"Vuelve, por favor, vuelve, quien quiera que seas, religioso, infiel, hereje o pagano. Aunque hayas hecho cien promesas y cien veces las hayas roto, esta puerta no es la puerta de la desesperanza y la frustración. Esta puerta está abierta para todos. Ven, ven, tal como seas". (Rumi)
lunes, 3 de enero de 2022
CERRANDO CICLOS (AL COMENZAR UN NUEVO AÑO)
jueves, 23 de diciembre de 2021
CELEBRAR A JESUCRISTO EN LA NAVIDAD
Preparándome para las celebraciones de la ya inminente NAVIDAD, encuentro en mis lecturas algunas ideas sencillas que me parecen iluminadoras para vivir este tiempo litúrgico de manera renovada. Es un tiempo propicio para "aquellos que todavía buscan y quisieran reencontrar la persona de Cristo".
Puede suceder que en nuestras catequesis y predicaciones no hablemos suficientemente de Cristo; su persona se pierde en medio de otros muchos conceptos e imágenes religiosas. Incluso en este tiempo navideño puede primar lo anecdótico, quedándonos en la admiración ante el niño en el pesebre, con ternura, pero también con un exagerado edulcoramiento, olvidando lo esencial de esta festividad litúrgica.
Fijémonos en el párrafo siguiente:
"Los orígenes de la Navidad no tienen verdaderamente nada en común con una tan pronunciada insistencia sobre la infancia de Jesús. Al contrario, la venida del Verbo en la carne está íntimamente ligada al misterio de la Pascua y es una de las características típicamente cristianas de la Encarnación. Esto no significa sólo "Dios con nosotros", sino también nosotros, rescatados con Dios. La humanidad trastornada ha sido hecha partícipe de su rescate para entrar en la vida misma de Dios. En el pensamiento tradicional de la Iglesia, la Encarnación no tiene nada de poético, supone un realismo casi brutal: la venida del Verbo en la carne significa el cumplimiento de la voluntad del Padre hasta la muerte en cruz. Y otra característica de la Encarnación según la fe cristiana: No es venida de Dios para estar con nosotros, sino venida para que nosotros estemos con él".
Sería pues un punto de partida para un proceso de divinización, que no se realiza por sí mismo, sino en la medida en que seamos capaces de acoger y trabajar con ese Cristo que viene a nosotros para transformar nuestra historia y la historia de nuestro mundo. Más allá de conceptos teológicos vinculados a esta verdad de fe, necesitamos entender el sentido, la utilidad, de esta venida de Dios al mundo en nuestra carne, y comprenderla en conexión con el misterio de la Alianza de Dios con su pueblo y con la Pascua.
La Navidad es más que un recuerdo folklórico que permite activar tradiciones, u oportunidad para celebrar con la familia y los amigos, o incluso irnos de vacaciones aprovechando los días feriados. La Encarnación de Cristo es el elemento necesario para la comprensión de todos los sacramentos, y sobre todo de la celebración de la Cena, actualmente de la Misa.
¿Cómo soñar con un contacto real con Dios sin esta Encarnación?
(Ideas tomadas de Adrien Nocent, Celebrar a Jesucristo)
miércoles, 22 de diciembre de 2021
LA HISTORIA DEL VERBO DE DIOS
LITURGIA DE NAVIDAD (LAS TRES MISAS).
sábado, 11 de diciembre de 2021
EUCARISTÍA: EL ROSTRO DEL RESUCITADO EN LA COMUNIDAD QUE SE REUNE EN SU NOMBRE
Son muchos los que piensan que la celebración de la eucaristía se comienza con los ritos iniciales, cuando el sacerdote dice: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Y no es cierto, la celebración se inicia antes: cuando se comienza a reunir la comunidad cristiana. Porque Cristo, que nos invita, está ya ahí esperándonos para darnos la bienvenida, iniciando así la fiesta.
Según el evangelio de Mateo, las últimas palabras de Jesús antes de ascender a los cielos fueron estas: Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20). Estas palabras aseguran su presencia en la asamblea de los hermanos. El autor del Apocalipsis tuvo una viva experiencia de la presencia del Resucitado en la celebración litúrgica del día del Señor (el domingo) cuando sintió que Cristo le ponía la mano en el hombro y le decía: Soy yo, no temas (Ap. 1, 12-17). En la asamblea eucarística, el Señor mismo nos pone también a nosotros la mano sobre el hombro en señal de amistad y nos dice: Soy yo, no teman. El concilio Vaticano II nos asegura que "en estas asambleas, aunque sean pequeñas y pobres o vivan en la dispersión, está presente Jesucristo en cuyo nombre se reúne la Iglesia" (LG 26).
La comunidad cristiana, con muchos o pocos miembros, pero unidos, es el primer lugar de la presencia del Resucitado. Ella es como un grandísimo pan hecho de multitud de granos (de personas) en el que Cristo está presente. Lo olvidamos y por eso no cuidamos la formación de la asamblea, llegamos tarde y de ese modo no respetamos a nuestros hermanos y a Jesucristo que nos invita y nos está esperando. Lo primero que hemos de hacer al llegar es saludarle y darle gracias porque nos ha invitado a su cena y saludar a los hermanos. Ahí comienza la misa.
El Señor está ya desde el inicio, pero con una condición: que los presentes estén reunidos en su nombre. Esa fue su promesa y su condición cuando dijo: Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20). La expresión "en mi nombre" significa en comunión con mi persona. No basta con estar físicamente juntos, hay que estar unidos a la persona de Jesús, mediante la adhesión de fe y de amor, y hay que estar también unidos entre nosotros para que el Señor resucitado deje sentir su presencia en la asamblea eucarística.
Si estamos unidos, la presencia del Resucitado brilla en el rostro de la comunidad, que, de ese modo, invita a otros a creer en él y a unirse a ella. Que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado (Jn 17,21).
Antonio Vidales (La Eucaristía. Misterio de fe y escuela de solidaridad).
miércoles, 8 de diciembre de 2021
ORACIÓN A MARÍA.....
"¡Dios te salve, mujer y madre de misericordia! Vida, esperanza, fortaleza nuestra. ¡Dios te salve! A ti clamamos los hijos tuyos, a ti te invocamos los que luchamos en este valle donde construimos el Reino. Óyenos, Señora, compañera nuestra, camina con nosotros en nuestra andadura histórica y en medio de nuestro esfuerzo muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu fe y amor comprometido. ¡Valiente! ¡Compasiva! ¡Silencio orante en la acción, María! Lucha con nosotros, Santa Madre de Dios, para hacer posible hoy las promesas de Jesucristo como fruto de la gracia y del trabajo de los hombres".
martes, 7 de diciembre de 2021
UN AMOR DESINTERESADO
"¿Damos cabida en nuestro cristianismo al fariseísmo de querernos ganar a Dios? ¿No tenemos a veces la pretensión de merecer el amor de Dios, su protección, su ayuda, sus beneficios y todo esto de un modo bastante utilitario? ¿Qué conciencia tenemos nosotros de la misericordia? Existe el riesgo de desfigurarla, viéndola como un amor facilón que ni es comprometedor ni comprometido.Es grave despistarse en esto, pues se trata del amor con que Dios nos ama y del amor con el que hemos de querer nosotros a los demás.
En la misericordia, todo lo que el amor tiene de generosidad, de gracia, de ternura, lo tiene de exigencia. Nada compromete y exige más que el amor desinteresado que no pide nada. Nadie merece nunca el amor de nadie; ni el de una persona, ni el de Dios-Persona. Cada uno es amado sin méritos, gratuitamente, misericordiosamente, y si no, no es amado.
La eucaristía es la celebración de la misericordia de Dios que en Cristo nos ama hasta el colmo de su sacrificio".
Teófilo Cabestrero
Adviento para hombres de hoy