miércoles, 8 de diciembre de 2021

ORACIÓN A MARÍA.....


"¡Dios te salve, mujer y madre de misericordia! Vida, esperanza, fortaleza nuestra. ¡Dios te salve! A ti clamamos los hijos tuyos, a ti te invocamos los que luchamos en este valle donde construimos el Reino.  Óyenos, Señora, compañera nuestra, camina con nosotros en nuestra andadura histórica y en medio de nuestro esfuerzo muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu fe y amor comprometido. ¡Valiente! ¡Compasiva! ¡Silencio orante en la acción, María! Lucha con nosotros, Santa Madre de Dios, para hacer posible hoy las promesas de Jesucristo como fruto de la gracia y del trabajo de los hombres". 

martes, 7 de diciembre de 2021

UN AMOR DESINTERESADO

 

"¿Damos cabida en nuestro cristianismo al fariseísmo de querernos ganar a Dios? ¿No tenemos a veces la pretensión de merecer el amor de Dios, su protección, su ayuda, sus beneficios y todo esto de un modo bastante utilitario? ¿Qué conciencia tenemos nosotros de la misericordia? Existe el riesgo de desfigurarla, viéndola como un amor facilón que ni es comprometedor ni comprometido.Es grave despistarse en esto, pues se trata del amor con que Dios nos ama y del amor con el que hemos de querer nosotros a los demás.

 En la misericordia, todo lo que el amor tiene de generosidad, de gracia, de ternura, lo tiene de exigencia. Nada compromete y exige más que el amor desinteresado que no pide nada. Nadie merece nunca el amor de nadie; ni el de una persona, ni el de Dios-Persona. Cada uno es amado sin méritos, gratuitamente, misericordiosamente, y si no, no es amado.

 La eucaristía es la celebración de la misericordia de Dios que en Cristo nos ama hasta el colmo de su sacrificio".

Teófilo Cabestrero

Adviento para hombres de hoy

viernes, 3 de diciembre de 2021

ADVIENTO: CUATRO ORACIONES; CUATRO ESTACIONES

Al comenzar otro ADVIENTO, prestemos atención a las oraciones con las que comenzamos la eucaristía los cuatro domingos de este tiempo litúrgico, la llamada ORACIÓN COLECTA, que recoge el sentir de la comunidad cristiana en la celebración que comienza. Vamos a ver lo que pedimos como Iglesia cada semana, en la misma medida en que vamos encendiendo los cuatro cirios de la CORONA DE ADVIENTO, y anhelando vivir una vez más espiritualmente el nacimiento de Cristo en nuestra vida.

Primer domingo: “Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno”. Avivar la llama, que puede haberse medio apagado (encendemos el primer cirio, y con él, los carbones medio apagados de nuestra vida de fe, que a menudo pierde vigor, ánimo, fuerza); levantarnos del acomodamiento y la rutina, para volver al camino y salir al encuentro del que viene. Todo lo que se ha ido muriendo en nosotros necesita renacer de nuevo. Estaría bien preguntarnos por las obras de la fe, de nuestro compromiso, como bautizados, en la comunidad, en la familia, en la sociedad. La promesa de Dios siempre está actuando en nuestra vida, aunque nosotros no lo percibamos muchas veces, y aunque podemos ganarnos el cielo con obras (es un regalo de Dios, eso debe quedar claro),las obras de la fe apresuran la llegada al mundo del salvador. Y al final habla de “sentados a su derecha”: una imagen de la salvación, de pertenecer a Cristo, de estar a su lado, con Dios. EN RESUMEN: Avivar la llama de la fe, preparar los caminos del que viene, obrar con justicia y santidad, y certeza interior de ser salvos por amor.

Segundo domingo: “Señor todopoderoso. Rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida”. Empieza la oración, empatando con lo anterior: Dios, rico en misericordia, por eso caminamos con una certeza interior, nos sabemos amados por el amor. Ya nos hemos puesto en camino, animados por la comunidad eclesial, por la liturgia de este tiempo, pero debemos estar alertas para no perder ese espíritu, en medio de los afanes del mundo (que siempre ofrece más y más, y nunca sacia; en medio de esa navidad de lentejuelas que nos impone el consumismo, y por la que somos arrastrados sin darnos cuenta). Necesitamos de la sabiduría de Dios, que está contenida en su Palabra, a la que podemos acudir cotidianamente, para encontrar a Cristo vivo, naciendo y renaciendo siempre en nuestra vida. Anhelo de plenitud que solo se encuentra en Dios, frente a esa oferta siempre incompleta de nuestro mundo. EN RESUMEN: Dios rico en misericordia; caminar sin descanso para encontrar a Cristo, y ver contrapuestos la oferta del mundo y la plenitud que viene de Dios (no se excluyen totalmente, pero invitan a discernir y tomar elecciones).

Tercer domingo
: “Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”. Aquí ya se entra en la segunda parte del Adviento, porque hay una espera viva, activa, espera en FE (confianza); ahora pedimos a Dios llegar y alcanzar lo que esperamos: la vida plena en Dios, mirando a lo definitivo, y el gozo de poder celebrar una vez más el nacimiento en la carne del hijo de Dios. Pedimos recibir el gozo, la ALEGRÍA que viene de Dios y nadie puede arrebatarnos. Cuando Dios nace en nuestra vida, nace con Él la alegría interior, que se desborda luego en obras alegres, que contagian al prójimo. Con el llega la prometida SALVACIÓN (la vida nueva).

Cuarto domingo: “Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección”. Y a las puertas de la fiesta del nacimiento de Cristo, pedimos la gracia para que el ángel también anuncie para nosotros el alumbramiento de Cristo en el mundo en el que vivimos. Sabemos que el niño que va a nacer ha de hacer luego un camino largo, signado por la cruz, la entrega, el sacrificio, antes de resucitar y sentarse a la derecha del Padre. Ese es también el camino el nuestra fe, nuestro camino vital: nacer, crecer, sufrir, padecer (amar, según Teresa), morir, resucitar. La alegría de este nacimiento no es una alegría vana, superficial, vacía (en la liturgia aparece ligada al sacrificio de los inocentes, al martirio de Esteban), sino una alegría profunda, que abraza la vida en Cristo, que se ofrece para hacer el camino del seguimiento, de la progresiva identidad con Él. EN RESUMEN: Vamos a renacer con Cristo, para vivir en Cristo, morir para Cristo, y resucitar con Cristo.


Cuatro palabras que resumen este itinerario espiritual, estos cuatro domingos: FE/ESPERANZA/ALEGRÍA/AMOR (Estos pueden ser los propósitos para los cuatro cirios de tu Corona de Adviento).

Con las ANTÍFONA DEL SALMO con que rezamos estos cuatro domingos de Adviento, hemos compuesto esta oración: 

A ti levanto mi alma, porque Tú, Señor, has estado grande con nosotros; estamos alegres, porque vives en medio de tu pueblo. Restáuranos, una vez más en este Adviento: que brille tu rostro y nos nazca Jesús, que es nuestra salvación. Amén.

Fray Manuel de Jesús, ocd

miércoles, 17 de noviembre de 2021

MAESTRO DE LO ORDINARIO Y DE LA VIDA

 

"Esa tendencia que tienen muchas personas supuestamente religiosas a lo insólito y llamativo es muy poco evangélica. Reacio al relumbrón de lo milagroso, y ante un auditorio que le pedía signos a toda hora, Jesús recurría más bien a lo que tenía más a mano. Ésta es una de sus principales características como orador: inspirarse en lo que constituía la vida cotidiana de quienes le rodeaban, como por ejemplo las aves del cielo y los lirios del campo. Jesús es maestro porque enseña a ver lo extraordinario de lo ordinario, no porque haga cosas raras o difíciles. Sus palabras llamaban la atención de muchos porque nunca hablaba para impresionar – como la mayor parte de los llamados maestros de este mundo – , sino para despertar. Para alimentar por dentro a quienes le escuchaban. Para compartir la dicha de estar vivos. Y a lo que hay que despertar es, precisamente, al lirio, al pájaro, a la nube, es decir, a lo que ha".

Pablo de Ors

Biografía de la luz

sábado, 30 de octubre de 2021

EL VERDADERO PUEBLO DE DIOS (Domingo XXXI-B)

 

La distinción y separación entre minorías y masas ha sido y es una realidad constante en la sociedad. Así lo era también en los tiempos de Cristo. Jesús no se identifica con los saduceos, pertenecientes a la institución sacerdotal; ni con los zelotes, revolucionarios violentos; ni con los esenios,ascetas religiosos; ni con los fariseos, moralistas piadosos; ni con los escribas, minorías de tipo intelectual. Salió fuera de estos círculos. Optó por los pobres y desesperados, mayoría en su tiempo, por no decir en todos los tiempos. 

 Cristo propone para la futura comunidad un nuevo tipo de relaciones. Es fundamental en la Iglesia el título de hermano, que corresponde al fiel bautizado, confirmado y eucaristizado. Los otros títulos, secundarios, son de servicio, de ministerio. Nunca deben reproducirse en la comunidad las relaciones existentes entre amos y esclavos. Las relaciones de dependencia no son rigurosamente cristianas; han de ser siempre fraternales. Sólo así es posible el verdadero pueblo de Dios, comunidad de fieles presidida, con actitud de servicio y no de honor, por los presbíteros y obispos. 

La Iglesia tampoco es, frente al mundo, una minoría distinguida y notable que ejerce poderes, que posee derechos. Los cristianos son hijos de los hombres con una fe y una convicción: solo hay un Padre común a todos los hombres de este mundo, y un solo Señor, Jesucristo, adelantado a la humanidad en el Reino definitivo. 

(Misal de la Comunidad)

sábado, 23 de octubre de 2021

Y LO SEGUÍA POR EL CAMINO...

El ciego Bartimeo, una vez que descubrió a Jesús, le sigue en el camino hacia Jerusalén. Antes estaba al borde, es decir fuera del camino. El relato de una ceguera material (Marcos 10, 46-52) es el soporte de un mensaje teológico: Jesús es capaz de iluminar el corazón de los hombres que están ciegos. Los discípulos demuestran una y otra vez, su ceguera. Un ciego, tirado en el camino, ve. Antes de ver, espera el falso “Mesías davídico”. Después descubre al auténtico Jesús, que va hacia la entrega total en la cruz, y le sigue.

Ya en la lectura de Jeremías (31,7-9) encontramos el mismo mensaje: Dios salva un resto de su pueblo. No salva a los poderosos, ni a los sabios, ni a los perfectos sino a los ciegos y cojos, preñadas y paridas. Es decir a los débiles. No es el ciego el que está hundido en la miseria. La verdadera miseria está en los que mandan callar al ciego. Lo repetimos todos los días. ¡Que se callen los miserables! ¡Que eliminen los mendigos de las calles! No nos dejan vivir en paz. No ver la miseria que hay a nuestro alrededor es la única manera de vivir tranquilos.

La evolución ha sido posible gracias a que la vida ha sido despiadada con el débil. El evangelio establece un cambio sustancial en esa marcha. Jesús trastoca esa escala de valores, que aún prevalece hoy. Se daba por supuesto que Dios rechazaba todo lo defectuoso. Nietzsche no pudo soportar ese cambio, porque creía que el evangelio exaltaba la mezquindad. Nunca fue capaz de descubrir el valor de un ser humano a pesar de sus limitaciones. La esencia de lo humano no está en la perfección sino en la misma persona.

La actitud de Jesús fue un escándalo para los judíos de su tiempo y sigue siéndolo para nosotros hoy. Jesús no solo se acercó a los ciegos, cojos y tullidos; también se acercó a los pecadores públicos, prostitutas, adúlteras. Lucas, después de este relato, inserta el de Zaqueo que expresa lo mismo, pero con relación a los impuros. Nosotros seguimos creyendo que los pecadores son también rechazados por Dios, pero nos preceden en el Reino.

La escala de valores que nos propone el evangelio, no solo es distinta, sino radicalmente opuesta a la que los humanos manejamos todavía hoy. Entendemos al revés el evangelio cuando pensamos: Qué grande es Jesús, que de una persona despreciable ha hecho una persona respetable. El evangelio dice lo contrario, esa persona ciega, coja, manca, sorda, pobre, andrajosa, marginada, pecadora; esa que consideramos un desecho humano, es preciosa para Dios. Y por lo tanto es preciosa para Jesús. ¡Nos queda aún mucho por andar!

Fray Marcos (Fragmento de su comentario en FE ADULTA)

miércoles, 20 de octubre de 2021

EL SEGUIMIENTO ES EL EJE DEL CRISTIANISMO

El siguiente texto pertenece a un libro que acabo de leer, y que recomiendo: es sencillo y claro, y toca algunos temas sobre la vida de la Iglesia en los que vale la pena reflexionar. 

"A medida que nos asomamos a la vida más íntima de la Iglesia vamos apreciando los fallos que se han producido en ella: de la imagen de un Dios severo y justiciero se pasó fácilmente a la de una Iglesia poderosa y dominadora, que olvidó el kerygma y la catequesis, y cambió la gratuidad de la acción de Dios por las obras y el esfuerzo del hombre. De ahí que una de las consecuencias más nefastas de ese proceso desintegrador haya sido la pérdida del seguimiento de Jesús. 

La Iglesia tiene que asumir la responsabilidad de haber dejado perder ese rasgo tan esencial de la vida cristiana. En el griego clásico, el verbo seguir era utilizado para describir a los «soldados que caminaban detrás de su jefe, al esclavo que acompañaba a su amo, o a aquel que aceptaba el consejo o la opinión de otro». Esa fue la palabra utilizada por Jesús a propósito de la llamada a sus discípulos, ese fue su gran desafío: «Sígueme». Los que fueron llamados sintieron que aquella palabra se clavaba como una flecha en lo más profundo de su corazón, y lo dejaron todo por él. Pero la mayoría de los cristianos no saben lo que eso significa. 

En la Iglesia se ha hablado de la práctica de las virtudes, de renuncias y sacrificios, de leyes y de normas, pero no el lenguaje del seguimiento. Eso sería sólo para los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, es decir, los que aspiran a la perfección. Para la mayoría de los fieles «el cristianismo consiste en asistir a misa o practicar los sacramentos, pero el hecho de seguir a Jesús no les dice nada». Se diría que el Señor no ha pasado a su lado, ni los ha mirado a los ojos, ni los ha llamado por su nombre. Por eso, tantos han vivido vacíos de esa presencia que podría haber colmado su vida de amor y de gracia. 

Pero el cristiano debe ser como un soldado que sigue a Jesús. No basta con haber oído hablar de él, ni saber muchas cosas sobre él, ni siquiera estar bautizados para poder decir que somos seguidores suyos. Ser cristiano no es cargar con un paquete de normas y de leyes, de ritos y de prácticas, sino dejarlo todo para seguirle. 

Seguir a Jesús significa establecer con él una relación íntima, de cercanía y de convivencia, es decir, de estar con él, de vivir con él, de vivir de su misma vida, de verle de cerca, de oír el timbre de su voz, de guardar su palabra y de quedarse para siempre con él. Sin ese punto de referencia no hay, ni puede haber, vida cristiana. En efecto, ¿qué sentido podría tener nuestra vida si no nos hemos encontrado con él, si él no ha pasado a nuestro lado, ni nos ha mirado, ni nos ha llamado? Él es lo decisivo; él, no una cosa ni una idea. La vida cristiana comienza precisamente con ese encuentro, con esa mirada, con esa llamada: sígueme. Eso supone que dejamos de vivir encerrados en nuestro pequeño mundo para arriesgar el corazón en su seguimiento. 

En los evangelios nunca se habla de seguir una serie de normas, sino de seguir a una persona. Por eso, el seguimiento es el eje del cristianismo. Todo debe girar en torno a Jesús. Los cristianos deberíamos vivir siempre con los ojos fijos en él. La Iglesia tiene que recuperarlo con urgencia porque, de otro modo, viviremos siempre un cristianismo lánguido, que sólo puede dar pasos hacia la muerte".

Tomado de "A vueltas con la Iglesia" de Vicente Borragán Mata (San Pablo)