esperanza y otra, la nuestra, que empieza a poseer ya los bienes esperados, los bienes mesiánicos. Aunque esta posesión sigue estando amasada con el dolor, el esfuerzo, la persecución. 

LECTURAS DE SEMANA

Lunes: Isaías 35, 1-10 (Una corriente de gozo atraviesa todas las cosas, anunciando al Dios que viene, y el pueblo redimido camina por un desierto transformado).

Martes: Isaías 40, 1-11 (Adelanto del gozoso evangelio de que Dios perdona y viene, para acompañar a los desterrados a una nueva tierra, y en el anuncio ya está Dios visible).

Miércoles: Isaías 40, 25-31 (La angustia del destierro pone un velo en los ojos y oculta al Dios salvador; el profeta invita a mirar la creación y a sentir presente la fuerza del salvador).

Jueves: Inmaculada Concepción

Viernes: Isaías 48, 17-19 (No basta que Dios prometa; el pueblo ha de hacer suyas esas promesas, comprometerse con el proyecto de Dios).

Sábado: Eclesiástico 48, 1-4.9-11 (Elías, como precursor de la era mesiánica; símbolo del juicio de Dios, antes de la reconciliación).


SALMOS (Antífonas)

Lunes: Nuestro Dios viene y nos salvará (84).

Martes: Nuestro Dios llega con poder (95).

Miércoles: Bendice, alma mía, al Señor (102).

Viernes: El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida (1).

Sábado: Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve (79).


EVANGELIO

Lunes: Lucas 5, 17-26. Jesús y el paralítico. La salvación que trae Jesús no ignora las necesidades materiales del ser humano, porque viene a liberar al hombre entero. 

Martes: Mateo 18, 12-14. Dios no quiere que se le pierda ninguno de los suyos; debemos salir de nuestros límites religiosos para buscar a Jesús y a los que son suyos, más allá de las fronteras de la Iglesia. 

Miércoles: Mateo 11, 28-30. Vengan a mí todos los cansados. Todo intento de atemorizar la conciencia con exageraciones escatológicas o nimiedades no tiene  nada que ver con el yugo llevadero y la carga ligera que anuncia y promete Jesús. 

Viernes: Mateo 11, 16-19. Más que puritanismo estéril, capacidad de discernimiento para reconocer los signos de Dios en nuestro tiempo y nuestro mundo.

Sábado: Mateo 17, 10-13. Reconocer a los profetas de antes y de ahora es estar advertidos de los obstáculos y combates del presente.


(DE: MISAL DE LA COMUNIDAD, y Fray Manuel de Jesús, ocd )

sábado, 3 de diciembre de 2022

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO: "EL FUEGO DE SU ESPÍRITU"

 

Si el primer domingo de Adviento pedíamos a Dios avivar nuestra fe, y el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras, ahora en este segundo domingo (como en el tercero), nos dejamos provocar por la figura y predicación del precursor, Juan Bautista. También por la imaginación poética y teológica del profeta Isaías y la exhortación del apóstol Pablo, para con ellos seguir preparando un camino al Señor que viene a nuestro encuentro en las celebraciones de la Navidad. 

  Lo primero, recordar que Juan Bautista, el precursor, anuncia a uno que es mayor, pero también mejor que él; por eso la oración colecta empieza invocando a un "Dios de misericordia", cuyo reinado hace presente Jesús con su venida. De ese tiempo nuevo, superior, diferente, ya habla Isaías en la primera lectura: "Aquel día", dice, y describe una época de reconciliación, armonía y paz, del pueblo con Dios, de todos los pueblos entre sí, y también reconciliación y armonía con la creación. Promesas que siguen siendo motivo de esperanza en tiempos de guerras y cambio climático, de injusticias y desastres naturales. La humanidad sigue anhelando y esperando un tiempo nuevo... pero todavía no es capaz realmente de prepararlo, de trabajar por él, plenamente, de ahí la importancia y necesidad de nuestro anuncio como cristianos. 

 Pablo también habla de reconciliación y armonía, de la obra de Cristo, que vino para hacer de judíos y gentiles un mismo pueblo, que camina hacia la plenitud en Dios. Invita a buscar en las Escrituras (alimentarnos de la Palabra) y a tener los mismos sentimientos de Cristo, acogiendo y sirviendo a todos.

 La prédica del Bautista en el texto de Mateo es fuerte, con lenguaje provocador y apocalíptico, al estilo de los profetas de Israel, moviendo a la conversión y el cambio de vida, para preparar los caminos de Dios, pero también en su voz está el anuncio de lo que vendrá: el Reino en Jesús, "uno a quien no merece ni atarle las sandalias", y con él, un tiempo nuevo, una nueva creación, la época de paz y armonía que vislumbra Isaías.

 Jesús es todo eso, para el final de la historia, cuando vendrá como juez, pero también lo es ahora para quien se cruza con él en el camino de la vida. Un despertar o un nuevo nacimiento. Jesús no trae solo agua para bautizar, no es una mera limpieza exterior, sino que también viene con fuego, el fuego de su Espíritu, que nos entra dentro y nos purifica y enciende en amor. Él trae de Dios una justicia mayor (para pequeños, marginados, víctimas de injusticias de todo tipo), exigente, pero colmada de paciencia y de misericordia. Porque el amor que trae Cristo es impulso a la donación plena, a la plenitud, tanto para cada uno de modo personal, como para la Iglesia y para nuestro mundo. 

Las ideas clave para este segundo domingo serían, pues: mirar las promesas de Dios, desear en grande lo bueno y pleno que viene de Él; trabajar por la unidad de la comunidad creyente que hace presente esas promesas en medio del mundo, con palabras y con obras. Y vivir la fe con propósito firme, con disciplina, no moviéndonos por costumbre o inercia, sino creciendo cada día, dejándonos mover por esa "llama de amor viva" que nos habita. 

 Volviendo a la oración colecta de este segundo domingo, miramos nuestra vida, nuestros esfuerzos y propósitos como discípulos, pidiendo a Dios que no permita que los afanes de este mundo impidan nuestros deseos de buscar a Cristo, de prepararle un camino, esforzándonos en adquirir nosotros la sabiduría divina que viene de Dios como don y que nos permite participar de su plenitud. Que también en nuestros días, con Su gracia y nuestro trabajo, florezca la justicia y la paz abunde eternamente, y así el Enmanuel (Dios-con-nosotros) encuentre lugar donde seguir naciendo para la salvación del mundo. Amén. 

Fray Manuel de Jesús, ocd.

viernes, 2 de diciembre de 2022

LA ORACIÓN COLECTA DE LOS DOMINGOS DE ADVIENTO

 
Prestemos atención a las oraciones con las que comenzamos la Eucaristía dominical los cuatro domingos de Adviento, la llamada ORACIÓN COLECTA, que recoge el sentir de la comunidad cristiana en la celebración que comienza. Vamos a ver lo que pedimos como Iglesia cada semana, en la misma medida en que vamos encendiendo los cuatro cirios de la CORONA DE ADVIENTO, y anhelando vivir una vez más espiritualmente el nacimiento de Cristo en nuestra vida.

Primer domingo: “Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno”. 
Avivar la llama, que puede haberse medio apagado (encendemos el primer cirio, y con él, los carbones medio apagados de nuestra vida de fe, que a menudo pierde vigor, ánimo, fuerza); levantarnos del acomodamiento y la rutina, para volver al camino y salir al encuentro del que viene. Todo lo que se ha ido muriendo en nosotros necesita renacer de nuevo. Estaría bien preguntarnos por las obras de la fe, de nuestro compromiso, como bautizados, en la comunidad, en la familia, en la sociedad. La promesa de Dios siempre está actuando en nuestra vida, aunque nosotros no lo percibamos muchas veces, y aunque no podemos ganarnos el cielo con obras (es un regalo de Dios, eso debe quedar claro),las obras de la fe apresuran la llegada al mundo del salvador. Y al final habla de “sentados a su derecha”: una imagen de la salvación, de pertenecer a Cristo, de estar a su lado, con Dios. EN RESUMEN: Avivar la llama de la fe, preparar los caminos del que viene, obrar con justicia y santidad, y certeza interior de ser salvos por amor.

Segundo domingo: “Señor todopoderoso. Rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida”. 

Empieza la oración, empatando con lo anterior: Dios, rico en misericordia, por eso caminamos con una certeza interior, nos sabemos amados por el amor. Ya nos hemos puesto en camino, animados por la comunidad eclesial, por la liturgia de este tiempo, pero debemos estar alertas para no perder ese espíritu, en medio de los afanes del mundo (que siempre ofrece más y más, y nunca sacia; en medio de esa navidad de lentejuelas que nos impone el consumismo, y por la que somos arrastrados sin darnos cuenta). Necesitamos de la sabiduría de Dios, que está contenida en su Palabra, a la que podemos acudir cotidianamente, para encontrar a Cristo vivo, naciendo y renaciendo siempre en nuestra vida. Anhelo de plenitud que solo se encuentra en Dios, frente a esa oferta siempre incompleta de nuestro mundo. EN RESUMEN: Dios rico en misericordia; caminar sin descanso para encontrar a Cristo, y ver contrapuestos la oferta del mundo y la plenitud que viene de Dios (no se excluyen totalmente, pero invitan a discernir y tomar elecciones).

Tercer domingo: “Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”. 
Aquí ya se entra en la segunda parte del Adviento, porque hay una espera viva, activa, espera en FE (confianza); ahora pedimos a Dios llegar y alcanzar lo que esperamos: la vida plena en Dios, mirando a lo definitivo, y el gozo de poder celebrar una vez más el nacimiento en la carne del hijo de Dios. Pedimos recibir el gozo, la ALEGRÍA que viene de Dios y nadie puede arrebatarnos. Cuando Dios nace en nuestra vida, nace con Él la alegría interior, que se desborda luego en obras alegres, que contagian al prójimo. Con el llega la prometida SALVACIÓN (la vida nueva).

Cuarto domingo: “Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección”. 
Y a las puertas de la fiesta del nacimiento de Cristo, pedimos la gracia para que el ángel también anuncie para nosotros el alumbramiento de Cristo en el mundo en el que vivimos. Sabemos que el niño que va a nacer ha de hacer luego un camino largo, signado por la cruz, la entrega, el sacrificio, antes de resucitar y sentarse a la derecha del Padre. Ese es también el camino el nuestra fe, nuestro camino vital: nacer, crecer, sufrir, padecer (amar, según Teresa), morir, resucitar. La alegría de este nacimiento no es una alegría vana, superficial, vacía (en la liturgia aparece ligada al sacrificio de los inocentes, al martirio de Esteban), sino una alegría profunda, que abraza la vida en Cristo, que se ofrece para hacer el camino del seguimiento, de la progresiva identidad con Él. EN RESUMEN: Vamos a renacer con Cristo, para vivir en Cristo, morir para Cristo, y resucitar con Cristo.


Cuatro palabras que resumen este itinerario espiritual, estos cuatro domingos: FE/ESPERANZA/ALEGRÍA/AMOR (Estos pueden ser los propósitos para los cuatro cirios de tu Corona de Adviento). También: ESPERANZA-CONVERSIÓN-ALEGRÍA-PAZ.


"A ti levanto mi alma, porque Tú, Señor, has estado grande con nosotros; estamos alegres, porque vives en medio de tu pueblo. Restáuranos, una vez más en este Adviento: que brille tu rostro y nos nazca Jesús, que es nuestra salvación. Amén".

Fray Manuel de Jesús, ocd.

martes, 29 de noviembre de 2022

LA SEGUNDA LECTURA DE LOS DOMINGOS DE ADVIENTO (A)

 

Primer domingo (Romanos 13, 11-14): NUESTRA SALVACIÓN ESTÁ CERCA.  Pablo exhorta al cristiano a vivir en el amor de Dios; la razón está en el momento en que vivimos. Este momento es la OPORTUNIDAD última que el Padre ha otorgado al mundo para que encuentre salvación. Es el tiempo último, "escatológico". También porque se inicia en la ENCARNACIÓN y se prolonga, a partir de la Resurrección y Ascensión del Señor, a los tiempos de la Iglesia. La vida en este tiempo último impone al cristiano unas exigencias concretas: brotan de su arraigamiento en el amor del Padre y las concreta San Pablo como vida en el día, en la luz, atentos a la salvación comunicada, vestidos de Jesucristo y apartándonos de las obras de la noche. 

Comentario pastoral: La fe no es una adquisición de una vez para siempre, sino que implica un proceso de constante evolución, una permanente atención a las imprevisibles sorpresas de ese Dios nuestro que siempre está viniendo.


Segundo domingo (Romanos 15, 4-9): CRISTO SALVA A TODOS LOS HOMBRES. Pablo pide la unión de todos los cristianos; esta unión debe abarcar a todos y debe brotar de la imitación de Cristo, quien acogió a todos, sin distinción entre judíos y gentiles. En su vida Cristo ofreció a los judíos la salvación; así manifestó la realización de las promesas hechas por el Padre y la fidelidad de Dios a su palabra. Ofreció también la salvación a los gentiles, para que se manifestara la misericordia de Dios Padre para con todos los seres humanos. Dentro del cristianismo, no cabe, pues, ninguna distinción que tenga como motivo la fe recibida. Esta es ofrecimiento universal para la salvación de todos los hombres. 

Comentario pastoral: La salvación que Cristo aportó a todos los seres humanos y que los cristianos deben ir realizando a través de los tiempos es ciertamente universal pero no unidimensional: el Evangelio fue ofrecido a judíos y gentiles, sin obligar a los gentiles a hacerse judíos ni viceversa. 


Tercer domingo (Santiago 5, 7-10): MANTÉNGANSE FIRMES. La exhortación a la santidad de vida, la apoya Santiago en la perspectiva de la venida del Señor. La espera de esta venida condiciona la vida del cristiano, que debe tener paciencia (aguante firme ante las exigencias cristianas, esperando los frutos de las buenas obras), fortaleza ( que es un aspecto de la misma paciencia) y amor a los hermanos (no juzgarlos ligeramente; el juez es el Señor). Toda la vida cristiana se tensa con esta perspectiva escatológica y con la espera firme en la Vuelta del Señor.

Comentario pastoral: La esencial actitud cristiana de espera y esperanza de la venida final del Señor no es una actitud pasiva y silenciosa, sino que ha de estar llena de la actividad batalladora y operante de la denuncia profética.


Cuarto domingo (Romanos 1, 1-7): JESUCRISTO, HIJO DE DIOS. En el encabezamiento de la carta a los Romanos, Pablo se proclama Apóstol, con la misión de proclamar el Evangelio de Dios. Y en un paréntesis largo expone las líneas esenciales de este Evangelio: Presentar a Jesucristo como Hijo de Dios; como el que fue anunciado en todo el Antiguo Testamento; como descendiente de David, perteneciente al pueblo judío; entroncando en la humanidad que viene a salvar; como confirmado por el Padre como Hijo en la resurrección. De este Jesús recibió Pablo su misión y el poder para proclamar la Buena nueva de la salvación.

Comentario pastoral: El Evangelio es la Buena Noticia, o sea: se ha encarnado en un hombre, Jesús, y así se realizan con la humanidad unas bodas sin posibilidad de divorcio, ya que a partir de ese momento la humanidad romperá las fronteras de la muerte para vivir la resurrección. 


(Notas tomadas del Misal de la Comunidad y de los Comentarios Bíblicos al leccionario dominical del SNL, España)