"Vuelve, por favor, vuelve, quien quiera que seas, religioso, infiel, hereje o pagano. Aunque hayas hecho cien promesas y cien veces las hayas roto, esta puerta no es la puerta de la desesperanza y la frustración. Esta puerta está abierta para todos. Ven, ven, tal como seas". (Rumi)
jueves, 31 de diciembre de 2020
ORACIÓN PARA EL FINAL Y EL COMIENZO DE UN NUEVO AÑO...
martes, 29 de diciembre de 2020
UNA HISTORIA DE NAVIDAD...
A pocos centímetros del suelo
lunes, 28 de diciembre de 2020
BUSCAR BENDICIONES...
miércoles, 23 de diciembre de 2020
AHORA LLEGA NAVIDAD...
Durante las últimas semanas hemos venido haciendo el camino de ADVIENTO, que es camino de espera y de esperanza; en él nos enfrentamos con la realidad de nuestra vida y nuestro tiempo, y nos confrontamos con nuestras necesidades y deseos insatisfechos, con nuestros anhelos, que desbordan la realidad de nuestra vida. También en Adviento, como contrapeso a lo anterior, oímos una vez más las promesas de Dios tal y como los profetas nos las han trasmitido, y nos dejamos arrastrar por esos sueños de Dios, que animan y potencian nuestras propias posibilidades,
Ahora llega NAVIDAD, en la que celebramos el nacimiento de Jesucristo en Belén; sin embargo, la fiesta no se conforma con el recuerdo de un acontecimiento pasado, sino que celebra nuestro propio nacimiento, nuestra propia vida. Los Padres de la Iglesia vieron que la Navidad era nuestra propia fiesta, la fiesta de nuestra salvación, porque el nacimiento de Cristo tiene un efecto sobre nosotros, nos diviniza, y por eso al celebrar la Navidad, celebramos la fiesta de nuestro propio comienzo, de la vida nueva que nos trajo Cristo.
Todos los anhelos quedan en Cristo cumplidos, porque todos ellos tienden, en último término, a la plenitud y divinización del ser humano; al celebrar esta fiesta despierta en nosotros la conciencia de que hay vida divina en cada uno. De no ser así, nos quedaríamos en lo exterior y más visible: nuestros trabajos, éxitos y fracasos, nuestra convivencia, alegrías y dolores cotidianos. Pasaríamos por alto que Dios mismo también está en nosotros.
Todos los símbolos de la Navidad, litúrgicos y familiares, nos ayudan a creer que Dios a venido al mundo y en el mundo se ha quedado, y por eso podemos confiar en que algo en el mundo ha cambiado con Cristo, y que podemos ya sentirnos en casa, y admitir siempre nuevas posibilidades de amor, ternura, sentimiento; aceptar nuestro niño interior, e integrar la imagen de Dios en nosotros.
En lo más hondo de nosotros está Dios, siempre niño, siempre naciendo, siempre nuevo, y entonces ocurre algo importante. Nosotros somos el pesebre, el establo, en el que Dios quiere nacer; no es algo que merezcamos o que ganemos a fuerza de penitencia, sacrificio u oración. Es un regalo de Dios. No necesitamos esconderle nada, pero sí creer; porque entonces el pesebre se convierte en un castillo hermoso de cristal y diamante en el que Dios se recrea.
A menudo nos sentimos lejos de Dios (que no estamos en realidad), por eso necesitamos una fiesta como Navidad para volver a recordar cosas esenciales, para la fe y para la vida: DIOS ESTÁ EN NOSOTROS, y es nuestra parte más pobre y humilde, representada en los pastores y animales del pesebre, la que debe y puede reconocerlo y adorarlo, de manera que se despierten en nosotros nuevas fuerzas, y perduren la alegría y la paz en nuestras vidas. Que la estrella, esa luz interior que es su presencia permanente, siga alumbrando en lo más hondo y nos guíe siempre hacia una vida plena.
Fray Manuel de Jesús, ocd
domingo, 20 de diciembre de 2020
LA ABSOLUTA NOVEDAD DE DIOS (Domingo IV de ADVIENTO)
1. TRES PALABRAS IMPORTANTES para que Dios pueda
encontrar un lugar donde nacer en nuestra vida; tres palabras con las que el
ángel interpela a María; tres actitudes para preparar el camino al que viene:
ALÉGRATE... NO TENGAS MIEDO... El SEÑOR ESTÁ CONTIGO... Descubre el gozo que
viene de lo profundo del corazón y de la vida, echa fuera el miedo, y confía en
su presencia sanadora y salvadora. RECUERDA: Si Dios está contigo, ¿quién
contra ti?...
2. Debemos tomar conciencia del sentido “no histórico”
de los textos. El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el nacimiento de
madre virgen, el nacimiento en una gruta, los pastores adorando al niño, el intento
de matar al niño, la huida después de un aviso, la muerte de los inocentes, el
anuncio por medio de una estrella, la adoración de unos magos, etc.; todos son
relatos míticos ancestrales y ninguno es original del cristianismo. El decir
“mítico” no quiere decir “mentira”. Este es el primer error a superar. El mito
es un relato que intenta desvelar una verdad radical que atañe al hombre
entero, y que no se puede explicar por medio de discursos racionales. Al decir
que estos relatos son míticos, no estamos devaluando su contenido, sino todo lo
contrario; nos estamos obligando a descubrir el significado profundo y vital
que tienen. Lo nefasto es haber considerado los relatos míticos como crónicas
de sucesos sin mayor alcance vital.
Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas
décadas. No acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo
conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo evangelio que la verdad os hará
libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad? Es verdad que la
explicación del sentido profundo de estos textos no es sencilla, pero es
precisamente esa dificultad la que debía espolearnos. He visto a la gente abrir
ojos como platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje.
En las lecturas de hoy destaca el contraste entre la
actitud de David, que después de hacerse un palacio, decide hacer un favor a
Dios, construyéndole un templo para que habite; y la actitud de María que ve
solo la gratuidad de Dios para con ella. La humildad de María hace posible el
acercamiento a Dios. La soberbia de David le aleja de Él. La lección es clara: Nosotros
no podemos hacer nada por Dios, es Él quien lo hace todo por nosotros. Ni
siquiera tenemos que comprar su voluntad con sacrificios y oraciones.
Ángel=mensajero no tiene, en el AT, la misma
connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en unos seres al
servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una manera humana
para que el hombre pueda soportarla. El pueblo de Nazaret no es
nombrado en todo el AT; es algo completamente nuevo. Galilea era la provincia
alejada del centro de la religiosidad oficial. La intervención divina en Jesús
rompe con el pasado y va a constituir una auténtica novedad. Todo sucede lejos
del templo y de la oficialidad.
La escena se desarrolla en una casa sencilla de un
pueblecito desconocido. A una virgen= doncella, no ligada a la institución sino
completamente anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De
los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de María, ninguno. Virgen no
debemos entenderla según nuestro concepto actual. Se trata de una niña aun no
casada. Alude a la absoluta fidelidad a Dios, por oposición a la imagen del
pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas como la adúltera o
prostituta. María representa al pueblo humilde, sin relieve social alguno, pero
fiel.
Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte.
Alusión también a los profetas: “Alégrate
hija de Sion, canta de júbilo hija de Jerusalén”. Es un saludo de alegría
en ambiente de salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha
volcado sobre ella con su favor. La traducción oficial, “llena de gracia”, nos
despista, porque el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra
“gracia”, se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia, (un ser
divino) sino de afirmar que le ha caído en gracia a Dios.
Hemos insistido tanto en los privilegios de María que
hemos convertido en impensable la encarnación de Dios en alguien que no sea
perfecto. Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio
mantenido en secreto, por generaciones, es que Dios es encarnación. Dios
salva desde dentro de cada persona, no desde fuera con actos espectaculares. La
buena noticia es una salvación que alcanza a todos. Misterio que está ahí desde
siempre, pero que muy pocos descubren. No es que Dios realice la
salvación en un momento determinado; Dios no tiene momentos.
Cambia el concepto de Dios para el evangelista. El
Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso, el invencible,
el dador de la muerte y la vida, pide ahora el consentimiento a una humilde
muchacha para llevar a cabo la oferta más extraordinaria en favor de los
hombres. Ese formidable cambio en la manera de concebir a Dios no es fácil de
comprender. Una y otra vez, hemos vuelto al Júpiter tronante, que está a
nuestro favor y en contra de nuestros enemigos, pero estará también contra
nosotros si fallamos.
Dios se hace presente en la sencillez. Seguimos
esperando portentos y milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos
fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace presente a Dios. Al
contrario, en cualquier acontecimiento por sencillo que sea, podemos
descubrirlo. Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos. Pascal
dijo: “Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa”. Todo dios
que percibimos viniendo de fuera es un ídolo.
Meditación
La
disponibilidad de María es la clave del mensaje.
Dejar
hacer a Dios es descubrir lo que está haciendo.
Él
lo está haciendo todo en cada instante.
Descubrir
esta presencia activa
es
la esencia de toda vida espiritual auténtica.
No
tienes que hacer nada ni conseguir nada.
En
ti está ya la plenitud que quieres alcanzar.
Resumiendo, a partir de lo que dice José María Castillo: Un lugar, una persona y un mensaje.
EL LUGAR: Nazaret, de Galilea; este acontecimiento trascendental tiene lugar en una región que se considera habitada por gente ignorante, poco observante de los mandatos de Dios. En un pueblo perdido, en un lugar así, se hace presente Dios en Jesús.
LA PERSONA: Una muchacha de pueblo, humilde, virgen todavía, llamada María; aquí se quiere saltar la absoluta novedad del acontecimiento. Dios crea de la nada, es un tiempo nuevo.
EL MENSAJE: El mesías esperado por Israel ha llegado, pero no como es esperado, sino como novedad, al estilo de Dios, rompiendo todos los esquemas previos.
viernes, 18 de diciembre de 2020
CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS

martes, 15 de diciembre de 2020
EN MEDIO DE USTEDES HAY UNO QUE NO CONOCEN...
"La presencia de Dios es y será siempre, necesariamente, una presencia oculta; su mensaje, su llamada más violenta es siempre una especie de silencio; sólo los que han escuchado ese silencio, han podido oír a Dios".
"La verdad más difícil de aceptar es la encarnación, que Dios se haya hecho hombre, que se haya convertido en hombre, que se presente a nosotros como un hombre. Pero apenas manifestada nuestra fe en esta verdad, volvemos a colocar a Dios en el cielo, restituyéndole su dignidad, colocándolo en su trono allá lejos, marcando bien las distancias, desplazándolo. Enterrar a Dios es lo mismo que "encielarlo". Es ponerlo lejos de nosotros, porque la encarnación nos oprime. Si Dios habita entre nosotros, nunca podremos estar tranquilos.
Un sabio hindú decía: La mayor parte de los cristianos han comprendido únicamente la mitad del cristianismo. Han comprendido que Dios y Cristo eran una sola cosa: Cristo es Dios. Pero no han llegado a darse cuenta todavía de que Cristo y los hombres son también una sola cosa, que Cristo es hombre y lo seguirá siendo.
Toda la verdad de la encarnación consiste en que Dios se solidariza con los hombres; que lo que se le hace a un ser humano, se le hace a Dios".
"Hoy ocurre exactamente igual al tiempo en que Dios quiso nacer en nuestro mundo.Nos parece que a nuestro alrededor solo hay mujeres y hombres, llenos de defectos, muy comunes, y es Dios quien está entre nosotros, aunque no le reconozcamos".
"Dios vive en cada uno de los seres que habitan este mundo, esperando que lo descubramos para empezar a creer en él. Cristo dirige su llamamiento a cada uno de nosotros. Todavía hay uno entre nosotros a quien no conocemos... ¡Ojalá no aguardemos hasta el último día para saber que tiene hambre, que tiene frío, que tiene sed, que está solo, que está enfermo y encarcelado, que tiene necesidad de nosotros! ¡Ojalá nuestra fe se anticipe a aquel juicio final de que habla el Evangelio, en el que todos nos daremos cuenta de que Dios era mujer y hombre, y estaba precisamente a nuestro lado".
Louis Evely
"La cosa empezó en Galilea..."
sábado, 12 de diciembre de 2020
PROFETAS: LA VIDA ENTENDIDA COMO ADVIENTO
"Esten siempre alegres en el Señor;
se los repito, estén alegres.
El Señor está cerca".
La irrupción del Bautista supone la llegada de un profeta, de un precursor que prepara los caminos, y pone en cuestión las vidas de las gentes. Denuncia el pecado y anuncia un porvenir de esperanza. Hoy también hay precursores, hay profetas y pioneros que abren nuevos caminos a la humanidad y así preparan el adviento de Dios. ¿Sabemos descubrirlos?
El mensaje del adviento y de la vida entendida como adviento es este: "Envío mi mensajero delante de mí; detrás de mí viene el fuerte, más fuerte que yo".
La vida, también la vida de fe, es una cadena de acontecimientos; hay unos antes y unos después. No todo acaece a la vez, ni al principio, ni al medio, ni al fin, sino a través de ese tejido espeso de antes y después, de etapas, fases, episodios fluyentes a lo largo de muchos años.Cuando estos se han vivido en la paciencia y en la esperanza se convierten en caminos y avenidas de la llegada de Dios.
Cada generación, cada etapa histórica, igual que cada etapa biográfica individual es un umbral precursor del Mesías, que llega para inaugurar el Reino. Cada generación abre un espacio nuevo y desbroza un nuevo cauce para ensanchar la visión del horizonte lejano y facilitar el acceso a esa panorámica infinita objeto de la promesa. Los hombres que hoy luchan por abrir nuevos accesos al futuro, esos son los precursores, los Bautistas de nuestro tiempo.
Primera lectura: " Desbordo de gozo con el Señor". La figura misma del mensajero, lleno de la fuerza de Dios, es un mensaje que llama a redención y a liberación. Frente a los agoreros del castigo y a los predicadores de la resignación, proclama justicia. Dios está con él, creando el gozo expansivo que debe transfigurar la faz del mundo. Los pobres, los afligidos, los cautivos, reciben la buena nueva del mensajero de paz, un Evangelio para los que sufren.
Salmo: Me alegro con mi Dios (Magníficat).
Segunda lectura: "No apaguen el Espíritu, no desprecien el don de profecía". La comunidad cristiana se mantiene a través de la celebración fraterna y gozosa de la Eucaristía. En ella se manifiestan los diversos carismas, la actitud orante del pueblo de Dios, la centralidad de Cristo, el discernimiento, la confianza en las promesas del Señor.
EVANGELIO: "En medio de ustedes hay uno que no conocen". La Iglesia propiamente no es la luz, sino testigo de la luz. Cuando la Iglesia se convierte a sí misma en luz, se torna opaca y no deja transparentar la Luz verdadera que ilumina a todo hombre. Por eso, más que predicarse a sí misma, la Iglesia tiene que hacer posible la aparición de Cristo en los espacios más inverosímiles.
PALABRA Y EUCARISTÍA: Es preciso saber descubrir en la vida los verdaderos precursores y los verdaderos profetas. Están en medio de ella y nadie los reconoce como tales hasta que se hace presente lo que ellos adelantaron. La comunidad cristiana ha de saber reconocer en su reunión eucarística la presencias de Cristo, precursor y adelantado único del Reino, y ha de descubrirse ella misma profeta en cada uno de sus miembros.
El verdadero precursor anuncia siempre una buena noticia, porque nos acerca al reino de Dios. Es un enviado y un testigo de ese futuro absoluto que es Dios y que Dios nos hace venir. A la vez, la Buena Noticia es una demanda de cambio, de justicia, de reparto de bienes. En la Eucaristía debemos saber percibir un don, prenda de la dádiva final y una exigencia de compromiso. No es mero espiritualismo, es trabajo por hacer también en la propia realidad histórica.
Cada creyente debe ser en su vida un precursor, un profeta y un pionero que hace todo nuevo; y de obra, no sólo de palabra, renueva la faz de la tierra. Así actúa el Espíritu en cada celebración, transformando los dones y los fieles en ella presentes, adelantando la transfiguración final de todas las cosas.
(Notas tomadas del MISAL DE LA COMUNIDAD)
sábado, 5 de diciembre de 2020
LAS CLAVES DEL ADVIENTO
jueves, 3 de diciembre de 2020
EN LA PRIMERA SEMANA DE ADVIENTO... ISAÍAS
Acabamos de empezar el ADVIENTO, y durante este tiempo litúrgico la Iglesia nos invita a escuchar la voz eminentemente profética de la tradición bíblica, a través de su representante principal, ISAÍAS. Una voz henchida de esperanza. La voz profética del pueblo de Dios no sólo recuerda el pasado, sino, sobre todo, anuncia el futuro aún pendiente de la humanidad y de la acción de Dios.
Como un caudal jubiloso de aguas transparentes nos llega a través de Isaías toda la temática de la esperanza cristiana: el anuncio de un nuevo centro del mundo, el monte Sión, donde está asentada la casa del Señor. Allí, dice, confluirán todos los pueblos de la tierra para celebrar el banquete mesiánico. Allí se sentarán hombres y mujeres todos reconciliados entre sí. Se fundirán las espadas para hacer arados, y el cordero y el lobo vivirán juntos, porque también la creación será sanada y reconciliada. Se curarán las enfermedades, se enjugarán lágrimas, y brillará la justicia. Los ciegos verán y una luz esplendente irradiará sobre todos los paisajes de la tierra. El Espíritu de Dios se derramará como aceite perfumado, haciendo brotar la sabiduría en todos los corazones. Los troncos resecos reverdecerán y de ellos brotarán tallos esbeltos, la nueva humanidad resucitada.
Con este lenguaje arcano, poético, casi mítico, con el que hablaban los profetas de Israel, Dios quería regalarnos su promesa y alentar nuestra esperanza. A nosotros nos toca hoy desentrañarlo, interpretarlo y acercarlo, para irlo haciendo real, en la misma medida en que como comunidad de fe nos vamos transformando en el Cristo Total que viene a consumar la historia.
miércoles, 18 de noviembre de 2020
AÑO LITÚRGICO: ALGUNAS IDEAS PREVIAS AL ADVIENTO.
1. EL CAMINO SAGRADO DE LA VIDA (Año de salud del Señor): Jesús es el guía de nuestra vida, y de la VIDA, y a través de su propia historia nos inicia en el arte de vivir, nos toma consigo, nos alcanza lo pleno. La vida de Jesús no es solamente un hecho histórico del pasado del que hacemos memoria, sino un arquetipo (un modelo interior), que nos muestra cómo se hace el camino que nos lleva a Dios y a descubrir nuestro auténtico yo (esa verdad que solo desde Dios nos es revelada).
2. LA LITURGIA COMO
RECONOCIMIENTO DE NUESTRO MUNDO INTERIOR:
Cada una de las fiestas que celebramos en la liturgia de la Iglesia,
rememorando un momento de la vida de Cristo, saca a relucir nuestra propia vida
y la plantea de nuevo (la pone ante Jesús
como ante un espejo). Descubrimos en ella el drama de nuestra vida, de
nuestra psique, en el que lo que somos, todo nuestro mundo interior, aparece
representado. Las imágenes y símbolos del año litúrgico nos permiten descubrir abiertamente quiénes somos de verdad, y
quienes somos llamados a ser.
3. LA LITURGIA COMO JUEGO
REVELADOR: Se llama juego a la liturgia en el sentido de que no está al servicio de un
objetivo determinado o de una meta fuera de ella (utilitarismo), sino que es un
mundo propio, animado y rebosante de vida, que se apoya y tiene su razón en sí
mismo (gratuidad). No es un trabajo, y es más que una obligación, es un juego.
Es jugar ante Dios; “no crear, sino
ser uno mismo la obra de arte, he ahí la esencia de la liturgia”
(Romano Guardini).
4. LA LITURGIA COMO CAMINO
PARA ACCEDER A LO NUEVO: Lo decisivo de la
liturgia es que ella nos va transformando imperceptiblemente; hace que la
redención sea actual y que se realice hoy en nosotros, en la misma medida en
que celebramos. En ella todos juegan, no hay espectadores, todos tienen un
papel y en todos produce un efecto. Somos renovados, y tomamos parte de un
misterio que nos desborda. Pero además, Dios en este juego actúa en
nosotros. Dejamos espacio libre a Dios,
y así Él nos revela lo nuevo y nos renueva.
5. LA LITURGIA ES UNA FIESTA
QUE CELEBRA LA VIDA: La celebración de una fiesta libera
del cansancio de la vida cotidiana; quiere levantar al hombre de lo
habitual, y elevarlo sobre sí
mismo. Por eso el hombre, desde siempre,
ha celebrado fiestas y con ellas renueva su alegría vital. En la fiesta bebemos
de la fuente de la vida, rompemos la rutina, y repensamos el misterio de
vivir. La fiesta nos une con nuestras
propias raíces, nos integra y nos hace partícipes de ese misterio. Así, la celebración de fiestas es algo
vitalmente necesario porque nos regala la energía que necesitamos para superar
y dirigir nuestra vida. La liturgia es eso, una fiesta sagrada que celebra la
vida como lugar del encuentro con Dios, en Cristo, y en nuestra propia
historia.
6. LOS GESTOS COMO EXPRESIÓN
DEL ALMA: Por supuesto, la celebración de la liturgia
no es algo espontáneo; es un juego previsto, está ritualizado (organizado). En
la Iglesia, la alegría del Espíritu busca una expresión en el gesto del cuerpo.
Nos centramos en la celebración de la muerte y la resurrección de Jesús en la
Eucaristía, y esos gestos, hechos conscientemente se viven de otro modo que si
fuera algo meramente espontáneo. Cada gesto del cuerpo suscita algo en el alma,
cada gesto exterior despierta algo dentro. Así, los gestos de la liturgia
pueden ayudar a sanar nuestra alma y llevarnos internamente a la actitud
adecuada ante Dios.
7. El
CICLO LITURGICO, RITMO PARA UNA VIDA SANA: Durante el año litúrgico celebramos
acontecimientos de la vida histórica de Jesús y de la acción de Dios en la
historia. En la medida en que celebramos la acción divina, esta se reitera en
nosotros y nos salva. En el año litúrgico están insertos los cambios de la
naturaleza, las estaciones del año, los tiempos de la cosecha, los diversos
momentos que vivimos como comunidad o familia.
Más que un círculo que se repite una y otra vez, es una espiral que nos
eleva, que nos pone cada vez más cerca de la meta. No se trata de recibir simplemente los
cambios, de forma pasiva, sino de cooperar para hacerlos nuestros; incorporando
nuestros propios ritos y gestos a la vida familiar como parte de estas
celebraciones, descubrimos el sentido festivo de la propia vida (Redescubrir el sentido del domingo, de las
fiestas de los santos, o haciendo sagradas nuestras fiestas profanas). El
domingo no ha de ser el día del Señor por simple mandato, o este tiempo no es
Adviento solo porque la Iglesia lo dice: Tenemos que hacerlos nosotros lo que
son, con voluntad y propósito de nuestra parte.
RESUMEN:
En la liturgia, al hacer memoria de Cristo, a través de ritos, palabras y
gestos, estoy también ante mí, ante mi propia historia y camino, como persona y
como miembro de una comunidad. Y participar en estos ritos, con palabras y
gestos, tiene un efecto sanador sobre mi persona y la comunidad con la que
celebro.
En
cada fiesta una parte distinta de mi persona y de mi alma se sentirá aludida,
tocada, despertada, incorporándose más activamente a la vida de Cristo, es
decir, a la Vida.
No
debemos conformarnos con ser parte de la liturgia oficial de la Iglesia, sino
que a nivel personal, familiar, también podemos ser creativos, y vincular el
tiempo litúrgico con nuestros ritos cotidianos.
En
estos ritos de la Iglesia y en los nuestros nos entregamos a un juego sagrado
que desde lo íntimo nos transforma y nos cura. En los rituales cotidianos puede
desplegarse el misterio de Cristo y su efecto sanador en todos los sectores de
nuestra vida.
Así, cada tiempo del año litúrgico va a dejar
una huella importante en nuestro corazón y en el corazón de la comunidad que
celebra. Desde aquí también podemos actuar benéficamente a favor de la familia,
de la Iglesia universal y de nuestro mundo.
Una
comunidad eclesial que celebra consciente, activa y gozosamente el ciclo litúrgico
(la obra de Dios) es una comunidad vida, que evangeliza e irradia a Dios.
(Escrito
a partir de unas ideas básicas de Anselm Grün).
sábado, 14 de noviembre de 2020
UN SEGUIMIENTO TEMEROSO NO PRODUCE FRUTOS (Domingo 33-A)
Llegamos al penúltimo domingo de este ciclo litúrgico; ya para el próximo estaremos celebrando a Cristo Rey, solemnidad con la que cerramos esta etapa del camino, para abrirnos luego, una vez más, a la esperanza del que siempre viene a nuestro encuentro. Les comparto algunas ideas, las mismas que esta mañana de sábado me ayudan a disponerme espiritualmente parea las celebraciones dominicales:
ORACIÒN COLECTA: Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero.
Esta sencilla oración nos valdría para cada día del año; ya sé que el nuevo misal trae una redacción diferente (no tan diferente como en otros casos), pero yo sigo prefiriendo las del Misal de Pablo VI, por su sencillez y cercanía para con Dios y la asamblea. En este caso es una invocación luminosa, busca a Dios con confianza, se atreve desde lo filial, y con la certeza de participar en la construcción del Reino. Tres palabras la resumen: Alegría-servicio-plenitud.
Repasemos ahora las lecturas correspondientes: Proverbios (31...) , Salmo 127, Primera Tesalonicenses (5, 1-6), y Evangelio de Mateo (25,14-30).
Primera lectura: Habla de la mujer, tal y como concebían los sabios de aquella época a la esposa perfecta. Resaltan la laboriosidad y la justicia; beneficia el hogar, pero también al de fuera, al que necesita. Trabajo laborioso que construye una familia, una comunidad, abierta, por eso me hace pensar más allá de una mujer concreta, en una comunidad, en la misma Iglesia.
Salmo: Dichoso el que teme al Señor. El que trabaja por conseguir y mantener lo anterior, por vivir bajo bendición.
Segunda lectura: "El Señor llegará como ladrón en la noche". Una falsa mística cristiana se funda en la búsqueda de seguridad y paz. Pero la verdadera mística es la del riesgo y la sorpresa; nuestro Dios es ladrón de seguridades burguesas, y por lo tanto nos exige estar disponibles y abiertos a lo nuevo y sorprendente. "Estén despiertos". También ese vivir despiertos implica sabernos y obrar como "hijos de la luz e hijos del día". No durmamos como aquellos que no conocen a Cristo; confrontación entre luz y tinieblas, entre el bien y el mal, entre el egoísmo y el bien común.
Evangelio: La segunda de las parábolas de Jesús en el capítulo 25 de Mateo. Una frase me parece significativa, la del servidor que devuelve al dueño lo mismo que había recibido: "Aquí tienes lo tuyo". Hay un concepto de tradición que supone trasmitir mecánicamente lo que se ha recibido sin vivificarlo, sin aportarle nada, ya sea personal o comunitariamente. Pero en realidad la tradición es algo vivo y operante, que va engendrando también lo nuevo. Entiendo que Jesús cuestiona la pobreza de un seguimiento mimético, temeroso de lo propio y singular que yo aporto a la fe, y del misterio de cada persona, reflejo de Dios en Cristo. Un seguimiento temeroso no produce frutos.
EN RESUMEN: En un mundo en crisis, en una Iglesia en crisis (es decir, en proceso de cambios urgentes y necesarios) las lecturas bíblicas de este domingo me hablan acerca de mi condición (Ser: hijo de la luz), de mi actitud como cristiano (Estar: laboriosidad, vigilancia) y de mi obrar cotidiano (Hacer: servir, crear, aportar al bien común).
Para el cristiano, el horizonte de su esperanza está en el cumplimiento de las promesas de Dios, y de eso habla el final del año litúrgico y también el comienzo del nuevo. Más que del "fin del mundo", los Evangelios nos hablan del fin de un mundo, para que pueda nacer lo nuevo, lo definitivo, lo pleno. Ya podemos encontrar señales de ello, porque no faltan en nuestro entorno signos de bondad, de sacrificio desinteresado, de servicio al otro, al bien común, aunque falte lo pleno.
El mensaje cristiano no puede ignorar las aspiraciones y esperanzas humanas, sino que ha de proponerse en conexión con ellas. La plenitud y liberación del ser humano forman parte también de las promesas de Dios. Urge un aporte de ESPERANZA de parte nuestra en todos los ámbitos de la vida actual, pero eso no puede hacerse desde el miedo.
Nuestro aporte urge:
1. Alegría.
2. Servicio desinteresado.
3. creatividad y riesgo en la Evangelización.
domingo, 8 de noviembre de 2020
ESPERAR "CONTRA TODA ESPERANZA"
La esperanza cristiana es expectación de futuro; pero el cristiano no espera solo, espera con todos los demás seres humanos. No se opone la esperanza cristiana a las esperas o esperanzas humanas, sino que las abarca y las trasciende.
La esperanza de la humanidad está puesta en determinadas y visibles conquistas en la historia, como pueden ser la libertad, la igualdad o la justicia. El cristiano también lucha por esto, pero posee además una expectación del futuro, desde las promesas escatológicas que sostienen su fe.
La esperanza es una categoría central de la transformación de la persona, la sociedad y la realidad en su conjunto. El ser humano es un peregrino, todavía inacabado, que acecha el futuro, y por eso la esperanza desencadena procesos creativos.
Los cristianos también esperamos en las posibilidades humanas, no las rechazamos ni despreciamos, pero miramos más lejos, y somos críticos con aquellas "esperanzas" deshumanizadoras, y con todo lo que se opone a la dignidad del ser humano, a su vínculo con la trascendencia, a su plenitud.
Por eso, aun en medio de situaciones muy adversas, cuando parece cerrado el horizonte, la fe nos permite seguir esperando, "contra toda esperanza". Sin dejar de compartir la angustia e inquietud de nuestros semejantes, tenemos algo más que nos sostiene.
Nuestra esperanza no desconfía de la realidad presente por desconfianza, sino al contrario, por confianza en una esperanza ilimitada, mayor y más plena, en Dios y en sus promesas.
(A partir de un texto del MISAL DE LA COMUNIDAD)
viernes, 6 de noviembre de 2020
UN SACRAMENTO IRREMPLAZABLE
De todos los demás sacramentos se les puede dispensar. Podéis sustituir el bautismo de agua por el bautismo de sangre o de deseo. Pueden sustituir la comunión real con la comunión espiritual, la confesión por un acto de perfecta contrición. Pero hay un sacramento, esto es, una presencia sensible de Cristo, que no se puede remplazar; un sacramento que no admite sustitución alguna: el amor al prójimo. Seguramente no podrán comulgar todos los días. Tampoco pueden ir a confesarse todas las semanas, siempre que quieran. Pero hay un sacramento, una presencia de Cristo con la que todos los días pueden comulgar: el servicio humilde hecho a cualquier vecinos. Siempre estarán los pies de algún prójimo para ser lavados. Siempre habrá para todos unos zapatos que limpiar. Ante ustedes, a su alcance, hay un sacramento, una presencia de Dios que siempre podrán venerar.
No hay más remedio: o tragas a todos tus hermanos o rechazas a Cristo. Eso es lo que nos quiso decir san Juan en su narración del lavatorio: que hay un sacramento indispensable y que seremos juzgados por él, no por nuestras comuniones ni nuestras confesiones ni nuestro bautismo..., sino por nuestro lavatorio de pies.
sábado, 31 de octubre de 2020
SANTIDAD: NUEVOS DESAFÍOS
Nuestro tiempo, como otros antes, necesita con urgencia el testimonio de la santidad cristiana, y le urge confrontarse con modelos espirituales que puedan insertarse en la cultura, el saber y la vida moral; el “santo” toca y mueve a la persona, la identifica con un ideal, y le ayuda a pasar de la mera imitación a la recreación propia de lo que admira. El “santo” no impone, sino que propone valores, y no sustituye el esfuerzo moral creativo de cada uno, sino que indica el camino por recorrer y le presenta como posible. Y sobre todo, si el modelo de santidad es “humano” se hace imitable, reproducible, además de admirable. Simone Weil dijo que no era suficiente ser santo, sino alcanzar la santidad que nuestro mundo necesita para ser transformado según el proyecto de Dios, “una nueva clase de santidad”.
1. Nuevas
coordenadas: Por eso es tan importante hoy el testimonio de hombres
y mujeres creyentes que “hablen” en los acontecimientos concretos de su
experiencia vital. El ser humano de estos tiempos, más libre y más osado, asume
la invitación a ser santos desde nuevas coordenadas; una buena parte de los
cristianos no quiere renunciar a la santidad como meta de su vida de fe, pero
al mismo tiempo quiere acceder a esta desde nuevos presupuestos. Desde el
pasado siglo muchos hombres y mujeres han puesto sus ojos en algunas figuras
espirituales que, estando o no canonizadas, eran testigos de una búsqueda
diferente a los patrones habituales y hagiográficos, pero no menos auténticos,
de alcanzar la plenitud en Dios. Y la irradiación de estos hombres y mujeres ha
iluminado muchos corazones, incluso más allá de las fronteras de la Iglesia. De
hecho, muchos teólogos y pensadores se han acercado al tema de una manera
nueva, actualizando así las motivaciones de los cristianos para buscar la
santidad, sin renunciar por ello a los aspectos esenciales que han acompañado
esta búsqueda desde el tiempo de los apóstoles.
2. Nueva
Teología: Nuestro tiempo es menos racional y está más imbuido en los
sentimientos, por eso es más sensible a otro modo de comunicar; se fía menos de
lo especulativo, y da más valor a la experiencia concreta. Se intenta recuperar
lo que se ha llamado “teología narrativa”,
más cercana para muchos al modelo de los evangelios, en la que se revalorizan
las vivencias concretas de fe de hombres y mujeres que han seguido a Cristo en
lugares y tiempos particulares. El hombre es un “homo viator”, y estar siempre
en camino es una experiencia fundamental de nuestra existencia; por eso se
intenta hacer confluir teología y vida, teología y espiritualidad, y entre los
que el pasado siglo abrieron camino en este sentido están Romano Guardini, Karl
Rahner y Balthasar. El primero anunciaba la llegada de “santos de este tiempo”, capaces de
encarnar las aspiraciones de las nuevas generaciones, y en un estilo más
sobrio, insertos en lo cotidiano; los otros insisten en el rostro humano de
Dios y su belleza en modelos concretos, de ayer y de hoy.
Es evidente que los modelos particulares de santidad no pueden abarcar
la totalidad del misterio de Dios, no son absolutos en ninguna medida, pero son
caminos válidos, y más aún, necesarios para llevarnos a desear y sentir esa
presencia misteriosa en nuestra vida personal, en la Iglesia y en el mundo. Por
eso ha de prestar la teología siempre atención a la biografía de estos hombres
y mujeres que, en las más diversas circunstancias de nuestro tiempo, han
querido vivir el seguimiento de Cristo, ya sea por los caminos tradicionales de
la Iglesia o por nuevos caminos, en los que descubrimos nuevas formas de vivir
el evangelio. Estos modelos, es importante señalarlo, viven su búsqueda de
santidad, su camino hacia la plenitud en Cristo, en lugares y tiempos
concretos. La temporalidad es una dimensión esencial de la santidad, y el
presente aparece bajo una nueva luz; no como tiempo que se pierde, sino que se
gana, que puede incluso recuperarse. El tiempo humano es santificable y
santificador al mismo tiempo; la historia humana se hace historia de salvación,
y la cotidianidad una dimensión imprescindible de la progresiva santificación
de la existencia.
3. ¿Una
santidad nueva?: ¿Es “nueva” esta comprensión de “santidad” que se
nos propone? ¿Es una santidad auténtica, cristiana, eclesial? La novedad de
esta santidad no está en que sea nueva ella misma, diferente de la que siempre
ha propuesto la Iglesia, sino tal vez en que hoy tendríamos que poner la
atención en otros aspectos del modelo, o en la forma en lo presentamos, o caer
en la cuenta de que el mensaje tiene nuevos destinatarios. La urgencia con que
nuestro mundo está necesitando testigos nos obliga a encontrar nuevas formas de
presentar la santidad cristiana, nos obliga a presentar modelos que hablen
desde experiencias diversas, nos invita a tener en cuenta esos modelos que, sin
haber sido todavía reconocidos por la Iglesia, están hoy dialogando con el
mundo sobre el seguimiento de Cristo.
4. Modelos
de santidad: El discurso teológico se vale siempre de modelos,
porque ellos, a través de imágenes y analogías, nos permiten acceder al
misterio de Dios. A lo largo de la historia del cristianismo esos “modelos”,
inspirados en el Modelo Original, que es Cristo, han ido variando, insistiendo
en uno u otro aspecto de Jesús y su mensaje, y no siempre interpretando
equilibradamente el modelo original. Hay diversos modos de acercamiento y
comprensión de la santidad en la historia del cristianismo: a través de estas
comprensiones, siempre parciales de la santidad, que a la vez son
complementarias, podemos acceder mejor a la totalidad del ideal, y al mismo
tiempo entender la dificultad y ambigüedad del asunto que nos ocupa.
Todo lo anterior nos invita a pensar que la santidad puede y debe hacerse más cercana, comprensible y creíble hoy ante los ojos de los cristianos y ante el mundo en ejemplos concretos de hombres y mujeres que durante su vida hicieron de la santidad un propósito constante y real. Si hemos visto que la vida cristiana, como toda vida auténtica, es crecimiento, y que nuestro propio origen y vocación en Dios invitan al seguimiento de Cristo y al discipulado, entonces no es posible pararse, conformarse, aceptar lo mediocre, sino que debemos trabajar por presentar la llamada a la santidad y plenitud de la vida cristiana, y hacerlo de tal modo que nuestro mensaje llegue al ser humano de nuestro tiempo. El indagar en la experiencia de hombres y mujeres concretos, en sus propias búsquedas espirituales, resulta estimulante y nos ayudará para hacer nuestras propias búsquedas, recorrer nuestro propio camino como cristianos, y descubrir algunas claves para buscar y vivir la santidad a la que estamos llamados concretamente hoy en la Iglesia y el Mundo.
“El
hombre actual, en medio del materialismo y del racionalismo escéptico, no deja
de apreciar en el fondo la ejemplaridad religiosa concreta. No la imitará
literalmente. Pero advierte que en esos hombres hay una realidad que no deja de
interpelar y de invitar. Los tiene que ver reales, humanos, comprometidos con
lo humano y, sin embargo, en esto mismo llamando con una luz indefinible a otra
dimensión.” (Luis ARÓSTEGUI).
(Tomado de: VIDA Y SANTIDAD EN THOMAS MERTON)