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domingo, 17 de noviembre de 2019

EL EVANGELIO; LA RELIGIÓN Y LOS POLÍTICOS.


Si algo hay claro en las palabras de Jesús (Lucas 21, 12-19) es que sus discípulos no van a encontrar siempre buena acogida ante los gobernantes políticos. Por tanto, cuando los que anuncian el Evangelio encuentran buena acogida en quienes manejan el poder y el dinero, es probable que no están anunciando el Evangelio, sino otras cosas que, disfrazadas de Evangelio, en realidad nada tienen que ver con la propuesta de Jesús.

El mejor disfraz del Evangelio suele ser la "religión". Los hombres de la religión suelen tener la fuerte inclinación a entenderse bien con los poderes públicos que respetan, costean y promueven las instituciones religiosas y los actos de la religión. Los gobernantes que hacen eso mantienen buenas relaciones con los dirigentes religiosos y, por supuesto, jamás los persiguen. Por otra parte, como a grandes sectores de la población le interesa más la religión que en Evangelio, los gobernantes se dedican a promover la religión, por más que el Evangelio no se tenga en cuenta para nada.

 El hecho es que las cosas se han puesto de tal manera que ya resulta complicado saber si lo que buscan los los religiosos y protegen los políticos es el Evangelio, es la religión o son los intereses y conveniencias de todos. ¿No ha llegado la hora de poner las cosas en claro?

José María Castillo
La religión de Jesús

domingo, 28 de octubre de 2018

CAMBIANDO SUERTES...

Si me preguntan cómo se llama mi Dios, les digo: Su nombre es, «El que ha cambiado mi suerte».
Si me preguntan, cuál es mi pueblo, les digo: Mi pueblo son «Los pobres a quienes Dios ha cambiado la suerte».
Si me preguntan cuál es mi tarea, les digo: Me han pedido que sea «Mente, corazón y manos del que cambia la suerte de los pobres».
Si me preguntan a quiénes he sido enviado, les digo: «A los pobres para que cambie su suerte».
Si me preguntan a dónde he llegado, entonces se hace ineludible la confesión y la petición:
Dios mío, no hemos llegado a tiempo para librarlos. Salieron hacia una esperanza, se quedaron a la deriva en un mar de angustia, naufragaron en un cementerio de agua. No hemos llegado a tiempo para cambiar su suerte…

Dios mío, que el mundo se te llene de corazones y manos para cambiar la suerte de los que lloran. Dios mío, que el mundo se nos llene de "cambia suertes".

miércoles, 24 de octubre de 2018

PSICOLOGÍA Y VIDA ESPIRITUAL, o como puedan estas dos realidades ayudarse mutuamente.

1. La psiquiatría y la psicología, tal y como las conocemos hoy, son ciencias muy recientes, y la llamada psicología pastoral también. Es decir que el vincular los conocimientos que tenemos en el campo del cerebro y la conducta humanas son recientes también, y lo mismo su vínculo con la práctica religiosa y la espiritualidad. Este vínculo, psicología y religión, despertó recelos en principio, y aun hoy tiene sus detractores, pero importantes maestros espirituales contemporáneos han trabajado la espiritualidad y vivencias cristianas desde esta perspectiva, con resultados, creo yo, bastante satisfactorios, porque contribuyen a una vivencia más sana de la religión. Parafraseando un texto de teología que busca superar los actuales conflictos de la Iglesia con las denuncias de abusos sexuales por parte de clérigos o consagrados, se trata de conseguir “personas sanas en una relación sana con un Dios sano”. Cualquier problema en uno de estos tres elementos va a repercutir en los otros dos, y provocar patologías, psicológicas o espirituales, que necesariamente habría que atender para conseguir una experiencia realmente “salvadora y redentora” en religión. 

2. Si miramos en la historia de la espiritualidad cristiana, algunos aspectos fundamentales de la psicología contemporánea están bien presentes en las tradiciones que la Iglesia atesora, como es el caso de los antiguos monjes del desierto, y sus enseñanzas acerca de la purificación y maduración de la persona, e incluso en los presupuestos de la filosofía más antigua. El principio socrático: “conócete a ti mismo”, es asumido, por poner el ejemplo más cercano a nosotros, por Santa Teresa, que lo coloca en la meta de salida de su obra más madura y abarcadora, Las Moradas o Castillo Interior. Ella pone en su primera morada, dividida en dos capítulos, los fundamentos sobre los que edificar la vida espiritual: la grandeza de Dios, la hermosura y dignidad de la persona humana, la necesidad del conocimiento propio, el buscar dentro de uno mismo la presencia divina, y la fragilidad y posibilidad de errar, de ser infieles a nuestra vocación original. De todo esto podría hablarnos hoy la psicología, tal vez con otras palabras o desde diferentes conceptos, pero al fin y al cabo diciendo más o menos lo mismo. 

3. Todos estos elementos han de estar presentes en una vivencia cristiana sana, y son también aspectos importantes de la psiquis humana sobre los que trabaja la psicología, por lo que resulta muy útil que aprendamos a vincularlos, de modo que no confundamos un problema psicológico con un problema espiritual, y viceversa, y que ambos conocimientos puedan colaborar para que la persona tenga una vivencia más plena y sana en todos los sentidos. 

4. Les hablaba antes de varios autores contemporáneos de espiritualidad que pueden ayudarnos a equilibrar nuestras emociones o pasiones, nuestras tendencias, y contribuir a una vida espiritual más plena. Les cito algunos: Anthony de Mello, Henri Nouwen, Anselm Grün, John Powell… y en el campo contrario también hay muchos, los libros de autoayuda, pero pongo un ejemplo: Wayne Dyer, y psicólogos de la talla de W. James, Allport, Freud, Jung, Erich From…. Todos ellos han hecho importantes aportes a la comprensión del hecho y la experiencia de la religión en los seres humanos y en la comunidad. 

5. Creo que es valioso e importante que tengamos la posibilidad de conocer mejor y confrontar nuestras emociones y sentimientos en cursos como este, porque sucede que a menudo confundimos nuestras vivencias, carencias y trastornos psicológicos con problemas espirituales, y no tenemos en cuenta que la gracia construye siempre sobre la naturaleza; la espiritualidad puede contribuir a sanar nuestra psiquis, e insisto, contribuir, pero es bueno no dejar todo en manos de Dios si podemos auxiliarnos de una ciencia, de un camino de sanación, que nos permita mejorar, fortalecer, y sanar nuestra relación con Dios. 

6. Teniendo presente lo que antes dije respecto a los temas que Teresa propone como fundamentos del camino interior, podemos preguntarnos ahora: ¿Qué imagen tengo de Dios? ¿Cómo es el Dios de mi fe, el que acompaña mi vida diaria, al que rezo? ¿Qué idea tengo de la persona humana, de su lugar en la creación y su relación con lo que le rodea? ¿Soy capaz de diferenciar lo ontológico de lo moral, es decir, el Ser del Hacer? ¿Puedo distinguir el error, del pecado? ¿Puedo distinguir lo que distingue el “soy pecador” (a causa del llamado pecado original) de un pecado concreto? ¿Puedo distinguir el rezar vocalmente, rezar oraciones, de la oración mental, la meditación, el recogimiento interior, que pueden llegar a ser importantes caminos de sanación de nuestro interior? ¿Valoro el silencio, los momentos de soledad, el amor por la cultura, el arte, como aspectos importantes que enriquecen y diversifican mi vida humana y cristiana? Todo lo anterior, y el modo en que lo asumo, tienen efectos sobre mi psiquis y mi vida cristiana, ya sea positiva o negativamente. 

7. Pienso, desde los interrogantes anteriores: que las emociones son pre/morales, y son necesarias, juegan un papel en la vida de la persona; además, que es muy importante y sanador el conocerse mejor uno mismo, sus acciones y reacciones, y ayudar a sanarlas, para ponerlas al servicio de una vida comprometida con el Evangelio/Que cierto ideal estoico se infiltró en la espiritualidad cristiana, preconizando la “apatía” o falta de sentimientos, como modelo de una vida perfecta a nivel espiritual/Hacer de la oración personal un espacio de diálogo íntimo con Dios, en el que la escucha sea un elemento fundamental/Formarse humana y espiritualmente, para que nuestra visión religiosa se dilate, se amplíe. 

8. Pienso también que: No toda equivocación o error cometido es pecado/El arrepentimiento y la culpa no son lo mismo, ni tienen el mismo efecto; Dios no quiere que nos sintamos culpables/Dios no es un juez implacable, sino un padre amoroso/El miedo no es espiritual, no es de Dios/Necesitamos alimentar la CONFIANZA, pues eso es básicamente la fe, y la confianza en Dios implica necesariamente confianza en la vida, en la realidad en la que esta transcurre. 

9. Una persona espiritual no es necesariamente, y no suele serlo, una persona totalmente sana a nivel psicológico. Solemos confundir la llamada a la santidad, con la perfección moral, lo cual provoca no pocos traumas psicológicos en las personas. El ser humano no es perfecto, pero puede aspirar a ser mejor cada día, a superarse constantemente a sí mismo, o con palabras de Francisco, a conseguir lo posible, y pedir lo imposible. Los santos canonizados, que la Iglesia propone como modelos e inspiración de los fieles, han sido personas normales, con limitaciones humanas, psicológicas e incluso morales. En el Carmelo, A Teresa se le utilizó en cierta época como modelo de una conducta histérica; Juan de la Cruz, por sus descripciones de la “noche oscura” se le presenta con una personalidad tendiente a la depresión (Depresión y mística, de Javier Álvarez) y Teresita tuvo en su infancia episodios neuróticos evidentes. De otros santos se cuentas historias parecidas: malos humores, depresiones, iras, tristezas, alegrías desmesuradas, incluso violencias… Pero todo eso no necesariamente contradice su santidad, sino que de esas luchas y búsquedas personales surge una personalidad concreta y una concreta actitud ante la vida. 

10. Cuando la experiencia religiosa prende en una estructura personal o social deteriorada en sus raíces, puede contribuir a sanarlos, si se maneja adecuadamente, pero también se corre el riesgo de convertirse la religión en una propulsora de ese mismo deterioro, potenciando en su seno el empobrecimiento personal, el infantilismo regresivo o incluso la destrucción o la violencia. Se habla de Fanáticos Vs Profetas; de Alumbrados Vs Místicos; de Sacrificadores Vs Oferentes. Los primeros ilustran el lado oscuro de la religión, utilizada como máscara de instintos e impulsos inconfesables. Por otro lado, la religión puede convertirse en aliada poderosa de la expansión y plenitud humanas; la religión puede influir en las esferas afectiva, cognitiva y ética, y hacerlo según las oposiciones que decíamos antes, de manera positiva o de manera negativa. Este es un tema muy rico e interesante, pero no creo que podamos desarrollarlo del todo en este espacio. 

11. Otro ejemplo de simbiosis entre psicología y espiritualidad podríamos encontrarlo en una propuesta de A. Grün; él habla de entender y vivir la fe como nueva perspectiva, o manera diferente de ver la realidad e interpretarla. De aquí brota entonces una nueva conducta y sentimiento vital. Tres momentos para desglosar esta idea: 1. CREER (ver con empatía/reinterpretar), 2. AMAR (aceptar con gusto/transformar), 3. ALABAR (elogiar/renombrar). La fe implica mirar la realidad con ojos amorosos, confiar en ella; veo el mundo con buenos ojos y estructura fundamental del mensaje cristiano. La reinterpreto, reconociendo la bondad de Dios presente en él. Luego, si considero que una cosa es buena y amable, entonces la acojo con gusto, la hago parte de mí, le doy un “nombre nuevo”. El amor deriva de la fe, y hay un vínculo entre creer, amar y alabar, que es para este autor la estructura fundamental del mensaje cristiano. La fe nos introduce en una nueva vida, que brota de una nueva mirada, y el amor es la nueva conducta, así como la alabanza expresa un nuevo sentimiento existencial. 

12. He querido presentar estos dos ejemplos como modelos de lo que puede aportar la psicología, el conocimiento y comprensión de la conducta humana, sentimientos y emociones, a una espiritualidad que, sin renunciar a sus raíces originales (la Escritura, la Tradición), puede enriquecerse y enriquecer, sanar y transformar al creyente con las armas del conocimiento que aportan la psiquiatría y la psicología al conocimiento el ser humano.

miércoles, 10 de octubre de 2018

PADRENUESTRO: ANTOLOGÍA DE COMENTADORES DE LA ORACIÓN DOMINICAL.

El  siguiente comentario no es mío, lo conservo desde mis estudios de espiritualidad, en la Universidad de Comillas, y pertenece a un texto más extenso de Santos Sabugal (la cita completa está al final). Ofrece un resumen breve, pero enjundioso, de los mejores comentarios al Padrenuestro...


Ofrecemos a continuación una selección antológica del Padrenuestro. En ella hemos incluido autores antiguos y modernos. La encabezan diez autores de la antigüedad patrística: había que comenzar escuchando algunos calificados representantes de la tradición cristiana, mediante la cual la iglesia no sólo «comprende cada vez mejor los libros sagrados» sino también «los mantiene siempre activos», siendo «el estudio de los Padres de la iglesia» valioso auxiliar en su «comprensión cada vez más profunda de la Sagrada Escritura»119. Dos comentarios representativos de la exégesis mística y catequética del siglo XVI—santa Teresa + Catecismo romano—enlazan aquellos antiguos comentarios con los cuatro—católicos + protestantes—representantes de la exégesis y teología hodiernas, a los que se suma nuestro comentario bíblico y catequístico. Esa antología incluye, pues, representantes principalmente de la exposición catequética (Tertuliano, Cirilo, Ambrosio, Teodoro Mopsuestia, Agustín, Catecismo romano) y homilética (Gregorio Niseno, Juan Crisóstomo, Agustín, R. Guardini), pero a la vez y también de la exégesis bíblica (Orígenes, Juan Crisóstomo, Agustín, H. van den Bussche, J. Jeremías), de la reflexión teológica (Cipriano, Origenes, Agustín, Catecismo romano, D. Bonhoeffer, R. Guardini) y mística (Origenes, San Gregorio Niseno, San Agustín, Santa Teresa). Los dos autores protestantes—D. Bonhoeffer y J. Jeremías—representan en nuestra antología el comentario de la «oración del Señor» por la teología (D. Bonhoeffer) y exégesis bíblica (J. Jeremías) de «los hermanos separados» de occidente, en cuya tradición teológica y litúrgica el padrenuestro ocupa un puesto de singular relieve, y cuyo «constante y solícito estudio de la Biblia» fue reconocido y encomiado recientemente por el más alto magisterio de la iglesia. 

1) Tertuliano, el gran apologista del norte de África (155-220), fue el primer comentarista del «padrenuestro». Lo hace en el contexto de su obra Sobre la oración, el primer catecismo teológico y disciplinar sobre la misma de la edad patrística, escrito para los catecúmenos de su iglesia, siendo aún católico (198-200), con el fin de iniciarles en la práctica de la oración cristiana. Más que un tratado teológico es, pues, esa obra una catequesis catecumenal. Tras la breve introducción, en la que resalta la importancia de esa «nueva forma de oración» (=el padrenuestro), que condensa «todo el evangelio», sigue el comentario catequético a la oración del Señor según el texto mateano, para exponer luego una enseñanza práctica sobre la plegaria cristiana. El comentario ocupa, pues, la parte central de esa obra catequética tertulianea. 

2) Más amplia y, también teológicamente más profunda es la explicación de San Cipriano en su obra Sobre la oración del Señor, escrita, como explicación homilética para los neófitos (252), bajo el evidente influjo de su maestro Tertuliano. Una introducción general sobre la oración precede al homilético comentario del «padrenuestro» a raíz del texto mateano, concluido por una enseñanza práctica, que completa la temática general sobre la plegaria de la introducción. 

3) A Orígenes se debe el primer comentario científico, exegético y teológico, del «padrenuestro». Lo aborda en su magnífico tratado Sobre la oración cristiana, compuesto (233) a ruegos de dos cristianos amigos suyos y en respuesta a dificultades sobre la esencia y necesidad de la plegaria, por aquellos planteadas. A la introducción general del tratado siguen las tres partes centrales del mismo, en las que el ilustre catequista y teólogo alejandrino, tras abordar la temática sobre la oración en general—vocabulario bíblico, necesidad, clases, etc. -, emprende el comentario al «padrenuestro». En este amplio contexto, el Alejandrino aborda—¡por vez primera él! - , ante todo, el análisis del problema sobre las diferencias entre las formas textuales de Mt y Lc, optando por la solución más fácil, generalizada luego en el medievo y compartida por escasos exegetas modernos: se trata—concluye—de «dos oraciones distintas, aunque con ciertas partes comunes». Seguidamente analiza el contexto inmediato anterior al texto de Mt, por él adoptado, para abordar luego su amplio y teológicamente rico comentario. Finalmente, complementa, en un tercer momento, la primera parte, cerrando con una conclusión final su obra. El comentario a la oración del Señor ocupa, pues, un puesto de honor en este tratado, que constituye, sin duda, una de las más preciadas joyas del rico y multiforme cofre origeniano. 

4) CIRILO DE JERUSALÉN: Durante la cuaresma del año 350 predicó el insigne obispo jerosolimitano san Cirilo, en la iglesia del Santo Sepulcro, sus famosas veinticuatro catequesis, otro inestimable tesoro de la antigua literatura cristiana, dirigidas a «los iluminados» o catecúmenos y a «los neófitos» de su iglesia. Estas cinco últimas «catequesis mistagógicas» tratan sobre el bautismo, la confirmación, la eucaristia y, como «corona del edificio espiritual» de los recién bautizados», la santa misa. En el contexto de esta última, con la brevedad y claridad del experto catequista, explica san Cirilo «la oración que el Señor transmitió a sus discípulos». 

5) En incierta fecha, pero posterior a la del catequista jerosolimitano, dedicó el teólogo y místico San Gregorio Niseno a la explicación del «padrenuestro» cinco homilías, en las que, tras una introducción general sobre la oración, se detiene en el comentario místico y moral de «la oración del Señor». 

6) Hacia el año 390 dirigió el obispo milanés San Ambrosio de Milán, a los neófitos de su iglesia, una serie de catequesis mistagógicas Sobre los sacramentos del bautismo, confirmación y eucaristía. En el contexto de estas últimas ofrece dos comentarios a esa «oración (=el padrenuestro) corta pero llena de todas las cualidades»: muy breve el segundo, más amplio e interesante el primero, en el que la exégesis teológica y moral del «padrenuestro» se conjugan y armonizan. 

7) Siendo aún probablemente presbítero, el futuro obispo y eminente exegeta antioqueno Teodoro de Mopsuestia dirigió (388-392) a los catecúmenos y neófitos de su iglesia dieciséis Homilías catequéticas, de las cuales las diez primeras exponen para los catecúmenos el «Símbolo de la fe» según el «Credo niceno», mientras que las seis últimas ofrecen a los neófitos la explicación del «padrenuestro», así como de la liturgia bautismal y eucarística. El comentario a «la oración transmitida por nuestro Señor», introducido por consideraciones generales sobre la plegaria, aborda la explicación teológica y moralizante del padrenuestro, propia del catequista convencido de que en la «Oración dominical» se encuentra «toda la perfección moral», no consistiendo, por lo demás, «la oración en palabras sino en costumbres, amor y aplicación al bien»; una convicción, que la exhortación final sintetiza. 

8) En la línea de Teodoro se sitúa su amigo y elocuente orador San Juan Crisóstomo, quien explicó «el padrenuestro» en su Comentario al evangelio de Mateo, compuesto a raíz de varias homilías pronunciadas (390) en Antioquía y dirigidas a los fieles de esa comunidad eclesiástica, en las que la elocuencia del predicador se armoniza con la instrucción del pastor. 

9) Al obispo hiponense San Agustín corresponde el honor de ser el máximo comentarista del «padrenuestro» en la edad patrística. Siete veces emprendió esa tarea. Lo hizo por vez primera en su Comentario al sermón de la montaña, escrito (393-394) siendo aún presbítero de Hipona. Su explicación, que refleja ya la profundidad del exegeta-teólogo y la intuición del místico, tiene el mérito de recoger la principal y multiforme tradición patrística- nordafricana, alejandrina, antioquena y «romana»- precedente. Cuatro veces más comentó el ya obispo hiponense (410-412) la «Oración dominical» en otras tantas catequesis ad competentes, los cuales, tras la devolución del Credo (=«redditio Symboli»), recibían la Oración del Señor (=«traditio Orationis dominicae»), para aprenderla de memoria y poder recitarla durante la celebración eucarística de la gran vigilia pascual, en la que por vez primera participaban después de haber recibido el bautismo. La reflexión teológica así como la instrucción moral práctica encuentran, en esos comentarios catequísticos al «padrenuestro» realizados por el gran maestro de catequistas (=¡De catechizandis rudibus!), lograda síntesis. Finalmente Agustín lo comentó en su Ep. a Proba (411-412) y (428-429) su obra Sobre el don de la perseverancia. En todos esos comentarios como, en general, en toda la obra literaria agustiniana, caminan de la mano como inseparables hermanas la reflexión del teólogo y pastor con la piedad del místico, prueba evidente de que Agustín—sus soliloquios y confesiones lo atestiguan—oraba cuando hacia teología, porque hacia teología cuando oraba. 

10) A ruegos de las carmelitas de San José (Avila) y por orden del teólogo dominico Domingo Báñez, escribió Santa Teresa de Jesús (1564-1567), la primera mujer recientemente declarada por el magisterio supremo (Pablo Vl) «doctora de la iglesia» (1970), su obra Camino de perfección, que, en opinión de un especialista, constituye el «más ascético, práctico y asequible» de sus tratados espirituales. La explicación del «padrenuestro» ocupa la mitad de ese clásico tratado sobre la oración, por ella galantemente designado «el librito» y, también, «el Paternoster». Esta designación autógrafa refleja ya la importancia asignada por la ilustre mística española al comentario sobre la Oración dominical, introducido por una exhortación a rezarla bien, como «guía segura» de oración vocal y contemplativa, y concluido por una consideración sobre la excelencia —previamente delineada—de la misma. 

11) El año 1566 promulgaba el papa san Pío V el Catecismo romano, elaborado por mandato de los padres conciliares de Trento como «formulario seguro, método fácil y presentación eficaz de las doctrinas fundamentales del cristianismo», en el cual encontrarán «normas seguras... para la formación cristiana de las almas» cuantos «en la iglesia tienen una misión docente». Esa función desempeñó ese catecismo efectivamente en los siglos siguientes. Y puede seguir desempeñándola hoy, si se tiene en cuenta que, aunque «la época tridentina de la iglesia ha pasado definitivamente, la fe tridentina permanece fe de la iglesia». Queda, pues, justificada su selección en nuestra antología. Corroborada también por el amplio espacio dedicado en ese documento—cristalización y epítome catequético de la teología tridentina— a la explicación del «padrenuestro»: de las cuatro partes que lo integran, las tres primeras exponen la enseñanza cristiana sobre el credo (primera parte), los sacramentos (segunda parte) y los mandamientos (tercera parte), dedicando toda la cuarta parte a la explicación catequético-teológica de esa «fórmula divina», que condensa en «preciosa síntesis qué y cómo debemos orar». Esa explicación se abre con una introducción sobre «los principios generales de la teología católica sobre la oración», seguida por el comentario exegético y patrístico, teológico y catequístico a cada una de las partes del «padrenuestro». 

12) El pastor y teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) encabeza, por orden cronológico, la selección antológica de autores modernos. Una selección justificada, si se tiene en cuenta el denso y actual pensamiento teológico de quien, durante su estancia en Roma, «este trozo de tierra que tanto quiero», asistía a los oficios litúrgicos de semana santa en las basílicas de San Juan de Letrán y de San Pedro, leyendo luego en la cárcel de Berlín-Tegel (1943) «con gran interés a Tertuliano, Cipriano y otros padres de la iglesia», por él considerados «en parte más actuales que los reformadores», y, a la vez, sólida «base para el diálogo entre protestantes y católicos». En el contexto de la explicación teológica al «sermón de la montaña» se inserta su comentario al «padrenuestro», esa «oración por excelencia», mediante la cual Jesús nos «conduce hacia la claridad perfecta de la oración». Un comentario breve, sencillo y, a la vez, profundo, testimonio de una vida iluminada con la luz del evangelio y premiada por el Señor con el martirio, ejecutado por las balas nazis (9 de abril 1945) en Flossenbürg. 

13) En los años que siguieron a la segunda guerra mundial, el insigne humanista, filósofo y teólogo católico Romano Guardini (1885-1968) pronunció en la iglesia de San Luis (Munich), para estudiantes universitarios, una serie de homilías dominicales sobre diversos textos bíblicos. Varias de ellas se centraron sobre el comentario al «padrenuestro», cuyas diversas partes explica con la profundidad y claridad características del autor, a quien el texto bíblico brinda frecuentemente la ocasión para el profundo análisis y exposición brillante de otros temas afines y esenciales, siempre nuevos, en un esfuerzo por iluminar, con la luz de la revelación cristiana, costados sombríos de la existencia humana. 

14) La exégesis católica moderna está representada en nuestra antología por el biblista belga H. van der Bussche (1920-1965), cuyas publicaciones exegéticas vétero y neotestamentarias, especialmente su comentario al cuarto evangelio, le han merecidamente asignado un puesto de honor. No cede en mérito su explicación al «padrenuestro»: introducida por un estudio preliminar sobre su importancia, doble tradición literaria (Mt + Lc) y circunstancia de su enseñanza, el comentario a cada una de sus partes integrantes constituye el grueso de esos densos análisis, dominados por el esfuerzo de facilitar la comprensión de los principales vocablos, a la luz de su transfondo bíblico, vétero y neotestamentario. 

15) Cierra nuestra selección antológica el exegeta protestante Joachim Jeremías (1900-1979), mundialmente conocido por sus publicaciones sobre el antiguo y—principalmente—nuevo testamento, cuyos estudios sobre el mensaje prístino de Jesús así como su análisis de teología bíblica neotestamentaria, todos ellos penetrados de profunda piedad cristiana, constituyen una difícilmente superable cima en la actual exégesis bíblica. No cede en profundidad y altura su estudio sobre el significado original del «padrenuestro», claro y substancial «compendio de la predicación de Jesús», cuyos extractos antológicos el lector puede leer y meditar—creemos—con provecho.  

SANTOS SABUGAL
EL PADRENUESTRO EN LA INTERPRETACIÓN
CATEQUÉTICA ANTIGUA Y MODERNA (Prólogo).
SIGUEME. SALAMANCA 1997.Págs. 37-46

jueves, 4 de octubre de 2018

CON TAL DE GANAR A CRISTO


“Lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe, y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos. 

No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús”. 


(Filipenses 3, 7/14)

miércoles, 3 de octubre de 2018

LAS EMOCIONES: SON BUENAS O MALAS?


Posiblemente una parte de nosotros admitirá que las emociones no son meritorias ni pecaminosas, y que el sentirse frustrado, enfadado, tener miedo o encolerizarse no hacen que una persona sea buena o mala. Sin embargo, otra parte de nosotros, e incluso los que hemos admitido en teoría lo anterior,  en la práctica cotidiana solemos censurar nuestras emociones, y nos sentimos culpables además por ellas.  

Nuestra conciencia censora no acepta determinadas emociones y las reprime, empujándolas al subconsciente, y aseguran los expertos en medicina psicosomática que la causa más frecuente de cansancio, e incluso de muchas enfermedades, es la represión de las emociones. Lo cierto es que hay muchas emociones que nos resistimos a  reconocer y aceptar, las tememos o nos avergonzamos de ellas, y todo esto tiene una influencia negativa en nuestro modo de vivir nuestra condición de creyentes, es decir, en nuestra vida espiritual.

Es importante, por tanto, convencernos, en primer lugar, de que las emociones no son una realidad moral, sino simplemente fáctica. Es decir, mis iras, mis miedos, mis envidias, mis deseos sexuales, mis temores, etc, no me hacen una mejor o peor persona. Eso sí, esas reacciones emocionales han de ser integradas mental y afectivamente, pero antes de eso, antes de integrarlas y decidir si deseo o no seguirlas, debo permitirles manifestarse y escuchar atentamente lo que me están diciendo. Y debo ser capaz de decir, de aceptar, sin el más mínimo sentido de represión moral, que estoy enfadado, airado, e incluso sexualmente excitado.

Para poder hacer esto, debo antes estar convencido de que las emociones no entran en el terreno de la moral, no son ni buenas ni malas en sí mismas. Y también debo estar convencido de que la experiencia de toda la amplia gama de emociones forma parte de la condición humana y es patrimonio de todo ser humano.

 Ahora, pasamos a un segundo momento: el reconocer y aceptar  plenamente nuestras emociones no implica en modo alguno que debamos siempre obrar de acuerdo con ellas. Cuando una persona permite que sus sentimientos o emociones controlen su vida manifiesta, por supuesto, inmadurez; una cosa es sentir y reconocer ante uno mismo y ante los demás que uno tiene miedo, y otra cosa sería permitir que ese miedo le venza a uno. Una cosa es que yo sienta y reconozca que estoy enfadado, y otra cosa es que le aplaste a alguien la nariz de un golpe.

En las personas integradas las emociones ni están reprimidas ni ejercen el control. Sencillamente son reconocidas (es decir, sé lo que siento) e integradas (¿Deseo obrar de acuerdo con este sentimiento o emoción, o no?).

 A pesar de lo dicho anteriormente, no hay que pensar que las pautas emocionales son puramente biológicas o inevitables. Yo puedo cambiar, y cambiaré, mis pautas emocionales (es decir, pasaré de una emoción a otra), si honradamente he dejado aflorar mis emociones, y tras haberlas explicitado sinceramente, las considero inmaduras o indeseables.  La dinámica es esta: permitimos que nuestras emociones afloren para que puedan ser identificadas; observamos las pautas de nuestras reacciones emocionales, las explicitamos y las juzgamos. Una vez hecho todo esto, de un modo instintivo e inmediato hacemos las modificaciones necesarias a la luz de nuestros propios ideales y expectativas de crecimiento. Es decir, cambiamos. Cualquiera puede intentarlo y comprobarlo por sí mismo.

 (Lo anterior está tomado, en su esencia, de JOHN POWELL (Las estaciones del corazón, Sal Terrae, 1999)

lunes, 1 de octubre de 2018

SOLO EL AMOR...

Solo el amor te acompaña cada día, como tu sombra, como tu piel, en cada momento de tu vida; será quizá la eterna causa perdida, pero también la fuerza necesaria para renacer.

Solo el amor recorre el universo con la musicalidad de un eco de fondo, aún así hay que aguzar la caracola y el oído para acoger su mensaje primigenio, hondo, como la espuma y su ola, su latido.

Solo el amor resuena en la roja estrella, la pasión que dio a luz y se dispersó por inéditas rutas interestelares, la huella indeleble que imprimió en nuestras pupilas y amares.

Solo el amor desvela el milagro cotidiano de la ternura y su brisa, solo el amor vislumbra entre escombros unos ojos negros, su clara sonrisa, la brevedad del instante y su asombro.

Solo el amor invita a la gratuidad de la sonrisa y las manos extendidas, solo el amor es capaz de invisibilizar las fronteras impermeables de corazones y frentes divididas, solo el amor perdura en el empeño y su locura.

Solo el amor moldea nuestro corazón para la sorpresa y la maravilla.

Miguel Ángel Mesa en "Cuida con amor tus estrellas" de Editorial Paulinas, 2018
(Tomado de ECLESALIA. net)

martes, 1 de mayo de 2018

LA PODA.



"La poda es algo muy frecuente en el campo.
Campesinos y hortelanos son diestros en ella.
Incluso en la ciudad,
los amantes de los árboles y de las plantas
las podan en tiempos señalados.
Obtienen así ejemplares más bellos, más fuertes, más sanos...

Pero con ser una operación tan corriente,
necesaria y positiva,
nos resulta una energía extraña,
cuando no una anti-energía o muerte.

Sin embargo, la poda es ley de vida y crecimiento
de las plantas,... de las personas y de los grupos.
Controla, encauza y orienta las fuerzas;
impide la dispersión, da nuevas energías.
Nos hace crecer y ser nosotros mismos.

Nos poda el Padre, eso dices Tú.
Poda a los que dan fruto, para que den más.
Nos poda a los que bien nos quiere.
Nos corta las alas de la soberbia y de la comodidad
que nos impiden dar fruto y malgastan energía.
¡Corta brotes "naturales", que parecen ser expresión de vida,
para que demos más y mejor fruto!

Nos podan los amigos, el grupo, la comunidad,
a través de relaciones claras y fraternales;
a través de la ayuda, la crítica y la exigencia.
Nos podan cuando ponen en crisis
nuestro estilo de vida y escala de valores;
cuando nos hacen afrontar las incoherencias
y zonas oscuras de nuestro ser.

Algunos se podan a sí mismos para dar más fruto.
Saben decir no a ciertas cosas.
Saben renunciar a bienes positivos y objetivos dignos
para conseguir bienes mayores y tesoros escondidos.
¡Dichosos esos hombres y mujeres!
Dichosos los que viven con ellos, porque participan de su fruto.

La mayoría de las podas vienen sin buscarlas.
Las trae la vida cuando menos lo esperas;
son podas involuntarias, imprevistas, a veces duras y dolorosas,
y no siempre las aceptamos como algo positivo.

Involuntaria o voluntaria
a tiempo o a destiempo,
asumida o rechazada,
la poda es el secreto
de las personas que se han hecho fuertes,
de los hombres y las mujeres que dan fruto,
de quienes tienen vida.

¡Pódanos, Señor!
¡Pódame, Señor!

Florentino Ulibarri

domingo, 1 de abril de 2018

ATADO A NOSOTROS.

“Deja ya esa salmodia, ese canturreo, ese pasar y repasar  rosarios. ¿A quién adoras, di, 
en ese oscuro rincón solitario del templo cerrado? 
¡Abre tus ojos  y ve,  tu Dios no está ante ti!
Dios está donde el labrador cava la tierra dura, 
donde el picapedrero pica la piedra; 
está con ellos, en el sol y en la lluvia,
lleno de polvo el vestido. ¡Quítate ese manto sagrado
 y baja con tu Dios al terruño polvoriento!
¿Libertad? ¿Donde quieres encontrar libertad?

¿No se ha atado él mismo, lleno de alegría
 a la Creación?
¡Sí, él está atado a nosotros todos para siempre!
¡Sal ya de tu éxtasis, déjate ya de flores y de incienso!
¿Qué importa que tus ropas se manchen o se andrajen?
¡Ve a su encuentro, ponte a su lado, y trabaja, y que sude tu frente!"


RABINDRANATH TAGORE




domingo, 25 de marzo de 2018

GRITARÁN LAS PIEDRAS.

 "Jesús entra en Jerusalén. La liturgia nos invitó a hacernos partícipes y tomar parte de la alegría y fiesta del pueblo que es capaz de gritar y alabar a su Señor; alegría que se empaña y deja un sabor amargo y doloroso al terminar de escuchar el relato de la Pasión. Pareciera que en esta celebración se entrecruzan historias de alegría y sufrimiento, de errores y aciertos que forman parte de nuestro vivir cotidiano como discípulos, ya que logra desnudar los sentimientos contradictorios que también hoy, hombres y mujeres de este tiempo, solemos tener: capaces de amar mucho… y también de odiar ―y mucho―; capaces de entregas valerosas y también de saber «lavarnos las manos» en el momento oportuno; capaces de fidelidades pero también de grandes abandonos y traiciones.
Y se ve claro en todo el relato evangélico que la alegría que Jesús despierta es motivo de enojo e irritación en manos de algunos.
Jesús entra en la ciudad rodeado de su pueblo, rodeado por cantos y gritos de algarabía. Podemos imaginar que es la voz del hijo perdonado, del leproso sanado o el balar de la oveja perdida que resuena con fuerza en ese ingreso. Es el canto del publicano y del impuro; es el grito del que vivía en los márgenes de la ciudad. Es el grito de hombres y mujeres que lo han seguido porque experimentaron su compasión ante su dolor y su miseria… Es el canto y la alegría espontánea de tantos postergados que tocados por Jesús pueden gritar: «Bendito el que llega en nombre del Señor». ¿Cómo no alabar a Aquel que les había devuelto la dignidad y la esperanza? Es la alegría de tantos pecadores perdonados que volvieron a confiar y a esperar.

Esta alegría y alabanza resulta incómoda y se transforma en sinrazón escandalosa para aquellos que se consideran a sí mismos justos y «fieles» a la ley y a los preceptos rituales.

Alegría insoportable para quienes han bloqueado la sensibilidad ante el dolor, el sufrimiento y la miseria. Alegría intolerable para quienes perdieron la memoria y se olvidaron de tantas oportunidades recibidas. ¡Qué difícil es comprender la alegría y la fiesta de la misericordia de Dios para quien quiere justificarse a sí mismo y acomodarse! ¡Qué difícil es poder compartir esta alegría para quienes solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros![2]
Así nace el grito del que no le tiembla la voz para gritar: «¡Crucifícalo!». No es un grito espontáneo, sino el grito armado, producido, que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio. Es la voz de quien manipula la realidad y crea un relato a su conveniencia y no tiene problema en «manchar» a otros para acomodarse. El grito del que no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes. Es el grito que nace de «trucar» la realidad y pintarla de manera tal que termina desfigurando el rostro de Jesús y lo convierte en un «malhechor». Es la voz del que quiere defender la propia posición desacreditando especialmente a quien no puede defenderse. Es el grito fabricado por la «tramoya» de la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia que afirma sin problemas: «Crucifícalo, crucifícalo».

Y así se termina silenciando la fiesta del pueblo, derribando la esperanza, matando los sueños, suprimiendo la alegría; así se termina blindando el corazón, enfriando la caridad. Es el grito del «sálvate a ti mismo» que quiere adormecer la solidaridad, apagar los ideales, insensibilizar la mirada… el grito que quiere borrar la compasión.
Frente a todos estos titulares, el mejor antídoto es mirar la cruz de Cristo y dejarnos interpelar por su último grito. Cristo murió gritando su amor por cada uno de nosotros; por jóvenes y mayores, santos y pecadores, amor a los de su tiempo y a los de nuestro tiempo. En su cruz hemos sido salvados para que nadie apague la alegría del evangelio; para que nadie, en la situación que se encuentre, quede lejos de la mirada misericordiosa del Padre. Mirar la cruz es dejarse interpelar en nuestras prioridades, opciones y acciones. Es dejar cuestionar nuestra sensibilidad ante el que está pasando o viviendo un momento de dificultad. ¿Qué mira nuestro corazón? ¿Jesucristo sigue siendo motivo de alegría y alabanza en nuestro corazón o nos avergüenzan sus prioridades hacia los pecadores, los últimos y olvidados?
Queridos jóvenes, la alegría que Jesús despierta en ustedes es motivo de enojo e irritación en manos de algunos, ya que un joven alegre es difícil de manipular.
Pero existe en este día la posibilidad de un tercer grito: «Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos» y él responde: «Yo les digo que, si éstos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,39-40).

Hacer callar a los jóvenes es una tentación que siempre ha existido. Los mismos fariseos increpan a Jesús y le piden que los calme y silencie.
Hay muchas formas de silenciar y de volver invisibles a los jóvenes. Muchas formas de anestesiarlos y adormecerlos para que no hagan «ruido», para que no se pregunten y cuestionen. Hay muchas formas de tranquilizarlos para que no se involucren y sus sueños pierdan vuelo y se vuelvan ensoñaciones rastreras, pequeñas, tristes.
En este Domingo de ramos, festejando la Jornada Mundial de la Juventud, nos hace bien escuchar la respuesta de Jesús a los fariseos de ayer y de todos los tiempos: «Si ellos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,40).

Queridos jóvenes: Está en ustedes la decisión de gritar, está en ustedes decidirse por el Hosanna del domingo para no caer en el «crucifícalo» del viernes... Y está en ustedes no quedarse callados. Si los demás callan, si nosotros los mayores y los dirigentes callamos, si el mundo calla y pierde alegría, les pregunto: ¿Ustedes gritarán?
Por favor, decídanse antes de que griten las piedras."


 FRANCISCO. Domingo de Ramos 2018. 25 de marzo

(tomado de Religión Digital)

viernes, 17 de julio de 2015

EL SILENCIO.

"Dijo el Maestro:
Cuando estabas en el seno materno, estabas en silencio.
Luego naciste, y empezaste a hablar, hablar y hablar...
hasta el día en que te lleven a la tumba. 
Entonces volverás a estar en silencio.
Trata de capturar ese silencio que conociste en el seno materno,
que volverás a conocer en la tumba y que incluso ahora subyace a este ruidoso intervalo que llamamos vida,
porque ese Silencio es tu más profunda esencia".

"Cautivado por la melodiosa voz con que el Maestro cantaba versos en sánscrito, un experto en ese idioma dijo: 
Siempre he sabido que no hay en la tierra 
otro idioma como el sánscrito 
para expresar las realidades divinas.
No seas estúpido, le dijo el Maestro,
el idioma de la divinidad no es el sánscrito,
sino el Silencio."

ANTHONY DE MELLO. Un minuto para el absurdo.

jueves, 16 de julio de 2015

ESTRELLA DEL MAR

"Flor del Carmelo,
viña florida,
esplendor del cielo,
virgen fecunda
singular.
!Oh madre tierna,
intacta de hombre,
a todos tus hijos
proteja tu nombre,
Estrella del Mar!"

SAN SIMÓN STOCK

jueves, 11 de junio de 2015

PRESENTES Y VIVOS

“Todos necesitamos una dimensión espiritual en nuestras vidas. Necesitamos la práctica espiritual. Si esa práctica es sólida y regular, seremos capaces de transformar el temor, la ira y la desesperación que sentimos y de superar las dificultades que encontramos en la vida cotidiana.
La buena noticia es que la práctica espiritual puede realizarse en cualquier momento del día; no es preciso retirarse durante un cierto período para realizar la «Práctica Espiritual», con P y E mayúsculas. Nuestra práctica espiritual puede llevarse a cabo en todo momento, siempre que cultivemos la energía de la plena consciencia y la concentración. No importa lo que estés haciendo ya que puedes elegir hacerlo estando plenamente presente, con concentración y plena consciencia; así, tu acción se convertirá en una práctica espiritual”.


“La práctica de la respiración consciente puede parecer simple, pero el efecto es grande. Al centrarnos en nuestra inspiración, liberamos el pasado, liberamos el futuro, liberamos nuestros proyectos. Habitamos la respiración con todo nuestro ser. Nuestra mente regresa a nuestro cuerpo y nos encontramos verdaderamente ahí, vivos, en el instante presente. Estamos en casa. Un solo aliento, inspiración y espiración, puede hacer que estemos plenamente presentes y vivos otra vez”.

(Thich Nhat Hanh)




sábado, 30 de mayo de 2015

DE ANTHONY DE MELLO: REFLEXIONES Y CHISPAZOS

“Un día tal vez digas ‘He encontrado a Dios, lo conozco, sé cómo es. Está en todas partes:  en mí, en la Creación, en la Eucaristía.. ’. Ese día será un desastre para ti, porque habrás encontrado a Dios, a tu protector, ¡tan miserable y tan pequeño!. Esos dioses, esos ídolos, a su vez nos hacen a nosotros miserables y pequeños y lo peor es que estamos dispuestos a pelear por ellos. Es aterrador ver cómo la gente habla y amenaza con cosas en la que únicamente “cree”. Esas personas pueden ser terribles. El Misterio no necesita defensores. El Misterio nos hace humildes”.

“El miedo a Dios.  No hacemos más que proyectar, en Dios o en el otro, nuestra propia crueldad, nuestra propia ira y nuestra propia fuerza. No renuncies a esa fuerza aunque te parezca negativa, porque es tu propia fuerza. Sé consciente de ella, aprópiatela,..y acabarás con el miedo que te paraliza. Entonces podrás comunicarte con Dios, escucharlo y descubrirlo.”

“Muchos de nuestros actos, tanto en la comunidad como en el terreno de la formación, provienen de nuestra intolerancia. Gran parte de nuestro discurso y de nuestra moralidad son una parte velada de nuestra intolerancia.”

“La fuerza no radica en ser adulto, sino en ser sincero. Supone una enorme fuerza el reconocer y admitir sinceramente lo que uno experimenta y lo que uno quiere, sea lo que sea.”

“Muchas de nuestras emociones negativas y muchos problemas como la insatisfacción, la culpabilidad, el desasosiego, la sensación de inutilidad, etc, se deben a que nuestro componente ‘moralista’ nos incita constantemente a ‘mejorar’ y a lograr resultados. Y esa violencia que nos hacemos interiormente alimenta la violencia que manifestamos hacia fuera. En gran parte, el morir a uno mismo, vital para el crecimiento espiritual, se identifica, equivocadamente, con el matarse a uno mismo. La religión que pretende "hacernos buenos” acaba haciéndonos malos.  Mientras que la religión, entendida como libertad, nos hace buenos, porque no crea ese conflicto interior.”

“Cuando uno confunde la fe con la creencia, pierde la fe.”

“Para mí, Cristo es alguien que fue fiel a sus mociones internas, que obedeció constantemente a su voz interior. Y a la llamada que nos hace a ser ‘otros Cristos’, aquí y ahora, hemos de responder con nuestro incesante esfuerzo por obedecer a nuestra propia voz interior, tal como lo hizo Cristo”.


CHISPAZOS

“Dicen que el amor es ciego, pero yo conozco un montón de individuos que ven en su pareja el doble de lo que veo yo”
=
“EVA: Adán, ¿tú me quieres?
 ADÁN:¿Y a quién voy a querer, si no?”
=
“UN HIJO: Papá, ¿Cuándo seré lo bastante mayor para hacer todo lo que me plazca?
SU PADRE: No sé hijo. Hasta ahora nadie ha vivido tanto"
=
“SIQUIATRA: Le he estado tratando a usted durante 6 meses. Ya está usted curado. Ya no tendrá usted delirio de grandeza ni creerá que es Napoleón.
PACIENTE:  ¡Fantástico!. Ardo en deseos de llegar a casa y contárselo a Josefina! "
=
“EL MAESTRO: ¿Qué diferencia hay entre una marsopa y un delfín?
 EL ALUMNO: ¡Eso digo yo! ¿Qué diferencia hay? "

AUREL BRYS. "Encuentros con Tony de Mello"

viernes, 20 de marzo de 2015

MOMENTO DE REDESCUBRIRSE

"Considerar la Cuaresma como algo deprimente, inhibidor o sombrío significa no comprender que una parte de la decepción que supone la vida proviene de exigirle que sea siempre un éxtasis, continuamente fácil, cada vez más emocionante.

La idea de que la vida espiritual es una especie de constante que puede alcanzarse con facilidad y mantenerse fielmente, es un signo de inmadurez espiritual. O cambiamos nuestro modo de ver la vida y a Dios, a medida que maduramos, o acabaremos siendo una especie de residuo religioso de
una era anterior a la nuestra.

«Ya no soy / lo que he sido», decía el poeta Byron. La verdad es que cambiamos de de un año para otro, de una época de la vida para otra. La vida nos exige estar en contacto con nosotros mismos para no perdernos. La Cuaresma pretende ser el momento del redescubrimiento personal, un momento en que descendemos al centro de nuestro ser para ver lo que queda, lo que falta, lo que está en germen.

La Cuaresma es siempre una llamada a la conversión. La conversión no es una llamada a ser algo distinto de lo que somos, sino una llamada a ser más plenamente lo que hemos de ser."

JOAN CHITTISTER. Escuchar con el corazón