jueves, 25 de abril de 2019

SIGNOS DE LA RESURRECCIÓN (Segundo domingo de Pascua)

Cristo ha resucitado,y lo hemos estado celebrando gozosamente durante toda esta semana. Pero este acontecimiento histórico ha sucedido solamente ante Dios.  Ningún ser humano ha sido testigo directo del momento justo en que Cristo resucitó.  Sin embargo, podemos llegar a percibir este acontecimiento por otros caminos y ser testigos veraces de este acontecimiento singular. El Resucitado se hace presente, se "aparece", y los discípulos lo pueden "ver". Con esto, los Evangelios nos sugieren que hay unos signos por los que el Resucitado se hace presente. 

 Para llegar a percibir esos signos es necesaria la FE.  El Resucitado pertenece ya a una esfera del mundo totalmente nueva, no a lo temporal y pasajero, sino a lo definitivo que nos espera. No hay ningún hecho conocido en la historia que se pueda comparar con la  resurrección de Jesús. Es algo nuevo, y además, pertenece al futuro, no al pasado; por eso no se puede sino creer y esperar. "Dichosos los que crean sin haber visto". Pero advierto, a un futuro que ya està en presente, que acontece en Cristo, en los que son de Cristo, y por ellos en el mundo.

 Por eso, uno de los signos más reveladores del Resucitado es el estilo de vida de su comunidad; esta surge cuando, llevados por el Espíritu de Jesús, se establece una relación fraternal tan fuerte que les hace  llegar a poner todo en común.  Se manifiesta también el Resucitado en el perdón de los pecados, en la capacidad de superación que Dios ha concedido al hombre para que camine hacia la consecución de la promesa, ya cumplida en Cristo.

 Pero los signos del resucitado no se agotan en la Iglesia. Hay incontables señales que nos indican cómo el poder de Dios va dirigiendo la historia hacia su plenitud. ¿Podemos percibir algunos de estos signos de nuestro tiempo?

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Los primeros cristianos comprendieron que la proclamación del Evangelio no solamente les exigía una aceptación intelectual, sino una actitud práctica, que precisamente tendía a la superación de todo aquello que discrimina artificialmente a los hombres y los divide en grupos cerrados que monopolizan para sí la posesión de los bienes que deberían ser accesibles a todos los hombres.

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Jesucristo no es solamente el redentor que vino en una época determinada de la historia, sino el salvador que vendrá al final. Esta esperanza en él hace de los cristianos, no unos hombres fatalmente resignados al sufrimiento de la vida, sino unos optimistas incorregibles, que lucharán siempre con ilusión y entusiasmo.

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La liturgia pascual insiste en la gratuidad de la fe.  La resurrección es el objeto principal de la fe. Ahora bien, en la resurrección solamente se puede creer. Aún más, los que sin haber visto han creído son declarados bienaventurados. Hay crisis de fe cuando se la racionaliza demasiado, o cuando todo el tiempo queremos "ver". 

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¿Aquel que no ha descubierto a Cristo en su vida, cómo podrá llegar a descubrirlo en los signos eucarísticos?

(Notas tomadas del MISAL DE LA COMUNIDAD)

domingo, 21 de abril de 2019

LA FIESTA ES NOVEDAD DE VIDA (Domingo de Resurrección)

La fiesta es una palabra mágica que siempre conmueve el corazón humano. Es un deseo profundo que aún no se ha desvalorizado. Tanto en las religiones antiguas como en el desacralizado mundo moderno, el hombre necesita y busca espacios de tiempo despejados para celebrar la fiesta. El deseo de participar en ella surge porque quiere liberarse de la caducidad de todo lo que le rodea y empalmar con un tiempo, pasado o futuro, que sea salvador. 

 La fiesta pretende la liquidación de un mundo viejo y amenazador. Los ritos de la expulsión del pecado y de purificación persiguen ese fin. Por ello en la fiesta humana aparecen los elementos de quemar imágenes del año transcurrido, destruir cosas, desgastar las formass viejas, derrochar todo lo acumulado. 

 Pero la fiesta busca también una renovación, alcanzar el nuevo ser del hombre, penetrar en ese círculo en el que sea posible conectar con toda energía vital.  De esa manera, se consigue destruir la amenaza del mundo viejo y alcanzar las fuerzas vitales de lo nuevo.

 La fe cristiana no prescinde de la fiesta, pero la encaja en la historia y la salva de la alienación. La fiesta está en el corazón del hombre. La superación del hombre viejo, abocado a la muerte, no se consigue con destruir freneticamente cosas exteriores, sino mediante la conversión del corazón. El edificio del mundo nuevo, de la creatura regenerada, es el resultado de aceptar el principio vital de una levadura nueva que hará fermentar toda la masa. 

 La Iglesia celebra la fiesta de la Resurrección de su Señor, no mediante ritos externos, sino mediante la novedad de vida de sus miembros. 

(Tomado de MISAL DE LA COMUNIDAD)

sábado, 20 de abril de 2019

UN CRISTO DE CARNE Y HUESO

De qué quiere usted la imagen
Preguntó el imaginero,
Tenemos santos de pino,
Hay imágenes de yeso
Mire este Cristo yacente
Madera de puro cedro
Depende de quien la encarga
Una familia o un templo
O si el único objetivo
Es ponerla en un museo


Déjeme pues que le explique
Lo que de verdad deseo

Yo necesito una imagen
De Jesús el galileo
Que refleje su fracaso
Intentando un mundo nuevo
Que conmueva las conciencias
Y cambie los pensamientos
Yo no la quiero encerrada
En iglesias y conventos,

Ni en casa de una familia
Para presidir sus rezos
No es para llevarla en andas
Cargada por costaleros
Yo quiero una imagen viva
De un Jesús hombre, sufriendo,
Que ilumine a quien la mire
El corazón y el cerebro

Que den ganas de bajarlo
De su cruz y del tormento,
Y quien contemple esa imagen
No quede mirando un muerto
Ni que con ojos de artista
Sólo contemple un objeto
Ante el que exclame admirado
¡que torturado mas bello!

Perdóneme si le digo,
Responde el imaginero
Que aquí no hallara seguro
La imagen del Nazareno

Vaya a buscarla en las calles
Entre las gentes sin techo
En hospicios y hospitales
Donde haya gente muriendo
En los centros de acogida
En que abandonan a viejos
En el pueblo marginado
Entre los niños hambrientos
En mujeres maltratadas
En personas sin empleo

Pero la imagen de Cristo
No la busque en los museos
No la busque en las estatuas
En los altares y templos
Ni siga en las procesiones
Los pasos del Nazareno
No la busque de madera
De bronce de piedra o yeso
¡mejor busque entre los pobres
Su imagen de carne y hueso ¡

Gabriela Mistral

viernes, 19 de abril de 2019

DENTRO DE TODOS, LA LOCURA...

"Dentro de cada uno, 
dentro de todos, escondida, 
la locura se encuentra. 
Si uno se acerca al abismo, 
si uno se entretiene indeciso, 
si uno no salta, 
te atrapa, 
te deja pegada al espejo 
donde solo tú existes 
en un sueño o un delirio eterno".

Magaly Alabau
(Fragmento de un poema)

VIERNES SANTO: LA MUERTE VICTORIOSA

La muerte es el acto definitivo del hombre. Le enfrenta con el propio destino y le hace tomar una opción fundamental. Agudiza el misterio humano; acentúa la soledad del individuo, pone a prueba la relación con los otros mediante la elección entre la comunión o la ruptura, cuestiona el futuro y la esperanza. No es superficial el enfrentamiento con la muerte. 

Ante su muerte, el ser humano se encuentra desamparado, abandonado. El grito humano que se resiste a morir no recibe por parte de Dios otra respuesta que el silencio. ¿Por qué me has desamparado? Los seres humanos tampoco, a la hora de la muerte, pueden hacer nada a nuestro lado, tanto si son amigos como enemigos. La muerte supone preguntas tan lúcidas como el sentido de la vida, su logro o equivocación, si hay alguien que nos acoge y si queda un resquicio para la confianza.  Alrededor hay noche oscura.

La muerte proporciona la oportunidad de realizar el acto de fe definitivo. Una fe contra toda evidencia, una esperanza contras toda esperanza; la confianza que traspasa la espesa noche de la nada para encontrar unas manos que nos acogen con amor infinito. 
"A tus manos encomiendo mi espíritu". 

Esta es la muerte victoriosa, la que vence a la misma muerte en su propio terreno. Muerte con sentido que salva al hombre, que le prepara para la comunión con Dios y la relación sin trabas con los demás y con el universo. Esta muerte es la transformación necesaria para entrar a vivir sin riesgos el nuevo mundo en el que se ha creído y esperado. En la cruz de Jesús se abren de par en par las puertas de la resurrección gloriosa del ser humano.
Así, en el relato de la pasión, en Juan, las últimas palabras de Jesús en la cruz son estas: "Todo está cumplido".

(Notas tomadas del MISAL DE LA COMUNIDAD)


miércoles, 17 de abril de 2019

JUEVES SANTO: EL SACRAMENTO DEL DIOS AMOR

Dios es amor. La manifestación de Dios en Jesús de Nazaret se caracteriza por un amor que llega hasta el extremo, hasta la locura.  Este amor de Dios es pensado como un servicio al hombre y a su mundo, como un compromiso de Dios para ayudar a que el ser humano llegue a vivir dignamente en el mundo. 

Este misterio de Dios revelado en Jesús es, a la vez,  la manifestación de lo que ha de llegar a ser el mundo. El principio animador de toda transformación ha de ser el amor. Este espíritu crea la fraternidad humana y hace que unos estén al servicio de los otros.  Esto supone que el hombre frente al hombre no es un competidor ni un ser que se apropia de lo de los demás y lo acumula en su propio provecho.  La fraternidad conlleva la comprensión, la comunión, la confianza mutua. La alianza de Dios con el hombre empuja, por un lado, a realizar la promoción de la sociedad, superar las estructuras que esclavizan, y estar dispuestos a salir hacia una tierra donde sea posible la libertad. 

La Eucaristía es el sacramento de toda la obra salvadora de Dios y de la vivencia que de esta salvación tiene la comunidad. En ella se hace presente la comunión con Dios y la comunión fraternal. Los gestos del servicio de Cristo exigen que todos los miembros de la comunidad estén dispuestos a poner lo propio en común. Por otro lado, es necesario que al comer la Eucaristía, sacramento de la Pascua, se esté dispuesto a emprender el camino de la liberación; es un signo que manifiesta nuestra decisión de pasar de la esclavitud a la libertad, de un mundo envejecido a la nueva creación.

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La celebración eucarística no es solamente el centro del culto cristiano, sino el espacio esencial de la proclamación evangélica. En el cristianismo, el culto no puede ser exclusivamente litúrgico, sino también profético.

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Jesús, que es el único Señor y Maestro, adopta en el seno dce la comunidad una actitud inequívoca de servicio. De aquí que es incomprensible que pertenezcan a una iglesia cristiana, y mucho menos que ocupen en ella puestos de honor, lo que del ejercicio de la autoridad han hecho una opresión, una explotación o una tiranía.

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Solamente es posible celebrar la Eucaristía si hay en la comunidad una verdadera actitud de servicio mutuo. Para celebrar el sacramento del cuerpo de Cristo es necesario que la comunidad sea por la unidad del cuerpo de Cristo.  Si se vive en comunión, si la fe vivida ha hecho poner en común lo propio, entonces se puede participar en la comunión con  Jesucristo. De lo contrario, es preferible que tomemos más en serio el sacramento de la muerte del Señor. Dejemos la ofrenda en el altar y ocupémonos de hacer surgir la comunidad por la vivencia de la fe. 

(Notas tomadas del MISAL DE LA COMUNIDAD)

domingo, 14 de abril de 2019

VIAJE A ÍTACA (LA SUERTE DE LAS ISLAS)

Cuando emprendas tu viaje a Itaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino, 
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. 
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al salvaje Poseidón encontrarás, 
si no los llevas dentro de tu alma, 
si no los yergue tu alma ante ti.


Pide que el camino sea largo. 
Que muchas sean las mañanas de verano 
en que llegues -¡con qué placer y alegría!- 
a puertos nunca vistos antes. 
Detente en los emporios de Fenicia 
y hazte con hermosas mercancías, 
nácar y coral, ámbar y ébano 
y toda suerte de perfumes sensuales, 
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. 
Ve a muchas ciudades egipcias 
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente. 
Llegar allí es tu destino. 
Mas no apresures nunca el viaje. 
Mejor que dure muchos años 
y atracar, viejo ya, en la isla, 
enriquecido de cuanto ganaste en el camino 
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje. 
Sin ella no habrías emprendido el camino. 
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado. 
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, 
entenderás ya qué significan las Itacas.

Poesia: Konstantinos Kavafis