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viernes, 9 de noviembre de 2018

LA MÍSTICA COTIDIANA

"Cuando se da una esperanza total que prevalece sobre todas las demás esperanzas particulares, 
que abarca con su suavidad y con su silenciosa promesa todos los crecimientos y todas las caídas.

Cuando se acepta y se lleva libremente una responsabilidad donde no se tienen claras perspectivas de éxito y de utilidad.

Cuando un hombre conoce y acepta su libertad última, que ninguna fuerza terrena le puede arrebatar, 
cuando se acepta con serenidad la caída 
en las tinieblas de la muerte 
como el comienzo de una promesa que no entendemos.

Cuando se da como buena la suma de todas las cuentas de la vida que uno mismo no puede calcular 
pero que Otro ha dado por buenas, 
aunque no se puedan probar.

Cuando la experiencia fragmentada del amor, 
la belleza y la alegría 
se viven sencillamente y se aceptan como promesa del amor, la belleza y la alegría, 
sin dar lugar a un escepticismo cínico como consuelo barato del último desconsuelo.

Cuando el vivir diario, amargo, decepcionante y aniquilador se vive con serenidad y perseverancia 
hasta el final, aceptado por una fuerza cuyo origen no podemos abarcar ni dominar.

Cuando se corre el riesgo de orar en medio de tinieblas silenciosas sabiendo que siempre somos escuchados, aunque no percibimos una respuesta 
que se pueda razonar o disputar.

Cuando uno se entrega sin condiciones y esta capitulación se vive como una victoria.
Cuando el caer se convierte en un verdadero estar de pie.
Cuando se experimenta la desesperación y misteriosamente se siente uno consolado 
sin consuelo fácil.

Cuando el hombre confía sus conocimientos y preguntas al misterio silencioso y salvador, 
más amado que todos nuestros conocimientos particulares 
convertidos en señores demasiado pequeños para nosotros.

Cuando ensayamos diariamente nuestra muerte e intentamos vivir como desearíamos morir: 
tranquilos y en paz. 

Cuando… podríamos continuar durante largo tiempo.
Allí está Dios y su gracia liberadora. Allí conocemos a quien nosotros, cristianos, llamamos Espíritu Santo de Dios. Allí se hace una experiencia que no se puede ignorar en la vida, aunque a veces esté reprimida, porque se ofrece a nuestra libertad con el dilema de si queremos aceptarla o si, por el contrario, queremos defendernos de ella en un infierno de libertad al que nos condenamos nosotros mismos.

Esta es la mística de cada día, el buscar a Dios en todas las cosas. Aquí está la sobria embriaguez del Espíritu de la que hablan los Padres de la Iglesia y la liturgia antigua y a la que nos está permitido rehusar o despreciar por su sobriedad".

(Karl Rahnehr, Experiencia del espíritu)
Tomado de : Pastoral SJ (FB).

viernes, 28 de septiembre de 2018

SOBRE LA HISTORIA OFICIAL

A propósito de la insistencia de los medios nacionales de Cuba en los temas históricos, en detrimento siempre de las noticias de actualidad, vale lo que leo sobre historia y memoria, en un libro de Tony Judt:
Cada monumento, cada alusión conmemorativa a algo del pasado que debería despertar en nosotros sentimientos de respeto, arrepentimiento, orgullo o tristeza, depende de un conocimiento histórico que se da por supuesto: no de la memoria común, sino de una memoria común de la historia tal y como la aprendimos”. 


Hablo de la memoria pública moldeada por el retrato oficial (historia y memoria deben ir juntas, pero no sucede así de hecho). El gobierno ejerce una “pedagogía” de la historia: nos enseña o nos dice qué recordar y cómo recordarlo; vivimos sumergidos en “historia”, se insiste en mirar atrás todo el tiempo para definir nuestro presente desde esa perspectiva, pero resulta que en realidad empobrece nuestra mirada de la historia, nos limita en una verdadera comprensión de la realidad que recordamos y cierra el futuro a sus múltiples posibilidades, pues estamos obligados a imitar, no a recrear o inventar lo que está por delante. 


Este otro texto aporta algo también a la idea anterior:“Las naciones no son datos inmodificables ni desde el punto de vista lógico ni histórico: se trata de ámbitos territoriales de convivencia que no tienen un origen divino ni son inmutables desde el punto de vista de la historia. Las naciones son construcciones culturales, sometidas a las exigencias cambiantes de sus destinatarios, de modo que no tendrá sentido un orden político que deviniese un corsé insoportable o una cárcel para las mismas” 

(Juan José Solozábal, catedrático de derecho constitucional, en EL PAÍS, 10/1/18)

miércoles, 27 de junio de 2018

ADÁN, EVA Y LA SERPIENTE

El relato el Edén no es ciertamente, una historia moral; como cualquier mito del paraíso, es un relato imaginario sobre la infancia del género humano. En Edén, Adán y Eva todavía están en la matriz; tienen que crecer, y allí está la serpiente para guiarles por el desconcertante rito de paso a la madurez. Conocer el dolor y ser consciente del deseo y la mortalidad son componentes ineludibles de la experiencia humana, pero son también síntomas de esa sensación de separación de la plenitud de ser que inspira la nostalgia del paraíso perdido.

Podemos ver a Adán, Eva y la serpiente como representantes de diferentes aspectos de nuestra humanidad. En la serpiente está la compulsión rebelde e incesante de cuestionarlo todo, crucial para el progreso humano; En Eva vemos nuestra sed de conocimiento, nuestro deseo de experimentar y nuestro anhelo de una vida libre de inhibiciones. Adán, una figura más bien pasiva, representa nuestra reluctancia  a asumir la responsabilidad de nuestras acciones. El relato muestra que bien y mal están  inseparablemente entrelazados en la vida humana. Nuestro conocimiento prodigioso puede ser fuente de beneficio y, al mismo tiempo, causa de un mal inmenso.

Los rabinos de la edad talmúdica lo interpretaron perfectamente. No vieron la "caída" de Adán como una catástrofe, porque la inclinación al mal era parte esencial de la vida humana, y la agresividad, el aspecto competitivo y la ambición que generan están vinculados a algunos de nuestros mejores logros. 

Karen Armstrong, En defensa de Dios, Paidós (Páginas 54/55).

lunes, 18 de junio de 2018

AMARSE UNO MISMO



No podemos amar a los demás si no nos amamos a nosotros mismos… si nuestra actitud hacia nosotros mismos es mutiladora, nuestra capacidad de amar se ve menoscabada… El dolor causado por una pobre autoimagen es como una violenta guerra civil en nuestro interior que centra toda nuestra atención en nosotros mismos y nos deja muy escasa libertad para ir hacia los demás”.

¿Qué significa amarse uno mismo? Para entenderlo, tratemos de entender primero que significa amar a otro. Digamos que el amor hace al menos tres cosas:
1.     El amor estima y afirma el valor incondicional y único de la persona amada.
2.     El amor reconoce e intenta satisfacer las necesidades de la persona amada.
3.     El amor perdona y olvida los fallos de la persona amada.

Importante alcanzar un verdadero y profundo amor a uno mismo, una auténtica y gozosa aceptación, una verdadera autoestima, cuyo resultado es un sentido interior de celebración. ¡Es bueno ser yo mismo, estoy feliz de ser yo mismo!!!

(Ideas de John Powell)

jueves, 17 de mayo de 2018

LA PERSONA ETERNA



Dice Svetlana Alexievich
“Cuando escribo mis libros, las personas no me interesan solo como sujetos que habitan en un tiempo específico.  Siempre me ha llamado la atención eso que llamo la persona eterna, es decir, lo eterno que uno lleva adentro”; “Debemos entender que las personas  ni siquiera perciben  muchas cosas de las que llevan dentro. A veces, cuando logras llegar al fondo de un recuerdo, la gente te dice: Ni siquiera sabía que lo sabía. Lo había olvidado por completo. Apenas me lo preguntaste empecé a pensar en ello… Para poder oír algo nuevo tenemos que  reinventar nuestra manera de hacer preguntas”; 

“Los hechos no son lo mismo que la realidad. La realidad se tiene que interpretar, se tiene que poder entender, y por eso la relación con la realidad es muy complicada. Está la realidad que vemos, está la realidad que oímos, y está la realidad que no vemos ni tampoco oímos, más bien sólo la presentimos. Cada persona tiene su propia versión de los hechos. Son muchos los hilos que hay que tejer para crear una unidad. No se trata de poner un aparato, encenderlo y listo, tenemos la realidad…  Cada uno toma de la realidad lo que puede tomar, y eso depende de su personalidad, que es la única antena que tienes, la que dejaste crecer, y cuanto más larga la antena, más vasta y llena de contenidos es tu realidad”.

( Lo anterior en LETRAS LIBRES, revista mexicana, dirigida por Enrique Krauze, marzo 2018).


domingo, 25 de marzo de 2018

GRITARÁN LAS PIEDRAS.

 "Jesús entra en Jerusalén. La liturgia nos invitó a hacernos partícipes y tomar parte de la alegría y fiesta del pueblo que es capaz de gritar y alabar a su Señor; alegría que se empaña y deja un sabor amargo y doloroso al terminar de escuchar el relato de la Pasión. Pareciera que en esta celebración se entrecruzan historias de alegría y sufrimiento, de errores y aciertos que forman parte de nuestro vivir cotidiano como discípulos, ya que logra desnudar los sentimientos contradictorios que también hoy, hombres y mujeres de este tiempo, solemos tener: capaces de amar mucho… y también de odiar ―y mucho―; capaces de entregas valerosas y también de saber «lavarnos las manos» en el momento oportuno; capaces de fidelidades pero también de grandes abandonos y traiciones.
Y se ve claro en todo el relato evangélico que la alegría que Jesús despierta es motivo de enojo e irritación en manos de algunos.
Jesús entra en la ciudad rodeado de su pueblo, rodeado por cantos y gritos de algarabía. Podemos imaginar que es la voz del hijo perdonado, del leproso sanado o el balar de la oveja perdida que resuena con fuerza en ese ingreso. Es el canto del publicano y del impuro; es el grito del que vivía en los márgenes de la ciudad. Es el grito de hombres y mujeres que lo han seguido porque experimentaron su compasión ante su dolor y su miseria… Es el canto y la alegría espontánea de tantos postergados que tocados por Jesús pueden gritar: «Bendito el que llega en nombre del Señor». ¿Cómo no alabar a Aquel que les había devuelto la dignidad y la esperanza? Es la alegría de tantos pecadores perdonados que volvieron a confiar y a esperar.

Esta alegría y alabanza resulta incómoda y se transforma en sinrazón escandalosa para aquellos que se consideran a sí mismos justos y «fieles» a la ley y a los preceptos rituales.

Alegría insoportable para quienes han bloqueado la sensibilidad ante el dolor, el sufrimiento y la miseria. Alegría intolerable para quienes perdieron la memoria y se olvidaron de tantas oportunidades recibidas. ¡Qué difícil es comprender la alegría y la fiesta de la misericordia de Dios para quien quiere justificarse a sí mismo y acomodarse! ¡Qué difícil es poder compartir esta alegría para quienes solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros![2]
Así nace el grito del que no le tiembla la voz para gritar: «¡Crucifícalo!». No es un grito espontáneo, sino el grito armado, producido, que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio. Es la voz de quien manipula la realidad y crea un relato a su conveniencia y no tiene problema en «manchar» a otros para acomodarse. El grito del que no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes. Es el grito que nace de «trucar» la realidad y pintarla de manera tal que termina desfigurando el rostro de Jesús y lo convierte en un «malhechor». Es la voz del que quiere defender la propia posición desacreditando especialmente a quien no puede defenderse. Es el grito fabricado por la «tramoya» de la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia que afirma sin problemas: «Crucifícalo, crucifícalo».

Y así se termina silenciando la fiesta del pueblo, derribando la esperanza, matando los sueños, suprimiendo la alegría; así se termina blindando el corazón, enfriando la caridad. Es el grito del «sálvate a ti mismo» que quiere adormecer la solidaridad, apagar los ideales, insensibilizar la mirada… el grito que quiere borrar la compasión.
Frente a todos estos titulares, el mejor antídoto es mirar la cruz de Cristo y dejarnos interpelar por su último grito. Cristo murió gritando su amor por cada uno de nosotros; por jóvenes y mayores, santos y pecadores, amor a los de su tiempo y a los de nuestro tiempo. En su cruz hemos sido salvados para que nadie apague la alegría del evangelio; para que nadie, en la situación que se encuentre, quede lejos de la mirada misericordiosa del Padre. Mirar la cruz es dejarse interpelar en nuestras prioridades, opciones y acciones. Es dejar cuestionar nuestra sensibilidad ante el que está pasando o viviendo un momento de dificultad. ¿Qué mira nuestro corazón? ¿Jesucristo sigue siendo motivo de alegría y alabanza en nuestro corazón o nos avergüenzan sus prioridades hacia los pecadores, los últimos y olvidados?
Queridos jóvenes, la alegría que Jesús despierta en ustedes es motivo de enojo e irritación en manos de algunos, ya que un joven alegre es difícil de manipular.
Pero existe en este día la posibilidad de un tercer grito: «Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos» y él responde: «Yo les digo que, si éstos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,39-40).

Hacer callar a los jóvenes es una tentación que siempre ha existido. Los mismos fariseos increpan a Jesús y le piden que los calme y silencie.
Hay muchas formas de silenciar y de volver invisibles a los jóvenes. Muchas formas de anestesiarlos y adormecerlos para que no hagan «ruido», para que no se pregunten y cuestionen. Hay muchas formas de tranquilizarlos para que no se involucren y sus sueños pierdan vuelo y se vuelvan ensoñaciones rastreras, pequeñas, tristes.
En este Domingo de ramos, festejando la Jornada Mundial de la Juventud, nos hace bien escuchar la respuesta de Jesús a los fariseos de ayer y de todos los tiempos: «Si ellos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,40).

Queridos jóvenes: Está en ustedes la decisión de gritar, está en ustedes decidirse por el Hosanna del domingo para no caer en el «crucifícalo» del viernes... Y está en ustedes no quedarse callados. Si los demás callan, si nosotros los mayores y los dirigentes callamos, si el mundo calla y pierde alegría, les pregunto: ¿Ustedes gritarán?
Por favor, decídanse antes de que griten las piedras."


 FRANCISCO. Domingo de Ramos 2018. 25 de marzo

(tomado de Religión Digital)

viernes, 16 de marzo de 2018

UNA ESPIRITUALIDAD DE LA VIDA.


"Necesitamos espiritualidad como necesitamos respirar. Hoy todavía, hoy sobre todo. Avanza el siglo XXI, y persiste la crisis, más aun, se agrava. La crisis económica es una crisis política. La crisis política es una crisis ética. La crisis ética es una crisis cultural. La crisis cultural es una crisis espiritual. Todas las crisis son una, como son uno el grito de la tierra y el grito de los pobres, el grito de la vida. Los pobres, la Tierra, la Vida reclaman una “valiente revolución cultural”, como ha escrito el papa Francisco. Y no será posible una revolución cultural sin una espiritualidad profunda.

Una espiritualidad de la vida. De la sensibilidad y del cuidado, de la emoción de la belleza, de la fe en la bondad. Una espiritualidad profética: realista, sí, pero también crítica e insumisa; pacífica, sí, pero también subversiva de todos los sistemas que nos ahogan. Una espiritualidad de la paz y de la justicia, pues no puede existir la una sin la otra. Una espiritualidad política, para una política planetaria digna de ese nombre, no prisionera de la Bolsa y de los paraísos fiscales.

Una espiritualidad que nos haga admirar el Misterio Que Es en el cosmos sin medida, en el cielo estrellado, en la piedrecilla del camino, en la hoja que vuelve a brotar, en los ojos de un niño, en el rostro de un refugiado o de un inmigrante. Una espiritualidad que nos abra los ojos para contemplar el universo como un inmenso corazón que late, la Tierra como un gran organismo que respira y quiere seguir respirando. Una espiritualidad que nos llene de asombro, respeto y humildad, de profunda compasión y ternura por todo lo que es, sufre y goza. Somos hermanos de todos los seres. Somos interser. Todos los seres intersomos.

Una espiritualidad que nos enseñe a estar presentes: a nosotros mismos, al otro, a todos los seres. A vivir el presente, sin aferrarnos al pasado ni temer el futuro, y a desapegarnos cada día de la ilusión de nuestro ego, fuente de tanto sufrimiento. Una espiritualidad que nos enseñe a vivir en la Presencia Buena que lo envuelve todo y habita en todo. A vivir atentos a lo Real que se manifiesta y se va haciendo, sin cesar, en todo lo real. A ser libres y hermanos. A escuchar el grito de los seres heridos. A presentir y acoger la Paz que sostiene y mueve todo, a sumergirnos en ella tanto en la meditación como en la acción.

Una espiritualidad con religión o sin religión, pero siempre más allá de la religión en cuanto sistema de creencias, ritos y normas, bajo la autoridad de un clero sagrado y masculino. La espiritualidad se está emancipando de las religiones: he ahí uno de los rasgos fundamentales de la revolución cultural de nuestro tiempo, ya emprendida hace 2.500 años por Confucio y Laozi en China, por Buda y Mahavira en la India, por Isaías y Jeremías en Israel, por Heráclito y Parménides en Grecia. Y luego por Jesús.

¿Se abrirá nuestra sociedad, laica por fin, a la brisa, al Silencio, al Misterio creador que une y mueve todo? ¿Se librarán nuestras religiones tradicionales, el cristianismo y el islam en especial, de sus lenguajes, creencias y estructuras del pasado? ¿Se dejarán prender por la chispa, la llama, el fuego de Pentecostés? "

JOSÉ ARREGUI


(imagen: óleo de la pintora cubana Silvia R.Rivero)

lunes, 12 de marzo de 2018

TODO EL UNIVERSO ES SANTO.




"La naturaleza no es el simple telón de fondo en un teatro donde los humanos ocupan el escenario. En realidad, la  creación es un participante pleno en la transformación humana, ya que el mundo exterior es absolutamente necesario para reflejar el verdadero mundo interior.
 No hay sólo dos sacramentos, ni siquiera siete: 
el mundo entero es un sacramento.
 Es un verdadero universo trinitario, con todas las cosas girando unas hacia otras:  la gravedad, los ecosistemas, la sexualidad... "



RICHARD ROHR OFM

tomado de Center for Action and Contemplation
(@CenterforActionandContemplation)


(traducción propia de este blog)

sábado, 3 de marzo de 2018

UNA ENTREGA INCONDICIONAL.

"¿Qué significa creer? Bástenos por ahora sintetizar el tema general en forma de preguntas y respuestas: 

 ¿Es la fe cristiana un asunto del entendimiento? Considerar la fe como un simple acto del entendimiento, como un conocimiento teórico, como una aceptación intelectual de textos bíblicos y normas eclesiásticas, e incluso como un asentimiento a afirmaciones más o menos improbables, es malentender la fe en un sentido intelectualista.

¿Es la fe cristiana un asunto de la voluntad? Considerar la fe como un simple acto de la voluntad, como una decisión volitiva con folia de evidencia, como una ciega aventura, como un injustificado salto en el vacío, como un credo quia absurdum o incluso como un deber de obediencia, es malentender la fe en sentido voluntarista. 

¿Es la fe cristiana un asunto del sentimiento? Considerar la fe como un mero acto del sentimiento, como una emoción subjetiva, como un simple acto de creer...sin contenido de la fe...en el cual importa más el hecho de creer que lo que se cree, es malentender la fe en sentido emocional.

La fe cristiana es, más bien, una entrega incondicional y un abandono confiado del hombre entero, con todas las fuerzas de su espíritu, al mensaje cristiano y al que en él viene anunciado; es decir, un acto del entendimiento, de la voluntad y del sentimiento, una confianza que incluye una aceptación intelectual.

Cuando creo, no acepto simplemente una serie de contenidos, verdades, teorías, dogmas, no creo esto o aquello. Tampoco creo solamente a una persona digna de crédito, no creo a éste o a aquel. Por el contrario, lo que hago es correr el riesgo de aceptar confiadamente un mensaje, una verdad, un camino, una esperanza, y en definitiva, una persona: creo 'en' Dios y en el que él ha enviado."


HANS KÜNG. Ser Cristiano. 1974. 
Editorial Trotta 2012

martes, 13 de febrero de 2018

DISFRAZ DE CARNAVAL.


"En este carnaval me disfrazaré de mí mismo. Me despojaré de todos los adornos que me enmascaran a los ojos ajenos: la postura arrogante, la mirada altiva, la función que me hace sentir importante, la ropa que me engalana la personalidad. Descalzo, sin corbata, lejos de la música de los altavoces, buscaré un bar para emborracharme de utopías.

Me sacaré del corazón todas las piedras que encubren la textura de la carne: la ira y el odio, la amargura y los celos, la envidia y la indiferencia. Cantaré el samba de las bienaventuranzas y les llevaré buenas nuevas a quienes padecen de desesperanza.

Desnudado de esos artificios que proyectan un simulacro de mí, bajaré del pedestal que me ampara la elevada autoestima para cortarle las alas a mi pusilanimidad. Evitaré así que mi epitafio diga que fui lo que no soy.

No abominaré de mi accidental condición humana, tan frágil y limitada. Despojado de los fantasmas que me reflejan, me uniré libre y suelto al bloque de la Nave de los Locos. Exhibiré el rostro limpio con todas las arrugas grabadas por mi historia de vida. No me avergonzaré de las líneas irregulares de mi cuerpo ni me cubriré la cabeza para esconder los cabellos encanecidos.

En este carnaval participaré en el desfile de las escuelas de sabiduría. Dejaré que Buda calle las voces que tanto gritan dentro de mí, y le pediré a Confucio que me enseñe el camino del equilibrio. Seré discípulo peripatético de Sócrates y alumno disciplinado en la Academia de Aristóteles. Corearé los magníficos clamores de justicia proferidos por María y bailaré con Hipatia sobre las piedras lisas del puerto de Alejandría. Subiré las laderas de Asís para saludar a aquel que se atrevió a quitarse todos los disfraces, y cruzaré las murallas de Ávila para besar las manos de la que me instruyó en las vías de la hondura.

Embriagado por el vino de Caná, desfilaré en la carroza de los místicos y me dejaré conducir por las inescrutables veredas de la meditación. Invitaré al carro que abre el desfile a todos los incrédulos que profesan fe en la vida.

Quiero mucho júbilo en este carnaval, fiesta de la carne transfigurada por la alegría del espíritu y transustanciada por la sacralidad que la impregna. Fiesta de la sonrisa del alma y del compartir pródigo de todos mis bienes materiales y simbólicos.

En esta alabanza a Momo, no seré Pierrot ni Colombina, payaso ni pirata. Liberado de máscaras y disfraces, osaré exhibir en la Plaza de la Apoteosis la desnudez de mi lado oculto. La verán quienes, libres de los espejuelos de la ilusión, abran los ojos de la empatía.

Cuando calle el sonido agónico de la cuica con la irrupción del alba, desembarazado del disfraz de mí mismo, bailaré en reverentes giros en torno al Maestre Sala: Aquel que en los inicios del tiempo, cuando nada había, quebró la soledad trinitaria para prorrumpir en una danza exuberante, adornado de confetis y serpentinas que, iluminados por el brillo de los fuegos, se hicieron estrellas y galaxias para signar el desfile evolutivo de la madre naturaleza.

Entonces la vida irrumpirá en la avenida con todo su esplendor, y la multitud verá que no es una mera alegoría.

FREI BETTO. Disfrazado de mí mismo. 



( publicado en Religión Digital y en Fe Adulta)


miércoles, 10 de enero de 2018

LA VIDA VALE LA PENA.

Este texto que anda en internet se atribuye a Francisco. No nos consta que sea suyo, pero sea de quien sea, vale la pena tenerlo en cuenta. 



"Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa 
del mundo.
Sólo tu puedes evitar que ella vaya en decadencia.
Hay muchos que te aprecian, admiran y te quieren.
Me gustaría que recordaras que ser feliz, no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajos sin cansancio, relaciones sin decepciones.
Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros.
Ser feliz no es sólo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza.
No es apenas conmemorar el éxito, sino aprender lecciones 
en los fracasos.
No es apenas tener alegría con los aplausos, sino tener alegría 
en el anonimato.
Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones, y períodos de crisis.
Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista para quien sabe viajar para adentro de su propio ser.
Ser feliz es dejar de ser víctima de los problemas y volverse actor de la propia historia.
Es atravesar desiertos fuera de si, mas ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma.
Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.
Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos.
Es saber hablar de si mismo.
Es tener coraje para oír un "no".
Es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta.
Es besar a los hijos, mimar a los padres, tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran.
Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple, que vive dentro de cada uno de nosotros.
Es tener madurez para decir 'me equivoqué'.
Es tener la osadía para decir 'perdóname'.
Es tener sensibilidad para expresar 'te necesito'.
Es tener capacidad de decir 'te amo'.
Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz...
Que en tus primaveras seas amante de la alegría.
Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría.
Y que cuando te equivoques en el camino, 
comiences todo de nuevo.
Pues así serás más apasionado por la vida.
Y descubrirás que ser feliz no es tener una vida perfecta.
Sino usar las lágrimas para regar la tolerancia.
Usar las pérdidas para refinar la paciencia.
Usar las fallas para esculpir la serenidad.
Usar el dolor para lapidar el placer.
Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia.
Jamás desistas....
Jamás desistas de las personas que amas.
Jamás desistas de ser feliz, 
pues la vida es un espectáculo imperdible! "

(atribuído a Francisco)

4 de enero de 2018

jueves, 12 de marzo de 2015

PAUSA

“La velocidad con que vivimos, la rapidez de los cambios que experimentamos, nos obliga a movernos con agilidad… Necesitamos introducir en nuestra vida pausas para no ser diluídos en  la velocidad que nunca se detiene. En la pausa se sedimenta lo que vale y se evapora la espuma La inercia de nuestro movimiento, el ritmo de los que viven a nuestro lado y los estímulos que llegan desde fuera nos seducen y se sitúan un metro delante de nosotros, creando un vacío que nos succiona y nos arrastra, haciendo que nos resulte difícil detenernos.  Nuestros sentimientos, pensamientos, entrañas y relaciones, se vuelven impacientes. Pasamos por la superficie de las personas y de las situaciones como aguacero que se precipita y erosiona sin empapar la tierra. Nuestros abrazos se quedan a medias, y nuestras respuestas se comen las palabras. Cuando ya no tenemos tiempo para nada, ni siquiera para comer (Mc.6,31) es cuando más necesitamos salir al borde del camino, y detenernos.

En algunas ocasiones, nuestro organismo enferma para obligarnos a parar y asentar la vida. Después de una pausa grande, salimos con otra visión de la realidad mucho más sabia y respetuosa de nosotros mismos y de los demás. Grandes aportaciones humanas han salido de vidas detenidas en cárceles, hospitales y destierros.

La cultura nos propone vivir la urgencia y la pausa como dos momentos separados. Primero nos llenamos de estrés y después nos derrumbamos en una playa. A veces vivimos en una alternancia la prisa y el descanso…Pero lo ideal es que las dos dimensiones se vayan integrando en la vida cotidiana… La pausa debe viajar en la entraña de la urgencia. "

Benjamín González Buelta. Caminar sobre las aguas.


jueves, 19 de febrero de 2015

LAICICIDAD DEL EVANGELIO


“Los relatos, que ofrecen los evangelios, son la historia del enfrentamiento de Jesús con las raíces del fundamentalismo religioso. Jesús, en efecto, comprendió que el mayor peligro, para la religión y para la humanidad, está precisamente en el sometimiento incondicional a los rituales religiosos, de forma que la sumisión a tales rituales se antepone al sufrimiento humano, a los derechos humanos, a la dignidad de las personas y a la vida misma. Esto es lo que Jesús no toleró en modo alguno. Y por esto precisamente fue por lo que los dirigentes de la religión vieron que el proyecto de Jesús era incompatible con el proyecto que ellos defendían por encima de todo”.

“La fe en Dios y el respeto a Dios consiste, ante todo y sobre todo, en defender la vida, respetar la vida, promover los derechos y la dignidad de los seres humanos, hasta que la igualdad en derechos, y la libertad en creencias y convicciones, estén garantizadas para todos”.

“En nuestra vida somos más estrictos observantes de los rituales religiosos que estrictos cumplidores de las exigencias éticas que tendríamos que cumplir como ciudadanos ejemplares. Reducimos nuestra religiosidad a determinadas prácticas rituales, al tiempo que excluimos de nuestra religiosidad el respeto, la tolerancia, la sensibilidad ante el sufrimiento, sobre todo el sufrimiento de los más débiles. Y así sucesivamente. Hasta llegar a hacer compatible la estricta observancia de la religión con la violencia más brutal ante todo aquello con lo que no estamos de acuerdo”.

“Los individuos, desde la niñez, y la sociedad en general al igual que la cultura, asimilan con más facilidad y claridad la fe en los ritos que la fe en Dios. Es frecuente que la gente se aferre a las observancias rituales, en tanto que la seguridad y la claridad, en lo que concierne a Dios, resulta para muchos algo problemático, quizá dudoso y, en todo caso, un sentimiento amenazado por la oscuridad. Las observancias rituales tranquilizan las conciencias. El asunto de Dios es, para muchos, un problema nunca resuelto y que, tantas veces, se vive como un misterio o, al menos, como un enigma”.

“Los fundamentalistas religiosos centran de tal manera (y hasta tal extremo) su vida y sus intereses en la fiel observancia de los rituales sagrados, que anteponen esa observancia a la vida misma. La vida de quien sea y en lo que sea. Hasta el extremo de estar dispuestos a matar, o dejarse matar, con tal de no permitir que la sociedad democrática, laica y secular se sobreponga a la sociedad condicionada y sumisa a las exigencias de la religión”.



(José María Castillo)

martes, 11 de noviembre de 2014

NI MUROS, NI CRÍMENES

Al cumplirse 25 años de dos hechos, casi coincidentes en fecha, en los que reflexionar.

El asesinato de cinco jesuitas y dos empleadas de la UCA (Universidad Centroamericana, de San Salvador), el 16 de Noviembre de 1989, coincidió, en aquel mismo año y en aquel mismo mes, con la caída del muro de Berlín…."

"La coincidencia (con la pequeña distancia de pocos días) entre los asesinatos de la UCA, en El Salvador, y la caída del Muro, en Berlín, representa las dos caras de la lucha por la conquista de la igualdad y de la libertad, los dos pilares sobre los que se pueden (y se tienen) que edificar los derechos humanos y la paz en el mundo. Por la conquista de este ideal sufrieron y murieron, tanto los que cayeron en el muro de Berlín como los que fueron asesinados en El Salvador..."

"Por caminos opuestos, y a primera vista contradictorios, unos y otros murieron por la misma causa: la lucha por la libertad y la dignidad. A fin de cuentas, cuando se trata de alcanzar la libertad, lo mismo da que la opresión venga de la derecha o de la izquierda. En un caso y en otro, se les roba a los seres humanos lo más grande que se les puede quitar, su dignidad.."

"La enseñanza que nos deja patente todo esto, es un hecho que da mucho que pensar: por el camino de la represión y la dominación, lo que hacemos es levantar muros y fronteras que nos dividen, nos separan y nos alejan..."

"No hay cosa que me dé más pena que la gente que no piensa, porque es incapaz de pensar. Quienes piensan siempre lo que piensan otros, ésos son los que viven siempre a merced de lo que interesa a otros, no de los que les conviene a ellos. Y esto, ahora más que nunca, abunda demasiado para desgracia de todos.”


J.M.CASTILLO
 El “ RECUERDO PELIGROSO” DE JESUS.  (fragmentos del artículo) 

jueves, 5 de diciembre de 2013

BATALLAS: ¿REALES O IMAGINADAS?

"El hombre, las más de las veces, no 

reconoce la belleza que no compra, y es 

por eso por lo que la oferta de Dios es 

tan a menudo desdeñada".


"Lo propio de un alma cristiana es 

imaginar batallas en uno;  al cabo de 

poco tiempo no comprende uno muy 

bien por qué... Pues, en definitiva, sea 

quien sea el vencido, es siempre una parte de uno mismo; y 

es esa una usura inútil. 

Me he pasado la juventud oponiendo en mí dos partes de 

mí, que quizá no pedían otra cosa que entenderse. Por 

amor al combate, imaginaba luchas y dividía mi naturaleza".



"Decididamente todos los caminos no llevan a Roma y sólo 

quien se calla puede estar completamente seguro de no 

salir de la ortodoxia. Más vale no entrar en ella; es la mejor 

más sencilla manera de no salirse".


André GIDE (Diarios)