lunes, 12 de diciembre de 2022

TERCERA SEMANA DE ADVIENTO: "SIGNOS DEL ADVENIMIENTO DE CRISTO"

 

El futuro que nos aguarda se nos anuncia a través de ciertos signos y señales; en ellos se nos adelanta y anticipa el Reino de Dios. "Anuncien lo que han visto y oído" (Lc 7,21). El signo principal es el heraldo, el profeta, el testigo que pregona la Buena Nueva del Evangelio acogida antes por él y hecho vida gozosa en su existencia.

 También son signos del advenimiento de Dios los pobres, los humildes, el llamado "resto de Israel", es decir, esa masa de hombres y mujeres marginados por los poderosos; la incontable diáspora de quienes viven prostituidos... Los publicanos y las estériles anuncian el Reino porque éste es gratitud pura y no llega como resultado de nuestros merecimientos ni de nuestras búsquedas.  Para Dios, los lejanos son los cercanos, y los últimos, los primeros. Ciertamente hace falta fe y disponibilidad, es decir, que la tierra esté abierta. Pero lo decisivo es el rocío y la lluvia de lo alto. 

 Escrutemos los signos de los tiempos, observemos el rumbo que llevan los acontecimientos. No nos escandalicemos de que el más pequeño, si se abre al Reino, sea un profeta más poderoso que el Bautista.

 Preguntemos a los que se acercan a nosotros con los signos de Cristo: ¿eres tú el que ha de venir? Pero no nos escandalicemos si el Cristo que llega es el que menos esperamos, el pobre de Yavé, manso y humilde, y no el condenador de nuestros enemigos, como quisiera ese hombre pecador que llevamos dentro.

(Misal de la Comunidad)


sábado, 10 de diciembre de 2022

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO: MORIR A LO VIEJO PARA QUE NAZCA LO NUEVO

 

Ya estamos en el tercer domingo de Adviento, cada vez más cerca la fiesta grande del nacimiento de Jesús. Hoy alguien cuestionaba en las redes el por qué celebrar ese día, si en realidad no conocemos la fecha de su nacimiento histórico; claro que Jesús no nació un 25 de diciembre, fue la Iglesia en un momento determinado quien eligió ese día, acorde con la cultura religiosa de entonces: ese día se celebraba al Sol invicto en la religión politeísta en el Imperio Romano, antes de que el cristianismo ocupara su lugar y asumiera sus funciones. Pero no es tan importante si ese día nació, sino que nació y vivió y murió y resucitó por nosotros, con nosotros. No celebramos, como a veces he leído, "el cumpleaños de Jesús"; el 25 de diciembre celebramos uno de los dos grandes Misterios de la fe cristiana: la Encarnación.

 Veamos entonces lo que la Palabra nos reserva para nuestra meditación y celebración de este domingo, llamado tradicionalmente "de Gaudete", que en latín significa "Alegría", porque así empieza la antífona de la eucaristía en este día: "Esten siempre alegres en el Señor; se los repito, estén alegres. El Señor está cerca" (Filipenses 4, 4.5).

Primera lectura (Isaías 35, 1-6a.10): Un profeta, discípulo de Isaías, expone al final del destierro el gozo de la restauración de Judá, signo, manifestación histórica de la salvación. Esa restauración es obra de Dios, y en ella revela su poder, sus caminos y su misericordia. La vuelta a Jerusalén (símbolo de la salvación) se describe como una renovación de la naturaleza y una transformación del hombre. Y supone también un juicio. Es como una peregrinación sagrada, que nos remite a Jesús, que llega también perdonando y sanando, revelándose como Dios salvador. 

Salmo 145: "Ven, Señor, a salvarnos". La llegada del Mesías traerá renovación, transformación y liberación, sobre todo de los oprimidos, de los últimos: hambrientos, cautivos, viudas, huérfanos... No es meramente una salvación espiritual como vemos en el texto, que habla de realidades concretas, de sufrimiento humano.

Segunda lectura (Santiago 5, 7-10): La perspectiva de la Venida del Señor se convierte en exhortación a la santidad de vida; esa espera, alegre y esperanzada, condiciona la vida del cristiano; ha de vivir con paciencia y fortaleza, amando y sirviendo a los hermanos. Toda la vida cristiana está signada por esta tensión escatológica. 


Evangelio
(Mateo 11, 2-11): La pregunta de Juan Bautista para Jesús da un carácter particular a este domingo; dijimos en los domingos anteriores que en los momentos más difíciles y oscuros del camino podemos dudar y preguntarnos: ¿Será o no será este el camino verdadero? Pero también sucede que a menudo idealizamos el futuro, lo fijamos según nuestras perspectivas, y Dios desafía siempre nuestros conceptos religiosos, invitándonos a reconocerle en lo que es, en lo Real. El mensaje de Juan Bautista  va en una línea diferente a la de Jesús; el prepara el camino según los conceptos judíos de realeza y destino de esa nación, y lo hace con un lenguaje duro, apocalíptico. Pero ahora Jesús se aparece con otra cosa, otro lenguaje, otras formas, y habla de perdón, de preferencia por el pobre, incluso de salvación más allá de las fronteras del pueblo elegido. Juan está preso, y a las puertas de la muerte, y no entiende: por eso pregunta: ¿Eres Tú o seguimos esperando a otro?. Jesús le responde citando a los profetas de Israel que Juan conoce, pero también alaba a Juan, reconoce su misión y su grandeza, al mismo tiempo que señala el tiempo que llega: "El más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que Juan". 

 El Bautista cierra una época y una nueva se abre con Jesús; a veces nosotros seguimos aferrados a las formas y estilo de Juan Bautista, nos gusta su lenguaje duro, de amenazas y castigos (sobre todo porque casi siempre es para otros y no para nosotros), que tal vez son necesarios para llegar a Jesús, en el caso de algunos o en determinados ambientes. Pero ese no es el Evangelio de Jesús, no es lo que nos colma de alegría al preparar los caminos del Señor. A veces algo tiene que morir en nosotros para que nazca lo nuevo (la estrechez de ciertos conceptos religiosos), y toda muerte es difícil y dolorosa, pero  debemos entrar en la alegría, la sorpresa, el renacer que trae Cristo cuando llega a nuestra vida. 

Eso es lo que esperamos y preparamos en Adviento.

Fray Manuel de Jesús, ocd.

lunes, 5 de diciembre de 2022

INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA (2)

Tenemos en la Iglesia Católica cuatro verdades de fe referidas a María o dogmas marianos: Maternidad, Virginidad, Inmaculada, Asunción.

Así aparece expresado el dogma de la Inmaculada Concepción de María: “Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelado por Dios, y por consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del genero humano”.
(Bula Ineffabilis Deus. Pio IX, 8 de diciembre de 1854).

Esta afirmación dogmática: 
1- Es un caso límite del desarrollo de los dogmas.
2-Es una solemnidad del año litúrgico.
 3-Vinculada al debate teológico sobre el pecado original. 
4- Punto de fricción en el diálogo con los hermanos protestantes y ortodoxos.

A- Largo proceso histórico teológico hacia la definición del dogma: La fe de la iglesia madura y crece en la comprensión de las verdades reveladas bajo el influjo del Espíritu y mediante el ejercicio de los distintos carismas (Pueblo, teólogos, magisterio). En el caso de la Inmaculada lo primero fue el influjo prioritario de la fe del pueblo; luego la reflexión y función iluminadora de la teología, y finalmente la intervención moderadora, promotora y definidora del magisterio.

B- ¿Fundamentos bíblicos?. Explícitamente NO. Pero en ella está el fundamento de lo que sería el dogma definido por la Iglesia. Textos claves: Proto-evangelio Génesis(Eva y María, la serpiente)., Imágenes bíblicas: Arca de la Alianza, Torre de Marfil, Zarza encendida Sabiduría. Jerusalén. En fin: Que la Escritura, si se la lee con los ojos de la Iglesia, revela una plenitud de sentido que no brota de la simple formulación del texto, es decir, de la razón sola.

C- Una teología de la Inmaculada Concepción: Insertarla en la visión global del misterio cristiano, y sobre todo de la santidad de María, la redención operada por Cristo y el pecado original. Si aislamos la verdad mariana corremos el riesgo de no comprenderla e incluso de interpretarla heréticamente. ES fundamental que el dogma se encuadre en el CONJUNTO DE LA VIDA DE MARÍA, y armonizarlo con los diversos elementos de LA HISTORIA DE LA SALVACION y sobre todo con su centro vivo, CRISTO.

Así, es importante verla como: 1- Signo manifestativo del amor gratuito del Padre. 2- Expresión perfecta de la redención operada por Cristo. 3-Creación de la gracia del Espíritu Santo. (Es la obra de Dios en María).

Resumen: El Dogma definido en 1854 coronaba una batalla secular, y fue definido con el consenso de obispos y fieles. Hoy es importante saber presentarlo de forma actualizada teniendo en cuenta la historia, la teología, la espiritualidad y la cultura. 

Es un evidente HECHO ECLESIAL. Ella nos habla de la belleza de la obra de Dios, manifiesta la plenitud y perfección del amor redentor de Cristo, es comunicadora de salvación, y nos habla de UN MUNDO NUEVO QUE BROTA DE LA GRACIA. En ella la Iglesia encuentra su UTOPIA, su imagen más santa después de Cristo, que es su Ser, y deber ser de “esposa inmaculada”. La condición de María no la separa de la humanidad ni de la Iglesia, porque la Inmaculada tiene una FUNCION TIPOLOGICA PARA LA COMUNIDAD CRISTIANA Y CADA UNO DE SUS MIEMBROS. Es un privilegio popular y en cierto modo participable. 

Inmaculada no significa exenta de sentimientos humanos, los más intensos y vitales, ni de limitaciones y condicionamientos culturales, sufrimiento, camino de maduración o peregrinación en la fe. ES INMUNE DE PECADO Y DE LA CONCUPISCENCIA QUE CONDUCE AL MAL y HA SIDO PRESERVADA DE TODA SUMISION O CONNIVENCIA CON EL MAL, TANTO INTERIOR COMO ESTRUCTURAL, pero María, bajo el influjo de la gracia puso sus impulsos y tendencias al servicio de un proyecto santo.

Lecturas de la Misa: Con la elección de estas lecturas (Génesis, Efesios y Lucas) la liturgia intenta suscitar la alabanza de Dios por su plan salvífico, que se realiza plenamente en María. Ella forma parte de una historia de la salvación en la que nosotros estamos implicados. Ella es una verificación de nuestra condición y de nuestro destino: No alienación, sino concienciación y compromiso personal.

Así, reconocer a María Inmaculada es:

1- Un acto doxológico de alabanza por las “grandes cosas” obradas en ella.

2- Un motivo de esperanza, porque indica la marcha de la historia en el sentido del triunfo de la gracia sobre el pecado.

3- Un estar involucrado en la actividad salvífica mediante la opción fundamental por Cristo, siguiendo la huella de la respuesta de fe de María.

(Diccionario de Mariología, voz: Inmaculada.)

INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

Hoy se habla mucho de ir al fondo, al origen, a la raíz. Sabemos que la fuente de solución de todas las cosas está en recomponer los cimientos sobre los que se apoya el edificio. De aquí nace ese deseo de ir a la base, de llegar a la hondura de las cuestiones, de sanar las situaciones desde la misma raíz. Los movimientos reformadores buscan esto. No se conforman con poner remiendos nuevos en vestidos viejos; es necesario hacer todo nuevo, y a esto le llaman revolución: ver el origen de los males, curarlos en su misma fuente, para que surja algo completamente nuevo.

 El ser humano está herido. Pero no es una llaga periférica lo que tiene, sino un mal enraizado, en la raíz. El núcleo mismo del ser humano ha sido dañado. Por eso Dios, a través de la imagen de María, nos manifiesta su decisión de hacer todo nuevo, desde las mismas raíces. Eso es la Inmaculada Concepción de María: el anuncio del plan de Dios de hacer surgir una nueva creación, en la que el ser humano, hombre y mujer, alcance un estilo de vida lleno de luz, en posesión de sí mismo, en comunicación con los demás y en relación con Dios.

 El mensaje de esta fiesta, celebrada en medio del Adviento, es el anuncio de que hemos sido sanados desde los cimientos de nuestra propia naturaleza, y la Humanidad camina hacia una redención y plenitud realizada en Cristo, que empezó con María y su aceptación del plan de Dios. Esta es la promesa y el objeto de nuestra fe y esperanza. 

ORACIÓN: "Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos por su intercesión llegar a Ti limpios de todas nuestras culpas".

LECTURAS PARA LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA: 

PRIMERA: Génesis 3, 9-15.20. La figura adámica expresa la radical condición de servidumbre, y las penalidades en que esta se concreta, asociadas al mal y este al fallo humano. Los descendientes de la madre simbólica (todo el género humano) se saben comprometidos en la lucha con el mal. En ese propósito les alienta una promesa de victoria: Dios está con el hombre en esa lucha. La historia de la salvación señala su presencia en personas y signos que le revelan redentor. 

SALMO 97: "Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas".

SEGUNDA: Efesios 1, 3-6.11-12. María pertenece al proyecto primitivo del Creador, que es un proyecto optimista y favorable a la humanidad. La Inmaculada Concepción de María es la fiesta del optimismo cristiano. 

EVANGELIO: Lucas 1, 26-38. El anuncio hecho a María de su maternidad divina es una noticia alegre y estimulante. Dios se hace hombre para siempre. No como los dioses paganos que sólo hacían breves incursiones en este valle de lágrimas.

PALABRA Y EUCARISTÍA: Jesús no conoció el pecado, es la primera criatura de la nueva creación; es santo, y Dios se comprometió de tal manera con él, y con nosotros en él, que venció en su vida la raíz misma del pecado humano. Es un motivo grande para bendecir a Dios, y al celebrar la Eucaristía debemos caer en la cuenta de que todos ya participamos de algún modo de lo que es Cristo, y fue María: santos e inmaculados (Ya, pero todavía no plenamente). Esta fiesta anuncia nuestro destino también.

REFLEXIÓN:

"Celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Para nuestro pueblo, María es la Madre con su niño en brazos; Jesús es el fruto bendito de su vientre. Es también la Dolorosa que al pie de la cruz acompaña a su hijo crucificado, con un corazón traspasado por la injusticia. Ella, la de puro corazón, sin doblez ni malas intenciones, es la mujer bendita porque en ella se reivindica el papel de la mujer en la historia, llena de gracia, como toda mujer que se desgasta por amor engendrando vida nueva. Ella también es presencia y palabra de una humanidad nueva, liberada del "orgullo de nuestra naturaleza egoísta", representación de esa nueva creación del Reino de Dios entre nosotros. Las celebraciones marianas tienen un sabor popular dulce y entrañable porque en ellas queda evidenciado el amor a la Madre de Jesús y madre nuestra. Ojalá que al hacer memoria agradecida de María, agradezcamos el don de las mujeres de nuestra vida, y trabajemos por la realización plena del proyecto de Dios que inauguró María con su Sí". 


(MISAL DE LA COMUNIDAD y Bíblico 2022).  

EL ADVENIMIENTO DEL REINO (Segunda semana de Adviento)

¿Qué hemos de esperar, como humanos y como creyentes, de nuestro futuro? Los profetas, especialmente Isaías, nos lo irán revelando llenos de una esperanza indefectible, paciente, fiducial. Todo lo que hay de desierto en nuestro presente será transformado en vergel .El inmenso yermo que nos rodea irá siendo regado por los ríos, fuentes, manantiales del espíritu. Detrás de estás imágenes está la promesa eficaz del renacimiento y el despertar como nuevas creaturas, y el perdón de los pecados. 

 Pero ahora no vivimos en la pura  expectación. Con Cristo han entrado ya en la historia las primicias de las promesas. Por eso la liturgia de Adviento menciona a las grandes figuras "fronterizas" del advenimiento del Reino. 

 En primer lugar, Elías. Elías volvería a aparecer, según la piedad popular de los judíos, cuando fuera ya inminente la llegada del final. Con Jesús ha llegado la inminencia del final y por eso nos dice Mateo en su evangelio: "Elías ha venido" (17,12).

 En segundo lugar aparece Juan Bautista. Juan es la figura que marca la línea divisoria entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre el tiempo antes de Cristo y después de Cristo. Por aquí pasa la frontera que separa una historia que vive de la pura esperanza y otra, la nuestra, que empieza a poseer ya los bienes esperados, los bienes mesiánicos. Aunque esta posesión sigue estando amasada con el dolor, el esfuerzo, la persecución. 

LECTURAS DE SEMANA

Lunes: Isaías 35, 1-10 (Una corriente de gozo atraviesa todas las cosas, anunciando al Dios que viene, y el pueblo redimido camina por un desierto transformado).

Martes: Isaías 40, 1-11 (Adelanto del gozoso evangelio de que Dios perdona y viene, para acompañar a los desterrados a una nueva tierra, y en el anuncio ya está Dios visible).

Miércoles: Isaías 40, 25-31 (La angustia del destierro pone un velo en los ojos y oculta al Dios salvador; el profeta invita a mirar la creación y a sentir presente la fuerza del salvador).

Jueves: Inmaculada Concepción

Viernes: Isaías 48, 17-19 (No basta que Dios prometa; el pueblo ha de hacer suyas esas promesas, comprometerse con el proyecto de Dios).

Sábado: Eclesiástico 48, 1-4.9-11 (Elías, como precursor de la era mesiánica; símbolo del juicio de Dios, antes de la reconciliación).


SALMOS (Antífonas)

Lunes: Nuestro Dios viene y nos salvará (84).

Martes: Nuestro Dios llega con poder (95).

Miércoles: Bendice, alma mía, al Señor (102).

Viernes: El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida (1).

Sábado: Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve (79).


EVANGELIO

Lunes: Lucas 5, 17-26. Jesús y el paralítico. La salvación que trae Jesús no ignora las necesidades materiales del ser humano, porque viene a liberar al hombre entero. 

Martes: Mateo 18, 12-14. Dios no quiere que se le pierda ninguno de los suyos; debemos salir de nuestros límites religiosos para buscar a Jesús y a los que son suyos, más allá de las fronteras de la Iglesia. 

Miércoles: Mateo 11, 28-30. Vengan a mí todos los cansados. Todo intento de atemorizar la conciencia con exageraciones escatológicas o nimiedades no tiene  nada que ver con el yugo llevadero y la carga ligera que anuncia y promete Jesús. 

Viernes: Mateo 11, 16-19. Más que puritanismo estéril, capacidad de discernimiento para reconocer los signos de Dios en nuestro tiempo y nuestro mundo.

Sábado: Mateo 17, 10-13. Reconocer a los profetas de antes y de ahora es estar advertidos de los obstáculos y combates del presente.


(DE: MISAL DE LA COMUNIDAD, y Fray Manuel de Jesús, ocd )

sábado, 3 de diciembre de 2022

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO: "EL FUEGO DE SU ESPÍRITU"

 

Si el primer domingo de Adviento pedíamos a Dios avivar nuestra fe, y el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras, ahora en este segundo domingo (como en el tercero), nos dejamos provocar por la figura y predicación del precursor, Juan Bautista. También por la imaginación poética y teológica del profeta Isaías y la exhortación del apóstol Pablo, para con ellos seguir preparando un camino al Señor que viene a nuestro encuentro en las celebraciones de la Navidad. 

  Lo primero, recordar que Juan Bautista, el precursor, anuncia a uno que es mayor, pero también mejor que él; por eso la oración colecta empieza invocando a un "Dios de misericordia", cuyo reinado hace presente Jesús con su venida. De ese tiempo nuevo, superior, diferente, ya habla Isaías en la primera lectura: "Aquel día", dice, y describe una época de reconciliación, armonía y paz, del pueblo con Dios, de todos los pueblos entre sí, y también reconciliación y armonía con la creación. Promesas que siguen siendo motivo de esperanza en tiempos de guerras y cambio climático, de injusticias y desastres naturales. La humanidad sigue anhelando y esperando un tiempo nuevo... pero todavía no es capaz realmente de prepararlo, de trabajar por él, plenamente, de ahí la importancia y necesidad de nuestro anuncio como cristianos. 

 Pablo también habla de reconciliación y armonía, de la obra de Cristo, que vino para hacer de judíos y gentiles un mismo pueblo, que camina hacia la plenitud en Dios. Invita a buscar en las Escrituras (alimentarnos de la Palabra) y a tener los mismos sentimientos de Cristo, acogiendo y sirviendo a todos.

 La prédica del Bautista en el texto de Mateo es fuerte, con lenguaje provocador y apocalíptico, al estilo de los profetas de Israel, moviendo a la conversión y el cambio de vida, para preparar los caminos de Dios, pero también en su voz está el anuncio de lo que vendrá: el Reino en Jesús, "uno a quien no merece ni atarle las sandalias", y con él, un tiempo nuevo, una nueva creación, la época de paz y armonía que vislumbra Isaías.

 Jesús es todo eso, para el final de la historia, cuando vendrá como juez, pero también lo es ahora para quien se cruza con él en el camino de la vida. Un despertar o un nuevo nacimiento. Jesús no trae solo agua para bautizar, no es una mera limpieza exterior, sino que también viene con fuego, el fuego de su Espíritu, que nos entra dentro y nos purifica y enciende en amor. Él trae de Dios una justicia mayor (para pequeños, marginados, víctimas de injusticias de todo tipo), exigente, pero colmada de paciencia y de misericordia. Porque el amor que trae Cristo es impulso a la donación plena, a la plenitud, tanto para cada uno de modo personal, como para la Iglesia y para nuestro mundo. 

Las ideas clave para este segundo domingo serían, pues: mirar las promesas de Dios, desear en grande lo bueno y pleno que viene de Él; trabajar por la unidad de la comunidad creyente que hace presente esas promesas en medio del mundo, con palabras y con obras. Y vivir la fe con propósito firme, con disciplina, no moviéndonos por costumbre o inercia, sino creciendo cada día, dejándonos mover por esa "llama de amor viva" que nos habita. 

 Volviendo a la oración colecta de este segundo domingo, miramos nuestra vida, nuestros esfuerzos y propósitos como discípulos, pidiendo a Dios que no permita que los afanes de este mundo impidan nuestros deseos de buscar a Cristo, de prepararle un camino, esforzándonos en adquirir nosotros la sabiduría divina que viene de Dios como don y que nos permite participar de su plenitud. Que también en nuestros días, con Su gracia y nuestro trabajo, florezca la justicia y la paz abunde eternamente, y así el Enmanuel (Dios-con-nosotros) encuentre lugar donde seguir naciendo para la salvación del mundo. Amén. 

Fray Manuel de Jesús, ocd.

viernes, 2 de diciembre de 2022

LA ORACIÓN COLECTA DE LOS DOMINGOS DE ADVIENTO

 
Prestemos atención a las oraciones con las que comenzamos la Eucaristía dominical los cuatro domingos de Adviento, la llamada ORACIÓN COLECTA, que recoge el sentir de la comunidad cristiana en la celebración que comienza. Vamos a ver lo que pedimos como Iglesia cada semana, en la misma medida en que vamos encendiendo los cuatro cirios de la CORONA DE ADVIENTO, y anhelando vivir una vez más espiritualmente el nacimiento de Cristo en nuestra vida.

Primer domingo: “Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno”. 
Avivar la llama, que puede haberse medio apagado (encendemos el primer cirio, y con él, los carbones medio apagados de nuestra vida de fe, que a menudo pierde vigor, ánimo, fuerza); levantarnos del acomodamiento y la rutina, para volver al camino y salir al encuentro del que viene. Todo lo que se ha ido muriendo en nosotros necesita renacer de nuevo. Estaría bien preguntarnos por las obras de la fe, de nuestro compromiso, como bautizados, en la comunidad, en la familia, en la sociedad. La promesa de Dios siempre está actuando en nuestra vida, aunque nosotros no lo percibamos muchas veces, y aunque no podemos ganarnos el cielo con obras (es un regalo de Dios, eso debe quedar claro),las obras de la fe apresuran la llegada al mundo del salvador. Y al final habla de “sentados a su derecha”: una imagen de la salvación, de pertenecer a Cristo, de estar a su lado, con Dios. EN RESUMEN: Avivar la llama de la fe, preparar los caminos del que viene, obrar con justicia y santidad, y certeza interior de ser salvos por amor.

Segundo domingo: “Señor todopoderoso. Rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida”. 

Empieza la oración, empatando con lo anterior: Dios, rico en misericordia, por eso caminamos con una certeza interior, nos sabemos amados por el amor. Ya nos hemos puesto en camino, animados por la comunidad eclesial, por la liturgia de este tiempo, pero debemos estar alertas para no perder ese espíritu, en medio de los afanes del mundo (que siempre ofrece más y más, y nunca sacia; en medio de esa navidad de lentejuelas que nos impone el consumismo, y por la que somos arrastrados sin darnos cuenta). Necesitamos de la sabiduría de Dios, que está contenida en su Palabra, a la que podemos acudir cotidianamente, para encontrar a Cristo vivo, naciendo y renaciendo siempre en nuestra vida. Anhelo de plenitud que solo se encuentra en Dios, frente a esa oferta siempre incompleta de nuestro mundo. EN RESUMEN: Dios rico en misericordia; caminar sin descanso para encontrar a Cristo, y ver contrapuestos la oferta del mundo y la plenitud que viene de Dios (no se excluyen totalmente, pero invitan a discernir y tomar elecciones).

Tercer domingo: “Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”. 
Aquí ya se entra en la segunda parte del Adviento, porque hay una espera viva, activa, espera en FE (confianza); ahora pedimos a Dios llegar y alcanzar lo que esperamos: la vida plena en Dios, mirando a lo definitivo, y el gozo de poder celebrar una vez más el nacimiento en la carne del hijo de Dios. Pedimos recibir el gozo, la ALEGRÍA que viene de Dios y nadie puede arrebatarnos. Cuando Dios nace en nuestra vida, nace con Él la alegría interior, que se desborda luego en obras alegres, que contagian al prójimo. Con el llega la prometida SALVACIÓN (la vida nueva).

Cuarto domingo: “Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección”. 
Y a las puertas de la fiesta del nacimiento de Cristo, pedimos la gracia para que el ángel también anuncie para nosotros el alumbramiento de Cristo en el mundo en el que vivimos. Sabemos que el niño que va a nacer ha de hacer luego un camino largo, signado por la cruz, la entrega, el sacrificio, antes de resucitar y sentarse a la derecha del Padre. Ese es también el camino el nuestra fe, nuestro camino vital: nacer, crecer, sufrir, padecer (amar, según Teresa), morir, resucitar. La alegría de este nacimiento no es una alegría vana, superficial, vacía (en la liturgia aparece ligada al sacrificio de los inocentes, al martirio de Esteban), sino una alegría profunda, que abraza la vida en Cristo, que se ofrece para hacer el camino del seguimiento, de la progresiva identidad con Él. EN RESUMEN: Vamos a renacer con Cristo, para vivir en Cristo, morir para Cristo, y resucitar con Cristo.


Cuatro palabras que resumen este itinerario espiritual, estos cuatro domingos: FE/ESPERANZA/ALEGRÍA/AMOR (Estos pueden ser los propósitos para los cuatro cirios de tu Corona de Adviento). También: ESPERANZA-CONVERSIÓN-ALEGRÍA-PAZ.


"A ti levanto mi alma, porque Tú, Señor, has estado grande con nosotros; estamos alegres, porque vives en medio de tu pueblo. Restáuranos, una vez más en este Adviento: que brille tu rostro y nos nazca Jesús, que es nuestra salvación. Amén".

Fray Manuel de Jesús, ocd.