miércoles, 14 de marzo de 2012

"Sólo intentaba hacer lo que tendía a brotar espontaneamente de mí" (Hermann Hess)


Sólo veo lo que siento



Sólo veo lo que siento,
nunca he visto más allá,
no me trago lo que pienso
ni una vez, así me va

Aprendí con la marea,
que se llega y que se va,
prometí no dar la espalda,
ni decir nunca jamás

He ganado amor del bueno,
sin ponerle condición
he perdido la cabeza
pa encontrar el corazón
no aposté por la mentira,
en honor a la verdad
no me dejo la sonrisa,
con arresto temporal

No soy de nadie
ni valiente ni cobarde
pero no he tenido
imposibles ni prohibidos
ni alas de ángeles caídos

No voy de nada,
ni de escudo, ni de espada
pero doy la cara
no voy a morderme el corazón.

Sólo quiero ser yo misma
darte todo lo que soy
no olvidar de dónde vengo
pa saber a dónde voy

Tengo poco pero es mucho,
por lo mucho que me das
me paseo por su vida
en versión original

No soy de nadie
ni valiente ni cobarde
pero no he tenido imposibles ni prohibidos
ni alas de ángeles caídos

No voy de nada,
ni de escudo, ni de espada
pero doy la cara
no voy a morderme el corazón.

Sólo me llevo donde quiero ir
muy cerca de ti
no desespero si te veo sonreír
mi suerte sigue aquí

No soy de nadie
ni valiente ni cobarde
pero no he tenido imposibles ni prohibidos
ni alas de ángeles caídos

No voy de nada,
ni de escudo, ni de espada
pero doy la cara
no voy a morderme el corazón.



 Rosana (CD: “Buenos días, mundo”, 2011)

BUSCANDO AGUA EN EL DESIERTO.


“Era el octavo día de la avería en el desierto y había escuchado la historia del vendedor, bebiendo la última gota de mi provisión de agua:
-¡Ah!-dije al pequeño príncipe- ¡Son muy bellos tus recuerdos, pero todavía no he reparado mi avión y ya no tengo qué beber, y me sentiría feliz, yo también, si pudiera ir muy dulcemente hacia una fuente!
 Pero él seguía hablando de la zorra y la amistad. Y yo pensé: “no mide el peligro”.
Pero me miró y respondió a mi pensamiento:
-Yo también tengo sed…Busquemos un pozo.
-Entonces ¿Tú también tienes sed?
 No respondió a mi pregunta. Solamente me dijo:
-El agua también puede ser buena para el corazón….
Y siguió después:
-El desierto es bello.
 Y era verdad. Siempre amé el desierto. Uno puede sentarse sobre una duna de arena. No se ve nada. No se oye nada. Y, sin embargo, algo resplandece en silencio.
- Lo que embellece el desierto –dijo el pequeño príncipe- es que esconde un pozo en cualquier parte.
 Me sorprendí al comprender de pronto el misterioso resplandor de la arena.
-¡Sí!- dije- ya se trate de la casa, las estrellas o el desierto, lo que los embellece es invisible.
 Como el pequeño príncipe se durmió, lo tomé en mis brazos y me puse nuevamente en camino. Estaba emocionado. Me parecía llevar un frágil tesoro… y me dije: Lo que veo aquí no es más que apariencia, lo más importante es invisible. Y caminando así, descubrí el pozo al clarear el día.

 El pozo al que llegamos no se parecía en nada a los pozos del Sahara. Los pozos del Sahara son simples agujeros cavados en la arena. Este parecía un pozo de pueblo. Pero allí no había pueblo alguno, y yo creía soñar. Es extraño –dijo el pequeño príncipe- todo está preparado: la roldana, el cubo y la soga… Y rió. Tocó la soga, e hizo girar la roldana. Y la roldana gimió como gime una vieja veleta cuando el viento ha dormido mucho tiempo.
-¿Oyes? –Dijo el pequeño príncipe- hemos despertado este pozo y él canta…
 Lentamente levanté el cubo hasta el brocal. Lo puse en firme. En mis oídos seguía el canto de la roldana y en el agua que temblaba todavía vi estremecerse el sol.
-         Tengo sed de esta agua –dijo el pequeño príncipe- dame de beber.
-          Y comprendí lo que él había estado buscando.
 Levanté el cubo hasta sus labios. Todo era dulce como una fiesta. Esta agua era mucho más que un alimento. Había nacido de la marcha bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era buena para el corazón como una dádiva.
- Los hombres de tu tierra no encuentran lo que buscan – dijo el pequeño príncipe-  Es que los ojos son ciegos. Hay que buscar con el corazón”.

"El Pequeño Principe", de Antoine de Saint Exupery.

viernes, 9 de marzo de 2012

LA PREGUNTA POR EL SENTIDO DE LA VIDA.


“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el significado de la vida y, en vez de ello, pensar en nosotros como en seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación, sino de una conducta y una actuación rectas. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.
Dichas tareas y, consecuentemente, el significado de la vida, difieren de un hombre a otro, de un momento a otro, de modo que resulta completamente imposible definir el significado de la vida en términos generales. Nunca se podrá dar respuesta a las preguntas relativas al sentido de la vida con argumentos especiosos. "Vida" no significa algo vago, sino algo muy real y concreto, que configura el destino de cada hombre, distinto y único en cada caso. Ningún hombre ni ningún destino pueden compararse a otro hombre o a otro destino. Ninguna situación se repite y cada una exige una respuesta distinta; unas veces la situación en que un hombre se encuentra puede exigirle que emprenda algún tipo de acción; otras, puede resultar más ventajoso aprovecharla para meditar y sacar las consecuencias pertinentes. Y, a veces, lo que se exige al hombre puede ser simplemente aceptar su destino y cargar con su cruz. Cada situación se diferencia por su unicidad y en todo momento no hay más que una única respuesta correcta al problema que la situación plantea.
Cuando un hombre descubre que su destino es sufrir, ha de aceptar dicho sufrimiento, pues ésa es su sola y única tarea. Ha de reconoces el hecho de que, incluso sufriendo, él es único y está solo en el universo. Nadie puede redimirle de su sufrimiento ni sufrir en su lugar. Su única oportunidad reside en la actitud que adopte al soportar su carga”.

“El hombre en busca de sentido”
Víktor Frankl

LA VIDA FLUYE...


PREFERIR LA VIDA, AUN EN LA DERROTA.

“Creencia, significa también confianza, la capacidad de asumir riesgos, de avanzar por lo desconocido confiando en que la vida misma puede cuidarse y cuidará de nosotros si le dejamos”. (Thomas Merton, CEC, 210)

“Todo momento da a luz un nuevo momento, lleno de un novedoso potencial, y a veces como un presente inesperado. No hay que aferrarse a los momentos de malestar y prolongarlos innecesariamente, porque al hacerlo se impide el nacimiento de un momento más enriquecedor. La vida fluye como una corriente constante de una gran serie de momentos, cada uno de los cuales tiene su propio lugar en el día”. (Etty Hillesum, Escritos Esenciales, 144)

Los dos textos anteriores expresan mis propios deseos, el modo en que quiero vivir este momento de mi vida, sin temores paralizantes. Thomas Merton propone “preferir la vida aun en la derrota”, y esto por dos razones:
  1. Porque, “hay una fecundidad y una posibilidad de nueva vida en la misma amenaza de la desesperación”.
  2. Porque, “el hombre al borde del suicidio puede estar de hecho también al borde del milagro de esperanza que le salve a pesar de sí mismo”.

Frente a la carga de desesperanza, abrirse a las posibilidades creativas. Con sus palabras, las de TM:
“Cambiar el rechazo a vivir por un discernimiento social inteligente y creativo”. (CEC, 211-212)

DE CINE


 Matt Damon es el protagonista de la cinta “We bought a zoo”, una historia sencilla, pero a mi juicio hermosa y edificante; se trata de un viudo con dos hijos que debe recomenzar su vida y encontrar un nuevo hogar, y decide comprar nada más y nada menos que un zoológico en crisis. Otros actores que aparecen en la película son Scarlett Johansson y Elle Fanning, y está dirigida por Cameron Crowe. Sumo esta película al grupo de las que tienen para mí  un efecto terapéutico en momentos de desánimo.
 Regresan “Los Tres mosqueteros”; he visto una película y una miniserie, inspirados en la obra de Dumas.  La primera, intenta poner a tono el clásico de capa y espada con efectos visuales de último momento (3D), pero las coreografías de las peleas quitan clase a la historia; está bien Milla Jovovich en su papel de la pérfida Milady, y todo apunta a una segunda parte. La miniserie me gustó más, a pesar de que también introduce elementos extraños en la historia, convirtiendo a Milady en una poseída por el diablo. La obra de Alejandro Dumas es una de las más versionadas en la historia del cine.
 Otra de vampiros, “Noche de miedo”, en la que Colin Farell es el chupa sangre que amenaza la paz de un pueblo tranquilo en medio del desierto. Es un remake de una cinta de los 80, ahora dirigida por Craig Gillespie. Las películas y las series de vampiros están a la orden del día, al punto que ya difícilmente encuentras algo original, y cuando veo algún actor o actriz de mayor renombre en una de estas cintas menores, no puedo evitar pensar que está muy necesitado de dinero.
 Nueva publicación cubana sobre cine, un libro de Luciano Castillo vendido en la última feria del libro; su título, “Trenes en la noche” (Oriente, 2011). Resalta su excelente edición y diseño, e incluye comentarios de películas, entrevistas con realizadores y pequeños ensayos sobre temas concretos del séptimo arte. Luciano escribe muy bien.
 Y finalmente, memorable a mi juicio la actuación de Sean Penn en “This must be the place” (Paolo Sorrentino); un personaje raro, que en la medida en que la historia transcurre se va haciendo más cercano y transparente, sin dejar de ser raro.

lunes, 5 de marzo de 2012

EN CAMINO...


Segundo domingo de Cuaresma: Jesús el Viviente.

1.      El relato de la Transfiguración de Jesús, en presencia de sus más cercanos discípulos, adelanta, anuncia, proclama la Resurrección. Es un evangelio que anuncia la vida, que invita a la esperanza, y propone tener siempre a Jesús como roca segura y confiable. Es un relato de epifanía, de revelación, que habla de una montaña alta, de luz y resplandor, de bienestar, de deseo de permanecer en ese estado, de la visión de Jesús con los paradigmas religiosos judíos, y de una revelación que concluye invitando a que se escuche siempre a Jesús.
2.      Pero también el relato finaliza diciendo que los discípulos no comprendieron nada de lo que acababan de vivir; discutían entre ellos, y el anuncio de una nueva vida les quedaba muy grande. Cada vez que Jesús les habló de resurrección, ellos no consiguieron comprenderle, se resistían a aceptar tal posibilidad.
3.      Así, escribe  el teólogo José María Castillo: “La transfiguración es el anticipo de algo que a muchos no nos acaba de entrar en la cabeza: la vida de Jesús no es un recuerdo de la historia pasada, sino que sigue presente en la historia nuestra, en la historia de todos los tiempos. Porque Jesús es el Viviente, que trasciende espacio y tiempo, por eso ahora y siempre podemos seguir escuchando su palabra”, siempre actual y desafiante.
4.      A nosotros, como a los discípulos nos cuesta entenderle; discutimos acerca del significado exacto de “resucitar de entre los muertos”, cuando lo importante es entender lo que significa para Jesús Vivir en plenitud.

viernes, 2 de marzo de 2012

CUANDO TODO SE HA PERDIDO...


“Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo y apoyándonos continuamente el uno en el otro, no dijimos palabra, pero ambos lo sabíamos: cada uno pensaba en su mujer. De vez en cuando yo levantaba la vista al cielo y veía diluirse las estrellas al primer albor rosáceo de la mañana que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer. Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humanos intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad —aunque sea sólo momentáneamente— si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente —con dignidad— ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido. Por primera vez en mi vida podía comprender el significado de las palabras: "Los ángeles se pierden en la contemplación perpetua de la gloria infinita."
Delante de mí tropezó y se desplomó un hombre, cayendo sobre él los que le seguían. El guarda se precipitó hacia ellos y a todos alcanzó con su látigo. Este hecho distrajo mi mente de sus pensamientos unos pocos minutos, pero pronto mi alma encontró de nuevo el camino para regresar a su otro mundo y, olvidándome de la existencia del prisionero, continué la conversación con mi amada: yo le hacía preguntas y ella contestaba; a su vez ella me interrogaba y yo respondía.
"¡Alto!" Habíamos llegado a nuestro lugar de trabajo. Todos nos abalanzamos dentro de la oscura caseta con la esperanza de obtener una herramienta medio decente. Cada prisionero tomaba una pala o un zapapico.
"¿Es que no podéis daros prisa, cerdos?" Al cabo de unos minutos reanudamos el trabajo en la zanja, donde lo dejamos el día anterior. La tierra helada se resquebrajaba bajo la punta del pico, despidiendo chispas. Los hombres permanecían silenciosos con el cerebro entumecido. Mi mente se aferraba aún a la imagen de mi mujer. Un pensamiento me asaltó: ni siquiera sabía si ella vivía aún. Sólo sabía una cosa, algo que para entonces ya había aprendido bien: que el amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su significado más profundo en su propio espíritu, en su yo íntimo. Que esté o no presente, y aun siquiera que continúe viviendo deja de algún modo de ser importante. No sabía si mi mujer estaba viva, ni tenía medio de averiguarlo (durante todo el tiempo de reclusión no hubo contacto postal alguno con el exterior), pero para entonces ya había dejado de importarme, no necesitaba saberlo, nada podía alterar la fuerza de mi amor, de mis pensamientos o de la imagen de mi amada. Si entonces hubiera sabido que mi mujer estaba muerta, creo que hubiera seguido entregándome —insensible a tal hecho— a la contemplación de su imagen y que mi conversación mental con ella hubiera sido igualmente real y gratificante: "Ponme como sello sobre tu corazón... pues fuerte es el amor como la muerte". (Cantar de los Cantares, 8,6.)”

“El hombre en busca de sentido” (Viktor Frankl)