"Vuelve, por favor, vuelve, quien quiera que seas, religioso, infiel, hereje o pagano. Aunque hayas hecho cien promesas y cien veces las hayas roto, esta puerta no es la puerta de la desesperanza y la frustración. Esta puerta está abierta para todos. Ven, ven, tal como seas". (Rumi)
miércoles, 27 de marzo de 2024
LAS TRES PROFECÍAS DE JESÚS
sábado, 23 de marzo de 2024
LA MUERTE DE JESÚS FUE CONSECUENCIA DE SU VIDA
"Al relatar la pasión de Jesús, cada evangelista coloca sus propios acentos en aquello que le interesa subrayar. Esto explica que, a partir del hecho histórico de la muerte de Jesús, se hayan construido relatos cargados también de intencionalidad teológica.
Por ejemplo, Lucas, en concreto, pone mucho cuidado en subrayar la inocencia de Jesús: Pilato la declara por tres veces; Herodes, implícitamente; y, de una forma expresa y contundente, el centurión romano al pie de la cruz. Lucas es también el único que pone en boca de Jesús las palabras sobre el perdón a quienes lo están crucificando, así como la promesa de vida al compañero de suplicio que se dirige a él. Suprime el grito del Salmo 22 (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”), y lo sustituye por el Salmo 31,6, que expresa una confianza más explícita (“En tus manos encomiendo mi vida”).
Con todo, más allá de las peculiaridades propias de cada autor, es claro en todos ellos que la muerte de Jesús fue consecuencia de su vida: lo mataron porque estorbó a la autoridad.
El “descuido” grave de la tradición cristiana consistió, precisamente, en desconectar la cruz de lo que había sido la práctica concreta del Maestro. De ese modo, la cruz vino a convertirse en un valor “abstracto” en sí misma: lo que nos habría salvado sería la cruz; bastaba creer en ello, aunque se desconociera la vida histórica de Jesús.
Este planteamiento produjo, entre otras, dos consecuencias graves: el dolorismo y el doctrinarismo. El dolorismo consiste en la afirmación de que “el dolor es siempre bueno”. Si lo que nos había salvado había sido la cruz, y la cruz es dolor, la conclusión se imponía por sí misma: el dolor es bueno y a Dios le agrada.
El doctrinarismo hizo del cristianismo “la religión de la cruz”, y parecía que ser cristiano era más una cuestión de creer –en el sentido de creencia o doctrina– que de vivir. Olvidada la práctica de Jesús, en sus rasgos más concretos, críticos, novedosos e incluso subversivos, se instauró una nueva “ideología religiosa”.
Frente a ambos riesgos –de matriz eminentemente “religiosa” y egoica, aparte de mítica–, haríamos bien en recuperar la sencillez del evangelio y la práctica de Jesús, que me parecen van en la dirección de los sabios versos del gran poeta Antonio Machado: “Y más que un hombre al uso, que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”.
La cruz contiene el relato de un hombre bueno, que es aplastado por un poder político y religioso inhumano. Es, por eso también, un grito contra toda injusticia y de solidaridad con todos los crucificados".
Enrique Martínez Lozano.
sábado, 9 de abril de 2022
RECUPERAR LA SENCILLEZ DEL EVANGELIO Y LA PRÁCTICA DE JESÚS
"Al relatar la pasión de Jesús, cada evangelista coloca sus propios acentos en aquello que le interesa subrayar. Esto explica que, a partir del hecho histórico de la muerte de Jesús, se hayan construido relatos cargados también de intencionalidad teológica. Lucas, en concreto, pone mucho cuidado en subrayar la inocencia de Jesús: Pilato la declara por tres veces; Herodes, implícitamente; y, de una forma expresa y contundente, el centurión romano al pie de la cruz. Lucas es también el único que pone en boca de Jesús las palabras sobre el perdón a quienes lo están crucificando, así como la promesa de vida al compañero de suplicio que se dirige a él. Suprime el grito del Salmo 22 (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”), y lo sustituye por el Salmo 31,6, que expresa una confianza más explícita (“En tus manos encomiendo mi vida”). Con todo, más allá de las peculiaridades propias de cada autor, es claro en todos ellos que la muerte de Jesús fue consecuencia de su vida: lo mataron porque estorbó a la autoridad. El “descuido” grave de la tradición cristiana consistió, precisamente, en desconectar la cruz de lo que había sido la práctica concreta del Maestro. De ese modo, la cruz vino a convertirse en un valor “abstracto” en sí misma: lo que nos habría salvado sería la cruz; bastaba creer en ello, aunque se desconociera la vida histórica de Jesús. Este planteamiento produjo, entre otras, dos consecuencias graves: el dolorismo y el doctrinarismo. El dolorismo consiste en la afirmación de que “el dolor es siempre bueno”. Si lo que nos había salvado había sido la cruz, y la cruz es dolor, la conclusión se imponía por sí misma: el dolor es bueno y a Dios le agrada. El doctrinarismo hizo del cristianismo “la religión de la cruz”, y parecía que ser cristiano era más una cuestión de creer –en el sentido de creencia o doctrina– que de vivir. Olvidada la práctica de Jesús, en sus rasgos más concretos, críticos, novedosos e incluso subversivos, se instauró una nueva “ideología religiosa”. Frente a ambos riesgos –de matriz eminentemente “religiosa” y egoica, aparte de mítica–, haríamos bien en recuperar la sencillez del evangelio y la práctica de Jesús, que me parecen van en la dirección de los sabios versos del gran poeta Antonio Machado: “Y más que un hombre al uso, que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”. La cruz contiene el relato de un hombre bueno, que es aplastado por un poder político y religioso inhumano. Es, por eso también, un grito contra toda injusticia y de solidaridad con todos los crucificados".
(Enrique Martínez Lozano, Otro modo de leer el Evangelio).
jueves, 1 de abril de 2021
JUEVES SANTO: LO IMPORTANTE ES EL AMOR
Un momento importante en esta celebración es el LAVATORIO DE LOS PIES: la liturgia nos invita a contemplar el gesto de Cristo lavando los pies a sus discípulos. Esto no debe quedarse en la mera anécdota, sino que debemos prestar atención profunda a este gesto y a lo que implica como actitud de servicio. Este rito nació en Toledo en el año 694, alcanzando luego gran popularidad en el mundo monástico, pues las abadías lo celebraban muy solemnemente, como expresión de la caridad para con los pobres.
Al final de la Eucaristía se traslada el Cuerpo sacramentado del Señor al "Monumento", donde se reserva para la comunión eucarística del Viernes. El Monumento ha de ser sencillo y no el momento para exhibir los objetos de valor que la comunidad conserva. Evitar también un excesivo barroquismo. Se lleva el Santísimo al Monumento al final de la celebración en procesión y luego allí se ora en silencio luego de algún canto adecuado, como el Tantum Ergo. La asamblea permanece orando, se puede hacer una sencilla meditación también sobre los temas propios de la jornada: eucaristía, sacerdocio, mandamiento del amor, y se pueden leer también pasajes del Evangelio. Esta adoración se realiza con solemnidad hasta la medianoche.
martes, 23 de marzo de 2021
LOS RELATOS DE LA PASIÓN DE JESÚS (2)
Como vemos, hay notables diferencias entre los relatos que narran la pasión de Jesús; esto no debe molestarnos, ni tampoco preguntar cuál es la más fiel o la más correcta. Cada uno se acerca a Jesús de un modo diferente, resaltando algo esencial de su figura: Marcos presenta a Jesús experimentando las profundidades del abandono para al final ser justificado; en Lucas, Jesús se preocupa por los otros y reparte perdón a su alrededor; en Juan, Jesús reina victorioso desde la cruz, controlando todo lo que sucede. Cada una de estas imágenes, y de estos relatos, nos han sido dados por el Espíritu, y ninguna agota el significado que tiene Cristo para nosotros.
sábado, 11 de abril de 2020
LEVÁNTATE PARA UNA VIDA NUEVA
jueves, 9 de abril de 2020
JUEVES SANTO: LA EUCARISTÍA A LA LUZ DEL LAVATORIO DE LOS PIES
miércoles, 8 de abril de 2020
LA EUCARISTÍA: CAMINO DE HUMANIZACIÓN.
JUDAS, NUESTRAS TRAICIONES Y UN AMOR MÁS GRANDE
lunes, 6 de abril de 2020
ENTRAMOS EN LA SEMANA SANTA...
jueves, 2 de abril de 2020
CELEBRAR LA VIDA (Introducción a la Semana Santa)
Quiera Dios que la celebración gozosa de estos misterios vivificantes de nuestra fe nos DESPIERTEN de este sueño de mediocridad, de conformismo, de miedo, de falta de esperanzas, de pecado y pasividad, de sensualismo y de idolatría, para hacernos VERDADEROS Y ALEGRES TESTIGOS DE LA VIDA, Testigos de Cristo, vivo y resucitado, en cada uno de nosotros. El EVANGELIO es un potente estímulo para DEFENDER LA VIDA frente a los poderes de muerte que tienen su fundamento en el pecado de la humanidad (egoísmo, violencia, mentira, afán de poder y de riquezas); como dijo Juan Pablo II a lo largo de todo su ministerio apostólico: “No tengan miedo de acoger a Cristo en sus vidas”, y luego Benedicto XVI añadiría: “Cristo no quita nada y lo da todo”, porque Cristo es VIDA, y vida en abundancia.






























