viernes, 25 de mayo de 2018

QUIERO SER ALABANZA

“Ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza”. 

Dios, ábreme los labios y los oídos y los ojos/ábreme la mente y el corazón y el estómago/ábreme el deseo y el sexo y el anhelo/ábreme la vida y que luego lo grite y lo proclame sin miedo/ y que alabarte sea siempre lo primero lo mejor lo máximo/y que me quede abierto para siempre y para todos/ y especialmente los labios abiertos a tu beso/a tu luz y a tu sombra y a tu tiempo/ abierto y sin fronteras, infinito/ tan abierto que hasta la muerte quepa entre mis brazos/ y abierto como estoy me reclame la vida. 

(Enero 2018).

domingo, 20 de mayo de 2018

HISTORIAS PARA PENSAR LA FE


En la enfermería de un convento de religiosas el capellán se había propuesto animar la celebración dominical. Prescindió ese día de la casulla, se revistió solamente con un alba y la estola de tierras sureñas que le regalara la ONG sin fronteras. Se sentó en un sencillo taburete a dos pasos del primer banco y saludó sonriendo: Buenos días, hermanas, que el Señor siga estando con nosotros, como lo está continuamente. Y dicho esto, comenzó a compartir desde la fe la vida: la de su semana de ministerios, la del país con sus debates políticos crispados, la el ancho mundo lleno de problemas que podríamos resolver si quisiéramos cambiar…
Una religiosa anciana en silla de ruedas y con dificultad de audición se esforzaba en entender, pero se perdía desconcertada. Al fin preguntó a la acompañante: ¿Qué pasa? ¿Es que hoy no hay misa? Contestó en voz baja la novicia: Hoy, hermana, lo que tenemos es una eucaristía… La veterana contestó: Ah, bueno…  con aire de resignación.

Juan Masiá, S.J.  (Revista VIDA NUEVA, 15 de octubre de 2005).


jueves, 17 de mayo de 2018

LA PERSONA ETERNA



Dice Svetlana Alexievich: 
“Cuando escribo mis libros, las personas no me interesan solo como sujetos que habitan en un tiempo específico.  Siempre me ha llamado la atención eso que llamo la persona eterna, es decir, lo eterno que uno lleva adentro”; “Debemos entender que las personas  ni siquiera perciben  muchas cosas de las que llevan dentro. A veces, cuando logras llegar al fondo de un recuerdo, la gente te dice: Ni siquiera sabía que lo sabía. Lo había olvidado por completo. Apenas me lo preguntaste empecé a pensar en ello… Para poder oír algo nuevo tenemos que  reinventar nuestra manera de hacer preguntas”; 

“Los hechos no son lo mismo que la realidad. La realidad se tiene que interpretar, se tiene que poder entender, y por eso la relación con la realidad es muy complicada. Está la realidad que vemos, está la realidad que oímos, y está la realidad que no vemos ni tampoco oímos, más bien sólo la presentimos. Cada persona tiene su propia versión de los hechos. Son muchos los hilos que hay que tejer para crear una unidad. No se trata de poner un aparato, encenderlo y listo, tenemos la realidad…  Cada uno toma de la realidad lo que puede tomar, y eso depende de su personalidad, que es la única antena que tienes, la que dejaste crecer, y cuanto más larga la antena, más vasta y llena de contenidos es tu realidad”.

( Lo anterior en LETRAS LIBRES, revista mexicana, dirigida por Enrique Krauze, marzo 2018).


martes, 1 de mayo de 2018

LA PODA.



"La poda es algo muy frecuente en el campo.
Campesinos y hortelanos son diestros en ella.
Incluso en la ciudad,
los amantes de los árboles y de las plantas
las podan en tiempos señalados.
Obtienen así ejemplares más bellos, más fuertes, más sanos...

Pero con ser una operación tan corriente,
necesaria y positiva,
nos resulta una energía extraña,
cuando no una anti-energía o muerte.

Sin embargo, la poda es ley de vida y crecimiento
de las plantas,... de las personas y de los grupos.
Controla, encauza y orienta las fuerzas;
impide la dispersión, da nuevas energías.
Nos hace crecer y ser nosotros mismos.

Nos poda el Padre, eso dices Tú.
Poda a los que dan fruto, para que den más.
Nos poda a los que bien nos quiere.
Nos corta las alas de la soberbia y de la comodidad
que nos impiden dar fruto y malgastan energía.
¡Corta brotes "naturales", que parecen ser expresión de vida,
para que demos más y mejor fruto!

Nos podan los amigos, el grupo, la comunidad,
a través de relaciones claras y fraternales;
a través de la ayuda, la crítica y la exigencia.
Nos podan cuando ponen en crisis
nuestro estilo de vida y escala de valores;
cuando nos hacen afrontar las incoherencias
y zonas oscuras de nuestro ser.

Algunos se podan a sí mismos para dar más fruto.
Saben decir no a ciertas cosas.
Saben renunciar a bienes positivos y objetivos dignos
para conseguir bienes mayores y tesoros escondidos.
¡Dichosos esos hombres y mujeres!
Dichosos los que viven con ellos, porque participan de su fruto.

La mayoría de las podas vienen sin buscarlas.
Las trae la vida cuando menos lo esperas;
son podas involuntarias, imprevistas, a veces duras y dolorosas,
y no siempre las aceptamos como algo positivo.

Involuntaria o voluntaria
a tiempo o a destiempo,
asumida o rechazada,
la poda es el secreto
de las personas que se han hecho fuertes,
de los hombres y las mujeres que dan fruto,
de quienes tienen vida.

¡Pódanos, Señor!
¡Pódame, Señor!

Florentino Ulibarri

domingo, 1 de abril de 2018

ATADO A NOSOTROS.

“Deja ya esa salmodia, ese canturreo, ese pasar y repasar  rosarios. ¿A quién adoras, di, 
en ese oscuro rincón solitario del templo cerrado? 
¡Abre tus ojos  y ve,  tu Dios no está ante ti!
Dios está donde el labrador cava la tierra dura, 
donde el picapedrero pica la piedra; 
está con ellos, en el sol y en la lluvia,
lleno de polvo el vestido. ¡Quítate ese manto sagrado
 y baja con tu Dios al terruño polvoriento!
¿Libertad? ¿Donde quieres encontrar libertad?

¿No se ha atado él mismo, lleno de alegría
 a la Creación?
¡Sí, él está atado a nosotros todos para siempre!
¡Sal ya de tu éxtasis, déjate ya de flores y de incienso!
¿Qué importa que tus ropas se manchen o se andrajen?
¡Ve a su encuentro, ponte a su lado, y trabaja, y que sude tu frente!"


RABINDRANATH TAGORE




domingo, 25 de marzo de 2018

GRITARÁN LAS PIEDRAS.

 "Jesús entra en Jerusalén. La liturgia nos invitó a hacernos partícipes y tomar parte de la alegría y fiesta del pueblo que es capaz de gritar y alabar a su Señor; alegría que se empaña y deja un sabor amargo y doloroso al terminar de escuchar el relato de la Pasión. Pareciera que en esta celebración se entrecruzan historias de alegría y sufrimiento, de errores y aciertos que forman parte de nuestro vivir cotidiano como discípulos, ya que logra desnudar los sentimientos contradictorios que también hoy, hombres y mujeres de este tiempo, solemos tener: capaces de amar mucho… y también de odiar ―y mucho―; capaces de entregas valerosas y también de saber «lavarnos las manos» en el momento oportuno; capaces de fidelidades pero también de grandes abandonos y traiciones.
Y se ve claro en todo el relato evangélico que la alegría que Jesús despierta es motivo de enojo e irritación en manos de algunos.
Jesús entra en la ciudad rodeado de su pueblo, rodeado por cantos y gritos de algarabía. Podemos imaginar que es la voz del hijo perdonado, del leproso sanado o el balar de la oveja perdida que resuena con fuerza en ese ingreso. Es el canto del publicano y del impuro; es el grito del que vivía en los márgenes de la ciudad. Es el grito de hombres y mujeres que lo han seguido porque experimentaron su compasión ante su dolor y su miseria… Es el canto y la alegría espontánea de tantos postergados que tocados por Jesús pueden gritar: «Bendito el que llega en nombre del Señor». ¿Cómo no alabar a Aquel que les había devuelto la dignidad y la esperanza? Es la alegría de tantos pecadores perdonados que volvieron a confiar y a esperar.

Esta alegría y alabanza resulta incómoda y se transforma en sinrazón escandalosa para aquellos que se consideran a sí mismos justos y «fieles» a la ley y a los preceptos rituales.

Alegría insoportable para quienes han bloqueado la sensibilidad ante el dolor, el sufrimiento y la miseria. Alegría intolerable para quienes perdieron la memoria y se olvidaron de tantas oportunidades recibidas. ¡Qué difícil es comprender la alegría y la fiesta de la misericordia de Dios para quien quiere justificarse a sí mismo y acomodarse! ¡Qué difícil es poder compartir esta alegría para quienes solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros![2]
Así nace el grito del que no le tiembla la voz para gritar: «¡Crucifícalo!». No es un grito espontáneo, sino el grito armado, producido, que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio. Es la voz de quien manipula la realidad y crea un relato a su conveniencia y no tiene problema en «manchar» a otros para acomodarse. El grito del que no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes. Es el grito que nace de «trucar» la realidad y pintarla de manera tal que termina desfigurando el rostro de Jesús y lo convierte en un «malhechor». Es la voz del que quiere defender la propia posición desacreditando especialmente a quien no puede defenderse. Es el grito fabricado por la «tramoya» de la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia que afirma sin problemas: «Crucifícalo, crucifícalo».

Y así se termina silenciando la fiesta del pueblo, derribando la esperanza, matando los sueños, suprimiendo la alegría; así se termina blindando el corazón, enfriando la caridad. Es el grito del «sálvate a ti mismo» que quiere adormecer la solidaridad, apagar los ideales, insensibilizar la mirada… el grito que quiere borrar la compasión.
Frente a todos estos titulares, el mejor antídoto es mirar la cruz de Cristo y dejarnos interpelar por su último grito. Cristo murió gritando su amor por cada uno de nosotros; por jóvenes y mayores, santos y pecadores, amor a los de su tiempo y a los de nuestro tiempo. En su cruz hemos sido salvados para que nadie apague la alegría del evangelio; para que nadie, en la situación que se encuentre, quede lejos de la mirada misericordiosa del Padre. Mirar la cruz es dejarse interpelar en nuestras prioridades, opciones y acciones. Es dejar cuestionar nuestra sensibilidad ante el que está pasando o viviendo un momento de dificultad. ¿Qué mira nuestro corazón? ¿Jesucristo sigue siendo motivo de alegría y alabanza en nuestro corazón o nos avergüenzan sus prioridades hacia los pecadores, los últimos y olvidados?
Queridos jóvenes, la alegría que Jesús despierta en ustedes es motivo de enojo e irritación en manos de algunos, ya que un joven alegre es difícil de manipular.
Pero existe en este día la posibilidad de un tercer grito: «Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos» y él responde: «Yo les digo que, si éstos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,39-40).

Hacer callar a los jóvenes es una tentación que siempre ha existido. Los mismos fariseos increpan a Jesús y le piden que los calme y silencie.
Hay muchas formas de silenciar y de volver invisibles a los jóvenes. Muchas formas de anestesiarlos y adormecerlos para que no hagan «ruido», para que no se pregunten y cuestionen. Hay muchas formas de tranquilizarlos para que no se involucren y sus sueños pierdan vuelo y se vuelvan ensoñaciones rastreras, pequeñas, tristes.
En este Domingo de ramos, festejando la Jornada Mundial de la Juventud, nos hace bien escuchar la respuesta de Jesús a los fariseos de ayer y de todos los tiempos: «Si ellos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,40).

Queridos jóvenes: Está en ustedes la decisión de gritar, está en ustedes decidirse por el Hosanna del domingo para no caer en el «crucifícalo» del viernes... Y está en ustedes no quedarse callados. Si los demás callan, si nosotros los mayores y los dirigentes callamos, si el mundo calla y pierde alegría, les pregunto: ¿Ustedes gritarán?
Por favor, decídanse antes de que griten las piedras."


 FRANCISCO. Domingo de Ramos 2018. 25 de marzo

(tomado de Religión Digital)

viernes, 16 de marzo de 2018

UNA ESPIRITUALIDAD DE LA VIDA.


"Necesitamos espiritualidad como necesitamos respirar. Hoy todavía, hoy sobre todo. Avanza el siglo XXI, y persiste la crisis, más aun, se agrava. La crisis económica es una crisis política. La crisis política es una crisis ética. La crisis ética es una crisis cultural. La crisis cultural es una crisis espiritual. Todas las crisis son una, como son uno el grito de la tierra y el grito de los pobres, el grito de la vida. Los pobres, la Tierra, la Vida reclaman una “valiente revolución cultural”, como ha escrito el papa Francisco. Y no será posible una revolución cultural sin una espiritualidad profunda.

Una espiritualidad de la vida. De la sensibilidad y del cuidado, de la emoción de la belleza, de la fe en la bondad. Una espiritualidad profética: realista, sí, pero también crítica e insumisa; pacífica, sí, pero también subversiva de todos los sistemas que nos ahogan. Una espiritualidad de la paz y de la justicia, pues no puede existir la una sin la otra. Una espiritualidad política, para una política planetaria digna de ese nombre, no prisionera de la Bolsa y de los paraísos fiscales.

Una espiritualidad que nos haga admirar el Misterio Que Es en el cosmos sin medida, en el cielo estrellado, en la piedrecilla del camino, en la hoja que vuelve a brotar, en los ojos de un niño, en el rostro de un refugiado o de un inmigrante. Una espiritualidad que nos abra los ojos para contemplar el universo como un inmenso corazón que late, la Tierra como un gran organismo que respira y quiere seguir respirando. Una espiritualidad que nos llene de asombro, respeto y humildad, de profunda compasión y ternura por todo lo que es, sufre y goza. Somos hermanos de todos los seres. Somos interser. Todos los seres intersomos.

Una espiritualidad que nos enseñe a estar presentes: a nosotros mismos, al otro, a todos los seres. A vivir el presente, sin aferrarnos al pasado ni temer el futuro, y a desapegarnos cada día de la ilusión de nuestro ego, fuente de tanto sufrimiento. Una espiritualidad que nos enseñe a vivir en la Presencia Buena que lo envuelve todo y habita en todo. A vivir atentos a lo Real que se manifiesta y se va haciendo, sin cesar, en todo lo real. A ser libres y hermanos. A escuchar el grito de los seres heridos. A presentir y acoger la Paz que sostiene y mueve todo, a sumergirnos en ella tanto en la meditación como en la acción.

Una espiritualidad con religión o sin religión, pero siempre más allá de la religión en cuanto sistema de creencias, ritos y normas, bajo la autoridad de un clero sagrado y masculino. La espiritualidad se está emancipando de las religiones: he ahí uno de los rasgos fundamentales de la revolución cultural de nuestro tiempo, ya emprendida hace 2.500 años por Confucio y Laozi en China, por Buda y Mahavira en la India, por Isaías y Jeremías en Israel, por Heráclito y Parménides en Grecia. Y luego por Jesús.

¿Se abrirá nuestra sociedad, laica por fin, a la brisa, al Silencio, al Misterio creador que une y mueve todo? ¿Se librarán nuestras religiones tradicionales, el cristianismo y el islam en especial, de sus lenguajes, creencias y estructuras del pasado? ¿Se dejarán prender por la chispa, la llama, el fuego de Pentecostés? "

JOSÉ ARREGUI


(imagen: óleo de la pintora cubana Silvia R.Rivero)